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Viernes, 28 de enero de 2011

~El Llanto Del Lobo~

?Buenas! Hoy finalmente puedo traer el cap?tulo a tiempo, y se que hay muchas cosas por comentar, pero estos son los cap?tulos introductorios. Gracias a todas las visitas que se pasan, a los que dejan comentarios y a los que no. ?Me dejar?an un comentario para saber sus opiniones? En fin, no los molesto m?s, y ahora s?, los dejo con la lectura del primer cap?tulo de esta nueva historia:


Hab?a hecho un par de cuadras alej?ndose de la florer?a, cuando se detuvo a medio camino, evitando la multitud, y sosteniendo el ramo en una mano, y el malet?n en la otra. En la vereda de enfrente hab?a un bar de estilo ingl?s, construido sobre una casa antigua y, apoyado en el peque?o balc?n de una de las ventanas, hab?a un joven que parec?a perdido. El morocho solt? un suspiro al juzgar su rostro como el de un tonto, y sin preocuparse por los autos, atraves? la calle directamente por la mitad, hasta quedar cerca del chico.
??? - ?Federico Pinto? -salud?.
??? Cuando el joven de cabellos casta?os y ojos claros alz? la mirada, ?l solt? el ramo de rosas sobre sus piernas, haciendo que el menor lo mirara con sorpresa.
??? - ?Para qu? es esto, Ricardo?? -pregunt?, levantando el ramo y mir?ndolo.
??? - A las damas se las conquista con flores, se?or Pinto -fue la sutil respuesta del ahora abogado Ricardo Estrada-. Entr?gaselo a la mujer en cuanto al saludemos.
??? Federico abri? la boca levemente, haciendo un movimiento con su cabeza, volviendo notorio el hecho de que hab?a comprendido que el ramo era para Margarita, la se?ora a la que le iba a comprar su primera casa propia. Pensando que era un buen gesto, puesto que se trataba de una mujer mayor, se levant? de su asiento orgulloso, moviendo el ramo y arregl?ndose el trajo.
??? Sin decir nada, comenzaron a caminar lado a lado, durante unas cinco cuadras m?s. Finalmente, se detuvieron en una esquina, observando a la cuadra de enfrente. De fachada imponente y estilo colonial, la casa se alzaba con altura de dos pisos, pintada de color beige claro, con las t?picas molduras resaltadas en tonos blancos, y una gran puerta doble de madera oscura, con picaporte de bronce que hab?a sobrevivido a varios intentos de robo. El peque?o jard?n que ten?a delante indicaba que se trataba de un gran terreno, a?n cuando hab?a sido reacondicionada para tener un garaje.
??? Contento, Federico fue el primero en dar un paso, y dirigirse a la casa. Se detuvieron frente a la reja del jardincito, tocando el timbre, hasta que finalmente la puerta se abri?. Por dentro apareci? Margarita, una mujer de m?s de cincuenta a?os, espaldas casi encorvadas y cabello corto y enrulado, perfectamente te?ido de rubio y acomodado; su apariencia denotaba su buena familia, lo que se aseguraba con los movimientos delicados pero no fingidos que ten?a. Cuando lleg?, Federico la salud? para luego darle el ramo de rosas, y verla sonre?r de manera complacida.
??? - Son muy amables -agradeci?, mientras terminaba de cerrar la reja-. Pasen, por favor.
??? El interior de la casa era tan amplio como la fachada hac?a pensar, decorada en estilo colonial pero de una manera muy sutil, que hac?a sentir una extrema calidez y comodidad. El morocho detuvo la mirada sobre un imponente mueble de madera, cargado de copas de cristal y diversos jarrones, que parec?an ser de herencia familiar.
??? Llegaron hasta el living donde la gestora estaba esperando sentada en uno de los sof?s, y tras presentarse, tomaron asiento en los lugares disponibles. Margarita desapareci? tras la puerta de la cocina, para luego regresar con una peque?a bandeja de plata, donde tra?a tazas de caf? y una peque?a media-tarde, para ofrecerles a sus invitados. Sirvi? a todos en un inc?modo silencio, hasta que finalmente fue la gestora -una mujer de corta edad, extremadamente delgada y bronceada, de car?cter ?cido y secante- quien emiti? las primeras palabras.
??? - Supongo que sigue interesado en la transacci?n, Se?or Pinto -apunt? con una voz que el ahora abogado Ricardo Estrada, pens? que era propia de una lechuza.
??? - En efecto? se?orita -dud? el aludido, sin saber c?mo llamar a esa aparici?n.
??? La mujer asinti?, alzando la diestra y acomod?ndose con el ?ndice los lentes sobre el puente de la filosa nariz, malamente cubierta de sombra y maquillaje.
??? - En ese caso, tenemos los papeles casi listos -coment?, intercambiando una sutil mirada con Margarita, quien segu?a saboreando su t?-. En cuando realicemos la transacci?n, firmaremos los papeles del cambio de titularidad.
??? En ese momento, el abogado carraspe? un poco, llamando la atenci?n para s? mismo. Para despu?s colocar el malet?n que hab?a llevado, sobre la peque?a mesa ratona que hab?a en el centro de los sof?s. Luego, poniendo la mano abierta sobre el malet?n, le habl? directamente a la due?a de la casa.
??? - Federico tiene serias intenciones de comprar su casa, Se?ora Su?n -habl?, hizo una pausa, y sigui?-. Tengo mi computadora port?til aqu?, as? que desea, podemos hacer la transferencia bancaria inmediatamente, y completar la venta.
??? La gestora volvi? a intercambiar una mirada con Margarita, pero ?sta se apresur?.
??? - Ser?a un gusto.
??? Sin decir m?s nada, el morocho abri? el malet?n con calma, colocando una computadora port?til de tapas grises y negras sobre la mesa, al tiempo que Margarita hab?a ido a llevar el juego de t? a la cocina, liberando el espacio.
??? Al volver, se sent? en su lugar nuevamente, mientras el abogado ingresaba a la p?gina web del donde su cliente ten?a su cuenta bancaria. Tras haber ingresado preparado todo, le pas? la computadora a Federico.
??? - Se?or Pinto, por favor ingrese sus datos de la transacci?n -orden?.
??? El joven se inclin? sobre la m?quina, observando la pantalla y tecleando con notoria dificultad y nerviosismo, una transacci?n de doscientos mil d?lares. Al cabo de unos minutos de espera en un nuevo pero inc?modo silencio, se enderez?, alej?ndose del aparato.
??? - Falta el n?mero de cuenta de la se?ora Su?n -coment?.
??? El morocho asinti? y, moviendo la computadora hasta la due?a de la casa, le sonri? amablemente. Ella le devolvi? el gesto, para luego colocarse un par de lentes de finos marcos, y acercarse con delicadeza hasta ver el lugar donde deber?a insertar sus datos. Con marcada torpeza ingres? su n?mero de cuenta, para luego sonre?r y devolverle la computadora al abogado, quien la pas? a Federico para que confirmara la transacci?n con su firma digital.
??? Completando la transacci?n, Ricardo reinici? el navegador para volver a colocar la p?gina, y le ofreci? la computadora a la mujer.
??? - Por favor, revise su cuenta si lo desea -ofreci?.
??? Ella tom? nuevamente su posici?n frente a la m?quina, y tras unos minutos de observaciones tensas por parte de la gestora, ambas sonrieron.
??? - Ya figura la transferencia, muchas gracias.
??? La m?s joven abri? su malet?n, estirando los papeles que ten?a preparados, y comenzando a marcar cruces en cada uno de los sectores donde Federico deb?a firmar. Se tom? el tiempo que necesitaba para explicarle las cosas que iba a firmar, y luego el menor los reley? con cuidado, asintiendo con la cabeza mientras el abogado apagaba la computadora. Cuando termin?, intent? devolverle los papeles a la gestora, pero estos separ? algunos en una carpeta, y se los devolvi?.
??? - Estos debe guardarlos usted, se?or Pinto -confirm? con gesto de disgusto.
??? El aludido tom? la carpeta fuertemente entre sus manos, acerc?ndosela.
??? - Federico -llam? la ahora anterior due?a de la casa, con una leve sonrisa en la boca-. Me preguntaba cu?nto tiempo para mudarme podemos establecer.
??? El casta?o sonri?, negando amablemente con la cabeza.
??? - ?Un mes? ?Una semana? -pregunt?.
??? - Con una semana es suficiente -confirm?.
???
*

??? Era temprano en la ma?ana cuando Margarita Su?n sali? de su casa camino al Banco Imperial sabiendo que, como iba a retirar un gran monto de dinero, tendr?a que hacerlo por caja y adem?s declarar de d?nde proven?a el dinero reci?n transferido. Salud? a la mujer en la mesa de atenci?n, y luego se encamin? hacia el peque?o camino de serpiente que estaba marcado con cintas frente a las cajas, y agradeci? estar tercera, y no m?s atr?s.
??? El tiempo de espera fue corto pero nervioso, puesto que la fina mujer odiaba los interrogatorios que hac?an en los bancos, y m?s cuando las sumas eran en monedas extranjeras y con una elevada cantidad de ceros del lado derecho. Alz? la vista justo cuando una cajera de cabello largo y lacio, con un pa?uelo color azul al cuello, le hac?a gesto para que se acercara. Ella camin? lentamente, y una vez cerca, coloc? su peque?a cartera sobre el mostrador, para luego inclinarse a hablarle.
??? - ?En qu? puedo ayudarla, se?ora? -pregunt? la cajera, rutinariamente.
??? - Quisiera hacer una extracci?n de dinero -fue la respuesta, mientras le pasaba un peque?o papel donde ten?a anotado el n?mero de cuenta.
??? La cajera tom? el papel, y sonri?, mientras comenzaba a teclear.
??? - ?Qu? monto?
??? - Cien mil d?lares -respondi? nuevamente, casi susurrando.
??? La bancaria se qued? en silencio, observ?ndola por unos segundos, hasta que finalmente volvi? a centrarse en su computadora. Pasaron un par de minutos eternos para ambas, donde Margarita la vio fruncir el se?o, tomar el mouse, y teclear repetidamente.
??? Al cabo de un rato, la morocha volvi? a hablar.
??? - Lo siento, se?ora -anunci?-: seg?n lo que leo, hay un nuevo procedimiento para extracciones tan grandes, as? que debo pedirle que espere en uno de los asientos, a que sea llamada.
??? Sin decir nada m?s, le devolvi? el papel y le se?al? un sill?n de gamuza, de un horrible color verde oscuro, sobre el que la mujer dud? sentarse. Hab?a pasado una hora ya, cuando un hombre de incre?ble apariencia, seguramente en sus cincuentas, apareci? vestido con traje delante de ella, disculp?ndose por la demora que la hab?a hecho pasar. Con pocas palabras se encaminaron hacia la oficina del gerente, donde Margarita se sent? inc?modamente en un nuevo sill?n, frente al escritorio del hombre.
??? - ?Un caf?? -pregunt? ?l.
??? - No, gracias -fue la seca respuesta-. ?Qu? pas?? ?Qui?n es usted?
??? El hombre se retorci? en su asiento.
??? - Mi nombre es Jorge Rosas, gerente de esta sucursal.
??? - ?Qu? es lo que est? pasando? -insisti? ella.
??? - Se?ora Su?n, su dinero ha sido acreditado mediante el servicio de transacciones virtuales de nuestro banco, por lo que el dinero no est? f?sicamente aqu? a?n -hizo una pausa inc?moda, pero luego sigui?, ignorando la mirada de ella-. Le voy a pedir que espere una semana para realizar la extracci?n, hasta que llegue el dinero f?sico desde el banco donde se hizo la transacci?n.
??? - ?Y luego?
??? - Podr? retirar previa declaraci?n del origen del dinero.
???
*

??? Una ardua y nerviosa semana transcurri? para Margarita Su?n, hasta que el jueves decidi? ir al banco. Tom? sus documentos y los papeles de la venta de la casa, para luego salir y tomarse un taxi nuevamente hacia el Banco Imperial. Ya en la puerta, se sorprendi? por la cantidad que guardias que hab?a en el local, los mismos que la detuvieron en la puerta.
??? - ?Qu? pasa? -pregunt? molesta-. ?No me van a dejar entrar?
??? - Lo siento, se?ora -anunci? uno de los guardias-. Debido a unas amenazas de seguridad, estamos solicitando un documento de identidad, para identificar a las personas que permanezcan en el local.
??? - ?Pero soy cliente del banco desde hace cinco a?os!
??? - ?rdenes son ?rdenes.
??? A rega?adientes, la mujer abri? su cartera y les tendi? el documento al mismo que hab?a hablado con ella. Con cuidado, el hombre lo abri?, y tras leerlo lo cerr? y se lo devolvi? a la mujer, haci?ndole un discreto se?o a su compa?ero. Ella intent? entrar, pero ambos guardias se cerraron, impidi?ndole el paso.
??? - Lo siento, se?ora Su?n -coment? uno-. Necesitamos comprobar sus datos, as? que no podemos permitirle el paso.
??? Ella intent? forzar la entrada, pero lo ?nico que logr? fue que la tomaran por los brazos, alej?ndola de la entrada.

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Bien, esto ha sido todo por hoy. Much?simas gracias por parsarse, y nos estaremos encontrando en el pr?ximo cap?tulo. ?Dejar comentarios alimenta el blog! ??xitos!


Tags: literatura, novela, argentina, drama, estafas, romance

<@ArticuloNumComentarios@> Comentarios:

Lunes, 31 de enero de 2011 | 18:47
¡Yo quiero una casa como esa!!! LA describiste tan bien, que me pareció recorrer con la vista cada detalle. Pobre Sra Suan, como se le enredó todo, como siempre, me quedo conlas ganas de seguir leyendo.
Estupendas descripciones, me encanta tu estilo.
Autor: Astrid
Jueves, 03 de febrero de 2011 | 17:03
Pobrecita, la burocracia es una lata e.e me gustó el cap, espero leer el próximo pronto, y me gustó como lo narraste, casi me sentí allí *-* bye!
Mi?rcoles, 09 de febrero de 2011 | 13:26

muy buen capitulo, son envolventes las descripciones y atrapantes. felicitaciones escribir tan bien.

 

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