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viernes, 04 de marzo de 2011

~El Llanto Del Lobo~

¡Buenas a todos! ¿Cómo andan? Tras otra semana de exámenes, aquí les traigo otro capítulo de esta historia, y les cuento que cada vez me va gustando más. En fin, espero que les guste mucho este capítulo, y que me dejen comentario. ¿Les va gustando la historia hasta ahora? Muchísimas gracias por leerme, y ahora sí, los dejo con la lectura: 

 

Sentada en su escritorio, donde fingía ser la secretaria del senador Arturo Ítalo, Pantera se recostó en la silla, estirándose un poco para relajarse, puesto que sabía que esa noche tenía un arduo trabajo por hacer. En eso, la puerta de la oficina se abrió, dando lugar a la pequeña pero redondeada figura del senador, que apareció con el portafolios en la diestra, y la izquierda acomodándose los pocos cabellos de su calva, mientras inspeccionaba -una vez más-, las curvas de su secretaria, con una mirada de lobo hambriento.
    - ¿Nos vamos? -preguntó el hombre-. Ya es tarde, y puedo llevarte a tu casa, si quieres…
    Pantera lo observó, con gesto de sorpresa: ¿es que ese viejo hombre, no tenía escrúpulos? Luego, negó con una sonrisa en la boca.
    - Le agradezco mucho la amabilidad, pero me quedaré a arreglar el archivo -respondió.
    El hombre sonrió echándole una nueva mirada, para luego irse hacia la puerta, y desaparecer en la calle, entre la multitud. Pantera esperó hasta las siete de la tarde, y entonces, cerró todo el local, asegurándose que nadie pudiera entrar.
    Volviendo hacia su escritorio, sacó su cartera y comenzó a preparar los artefactos que había llevado: cámaras digitales de un tamaño minúsculo, perfectas para esconderlas, y filmar todo lo que pasaría en tres días. Sin más, entró en la oficina del senador para dejar su cartera apoyada en uno de los sillones, para luego sacar un pequeño papel que llevaba doblado en cuatro, donde le había hecho un boceto a Zorro de la habitación, y él le había dicho cómo colocar las cámaras.
    Observándolo con atención, lo dejó abierto al lado de su cartera mientras, tomando una de las cámaras, se acercó hasta la estantería que estaba a la izquierda del escritorio y, colocándose en punta de pie, sacó una estatuilla que había en ese estante, para luego abrirle la cabeza, y colocarle la cámara en el interior, dejando que filmara a través del pequeño vidrio que tenía el decorado. Una vez posicionada, apretó el pequeño botón que tenía en el lateral, activando la conexión con la computadora de Zorro, para que pudieran grabar los hechos de la oficina.
    Volviendo hacia el sillón, Pantera tomó nuevamente el dibujo, y suspiró pensando que aún tenía muchas cámaras más por colocar.

*

    El senador alzó las cejas, sorprendido, sin comprender del todo tan claras palabras. ¿Tenían pruebas? ¿Cómo era posible? Que él supiera, la secretaría había estado en la computadora, y las únicas palabras creíbles, aparte de las propias, eran las de la chiquilla de la escuela.
    - ¿Cómo que tienen pruebas? -espetó el senador-. ¡Estoy seguro que son falsas!
    Uno de los abogados, sonrió.
    - De acuerdo, se las mostraremos.
    Cobra miró a su compañero e, intercambiando una mirada de comprensión, abrió su maletín sacando una computadora portátil. Se sentó en una de los sillones, para después apoyar la computadora en sus piernas, y buscar los videos que habían grabado gracias a Pantera. Una vez que los encontró, giró la computadora dejándola a la vista del senador, para después hacer arrancar el video.
    El hombre comenzó observando el video con gesto impasible, pero muy pronto cambió a sorpresa, y finalmente a enojo, puesto que el video mostraba exactamente la realidad, y lo que él había intentado hacerle a la colegiala. Enojado, se puso de pie azotando la mesa con ambas manos abiertas,  para luego gritarles a ambos abogados.
    - ¡Malditos, esto es extorsión! -gritó-. ¿Cómo hicieron para filmar eso?
    Los abogados no dijeron nada, y uno de ellos simplemente agarró la computadora, apagándola, y guardándola. Más asustado aún, se puso de pie y comenzó a correr por la habitación, alzando los almohadones del sillón y revisando abajo; luego corrió hacia las paredes, moviendo los cuadros, e incluso sacó algunos libros de la estantería, los cuales cayeron estrepitosamente al suelo, mientras intentaba buscar cámaras que lo hubieran podido filmar.
    - Senador… -dijo finalmente Cobra, hablando siempre en su tono tranquilo-. Su actitud sólo afirma la veracidad de estos videos.
    Al oír esas palabras, el hombre volteó, asustado, con el rostro distorsionado.
    - ¡Es violación a la privacidad! -gritó- ¡Los voy a demandar!
    El morocho negó con la cabeza, suspirando y exasperando aún más al senador.
    - Tenemos pensado darle estos videos a la prensa, si Ud. no coopera… -anunció.
    Arturo Ítalo suspiró, calmándose y caminando hacia su sillón nuevamente, para luego, sentarse en él, reclinándose sobre el respaldar, mientras miraba a los dos hombres frente a él.
    - ¿Qué hace falta para que permanezcan en silencio? -preguntó.
    - Doscientos mil dólares… -fue la rápida respuesta de Cobra.
    - ¿¡Qué!? ¡Están locos, es muchísimo dinero!
    El otro abogado negó con la cabeza.
    - Es el costo de su campaña política… ¿o me equivoco? -dijo con sarcasmo-. De todas formas, aún podemos ir con la prensa.
    Arturo levantó la diestra, indicándole que esperara.
    - ¿Cheque, o transferencia bancaria? -preguntó.
    Cobra sonrió, mientras el morocho comenzaba a sacar la computadora nuevamente, preparando la página del banco.
    - Transferencia -anunció.
    Sin más, el morocho le extendió la computadora al viejo, dejándole la página del banco. Sin nada más que hacer, el hombre ingresó sus datos en la página, para luego llevar a cabo la transferencia, desde una cuenta que tenía en el Banco Imperial.     Cuando terminaron, el mismo susodicho abogado le tendió un DVD, donde tenían grabado los archivos del video con el que lo extorsionaron.
    Luego de eso, Cobra y el morocho comprobaron que los datos hubieran sido ingresados y, despidiéndose, salieron rápidamente de la oficina.
    Desde su escritorio, Pantera había podido ver todo, y agradeció mentalmente que luego de la “visita” de Lince, se hubiera quedado otra noche para sacar todas las cámaras que había instalado. Sin embargo, sabiendo que era hora de terminar ese trabajo, caminó hasta la puerta de la oficina del senador, y entrando, se encontró al hombre tirado casi sobre el escritorio, acodado en la mesa y con las manos sosteniéndose la frente.
    - ¿Qué necesitas? -preguntó, acabado.
    Ella agachó la cabeza, fingiendo pena.
    - Lo siento mucho, senador, pero no quiero trabajar para alguien con esa clase de acusaciones… -comentó, y él ni siquiera la miró-. Mañana le traeré mi carta de renuncia.

*

    Marina se detuvo en la puerta del banco, aferrándose a la correa plástica de su perro, y pidiéndole que se sentara, mientras uno de los guardias la miraba con atención: siempre debería pedir un permiso especial, para entrar con su lazarillo al banco. Al cabo de un rato, finalmente le abrieron la puerta dejándola entrar, y caminando lentamente, se dirigió hasta la cola donde se depositaba el dinero.
    De pie casi al final de la cola y, aunque no lo quisiera, muy pronto se encontró a si misma entusiasmada al escuchar la conversación de dos abuelas que murmuraban a sus espaldas, con tono de horror e indignación, mientras gesticulaban ampliamente. De pronto, su perro soltó un pequeño alarido cuando una de las mujeres pisó su cola, pero luego siguió llorando, mientras Marina escuchaba.
    - ¡Es imposible! -se quejó una de ellas-. ¡El banco está cada vez peor!
    Y sólo eso decían, imposibilitando su comprensión del asunto. De pronto, comenzó a escuchar unos gritos de una joven, con voz de niña, y la voz de una cajera que intentaba calmarla. La cantidad de ruido hizo que Lobo comenzara a moverse nervioso, dificultando la tarea de Marina por calmarlo. Escuchando nuevamente a las dos ancianas horrorizadas, además de los ensordecedores chillidos de la niña que gritaba en la caja, Marina se dio vuelta, hablándole a una de las abuelas.
    - ¿Podría decirme qué está pasando, señora? -preguntó-. ¿Qué son esos gritos?
    - Pues parece que es el segundo caso -respondió una de ellas.
    - Ya van dos personas que reciben una transferencia de dinero, y cuando vienen a extraer el dinero, las cuentas están vacías -explicó la otra, en tono de cuchicheo-. Parece que ahora a ese padre y a su hija los han estafado… -comentó, negando con la cabeza.
    Marina se volvió hacia el frente, escuchando la voz del hombre que había intentado calmar a la niña, mientras le decía a la cajera que iba a demandar al banco. Dudando sobre si depositar el dinero o qué hacer, la rubia agradeció la atención a las dos mujeres, para luego salir del banco en dirección a la florería, para contarle a su madre lo sucedido.
    Cuando estaba llegando a la puerta, uno de los guardias la movió rápidamente del paso, llevándola a la vereda, mientras otros tres guardias traían al hombre y a la niña que habían estado gritando en la caja, sacándolos por la fuerza, y negándoles el acceso. Marina permaneció en silencio, para luego hablarle a su fiel siberiano, y pedirle que la llevara a la casa.

    Desde su posición, el ahora ya dos veces investido de abogado observaba junto a Pantera, mientras veían como sacaban a sus compañeros Lince y Cobra del banco, tras haber generado un gran movimiento en el mismo. Sin embargo, algo que no esperaba, era ver a Marina saliendo de ese banco, con el gesto preocupado, e intentando calmar a su perro. ¿Acaso ella tendría alguna relación con el banco? Porque de un momento a otro, sintió la extraña necesidad de seguirla.
    Se volteó hacia Pantera para excusarse, y luego comenzó a caminar por la vereda de enfrente, para luego cruzarse y seguirla aún más de cerca. Faltaban unos metros para llegar a la florería, cuando Marina se detuvo, sabiendo que había alguien que la estaba acechando; metió la diestra en el bolsillo de su pollera, atrapando un pulverizador de pimienta entre sus manos, dispuesta a defenderse.
    - Deje de seguirme -ordenó, girando el rostro hacia donde estaba el morocho.
    Asustado por la percepción de la ciega, sus nervios lo atraparon como nunca, y no supo qué decir.
    - Lo siento -se disculpó-. Iba hacia la florería y…
    Ella hizo un gesto raro con las cejas, y luego relajó su gesto.
    - Tú compraste las rosas… -murmuró, reconociendo la voz del morocho-. ¿Cómo te ha ido?
    Sin saber qué decir, él sonrió, susurrando alguna respuesta con la que la rubia se quedó conforme, y entró en la florería. Atenta a sus propios movimientos, caminó hasta la puerta del fondo y saludó a su madre, para después volver hacia el mostrador, y dejar a Lobo en su cucha, mientras ella se acercaba hasta la caja.
    - ¿Qué andabas buscando? -le preguntó al hombre que la había estado siguiendo, y que ahora había entrado en el local.
    Y de pronto, las palabras salieron de su boca sin que él las pensara.
    - Iris blanco…
    Ella sonrió, caminando por el local, hasta un bello jarrón decorado con esas flores.
    - El iris blanco es una flor noble… -comenzó a explicar, mientras seleccionaba algunas para hacer un ramo-. Representa la esperanza puesta en alguien, pero también…
    Él continuaba observándola, atento al movimiento de sus manos, a la forma en que sus labios delineaban cada palabra, pero más que nada, a la sonrisa que mostraba cuando hablaba de las flores. De pronto, recordó el porqué de esas flores: a Mariana le encantaban, y ella siempre permanecía horas observándolas, cuando su madre colocaba un jarrón lleno de iris blanco en su dormitorio.
    Siguió a la rubia hasta el mostrador, atento a la forma en que preparaba el ramo, y le colocaba un delicado moño color blanco.
    - Sabes mucho de flores… -comentó, cuando recibió el ramo.
    - El iris blanco es mi favorito.
    Y en ese momento, el sonrió. También era el favorito de Mariana.

 

Bien, esto ha sido todo por hoy. Muchísimas gracias por leerme, y nos estaremos encontrando en el próximo artículo. ¡Éxitos!


Tags: literatura, novela, drama, estafas, romance, misterio

<@ArticuloNumComentarios@> Comentarios:

viernes, 04 de marzo de 2011 | 19:27
Marina y Mariana.... ¿serán la misma persona? ESte capítulo me encantó. ¡Que tupé tienen Lince y Cobra! Confiezo que me sorprendieron por lo audaces. Esta historia me encanta y me mantiene en suspenso. ¡Me encanta!
jueves, 10 de marzo de 2011 | 21:09
muy buen cap, le das mucha calidez al personaje de marina, y me encanta. disfruto mucho leer estos cap tan bien desarrollados.
viernes, 11 de marzo de 2011 | 10:37
Marina es un personaje que me gusta bastante. Muchas gracias por leerlo y comentar.

 

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