La Línea Del
Horizonte (II): La Rebelión De Asgorth
¡Buenas! ¿Cómo andan chicos? Muchísimas gracias a todos los que leyeron el drabble, creo que pronto les traeré otro, porque me inspiré, jajajaj. En fin, los capítulos me están quedando cortitos, pero creo que vale la pena. Gracias a todos por pasarse, les agradezco muchísimo sus comentarios, y bueno, los dejo con el capítulo en cuestión. ¡A leer!
Marcos Herrman estudiaba con cuidado la puerta de entrada del sub-sector de Criminología, de la división de Crimen Organizado de su estación. Sabía que del otro lado estaba una sanguijuela burocrática, que seguramente le pediría los permisos del Jefe, y que demoraría todo el proceso de investigación. Sus pasos lo acercaron dramáticamente hasta ese lugar y, abriendo con desgano la puerta, esta vez no se sorprendió al ver la situación. Mark Clayton estaba sentado en la computadora, con un joystick entre las manos, seguramente jugando algo en la computadora; tenía los pies cruzados sobre el escritorio, y tres tazas de café desperdigadas por el escritorio.
- Detective… -saludó de mal modo, dejando el joystick y poniéndose de pie.
- Tengo una orden del Jefe -fue el saludo de Marcos, mostrándole el papel-. Necesito información de la mafia italiana de la ciudad.
Clayton revoleó sus ojos visiblemente, encontrándose molesto una vez más por ese detective tan presuroso en cumplir con su deber. Soltando un suspiro, se acomodó en la silla, apoyando los brazos en el escritorio, y entrelazando las manos, en una pose que él creía que le daba poder.
- ¿Qué necesitas saber? -preguntó, con el mismo tono de cansancio que siempre empleaba para hablar con el detective.
- Parece que en el caso del asesinato del senador Arrieta, había relaciones con la mafia italiana -mientras hablaba, sacó las fotos que había seleccionado, donde aparecían dos marcadas: un joven rubio, y un morocho de cabellos largos-. Los testigos dicen que han visto a estos dos en el barrio, así que quiera investigarlos.
Mark movió sus brazos para poder inclinarse hacia delante, a pesar de su crecido vientre, y observando con atención las fotografías, luego se echó hacia atrás con cansancio, negando con la cabeza. Este hombre era más molesto de lo que pensaba.
- Es mucho para contarte -comentó-. Voy a llamar a mi esposa, que aún no respondo su mensaje.
El detective lo vio alejarse mientras renegaba sobre lo pesada que era su mujer, para luego encerrarse en una pequeña oficina del sector. Dentro del lugar, Mark sacó un celular que llevaba consigo y que no era el que usaba siempre y, marcando un número que sabía de memoria, escuchó el tono y esperó a que lo atendieran. Al cabo de un rato, una voz masculina sonó del otro lado, con tono de molestia y de fastidio.
- Más te vale que sea importante -amenazaron, al otro lado del teléfono.
- Sí, señor -asintió Mark, hablando en voz baja-. Tengo al detective Marcos Herrman, preguntando por información sobre el “grupo”, y particularmente por el asunto con el senador: parece que algunos testigos lo han identificado a Ud., señor Ángelo.
Clayton permaneció en silencio, esperando una respuesta, pero nunca la obtuvo. Pensando que quizás tenía que agregar algo más, decidió hablar.
- ¿Qué debo hacer, señor? -inquirió.
Una pequeña risa se escuchó al otro lado de la línea, asustando a Mark y poniéndolo en desconcierto.
- Dale información a Marcos sobre mí -murmuró, y otra risa salió de la boca de Ángelo-. Deja que el idiota venga hacia mí, y yo lo liquidaré.
- Entendido, señor.
- Serás recomendado por tu felicidad.
Y antes de que Mark pudiera agregar algo, Ángelo cortó la llamada, dejándolo más desconcertado que antes. Esa última frase, podía llegar a ser tan buena como peligrosa. Sin decir nada más, Mark salió del lugar, escondiendo nuevamente el teléfono entre sus bolsillos, para luego llamar al detective, para llevarlo a una sala interna del departamento. Marcos se aventuró siguiendo los pasos de su guía, hasta que finalmente se detuvo en la entrada de la habitación: en el frente había una pizarra que tenía fotos pegadas, y que estaba escrita con distintas letras, con flechas hacia las fotos y diversas relaciones. Mark se adelantó hasta una de las pizarras, y le indicó de mala gana uno de los asientos que había cerca, y que pertenecía a uno de los escritorios. Al otro lado de la habitación, había dos policías charlando, mientras tomaban un café, los cuales lo escudriñaron con cuidado.
- Con lo que sabes, puedes concentrarte sin temores en la mafia italiana, Herrman -anunció, mientras buscaba una carpeta, y observaba al detective que acababa de sentarse-: las tríadas nunca prestan dinero.
Tomando la carpeta que acababa de encontrar, se acercó hasta la pizarra de la derecha, donde claramente se veía que se trata de la mafia italiana. Arriba de todo había un signo de pregunta, puesto que la identidad del jefe máximo aún era un secreto; sin embargo, siguiendo la jerarquía, la foto de la derecha era el joven de cabellos negros y largos, que había sido identificado por los testigos. Debajo de este, estaba la fotografía del rubio. En otra de las ramas, una fotografía le llamó la atención a Marcos: un hombre rapado, de tez trigueña, que había sido tachado con una cruz.
- ¿Y ese de ahí? -preguntó, señalando la fotografía.
- ¿El pelado, con la cruz? -Marcos asintió-. Lo encontramos asesinado.
Mark volteó para mirar el árbol, y luego hacia Marcos.
- Bien, te nombraré a algunos de ellos… -comenzó, señalando la foto del rubio, de cabellos teñidos, y una bandana roja en la frente-. Este es conocido como “Perno”, no sabemos por qué; es el asistente de Ángelo Benonni, un italiano que llegó hace cinco años al país, y del cual creemos que ha estado en la mafia desde pequeño. Ángelo se encarga de los trabajos sucios, es un asesino de primera, y Perno tiene hasta ahora cinco cargos de asesinatos, catorce robos de autos, y otros delitos menores.
- ¿Y si se encargan de los “trabajos sucios”, por qué están tan arriba en el árbol? -inquirió Herrman-. ¿No es jerarquía?
Clayton asintió.
- Es jerarquía, efectivamente. Pero… -hizo una pausa, meditando y luego continuó-. Benonni tiene mucho poder en la mafia, por eso está en ese puesto. Además, por el monto de dinero que me has comentado, seguramente el senador Arrieta fue perseguido por Ángelo.
*
Ángelo se reclinó en su asiento, mirando fijamente el humo que desprendía el café que aún no había bebido, y que permanecía en la taza, sobre el escritorio. Sin duda alguna, Marco estaba moviéndose demasiado rápido, y él aún no podía realizar ningún movimiento: acercarse hasta el hijo de un senador, y encima con tantos problemas de salud, era más que complicado. Soltó un gruñido al tiempo que azotó un puño sobre la mesa, haciendo vibrar el líquido contenido en la taza.
- Maldito detective -murmuró.
Tenía que encontrarse con Alan y asesinarlo rápido, o de lo contrario, ese molesto detective estaría demasiado cerca de él y no lo dejaría moverse con libertad.
Bueno, esto ha sido todo por hoy. Muchísimas gracias por pasarse, y por sus comentarios. ¡Nos leemos en el próximo artículo! ¡Se cuidan!
Tags: literatura, novela, drama, suspenso, mafia