La Línea Del
Horizonte (II): La Rebelión De Asgorth
¡Buenas! Este fin de semana pude escribir
tranquila, sin que nada me interrumpiese, por eso hoy puedo mostrarles
otro capítulo nuevo de la historia! La semana pasada me interrumpió un
"crack" en mi compu, pero ya estoy de vuelta, y para mucho más. En fin,
espero que les guste el capítulo de hoy, y muchas gracias a todos
aquellos que han pasado por el blog, que me dejan comentarios y apoyo.
Ahora sí, con la lectura:
Una pequeña sonrisa
se mostró confiada en los labios de Mark, al tiempo que el detective se
fijaba en sus ojos. ¡Era claro que le gustaría infiltrarse! El problema
era que el jefe no lo permitiría, y él aún no tenía suficiente
información como para poder hacer algo al respecto.
- En una semana habrá una reunión de la mafia, para presentar a los
nuevos miembros -comenzó a explicar Mark, bajando el volumen de su voz-,
además de “iniciar” a algunos nuevos -hizo una pausa, mirando hacia los
lados, y luego continuó-. Yo tengo un contacto, Jorge un chico de
Infiltración, que trabaja siguiendo a Ángelo.
Marcos intentó abrir la boca para hablar, pero antes de que algún
sonido saliera de su boca, Clayton hizo un gesto para callarlo. Luego de
eso, continuó explicando.
- Puedo hacer que Jorge te presente con Ángelo, como un iniciado
-concluyó-. La reunión se hará este sábado por la noche, en un galpón de
trenes abandonado, en las afueras de la ciudad.
Marcos agachó la cabeza, meditando. Esa oferta le parecía
irresistible: quería ir, quería atrapar a Ángelo con sus manos, y
hacerlo declarar, para que el testigo pudiera estar a salvo. Sin
embargo, sabía que ese tipo de operaciones eran sólo permitidas a los
miembros del selecto grupo de Infiltración, a los cuales sometían a
varias pruebas antes de dejarlos cumplir su deber.
- Me gustaría -comentó-. Pero necesitaría la aprobación del Jefe
Wagner, para poder participar en una operación de tal nivel.
Wagner los recibió con su habitual gesto de cansancio, molesto por
ver a Herrman ahí, el cual aparecía sólo para pedirle permiso para
realizar algo en pos de la investigación. Ya no sabía qué trabas
ponerle, y ese hombre seguía ahí, molestando e incomodando su trabajo
diario.
- ¿Qué necesitan? -ordenó, en un tono frío y cansado.
Mark asintió, y comenzó a hablar primero.
- Como Ud. ordenó previamente, estábamos trabajando en investigar al
delicuente Ángelo Benonni, y surgió la posibilidad de que el detective
Herrman participe en una infiltración, para que el sábado pueda
acercarse al criminal.
- Es sólo con motivo de seguirlo -agregó Marcos, un tanto
impaciente-. Estoy convencido de que el dinero que el senador obtuvo,
fue por tratos con la mafia y que, al no poder pagarlo, fue asesinado.
El Jefe se reclinó sobre su asiento, meditando. Cada día que pasaba,
Marcos hacía pedidos más y más extraños. Pero lo que sí sabía era que,
aún sin querer impedirle meter las narices en donde él no quería, le
resultaba imposible firmarle el permiso: un oficial sin entrenamiento,
podía llegar a desbaratar lo que con tanto esfuerzo habían hecho los
miembros de Infiltración, además de entorpecer las operaciones.
- Marcos, este tipo de operación no es para ti -confirmó, con voz
autoritaria-. Si quieres ir tan directamente hacia la mafia, primero
encuentra pruebas contundentes de que ellos fueron quienes prestaron el
dinero en cuestión.
Nuevamente, Marcos intentó quejarse, pero Wagner alzó la diestra,
callándolo, para después dirigirse hacia Mark, hablando en tono de
reprimenda.
- Por favor Mark, no le des ideas a gente que no es de Infiltración
-argumentó, para después apuntarlo con el dedo-. Tu trabajo es limitarte
a darle la información que necesite para seguir el rastro del dinero,
nada más.
Haciendo un pequeño saludo, ambos salieron de la oficina. Caminaron
en silencio un par de metros, hasta que Mark finalmente puso la diestra
en el hombro del detective, para luego negar con la cabeza, e irse
caminando a paso tranquilo, como si nada hubiera pasado. Después de
todo, él sabía que le había dado la información suficiente a Marcos.
*
Habían pasado tres días desde la extraña charla con Mark, cuando
Marcos volvió a sentarse frente a la computadora, para hablar con Alan.
Quería obtener una confesión, y con eso poder ponerlo en la protección
de testigos, y a su vez, tener una pista certera para el Wagner lo
dejara embestir contra la mafia, lo cual no sería un proceso sencillo.
Sin embargo, no podía negarlo: tenía un presentimiento, y quería
aprovecharlo. Discretamente se conectó al programa que utilizaban para
hablar con micrófono mientras jugaban al Asgorth y, con cuidado, agregó
un pequeño grabador, para guardar la charla de ese día.
Él corría, se escapaba, pero aún así podía sentir la respiración
ajena rebotando en su nuca. El calor de la carrera lo hacían respirar
agitado, y sus piernas se entumecían más y más con cada golpe sobre el
suelo. De pronto, sus piernas dejaron de escucharlo, y enredándose entre
ellas, cayó de bruces al suelo, anteponiendo las manos para no golpear
con la mandíbula. Los pasos a sus espaldas se detuvieron, y una
carcajada resonó en el eco de la noche. Una pequeña gota de sudor
comenzó a resbalar desde su frente, cayendo por el borde de la nariz,
hasta finalmente caer a sus labios.
El sonido estridente del despertador lo sobresaltó, obligándolo a
saltar en la cama, e intentar observar todo lo que sucedía a su
alrededor. Alan se encontró a si mismo sudado, con la piel mojada, y las
manos temblando de los nervios: había sido todo un sueño… uno demasiado
recurrente. Hacía noches, y semanas que soñaba con lo mismo, por lo que
sabía que ese asesino estaba cerca, y que seguramente ya hubiera puesto
los ojos en él.
Sintió que era momento de despejarse y, levantándose, se dirigió
hacia la computadora, encendiéndola, y entrando rápidamente al Asgorth, y
al programa para hablar con micrófono. Saludó como siempre, sin
prestarle atención a quienes estaban conectados o que le habían
respondido y, pensando que estaba con gente que no conocía pero con la
que confiaba, decidió hablar.
- Estoy preocupado, necesito de su ayuda -anunció.
Rápidamente un murmullo llenó sus auriculares, hasta que finalmente
la voz de Marcia sobresalió con respecto a las otras.
- ¿Qué es lo que necesitas? -preguntó, con su voz siempre dulce.
Alan dudó, sin embargo, estaba decidido.
- He visto un asesinato… -hizo una pausa, y luego agregó-. Tengo
miedo de que me estén siguiendo.
Un nuevo murmullo y griterío surgió entre todos los presentes, hasta
que esta vez, fue la voz de Relámpago, la que calló al resto, tomando
la palabra.
- León -dijo, firmemente-. No deberías perder el tiempo, e ir con la
policía a declarar… ellos te darán seguridad y protección.
- La policía es corrupta -respondió él, negando con la cabeza-.
Seguramente tienen tratos con la mafia…
Y pensando que nadie de los que estaban ahí podría llegar a
ayudarlo, apagó el juego y quitó el programa, sin siquiera despedirse.
Contento con su corazonada, Marcos se apresuró a comprobar la
grabación y a guardarla en un medio seguro: con eso, podría al menos
obtener el permiso del jefe para buscar a Alan y llevarlo a la
protección del testigo.
Por su parte, el profesor Larguetti agradeció que esa vez hubiera
convencido a la mucama para que él mismo fuera a llamar a Alan, puesto
que había escuchado todo lo que el joven había dicho a través del
micrófono. Alan le caía bien, le daba pena lo solo que estaba, pero no
podía ponerlo por encima de la seguridad de su familia, y de la suya
propia, por lo que decidió llamar a Ángelo, y convencerlo de que le era
fiel, para que no los lastimara.
Se encaminó hacia el baño, y una vez que se hubo encerrado, sacó el
teléfono que le habían dado, y llamándolo, esperó a ser atendido.
- ¿Qué pasa? -saludó rudamente la voz de Ángelo.
- Escuché a Alan hablar con sus amigos del Asgorth, les confesó
haber visto un asesinato, y que no se animaba a ir a la policía porque
cree que son corruptos -se apresuró a decir Larguetti.
Esas palabras hicieron que el morocho apretara los dientes sobre sus
labios, intentando contener la ira, mientras pensaba en cómo solucionar
todo ese asunto. Sin embargo, un solo pensamiento llegaba a su mente:
tenía que silenciar a Alan.
- Encárgate de que Alan confiese -ordenó-. Y también,
que salga solo. Cuando lo haga, avísame rápidamente hacia dónde él va.
Sin decir más nada, Ángelo cortó la comunicación, y Larguetti se
quedó en el baño, caminando en círculos sin poder calmarse. ¿Cómo podía
hacer que Alan confesase, si él no tenía idea de qué era lo que el joven
había visto? Quizás decirle algo, debilitarlo… una idea vino a su
cabeza: podía interrumpir las clases de historia moderna, y contarle un
episodio de historia romana, que seguramente lo ayudaría: el asesinato
de Calígula.
Salió del baño dispuesto a buscar algo de literatura con lo que
apoyarse, mientras pensaba en cómo enganchar los temas que estaban
viendo.
Bueno, esto ha sido todo por hoy. Les comento que ya casi
termino el resúmen de la próxima historia, sino que también estoy
trabajando en el nuevo diseño del blog, el cual espero que les guste
tanto como a mí. En fin, muchas gracias por pasarse, y nos estaremos
leyendo en el próximo artículo.
Tags: novela, literatura, drama, misterio, asesinatos, policial