~El Llanto Del Lobo~
¡Buenas a
todos! ¿Cómo andan? Este es el último capítulo de la historia y, si bien es bastante abierto, la historia fue pensada originalmente para que tuviera dos partes, así que eso lo explica. En fin, les agradezco muchísimo a todos los que han leído hasta este momento, y más que nada a todos los que me dejaban comentarios con su apoyo. Los dejo con la lectura:
El ruidoso ambiente, cargado con las quejas de las personas, y con los gritos de malestar, no ayudaba a que Marina se mantuviera calmada. Con las manos entrelazadas, y jugando con sus dedos, escuchaba pacientemente a cada una de las personas que se sumaban a esa larga cola del Banco, que ahora ya debía estar haciendo un camino de varias eses.
Cerca de ella, un poco a sus espaldas, se encontraban dos hombres que no habían dejado de hablar sobre la mala actuación del banco, hasta que muy pronto un comentario cada vez más frecuente, comenzó a asustarla: la cantidad de guardias que estaban llegando a esos bancos.
- Además, aún nadie ha podido obtener su dinero -dijo uno, un tanto molesto.
- Si… -se quejó el otro-. ¡Probablemente no tengan nada de nuestro dinero!
Preocupada, Marina suspiró, pensando que tendría que pasar por varios problemas.
En el momento en que ella escuchaba hablar a los hombres, Cobra entró tranquilamente al Banco, saludando a otro guardia y presentándose como refuerzo. Se mantuvo circulando con cautela durante unos minutos, para luego encaminarse rápidamente hacia la bóveda del Banco, junto con un grupo que había sido redirigido.
Mientras tanto, Zorro y Pantera lograron escapar de los controles policiales y de los reporteros, sincronizando su llegada a la puerta trasera del Banco, en el mismo momento en que la guardia de Cobra alcanzaba ese sector. Estacionando el camión, Zorro se bajó vestido con su uniforme, para saludar al gerente que -impacientemente-, caminaba lado a lado del lugar.
- ¡Llegan tarde! -fue lo primero que gritó el gerente al verlo-. Comiencen a cargar el dinero, tenemos que hacer rápido -ordenó, para luego, continuar caminando por el lugar, mientras observaba la situación al otro lado del Banco.
Pantera bajó del camión, caminando hasta Zorro e intercambiando unas inaudibles palabras, para después encaminarse hacia el depósito en cuestión, para comenzar a mover las bolsas. Sus ojos se cruzaron raudamente con los de su compañero, el que venía continuando con la guardia a la que había sido asignado.
Por otro lado, el morocho que había sido asignado para simular ser un cliente más, ingresó un poco molesto al banco, acomodándose la camisa que había sido agredida por los guardias, para luego colocarse en la cola de extracción. Sus pies se congelaron en el momento en que sus ojos vieron que Marina estaba ahí, varios metros más adelante en la fila, mientras esperaba ser atendida. ¿Qué podría pasarle? En cuanto la gente se enterara que el dinero iba a ser robado, ¿podría evitarse un motín?
En el momento en que sus pies lograron despegarse del piso, un gran ruido comenzó a llegar desde el exterior, y él nervioso observó el reloj que llevaba en la zurda: ya era hora. Los empleados del supermercado habían establecido secretamente que harían una marcha frente al Banco a esa hora, y ellos conocían esa información gracias a Lince; habían decido utilizar la confusión que generarían, para poder alejar el camión con el dinero lo más discretamente posible, pero… él no esperaba que Marina fuera a estar ahí. ¿Y si le pasaba algo? Quiso volver a caminar hacia ella, pero dos guardias pasaron corriendo bloqueándole el paso, con dirección a la puerta.
En ese mismo momento, Zorro y Pantera habían terminado de cargar el dinero en el camión, cuando un cliente que había intentado llegar a la bóveda los vio. Rápidamente, voz se corrió por todo el local, y los gritos, empujones e insultos, se hicieron corrientes. Se amontonaron contra los vidrios de las cajas, golpeando y llamando a los gritos. Marina logró salir de la cola y corrió hasta una columna, donde sintió espacio suficiente para respirar, sin que la apretaran.
De pronto, tal como el morocho estafador lo había esperado, el gerente del Banco salió del fondo de las oficinas, con un megáfono en la mano, para luego subirse a una mesa, desde donde pudo ver a todas las personas. Alzó las manos pidiendo silencio, y cuando finalmente lo dejaron hablar, tomó la palabra.
- Es cierto, ha salido un camión blindado del Banco, pero sólo lleva una carta de pedido -anunció, mientras se escuchaba un extraño murmullo-. Ha ido a otra sucursal a buscar el efectivo necesario, y luego podremos permitirles extraer las divisas.
Se bajó rápidamente de la mesa, acompañado por dos guardias, y se dirigió hacia el fondo del local una vez más, mientras las personas se iban calmando, volviendo a sus colas, y tranquilizándose. Viendo que la situación se calmaba, el estafador pensó que podría acercarse a Marina, pero la rubia volvió caminando lentamente hasta donde se había ubicado en la cola anteriormente, alejándose de él.
*
El camión blindado avanzaba a paso tranquilo por la ciudad, hasta que finalmente pudo dirigirse por una autopista. Pasando desapercibido en el creciente embotellamiento, aprovechó el espacio de la banquina para separarse de la masa, y tomar el camino adyacente que Draco les había indicado. Doblaron a la derecha tras unos minutos por ese camino, cuando al horizonte ya vieron acercarse rápidamente a los galpones donde debían estacionarse.
- ¿Es allí? -preguntó Pantera-. Me da mala espina…
Zorro asintió. Era un lugar demasiado oscuro. Estacionó el camión ocultándolo tras unas bolsas de basura, y ambos esperaron.
- Draco dijo que vendría él… -murmuró Zorro.
- Mejor bajemos para comenzar a abrir el camión -afirmó Pantera.
Intercambiaron una rápida mirada, y luego cada uno se bajó por su lado. Zorro se detuvo unos segundos al ver que tenía los cordones de los zapatos desatados, para luego agacharse y comenzar a atarlos. Por su parte, Pantera ya había llegado a la parte trasera, y se encontraba forcejeando con el portón del camión, cuando sintió un extraño ruido.
- ¡Hey, Zorro! ¿Qué tanto tardas? -se quejó, molesta.
En ese momento, ella apareció por detrás del camión para llamar a su compañero, pero antes de que pudiera decir o hacer algo, sus pies se paralizaron. Una silueta vestida de negro, con un pasamontañas que le cubría el rostro apareció tras de él, para luego alzar la diestra y jalar del gatillo de una pistola. La bala traspasó el cuello del hacker, asesinándolo en el instante, para luego alojarse en el brazo izquierdo de la morocha. Un grito desgarrador surcó el cielo, y ella rápidamente llevó la diestra hacia la herida, para luego voltearse y comenzar a correr. ¿Alguien los había traicionado?
La figura tras ella se adelantó unos pasos, para luego alzar la zurda con el puño cerrado y, apoyando el cañón de la pistola, apuntó directamente a su cabeza. Gatilló rápidamente, y la bala certera golpeó directamente en la cabeza de la fémina, dejando que su cuerpo cayera inerte en el suelo, hundiéndose en su propia sangre.
*
Por su parte, el morocho continuaba observando el local, aún en la cola, y ahora más lejos de Marina. Sentía que uno de sus ojos estaba puesto en la rubia, y el otro en la niña que ahora hablaba con un guardia mientras intentaba convencerlo de que la dejara entrar. Suspiró, alzando la zurda para comprobar su reloj, y ver que ya había pasado demasiado tiempo desde que Zorro y Pantera habían llegado con el camión. ¿Les habría pasado algo?
Había pasado ya casi cuarenta minutos desde que el camión se había ido, cuando el gerente del banco vio llegar a uno nuevo, desde la ventana de su oficina. Bajó rápidamente, preguntándose qué estaría pasando. Llegó a la bóveda sólo para escuchar al camionero que estaba peleando con un guardia, mientras le mostraba una orden en la que se le autorizaba a cargar todo el dinero disponible.
- ¡Pero qué es esto! -se quejó, manoteando la nota y leyéndola a las apuradas-. ¡Acaban de venir a llevarse el dinero! ¿Quiénes son ustedes?
- Venimos de la casa central, el señor Marcus nos envió a buscar el dinero… -replicó el chofer, ya cansando de dar explicaciones.
Justo cuando el gerente iba a replicar, un fuerte ruido, similar al de una bomba, resonó desde el lobby del banco, haciendo que el suelo temblara. Asustado, pensando que quizás alguno de los manifestantes los estaba atacando, corrió hacia la parte central del banco, cuando una nueva explosión volvió a hacer temblar el suelo, obligándolo a perder el balance, y tirándolo al suelo. Volteó para ver hacia atrás, sólo para descubrir que parte del edificio se estaba derrumbando, y que la salida de los camiones, había sido completamente tapiada.
*
Lejos de ese lugar, en la florería, Sonia se encontraba recostada en una reposera mientras tejía un nuevo gorro para su hija, cuando de pronto el siberiano se puso de pie, corriendo hasta la puerta. Asustada, la mujer soltó el tejido y corrió a buscar al perro, deteniéndose a su lado cuando el can echaba la cabeza hacia atrás, aullando. Alzó la vista sorprendida al ver a tantas personas detenidas que observaban hacia el mismo sentido y, al salir a la vereda, vio con temor que un gran humo gris se desprendía del edificio del banco, donde estaba Marina.
*
Minutos antes de que la explosión sucediera, Dalton había logrado salir de la cola y, acercándose hasta Marina, rozó levemente su brazo derecho con su zurda, llamándole la atención. Ella giró rápidamente el rostro hasta ese lado, intentando buscar a quién la había agarrado.
- Marina, soy yo… -dijo él, observando con cierta alegría cuando la boca de la fémina marcó una hermosa sonrisa.
- Pensé que no volvería a verte… -respondió ella, acomodándose para verlo de frente-. ¿Vienes a retirar tu dinero? -preguntó, intentando iniciar una charla.
En ese momento, el sonido de una explosión retumbó en el lugar, haciendo que el suelo temblara, y sacudiéndolos. Los gritos de desesperación comenzaron a hacer eco en el lugar, justo cuando otra fuerte explosión se escuchó en el lugar. Marina alzó la diestra intentando aferrarse a los brazos del morocho, cuando la masa enloquecida comenzó a correr por el lugar, alejándolos, y empujándolo a él hacia atrás.
Asustado, y sólo empujado por la necesidad de rescatar a Marina, pero el suelo comenzó a temblar, y una lluvia de polvo comenzó a caer desde el techo, el cual se iba rajando rápidamente. Un sonido de ultratumba resonó en el lugar, haciendo que el cielorraso se partiera, para dejar caer cascotes. Una de las piedras cayó desde arriba, golpeando al morocho en la cabeza, y haciendo que toda su visión se tornara en tonos rojizos.
En su dolor, alzó la cabeza intentando buscar a Marina con la mirada, mientras intentaba taparse la sangrante herida con la diestra. Al cabo de unos segundos la vio: sola e intentando caminar hasta la salida, mientras la gente que corría sin sentido la empujaba. Bajó la mano izquierda, apoyándola en el suelo y haciendo fuerza para poder ponerse de pie.
Un nuevo ruido cubrió el lugar, mientras la lluvia de polvo iba nublando las visiones. Los gritos de las personas se hicieron presentes, mientras sus ojos no se despegaban de la rubia. Unos pedazos de techo cayeron delante de ella y, en ese momento, el estafador vio todos los momentos de su vida. Recordó a Mariana llorando en la habitación, recordó el cadáver que vio durante el velorio, y sobre todo, recordó las lágrimas y los gritos que ella decía, antes de verla viva por última vez.
Intentó caminar unos pasos, mientras el suelo temblaba, pero alguien lo empujo, justo cuando una de las columnas del lobby se partió por la mitad. Una de las piedras cayó sobre su pierna, tirándolo al suelo, mientras sentía un profundo dolor correr por su cuerpo. Sintió la ropa humedecerse en la sangre que brotaba de su pierna, cuando de pronto una voz femenina y aniñada lo trajo a la realidad. Alzó la mirada para ver a Lince, también golpeada y magullada.
- Lobo, vi a Cobra… -le dijo, mientras intentaba mover la piedra de la pierna, para luego ponerlo de pie-. Creo que lo aplastó una columna…
La pequeña intentó ponerlo de pie, mientras pasaba uno de sus brazos por sobre sus hombros, para poder hacerlo caminar. Sin embargo, el morocho no paraba de sacudirla, señalando hacia donde había visto a Marina.
- ¡Ayúdala! -gritó, desesperado-. ¿A quién, Lobo?
Lobo intentó zafarse del agarre de Lince, pero ella continuaba arrastrándolo hacia la puerta. Llegaron justo en el momento en que una de las vigas cedía, para hacer que todo en esa pared, colapsara. El morocho giró la cabeza mirando hacia todos lados, cuando vio una mano de mujer, aplastada bajo pedazos del derrumbe. ¿Sería ella?
Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro, mientras gritaba incoherentemente, llamándola.
Lince no cedió, jamás. Lo arrastró directamente hasta otra salida que había visto.
Bueno, esto ha sido todo por hoy. Les pido que por favor lean el próximo artículo, ya que es algo importante.
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