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sábado, 30 de octubre de 2010

La Línea Del Horizonte (II): La Rebelión De Asgorth

¡Odio los cortes de luz! Ayer estaba muy entusiasmada escribiendo, cuando ¡puf! y todo se puso negro: se cortó la luz. Pasaron veinte minutos en los que me volví hongo del aburrimiento, cuando volvió la luz cerca de las once. Prendí la PC sólo para encontrarme que no había guardado 1/4 parte del texto del capítulo, así que dije "¡mah, sí!" al estilo Mafalda, y decidí terminar hoy. Culpen a mi estabilizador, que no puede mantener la PC prendida para que yo guarde el trabajo. Ahora sí, luego de descargarme, los dejo con la lectura: 

 

Ángelo se reclinó en su asiento, justo cuando su teléfono comenzó a sonar, intentando recordar el número. Ya no recordaba cuántos contactos tenía, ni el tamaño de la red de espías que había formado, de modo de poder controlar y observar a todos los que él quisiera. Sin dudarlo más, abrió el celular, permaneciendo callado, como era su forma de atender.
    - ¿Señor? -dijo la voz al otro lado, claramente masculina-. Tengo información del detective Herrman, vino al banco…
    La voz se volvió familiar cuando Ángelo escuchó la referencia al banco, y recordó al secretario que había acosado y golpeado para que le informara de cada actividad policial en ese lugar. Y ahora, luego de que él ya se había olvidado de ese bancario, venía a informarle. Sonrió malévolamente, echándose hacia atrás, y acomodándose el cabello con la diestra, mientras ponía su mejor voz de jefe.
    - Dime los detalles -ordenó.
    - El detective Marcos Herrman vino con una orden de revisión, y pidió contemplar los movimientos en las cuentas del senador Arrieta -comenzó a explicar, susurrando, y con una voz que temblaba de a ratos-. Sabe que hubo una deuda pagada rápidamente, y pidió el registro para llevarlo a la estación.
    Ángelo soltó un gruñido, moviendo sus labios en un gesto de odio. Si Marcos había llegado a investigar sobre el senador, eso quería decir que ahora se estaban focalizando más en encontrar al culpable, que en proteger al dichoso testigo. Quizás, de esa forma, pudiera acercarse a Alan y acabar con esa molestia, antes de que su jefe se enojara.
    - Has hecho bien -anunció, fingiendo voz de complacido-. Infórmame de cualquier cosa.
    Y sin decir más nada, cortó la llamada.

*

    Sus piernas lo movían lentamente, como si la cantidad de pensamientos que tenía hicieran que su marcha fuera más lenta, al tiempo que los papeles y documentos que tenían, lo hacían pesar cada vez más y más, hasta que finalmente llegó a su escritorio, y dejando el sobre de papel madera sobre la mesa, corrió la silla y se echó fuertemente hacia atrás, descargando todo su peso.
    Realmente, la procedencia del dinero era demasiado extraña. Podía ser una apuesta, y aunque fuera al casino, no iba a poder interrumpir y preguntar sobre el supuesto juego, por tres motivos: primero, había políticos involucrados; segundo, el casino no iba a permitir que alguien viera sus jugadas manipuladas; y tercero, era muy probable que el juego se hubiera hecho en la casa de alguien, y no en el casino como había supuesto el bancario. Aunque de todas formas, ese dinero había sido pagado en efectivo, y aunque fueran apuestas de póker, era demasiado dinero como para estar cargándolo encima durante tanto tiempo. Entonces, los únicos métodos que quedaban para hacer un movimiento tan rápido y grande de dinero, pero al mismo tiempo de forma silenciosa y encubierta, era un solo lugar: el crimen organizado, la mafia.
    Apoyando ambas palmas abiertas sombre la mesa y empujándose hacia arriba, se puso de pie, para después tomar los papeles del banco, y dirigirse directamente al sector de Crimen Organizado dentro de la estación. Marcos pensaba que abriendo la puerta encontraría una reunión, seguramente planeando una nueva emboscada al líder de turno, o intentando detener el tráfico de drogas o de blancas; sin embargo, para su desgracia, sólo encontró una pizarra con fotos desactualizadas, una mesa con restos de desayunos aún sin limpiar, y sólo un policía apoyado en la mesa de un escritorio, mientras leía el diario. Enojado, se acercó hasta el hombre, para pedirle de ver al jefe.
    - Yo soy el jefe de este sector -comentó el aludido, bajando el diario y cruzando los brazos en el pecho, mientras fruncía el seño-. Este no es tu sector. ¿Qué necesitas?
    Marcos se sorprendió. Sin duda alguna no lo conocía, y pensaba que era otro.
    - Necesito saber sobre los grupos de mafia de la ciudad, sólo detalles generales -comentó.
    El hombre frente a él, parecía tener la contextura de todo oficial venido a menos y delegado a un cargo administrativo: espaldas encorvadas, vientre prominente, vestido con camisa desprendida y con la corbata floja, y con las correderas para las armas debajo de los brazos. El hombre de cabellos negros con canas entremezcladas, y creciente calva en la cabellera, se apellidaba Mark Clayton, según Marcos creyó recordar. Analizando su pregunta, Clayton frunció el seño para después reforzar su postura, y comenzar a hablar con tono que denotaba que sospechaba del detective.
    - Pues, hay dos grupos importantes en la ciudad -comenzó a explicar-: una ramificación de la mafia italiana, cuyo jefe sigue sin nombre para nosotros, y el otro es una rama de las tríadas, enemistada con la anterior -hizo una pausa, escudriñando el gesto de sorpresa de Herrman, para después continuar-. Si quieres más información, tienes que pedir una orden de colaboración al Jefe Wagner.
    Asintiendo, y un tanto molesto por la excesiva cantidad de burocracia que había dentro de la propia estación. Salió del lugar pensando que la respuesta de Wagner seguramente le indicaría si estaba relacionado con esta investigación, o no, puesto que ya le había puesto suficientes trabas. Golpeó la puesta, e inmediatamente se escuchó la voz del otro lado, ordenándole que pasara. Una vez dentro, extendió el sobre de papel madera que había cargado hasta ese momento, mostrándoselo al jefe, y comentándole lo que el bancario había dicho.
    - ¿Y tú qué crees? -preguntó Wagner, alzando la diestra y acariciándose la calva, para luego volver a reclinarse en su sillón.
    - Creo que ese dinero no venía de apuestas, sino de la mafia -anunció seguro Herrman, generando un gesto de sorpresa en su jefe.
    - Explícate.
    - Como puede ver, las sumas de las compras y préstamos es considerablemente grande, además de que el interés del banco en esos préstamos era del 45% -comenzó a explicar-. Sin embargo, las deudas fueron saldas rápidamente, con un monto en efectivo. Ese monto, era demasiado grande para ganarlo en una jugada de póker con otros políticos, como dijo la viuda. Yo creo que el dinero provino de algún trato con la mafia, a cambio de algo que hiciera el senador -hizo una pausa, y luego continuó-. Pido una orden de colaboración, para poder investigar esto con la sección de Crimen Organizado.
    El jefe suspiró, tras escuchar atentamente al detective. Ese hombre le traía demasiados problemas: le interesaba mucho cumplir con su deber, y eso implicaba estar permanentemente atendiéndolo, y haciendo órdenes, lo que impedía tener más tiempo para fumar sus habanos y fomentar sus relaciones con políticos, para presentar próximamente su candidatura.
    - De acuerdo -completó finalmente, cansino-. En una hora la tendré lista.

    Dos horas después, con la carta en la mano y habiendo asegurado las pruebas de la investigación hasta ese momento, Marcos volvió a entrar a la oficina de Crimen Organizado, encontrando a Clayton socializando con una linda secretaria, la cual se vio obligada a salir con gesto de disgusto al verlo llegar. Mark se movió hacia él, tendiéndole la mano esperando que Herrman le diera la carta, la cual estaba seguro que traía. El detective se la dio, para observar cómo con disgusto el hombre la observaba, para después soltar un suspiro y devolvérsela.
    - De acuerdo… -dijo finalmente-. ¿Qué necesitas saber?
    - Quiero información de los miembros principales e identificados de cada sector de la mafia de la ciudad.
    Mark suspiró, alzando las manos y resignándose, para después indicarle un asiento en la mesa, la cual ya había sido limpiada de los restos de desayuno. Marcos se encaminó hacia una silla, echándose en ella y disponiéndose a esperar al hombre, que parecía no tener muchos deseos de colaborar, a pesar de la carta que había conseguido del director.
    Al cabo de un rato, Mark ingresó a la habitación con una caja abierta entre sus manos, de la cual sobresalían carpetas y expedientes. La apoyó brutalmente sobre la mesa, haciendo que muchos se cayeran, para después acomodarlos de mala gana sobre la mesa, ante la mirada atónica del detective. Sin dudarlo, Marcos tomó uno de los expedientes, para luego echarse sobre el respaldar de la silla, y comenzar a leerlo con atención. Estaba seguro que podría sacar algo de información.
    Llegada la noche, y antes de irse a su casa a dormir algo, dejó una nota pidiendo que al día siguiente llamaran a los testigos nuevamente, para una nueva entrevista.

*

    Esa mañana había sido larga y cansina. A lo largo de 15 interrogatorios a todas las prostitutas y hombres que habitaban el barrio donde había sido cometido el asesinato, le habían mostrado las fotos de los sospechosos que Marcos había creído ser los principales, preguntando sólo si habían sido vistos en el barrio, sin decirles que eran miembros de la mafia.  Y ante todos, la respuesta había sido casi la misma: no iban orientales a ese barrio perdido.
    Le quedaba un solo testigo ya, la misma mujer que había identificado el uniforme de Alan, y Marcos estaba seguro que no quería lidiar con esa mujerzuela nuevamente. Sin embargo, varios habían mencionado ver a distintos hombres de la supuesta mafia italiana, y ahora quedaba ella. Al menos, esperaba que pudiera darle una respuesta más contundente. Abrió la puerta de la sala de interrogatorios, observando que la prostituta acababa de hacer un globo con el chicle que estaba mascando, para luego explotarlo en su rostro. Reuniendo la poca paciencia que le quedaba, le mostró las fotos.
    - ¿Has visto a alguno en el barrio? -inquirió, desplegando las fotografías.
    La mujer se inclinó, mirando con atención a cada uno. Luego, pasó la mano por arriba de las fotos de los orientales, negando con la cabeza.
    - De estos, ninguno. No después de que asesinaron a ese coreano hace dos años… -dijo, recordando el evento-. De estos, creo que sí… al menos ese rubio teñido, y este morocho de pelo largo agregó, señalando las fotos correspondientes-. Aunque no sé si eran clientes o no.
    Marcos salió del lugar. Tendría que investigar más a la mafia italiana.
    

 

Bueno, esto ha sido todo por hoy. Muchas gracias por leerme, y sinceramente espero que no se vuelva a cortar la luz, ni cierre accidentalmente el firefox como me pasó recién. Supongo que estoy semidormida. En fin, ¿me dejan comentarios? Nos leemos en el próximo artículo. ¡Éxitos!


<@ArticuloNumComentarios@> Comentarios:

domingo, 31 de octubre de 2010 | 8:49
Esto se pone cada vez más interesante. La descripción de Calyton me trae a alguien que conozco a la memoria. Muy buen relato. Espero que no se te vuelva a ir la luz.
Autor: BlueBrain
martes, 02 de noviembre de 2010 | 4:34
Cómo se está acercando Marcos con su investigación, el tío no soltará hasta llegar a algo concreto, me tiene atrapado esta trama. El relato va muy bueno. Excelente capítulo.
Autor: Astrid
martes, 02 de noviembre de 2010 | 14:52
Hola thunder siglos sin leerte es que no habia tenido tiempo mil disculpas! me da mucha cosa con Alan, y como narras la investigacion es simplemente genial, espero el otro cap, seguro sera igual de interesante besos :)
martes, 02 de noviembre de 2010 | 20:16

en este capitulo me encanto la descripción de la "siempre efectiva policia" (lease ultra-sarcasmo) XD, parece extraido de la realidad. me diverti mucho leyendo.

miércoles, 03 de noviembre de 2010 | 13:23
Jejeje, me alegro que les guste. Lo de la policía, es porque en esta historia quería denotar bien, bien los problemas de corrupción, o al menos intentarlo. Gracias a todos por leerme, nos veremos luego.

 

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