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viernes, 10 de diciembre de 2010

La Línea Del Horizonte (II): La Rebelión De Asgorth

¡Buenas! Este fin de semana pude escribir tranquila, sin que nada me interrumpiese, por eso hoy puedo mostrarles otro capítulo nuevo de la historia! La semana pasada me interrumpió un "crack" en mi compu, pero ya estoy de vuelta, y para mucho más. En fin, espero que les guste el capítulo de hoy, y muchas gracias a todos aquellos que han pasado por el blog, que me dejan comentarios y apoyo. Ahora sí, con la lectura: 

 

Una pequeña sonrisa se mostró confiada en los labios de Mark, al tiempo que el detective se fijaba en sus ojos. ¡Era claro que le gustaría infiltrarse! El problema era que el jefe no lo permitiría, y él aún no tenía suficiente información como para poder hacer algo al respecto.
    - En una semana habrá una reunión de la mafia, para presentar a los nuevos miembros -comenzó a explicar Mark, bajando el volumen de su voz-, además de “iniciar” a algunos nuevos -hizo una pausa, mirando hacia los lados, y luego continuó-. Yo tengo un contacto, Jorge un chico de Infiltración, que trabaja siguiendo a Ángelo.
    Marcos intentó abrir la boca para hablar, pero antes de que algún sonido saliera de su boca, Clayton hizo un gesto para callarlo. Luego de eso, continuó explicando.
    - Puedo hacer que Jorge te presente con Ángelo, como un iniciado -concluyó-. La reunión se hará este sábado por la noche, en un galpón de trenes abandonado, en las afueras de la ciudad.
    Marcos agachó la cabeza, meditando. Esa oferta le parecía irresistible: quería ir, quería atrapar a Ángelo con sus manos, y hacerlo declarar, para que el testigo pudiera estar a salvo. Sin embargo, sabía que ese tipo de operaciones eran sólo permitidas a los miembros del selecto grupo de Infiltración, a los cuales sometían a varias pruebas antes de dejarlos cumplir su deber.
    - Me gustaría -comentó-. Pero necesitaría la aprobación del Jefe Wagner, para poder participar en una operación de tal nivel.

    Wagner los recibió con su habitual gesto de cansancio, molesto por ver a Herrman ahí, el cual aparecía sólo para pedirle permiso para realizar algo en pos de la investigación. Ya no sabía qué trabas ponerle, y ese hombre seguía ahí, molestando e incomodando su trabajo diario.
    - ¿Qué necesitan? -ordenó, en un tono frío y cansado.
    Mark asintió, y comenzó a hablar primero.
    - Como Ud. ordenó previamente, estábamos trabajando en investigar al delicuente Ángelo Benonni, y surgió la posibilidad de que el detective Herrman participe en una infiltración, para que el sábado pueda acercarse al criminal.
    - Es sólo con motivo de seguirlo -agregó Marcos, un tanto impaciente-. Estoy convencido de que el dinero que el senador obtuvo, fue por tratos con la mafia y que, al no poder pagarlo, fue asesinado.
    El Jefe se reclinó sobre su asiento, meditando. Cada día que pasaba, Marcos hacía pedidos más y más extraños. Pero lo que sí sabía era que, aún sin querer impedirle meter las narices en donde él no quería, le resultaba imposible firmarle el permiso: un oficial sin entrenamiento, podía llegar a desbaratar lo que con tanto esfuerzo habían hecho los miembros de Infiltración, además de entorpecer las operaciones.
    - Marcos, este tipo de operación no es para ti -confirmó, con voz autoritaria-. Si quieres ir tan directamente hacia la mafia, primero encuentra pruebas contundentes de que ellos fueron quienes prestaron el dinero en cuestión.
    Nuevamente, Marcos intentó quejarse, pero Wagner alzó la diestra, callándolo, para después dirigirse hacia Mark, hablando en tono de reprimenda.
    - Por favor Mark, no le des ideas a gente que no es de Infiltración -argumentó, para después apuntarlo con el dedo-. Tu trabajo es limitarte a darle la información que necesite para seguir el rastro del dinero, nada más.
    Haciendo un pequeño saludo, ambos salieron de la oficina. Caminaron en silencio un par de metros, hasta que Mark finalmente puso la diestra en el hombro del detective, para luego negar con la cabeza, e irse caminando a paso tranquilo, como si nada hubiera pasado. Después de todo, él sabía que le había dado la información suficiente a Marcos.

*

    Habían pasado tres días desde la extraña charla con Mark, cuando Marcos volvió a sentarse frente a la computadora, para hablar con Alan. Quería obtener una confesión, y con eso poder ponerlo en la protección de testigos, y a su vez, tener una pista certera para el Wagner lo dejara embestir contra la mafia, lo cual no sería un proceso sencillo. Sin embargo, no podía negarlo: tenía un presentimiento, y quería aprovecharlo. Discretamente se conectó al programa que utilizaban para hablar con micrófono mientras jugaban al Asgorth y, con cuidado, agregó un pequeño grabador, para guardar la charla de ese día.
    
    Él corría, se escapaba, pero aún así podía sentir la respiración ajena rebotando en su nuca. El calor de la carrera lo hacían respirar agitado, y sus piernas se entumecían más y más con cada golpe sobre el suelo. De pronto, sus piernas dejaron de escucharlo, y enredándose entre ellas, cayó de bruces al suelo, anteponiendo las manos para no golpear con la mandíbula. Los pasos a sus espaldas se detuvieron, y una carcajada resonó en el eco de la noche. Una pequeña gota de sudor comenzó a resbalar desde su frente, cayendo por el borde de la nariz, hasta finalmente caer a sus labios.
    El sonido estridente del despertador lo sobresaltó, obligándolo a saltar en la cama, e intentar observar todo lo que sucedía a su alrededor. Alan se encontró a si mismo sudado, con la piel mojada, y las manos temblando de los nervios: había sido todo un sueño… uno demasiado recurrente. Hacía noches, y semanas que soñaba con lo mismo, por lo que sabía que ese asesino estaba cerca, y que seguramente ya hubiera puesto los ojos en él.
    Sintió que era momento de despejarse y, levantándose, se dirigió hacia la computadora, encendiéndola, y entrando rápidamente al Asgorth, y al programa para hablar con micrófono. Saludó como siempre, sin prestarle atención a quienes estaban conectados o que le habían respondido y, pensando que estaba con gente que no conocía pero con la que confiaba, decidió hablar.
    - Estoy preocupado, necesito de su ayuda -anunció.
    Rápidamente un murmullo llenó sus auriculares, hasta que finalmente la voz de Marcia sobresalió con respecto a las otras.
    - ¿Qué es lo que necesitas? -preguntó, con su voz siempre dulce.
    Alan dudó, sin embargo, estaba decidido.
    - He visto un asesinato… -hizo una pausa, y luego agregó-. Tengo miedo de que me estén siguiendo.
    Un nuevo murmullo y griterío surgió entre todos los presentes, hasta que esta vez, fue la voz de Relámpago, la que calló al resto, tomando la palabra.
    - León -dijo, firmemente-. No deberías perder el tiempo, e ir con la policía a declarar… ellos te darán seguridad y protección.
    - La policía es corrupta -respondió él, negando con la cabeza-. Seguramente tienen tratos con la mafia…
    Y pensando que nadie de los que estaban ahí podría llegar a ayudarlo, apagó el juego y quitó el programa, sin siquiera despedirse.

    Contento con su corazonada, Marcos se apresuró a comprobar la grabación y a guardarla en un medio seguro: con eso, podría al menos obtener el permiso del jefe para buscar a Alan y llevarlo a la protección del testigo.

    Por su parte, el profesor Larguetti agradeció que esa vez hubiera convencido a la mucama para que él mismo fuera a llamar a Alan, puesto que había escuchado todo lo que el joven había dicho a través del micrófono. Alan le caía bien, le daba pena lo solo que estaba, pero no podía ponerlo por encima de la seguridad de su familia, y de la suya propia, por lo que decidió llamar a Ángelo, y convencerlo de que le era fiel, para que no los lastimara.
    Se encaminó hacia el baño, y una vez que se hubo encerrado, sacó el teléfono que le habían dado, y llamándolo, esperó a ser atendido.
    - ¿Qué pasa? -saludó rudamente la voz de Ángelo.
    - Escuché a Alan hablar con sus amigos del Asgorth, les confesó haber visto un asesinato, y que no se animaba a ir a la policía porque cree que son corruptos -se apresuró a decir Larguetti.
    Esas palabras hicieron que el morocho apretara los dientes sobre sus labios, intentando contener la ira, mientras pensaba en cómo solucionar todo ese asunto. Sin embargo, un solo pensamiento llegaba a su mente: tenía que silenciar a Alan.
    - Encárgate de que Alan confiese -ordenó-. Y también, que salga solo. Cuando lo haga, avísame rápidamente hacia dónde él va.
    Sin decir más nada, Ángelo cortó la comunicación, y Larguetti se quedó en el baño, caminando en círculos sin poder calmarse. ¿Cómo podía hacer que Alan confesase, si él no tenía idea de qué era lo que el joven había visto? Quizás decirle algo, debilitarlo… una idea vino a su cabeza: podía interrumpir las clases de historia moderna, y contarle un episodio de historia romana, que seguramente lo ayudaría: el asesinato de Calígula.
    Salió del baño dispuesto a buscar algo de literatura con lo que apoyarse, mientras pensaba en cómo enganchar los temas que estaban viendo.

 

Bueno, esto ha sido todo por hoy. Les comento que ya casi termino el resúmen de la próxima historia, sino que también estoy trabajando en el nuevo diseño del blog, el cual espero que les guste tanto como a mí. En fin, muchas gracias por pasarse, y nos estaremos leyendo en el próximo artículo.


Tags: novela, literatura, drama, misterio, asesinatos, policial

<@ArticuloNumComentarios@> Comentarios:

Autor: BlueBrain
sábado, 11 de diciembre de 2010 | 4:40
¡Al fin Alan contó algo! Ciertamente no creí que se animara a decir nada, esta historia es atrapante. Muero por seguir leyendo.
sábado, 11 de diciembre de 2010 | 20:27

muy buen capitulo, ya se viene lo mas grueso de la historia y lo impactante. excelente trabajo.

domingo, 12 de diciembre de 2010 | 7:14
Ahora sí que se va armar!! No quiero imaginarme la persecución que se viene. Que buenas tramas escribes, esta novela es excelente.
lunes, 10 de enero de 2011 | 16:58
Muchas gracias por pasarse!! Me alegro que les haya gustado, y gracias por los comentarios!!

 

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