La Línea Del
Horizonte (II): La Rebelión De Asgorth
¡Buenas a todos! Muchísimas gracias a los que leyeron y comentaron en mi drabble de esta semana, me alegro que les guste. Y gracias especiales a Niisan por las cosas bonitas que me dijo al respecto :D. El día de hoy pude traerles el capítulo en tiempo, espero que no se corte la luz de nuevo. En fin, los dejo con el capítulo, que si bien no tiene demasiada acción, muchas cosas pasarán por lo que sucede en este capítulo.
Sentado en la silla, Alan recargó su peso contra el espaldar, relajándose y observando con detalle los paisajes que veía en su computadora. El paisaje era increíble, omnipotente y extremadamente realístico, dejando ver cada detalle de ese fantástico lugar; las montañas parecían pobladas de las ruinas de alguna antigua ciudad de los elfos, y en el valle entre dos de ellas, alcanzaba a verse el templo que tenían por meta, y que aún se encontraba erigido. León iba al frente de la marcha, dejando que el grueso de su clan lo siguiera, mientras se disponían a atacar ese templo del Agua. Le molestaba que la ventana del chat del clan estuviera ocupada constantemente por las preguntas de ese ogro que Alaisa había reclutado, y que ahora respondía pacientemente a las preguntas del nuevo.
Suspirando, presionó un botón en su teclado, dejando que el micrófono captara sonidos, para después hablar con los que jugaban con él.
- ¿Por qué tenemos que traer a ese nuevo? -preguntó, molesto.
- ¿A Indiana? -la voz de Alaisa era fuerte y segura, pero aún un poco infantil.
- Se porta muy bien con el clan, además de que entra seguido a jugar… -agregó la voz ronca de un joven, el cual jugaba con el centauro llamado Relámpago.
Molesto por la presencia de ese impertinente, León decidió darle una advertencia, y escribiendo en la misma ventana de clan, le dejó un mensaje que decía “Indiana, cuando veas al demonio párate cerca de él, y sólo pégale cuando digamos”.
Desde su casa, Marcos leyó el mensaje justo cuando estaba escribiendo para Alaisa y, pensando que había logrado llamar la atención de Alan, decidió hacer exactamente lo que le había pedido: hacía ya una semana que estaba jugando, y aún no había podido tener una charla directa con el testigo, y eso lo molestaba; quizás, esa idea de entrar al Asgorth había sido ridícula desde un principio.
Antes de que se diera cuenta, habían llegado a la sala en cuestión, y en el centro de la pantalla, Marcos observó a un demonio de tamaño colosal y forma humanoide, sin cabeza, y que llevaba un casco quemado en la mano derecha, sosteniéndolo contra su pecho con afán. Tenía una lanza en la izquierda, e iba vestido con una extraña armadura, y una capa manchada de sangre, la cual se convertía extrañamente en fuego. Veía que León escribía órdenes en el chat del clan, pero antes de detenerse a leer, decidió acercarse hasta el demonio, y esperar la orden de atacarlo. A mitad de su camino leyó que Alan lo estaba llamando, pero de pronto, el demonio hizo un movimiento, y Marcos vio que la pantalla se oscureció, y que todos en el clan comenzaban a reírse.
- Es un inútil.
La voz de Alan resonó entre las carcajadas que se escuchaban a través de los auriculares, y poco a poco se fueron silenciando.
- Cálmate -habló Marcia, con la voz más dulce que pudo-. Es un nuevo, ya lo revivo.
- Alan, relájate hombre -Relámpago interrumpió las risas con sus palabras, hablándole directamente al líder del clan-. g
El aludido suspiró. Hacía unos días que tenía algo en la mente, y que quería comentarlo, pero cuando había intentado hablar con el profesor, éste había tomado las cosas en otro sentido. Se odiaba a sí mismo por no poder disfrutar del mundo excepto a través de Asgorth, pero aún así, temía por su vida.
- El otro día miré el especial del Discovery Channel sobre el crimen organizado… -confesó Alan, en voz baja, pero suficientemente audible.
Todos los que escucharon se quedaron en silencio, ya que todos ellos sabían de la agorafobia de Alan, y que probablemente ese especial hubiera acrecentado su miedo. Relámpago intentó calmarse, pensando las palabras correctas para decirle, puesto que quería ayudar a su amigo.
- Raro en ti que mires esas cosas… -comentó-. Pero no tienes que preocuparte por eso… la policía siempre tiene secciones especializadas contra el crimen organizado, que trabajan afanosamente. Además –hizo una pausa, y luego continuó-, el castigo por pertenecer a las mafias suele ser pena de muerte, o cadena perpetua…
La mente de Alan se perdió en las últimas palabras. ¿Pena de Muerte?
Había pasado un rato desde que acabaran al demonio, mientras Marcos seguía preocupado por haber quedado mal delante de Alan. Si no lograba hablar con él, verdaderamente sería una pérdida de tiempo, todo el trabajo que estaba haciendo en ese juego que odiaba. Se echó en su silla pensando que tendría que lograr alguna estrategia, hasta que finalmente una idea vino a su cabeza; rápidamente, escribió un mensaje privado para León, el cual decía: “Gracias por la paciencia y por el premio del botín”. Marcos comenzó a jugar con sus dedos al ver que la respuesta tardaba demasiado, pero finalmente llegó una respuesta “Gracias a ti por el esfuerzo”.
¿Realmente ese chico era autista y agorafóbico? El detective no podía evitar pensar que quizás tenía algún problema de doble personalidad, el cual sólo complicaría más las cosas, si llegaba a derivar en algo demasiado peligroso. Tenía que obligarlo a ir a la policía por su propia cuenta. “Es sorprendente verte pelear, ¿puedes enseñarme? Soy nuevo en el juego”.
Alan se sentía incómodo al ver a ese jugador, simplemente de saber que estaba en su clan. Era un tonto, un inútil… pero de pronto, lo sintió extremadamente parecido a él mismo; al chico que maltrataban en la escuela, al inadaptado, al tonto. Quizás, sólo quizás, tenía que ayudarlo. “Vamos al Campo del Conocimiento”, escribió, caminando directamente hacia el portal que había en el pueblo más cercano, y que podría dejarlos en ese lugar. Cuando finalmente su monitor mostró ese increíble paisaje, Alan se quedó admirado por unos momentos, concentrado en la belleza de un campo plagado de flores rosadas y árboles con capullos violetas, los cuales se resaltaban por el atardecer que estaban viendo.
Recordó a su acompañante al ver a un personaje similar al de él correr y saltar por toda la pantalla, y comenzó a leer los mensajes que estaba dejando. Respondía con paciencia todas y cada una de las preguntas, incluso aquellas que le parecían demasiado tontas. Intentó enseñarle a usar sus habilidades, pero tras comprobar que Indiana sólo aguantaba un par de golpes, decidió llevarlo a la ciudad más cercana, para revisar sus armaduras. “Cómprate la armadura de Mithril, para orco”, comentó, mostrándole una en la ventana de chat. “Muéstrame tu arma”, agregó luego, y pidiéndole comerciar, vio que tenía un mazo de buena calidad, con excelentes propiedades y muy poderoso; inmediatamente le preguntó cómo lo había conseguido, pero no pudo evitar soltar un resoplido al enterarse que Marcia se lo había regalado.
- Inútil… -murmuró.
Habían pasado otros quince minutos, cuando los golpes en la puerta de Alan lo sobresaltaron, haciéndolo soltar los auriculares y salirse de la silla, para correr hacia su cama y, abriendo las sábanas, esconderse entre ellas. Sintió el chirrido cuando la puerta se abrió, seguido de una voz de mujer.
- Señor Alan, el profesor lo espera en la sala… -comentó la fémina.
Pasaron unos segundos en los que Alan siguió oculto, acostado de lado y con las rodillas en el pecho, mientras las abrazaba con fuerza con sus brazos. Sintió los pasos alejarse y la puerta cerrarse, para luego esperar unos segundos más, y sentarse en su cama. ¿Por qué era tan distinto dentro del Asgorth? ¿Por qué tenía que ser el rey de un mundo virtual, y un pobre inútil en la vida real?
Recordó a Indiana y saliendo de la cama, volvió hacia la computadora. “Tengo que irme”, escribió dispuesto a salirse, pero una respuesta le llamó la atención. “¿Vas a la escuela?”. Un pequeño miedo recorrió el cuerpo de Alan. ¿Y si ese era el asesino que él había encontrado? Negó con su cabeza rápidamente, sin saber qué hacer. “Tengo profesores particulares” dijo, finalmente, pero su rostro se congeló al leer las nuevas palabras de Indiana. “Yo voy al Manfrey-Shepard, ¿lo conoces?”.
Alan se quedó en silencio. ¿Era realmente posible? Sin decir nada cerró el juego, sin alcanzar a leer lo que el ogro había vuelto a escribir.
- ¡Maldición!
El grito de Marcos despertó al perro que dormía echado en sus pies y, enojado, el detective azotó el mouse contra el escritorio, haciendo que el cursor girara loco por la pantalla.
- ¡Lo arruiné! -agregó, aún enojado.
Bueno, esto ha sido todo por hoy. Creo que Alan ha tomado vida propia, y por mal camino, jajajaja. En fin, gracias por pasarse, y nos estaremos leyendo en el próximo artículo. ¡Éxitos!
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