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viernes, 24 de diciembre de 2010

La Línea Del Horizonte (II): La Rebelión De Asgorth

¡Buenas chicos! Aprovecho para desearles una muy feliz Navidad y Noche Buena! Abran muchos regalos, no tomen, y sobre todo, diviértanse muchísimo. Gracias a todos por leerme, por acompañarme, por el apoyo que me dan con sus comentarios y sus visitas: realmente son importantes para mí. Desde ya les aviso que la semana que viene no habrá historia, pero si un artículo muy especial que me gustaría que se pasaran a leer. Ahora sí, con la lectura: 

 

La noche oscura se cernía sobre la ciudad, reflejando su existencia sólo con algunas estrellas, que escapaban de las nubes. Marcos caminaba hacia el descampado, lentamente, y habiendo preparado el micrófono que llevaría oculto en el cuello de la camisa.
    Los galpones que había encontrado estaban cada vez más cerca, hasta que finalmente pudo divisar una luz saliendo de uno de ellos, y dos guardias apuntados en la puerta. Marcos hizo unos pasos hacia atrás, escondiéndose entre algunas cajas y restos que había a lo lejos observando el lugar; luego, ayudado por la penumbra y la oscuridad que rodeaba a ese sitio, volvió unos pasos y tomó por un lateral del galpón, pensando que quizás podría entrar por la puerta trasera.
    Sus pasos se detuvieron a medio camino cuando, alzando la vista, se encontró con una escalera que llegaba hasta el techo. Oxidada, con escalones faltantes y mal amurada a la pared, pero que era lo suficiente como para poder entrar desde el techo. Con cuidado se apoyó sobre un tacho que había en el suelo y, saltando, logró colgarse del primer escalón, sin hacer ruido. Reuniendo fuerza en sus brazos, comenzó a trepar lentamente, sintiendo como el más mínimo viento bamboleaba la frágil estructura, haciéndole temer que caería al piso, herido y sería encontrado. Se detuvo, negando con la cabeza para concentrarse, y siguió su camino hasta la parte más alta.
    Al llegar al final de la escalera, vio que había una puerta, y un escalón más por encima de ella. Pensando que seguramente esa puerta estuviera controlada, continuó subiendo hasta llegar a la azotea. Sin embargo, grande fue su sorpresa al ver que se trataba de una bóveda de vidrio, completamente sucia y opaca, con muy pocas partes desde donde podía ver. Rodeó el lugar con cuidado, hasta que finalmente encontró una parte desde donde podía observar; el galpón era extremadamente alto, y a esa distancia eran solo pequeñas figuras, pero aún así alcanzó a distinguir una en particular: un morocho de cabellos largos, que seguramente era Ángelo.
    Continuó caminando hasta encontrar otra puerta más, la cual no le pareció tan inapropiada, puesto que se encontraba lejos de las escaleras, y mucho más oculta. Colocando su mano sobre el picaporte, tanteó rápidamente la cerradura y, comprobando que se encontraba abierta, entró en las instalaciones, aprovechando las sombras para deslizarse. A unos pasos de distancia, halló un sitio adecuado y abandonado, para después acostarse en el suelo, y observar la reunión.
    Desde su lugar, sólo podía ver que por la planta baja, el único punto de entrada era por donde estaban instalados los dos guardias, así que el acceso estaba totalmente controlado. Un poco más lejos de ellos, a sus espaldas, había un par de autos estacionados, todos de lujo y en color negro o plateado muy oscuro, que llevaban patentes dobles y vidrios antibalas. Más atrás aún, y más cubiertos, había una gran mesa de sólida madera, donde se encontraban reunidos los mafiosos. Detrás de uno de los hombres, el morocho de cabellos largos, ahora había tres guardias más, de contextura gigante, protegiéndolo. Desde el punto de vista de Marcos, ese seguramente era Ángelo, y ahora estaba confirmado.
    Girándose levemente sobre sí mismo, Marcos observó que había un escueto pasillo que llevaba hacia unas oficinas de tamaño reducido, que en ese momento estaban abandonadas. ¿Qué habría por ahí?

    En la planta baja, Ángelo saludó a todos los miembros que acababan de llegar, indicándoles los asientos, mientras ellos murmuraban por lo bajo. Delicadamente, Ángelo observó hacia arriba: el piso alto era una gran masa negra, sin iluminación y abandonado, lo que le daba el espacio perfecto a cualquier espía. Esa noche iba a tener un invitado especial, y estaba ansioso por encontrarlo. Alzando dos dedos y moviéndolos, uno de los guardias se acercó hacia él.
    - ¿Has visto entrar a alguien? -preguntó Ángelo.
    - No, señor -fue la respuesta.
    - De acuerdo, ve a explorar el piso de arriba -ordenó.
    Asintiendo, el guardia se alejó caminando lenta y pesadamente.

    En ese momento, Marcos supo que algo estaba pasando, y lo comprobó cuando vio al guardia subir por unas diminutas escaleras. Sin embargo, así como estaba no tenía demasiada movilidad, porque si llegaba a sobresalir un poco de entre las sombras, el matón lo vería. Arrastrándose hacia atrás, se refugió debajo de un escritorio que estaba en el pasillo, escondiéndose aún más. Los pasos del guardia se acercaron hasta que Marcos alcanzó a ver sus piernas pasar lado a lado del escritorio, y luego se retiró. Mas en ese momento, al intentar echar una mirada de reojo a la reunión, el detective se percató de algo demasiado importante: Ángelo ya no estaba en su sitio.
    Pensando que quizás había escapado, pensó en volver a su posición, pero de pronto sintió un ruido metálico y la punta de una pistola apoyándose en su nuca, para luego empujarlo hacia abajo, obligándolo a inclinar la cabeza.
    - Te sugiero que te muevas muy lentamente -murmuró Ángelo, empujando un poco más la pistola.
    Marcos alzó las manos en señal de sumisión mientras se ponía de pie lentamente, insultándose mentalmente por haber sido tan inútil al esconderse. ¿Cómo iba a salir vivo de ahí adentro? Seguro que el Jefe lo degradaría y aún no estaba seguro de que pudiera llegar a salvarse.
    Siguiendo las instrucciones de Ángelo, Marcos se vio forzado a bajar lentamente las escaleras caminando hasta finalmente llegar a la planta baja. Entre todos los hombres que se encontraban reunidos, uno de ellos lo reconoció y, pensando en que no le habían avisado nada de un infiltrado, pensó que quizás era bueno corroborar su información.
    Marcos llegó caminando hasta donde estaba la mesa, y Ángelo lo empujó brutalmente, obligándolo a sentarse en ese lugar, para después comenzar a caminar a su alrededor, enloqueciéndolo mientras le apuntaba con el arma.
    - Miren la rata que me encontré -comentó a los presentes-. Pero ahora está encerrada…
    Pensando que tenía que hacer algo, el detective pensó en saltar sobre Ángelo, pero en el momento en que se puso de pie, uno de los guardias lo sostuvo por el hombre y, volteándolo, le asestó un fuerte puño en el vientre, haciéndolo caer de bruces en el piso, al tiempo que un hilo de sangre se escurría por su boca. Comenzó a sacudirse cuando el hombre volvió a pegarle en el rostro, pero justo Ángelo lo apartó, para luego alzar el pie izquierdo y pisarle el cuello, inmovilizándolo. Mirándolo con una sonrisa maquiavélica en el rostro, le apuntó con la pistola.
    - ¿Tienes algo que decir, antes de morir? -preguntó Ángelo.
    - Tú eres quien tiene algo que confesar -fue su respuesta, con la voz casi ahogada.
    Una risa salió de Ángelo, llena de soberbia.
    - En este momento, no eres tú quien hace las preguntas -refutó.
    Ahora fue Marcos quien esbozó una pequeña sonrisa, lo que enloqueció a Ángelo.
    - ¿¡De qué te ríes, maldito!?
    - Que yo al menos no ando dejando cabos sueltos e intocables por ahí… -comentó el detective.
    El mafioso soltó un gruñido cargado de ira, y enojado, se agachó hasta la altura de Marcos, para luego girar su pistola y pegarle un fuerte golpe en la cabeza, con el mango de la misma. Un hilo de sangre comenzó a circular entre sus cabellos, ensuciando el suelo.
    - ¡Yo no dejo cabos sueltos! -gritó enfurecido-. ¡Por eso maté a ese estúpido senador, y por eso ataré el siguiente cabo!
    Al ver la ira en el morocho, Marcos pensó que era buen momento para escapar y, comenzando a forcejear, intentó zafarse del agarre, pero Ángelo movió el pié y le pateó el estómago, empujándolo unos metros hacia atrás. Luego, se acercó hacia él, y volviéndole a pisar el cuello, se agachó para ponerle la pistola en la frente.
    - Despídete -anunció.

 

Y ahora sí, espero que la pasen genial. Gracias por leerme, y nos estaremos leyendo en el próximo artículo. ¡Éxitos! Feliz Navidad!!!


Tags: literatura, novela, drama, misterio, juegos, thriller

<@ArticuloNumComentarios@> Comentarios:

lunes, 27 de diciembre de 2010 | 19:16
AAAAHHHHHGGGG!!! Qué capítulo!!! Me dejaste sentada al borde de la silla. Que bien has descripto la situación, quedé colgada junto con Marcos, esperando la conclusión. ¡¡¡¡¡Excelente este relato!!!!!
Autor: BlueBrain
martes, 28 de diciembre de 2010 | 5:34
Como siemrpe, me has dejado con las ganas de leer más. Que buenas ideas tienes para las historias de suspenso, son atrapantes. ¡Sigue así!
martes, 28 de diciembre de 2010 | 9:54
Gracias chicos!! Me alegro mucho que les haya gustado, esta historia me decepcionó a la mitad, pero ahora está volviendo a gustarme. Gracias por pasarse!!
Autor: Marcos Gisbert
martes, 28 de diciembre de 2010 | 15:57
Hola ! Me encanta tu trabajo, ya me he hecho miembro. Te invito a que te pases por mi blog de poesía. Acabo de crearlo y está aún en pañales pero ya puedes ver una muestra de lo que hago.

palabras-al-rojo-vivo.blogspot.com

Gracias!
y feliz año Nuevo ;))
viernes, 11 de febrero de 2011 | 12:03

si q supiste crear muy bien la atmosfera de suspenso y la agresividad de angelo, excelente cap.

 

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