~El Llanto Del Lobo~
¡Buenas a todos! Aquí traigo otro capítulo de la historia, que, lamentablemente, ya está en la recta final para terminar. Les recuerdo que esta historia fue planeada en dos partes, y por eso hay bastantes "incógnitas" sin resolver. En fin, les agradezco a todos por leer, y ahora sí, los dejo con al historia. ¿Me dejan un comentario?
En silencio, sus ojos celestes se desplazaron para ver a cada uno de los presentes, hasta centrarse en Lince, quien parecía ajena al nerviosismo grupal, mientras jugueteaba con su propio cabello, siempre en ese aire infantil que hacía que nadie supiera su edad. Suspiró, cansado de esperar, cuando de pronto un pequeño tic resonó al otro lado de la computadora que esperaba una llamada, y muy pronto el proyecto marcó una gran imagen en la pared blanca.
- ¿Un supermercado? -masculló Cobra, observando con desconfianza el gran cartel de “Supermercados Buenavista”, que aparecía en la foto.
- Exactamente, Cobra -saludó la voz de Draco, dejando a todos atónicos-. En el sobre que está bajo la mesa, hay más instrucciones.
Y sin decir nada, la comunicación se cortó.
*
Lince caminaba por la calle alegremente, con una peluca rojiza y ondulada que llevaba atada en una coleta baja, y apoyada sobre su hombro derecho, lentes de contacto color marrones, y unos lentes ficticios de marco renegrido, que le daban un peculiar aspecto de intelectual. Se detuvo frente a las puertas del supermercado, apretando con las manos la cartera que llevaba colgada en bandolera, para luego dar un paso y hacer que las puertas automáticas se abrieran solas. Caminó un poco, hasta encontrar a un guardia de seguridad, para luego detenerlo y sonreírlo.
- Disculpe, señor… -dijo en un tono tranquilo-. ¿Sabe dónde tengo que ir para presentarme al puesto de cajera?
El guardia no pudo evitar mostrar una pequeña sonrisa al verla.
- En aquella cola -respondió, señalando hacia un pasillo donde esperaban un montón de jóvenes.
Agradeciéndole, se dio vuelta y se encaminó hasta la cola, saludando a quienes estaban a su alrededor, y disponiéndose a esperar.
Pasaron más de cuarenta y cinco minutos en los que ella sólo podía esperar, sin saber ya en qué posición colocarse, puesto que sus dos pies ya estaban dormidos, y no había ningún lugar donde pudiera sentarse. Al fin, la puerta se abrió y el hombre le hizo gesto para que entrara. Sonriendo, ella se encaminó rápidamente, para después cruzar la puerta, y ver que la cerraban tras de ella.
- Un gusto señorita, soy el encargado de esta sucursal -anunció el hombre de pasados cuarenta años, cabello con principios de canas, y una rasurada barba-. Me llamo Marco Petroni.
- Me llamo Amelia Martínez -dijo ella presentándose-. Un gusto.
- ¿Tienes algún currículo?
Asintiendo, Lince sacó una carpeta preparada por Zorro y Cobra, donde le habían armado un impresionante currículo. Sorprendido, el encargado ojeó cada página, para luego alzar su rostro, sonriendo y tendiéndole la mano.
- Gracias por venir, Amelia -saludó amablemente, mientras la acompañaba a la puerta-. Te vamos a llamar.
- Gracias a usted.
Y sin decir más nada, Lince salió del pasillo, caminando con su aire juvenil y desenfadado, para detenerse antes de salir del supermercado, para saludar al guardia que le había dado las indicaciones.
Aún sorprendido por el currículo de la joven pelirroja, el encargado Marco decidió comprar si efectivamente eran reales. Llamando al Banco Credi-rápido, donde decía que había trabajado, esperó hasta que lo hubieran atendido pero, para su gran sorpresa, no sólo que las referencias eran reales, sino que decían que Amelia se había mudado a un barrio muy cercano al supermercado, que estaba demasiado lejos del Banco, y había renunciado por cuestiones de movilidad.
Mientras tanto, ya de nuevo en el puerto, Lince esperaba junto a su morocho favorito, sentados ambos en el sofá, mirando el techo sin saber qué hacer. Cada tanto, Cobra pasaba insultándolos, intentando obligarlos a hacer algo, pero ambos permanecían tranquilos.
- Lince… -preguntó él, de pronto, interrumpiendo el silencio-. ¿Por qué estás tan segura que te van a contratar?
Ella sonrió, dándole un pequeño codazo en el brazo.
- Porque usaron el nombre de una cajera real, que se mudó al lugar de la zona -afirmó, para luego soltar una pequeña risita al ver el gesto de sorpresa de su compañero-. Cobra y Zorro hicieron el trabajo de investigación.
- ¡Pero…!
Antes de que él pudiera terminar la frase, el celular falso de Lince comenzó a sonar, y todos los presentes se agruparon en torno a ella, para poder escuchar la comunicación.
- ¿Hola? -saludó.
- Soy Marco, del supermercado Buenavista… -se presentó el mismo hombre de antes-. ¿Hablo con Amelia Martínez?
- ¡Sí, señor! -asintió Lince, sonriéndole a sus compañeros-. ¿En qué puedo ayudarlo, señor?
- Era para avisarte que hemos decidido contratarte para el puesto de cajera. Sin embargo, te vamos a pedir que realices una semana de capacitación -explicó detenidamente-. ¿Cuento contigo?
- Por supuesto, estoy muy agradecida señor.
- De acuerdo, te esperamos mañana a las ocho.
Cortó la comunicación, sólo para sonreírle más a sus compañeros, contándoles que la habían aceptado. A su lado, el morocho permanecía atónico, sintiendo que las cosas se descarrilaban cada vez más.
*
Pasó una semana en la que Lince se vio obligada a participar de la capacitación, hasta que finalmente le asignaron una caja propia, dándole la llave con la que podía abrirla y cambiarle el papel a la ticketera, aún siempre con un guardia a su lado. Llegó un día, cuando ya habían pasado unas semanas prudenciales desde que estaba en el supermercado, hasta que una noche en la que tuvo que permanecer hasta tarde, aprovechó la llave que tenía, para abrir la caja e instalar un pequeño sistema backdoor, una vez que las cámaras fueron apagadas.
Desde esa noche, el morocho y Zorro comenzaron a trabajar día y noche en la conexión con el sistema del supermercado, hasta que casi dos días después, pudieron encontrar el registro de las cuentas donde se depositaba el dinero de los empleados. Según las cuentas que habían hecho juntos, y las averiguaciones de Lince, el total de empleados sumaba 97 personas, contando personal de caja, limpieza y otros administrativos y seguridad.
Recostándose en la silla, Zorro cruzó los brazos sobre su prominente vientre, mientras miraba la pantalla. A su lado, el morocho giró para analizar el gesto de preocupación que tenía su compañero.
- ¿Qué sucede? -preguntó, un tanto impaciente.
- Pues… -Zorro torció la cabeza, intentando poner en palabras sus pensamientos-. Con la cantidad de cuentas que son, lo mejor sería ir desviando las transacciones en el momento en que se hacen, para evitar cualquier problema de que vayan a cobrarlas en lo que nosotros las estamos modificando.
- ¿Y eso cómo lo conseguimos? -el aludido suspiró, pensando que sería otra tarea más para Lince.
*
Una nueva semana comenzó, donde la misión de encontrar cuándo se realizaban los pagos, le fue encomendada a Lince. Aprovechando que todos se encontraban hablando del próximo cobro, y qué harían con el dinero, la pequeña estafadora se acercó hasta uno de los cajeros, de edad avanzada, aprovechando que podía fingir no saber nada.
- ¡Eres muy impaciente! -le dijo el hombre, sonriendo y pegándole despacito en la cabeza.
- ¡Ah! Pasa que vi un vestido nuevo que quería, y…
Y sabiendo que al hombre le gustaba hablar, Lince aprovechó los minutos de descanso antes de abrir el supermercado, para charlar con él. Sin embargo, las respuestas no se hicieron esperar, y muy pronto el hombre soltó la información.
- No te alarmes, no tendrás que esperar mucho… -terminó diciendo.
- ¿De verdad?
- ¡Claro! -agregó, soltando una pequeña carcajada-. Todos nos reímos cuando el jefe va a pagar los sueldos, porque cuelga un cartel de motel en la puerta, que dice “no molestar” que tiene dibujada una alcancía, y si te atreves a ir… ¡ay, ay, ay!
- ¿Y eso? -respondió, fingiendo sorpresa.
- Es que se debe a una broma… -suspiró, disponiéndose a contar-. Cuatro años atrás…
Lince tuvo que controlar su propia paciencia mientras el viejo le contaba meticulosamente la broma, riéndose y sin dejarle entender casi nada.
- ¡Oh! ¡Ya van a abrir! -volvió a comentar el hombre, terminando con la broma-. Amelia, el depósito lo hacen el primer día hábil del mes por la mañana, y entre esa tarde y el día siguiente, ya se puede cobrar. No te desesperes, niña.
*
Esa mañana, Zorro estaba sentado en la computadora, con todos los sistemas preparados, cuando de pronto, recibió un mensaje de texto de Lince. “Está pagando”, decía. El hacker entrelazó los dedos, haciéndolos sonar, para luego ponerse a trabajar: iba a anular todos los montos de cada una de las cuentas, ya que tenía pleno acceso a la computadora del encargado, gracias al backdoor que Lince había instalado en el sistema.
Bueno, esto ha sido todo por hoy. Muchas gracias por leerme, y nos estaremos encontrando en el próximo artículo!!
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