La Línea Del Horizonte (II): La Rebelión De Asgorth
¡¡Buenas chicos!! ¿Cómo andan? Hoy andaba planchándome el pelo, cuando se me ocurrió una historia al estilo "Into The Music", y ya me puse a carcomerme el cerebro pensando una buena trama. Estoy segura que les gustará. Bueno, por ahora, los dejo con otro capítulo de la historia actual, y espero que les guste. Gracias por leerme!!
Ese hombre no tenía perdón. No sólo le ataba de las manos, ponía a toda la estación en su contra, le impedía darle protección a un testigo, sino que ahora también se burlaba de él invitándolo a una reunión de burocracia, para sacar el tema de la investigación, y obligarlo a ir a entrevistar a una anciana, que seguramente estaría más interesada en los bienes de su difunto marido, que en atrapar al culpable de su asesinato. Soltó un insulto golpeando el volante del auto, al tiempo que lo detenía frente a la gran casa del senador asesinado.
La casa era de un tamaño considerable, con un amplio parque delantero que tenía un cuidado camino de piedras hacia la cochera y hacia la puerta de entrada, y todas las ventanas estaban tapadas con cortinas y vidrios de seguridad. Otro detalle que a Marcos le llamó la atención, fue la cantidad de guardias y policías apostados al lado de la puerta y en el perímetro, custodiando la casa. Masculló un nuevo insulto, más enojado aún, porque no le permitían cuidar al otro testigo. Abrió la puerta de su coche, bajándose, para luego voltearse y ponerle la alarma, haciendo que el sonido atraiga la mirada de los guardias; más enojado por la postura que habían tomado al verlo, se dirigió directamente hasta la puerta, deteniéndose cuando los dos gigantes le pidieron la identificación.
- Detective Marcos Herrman, parte de la investigación -se presentó, mostrando su placa-. Vengo a entrevistar a la viuda.
- Espérala en la sala -ordenó uno de los guardias, dejándolo pasar.
Marcos guardó su credencial, atravesando la puerta y dirigiéndose a la sala. Se sorprendió al ver que había unos cuantos guardias más en la parte de adentro, que lo miraron con gesto despreciativo. Cruzó otra puerta, hasta que finalmente llegó a la sala, anonadado por el tamaño que ésta tenía; un televisor de pantalla plana y de un tamaño increíble estaba colgado en la pared, y casi en el centro de la habitación había una pequeña alfombra de piel, rodeada por un grupo de sillones de diseñador. Dudó sobre si sentarse o no, hasta que finalmente se quedó de pie, esperando a la mujer.
Al cabo de un rato, unos sonidos de tacos sobre las escaleras de madera, llamaron su atención. Volteó hacia donde sentía el sonido, para observar a una mujer de pequeña estatura, cabellos rubios aclarados por la prominente cantidad de canas, pero con bucles y corto hasta la nuca; sus ojos azules parecían tristes y cansinos, y su piel blanca pero bien cuidada, resaltaba bajo el sencillo vestido de breteles anchos y suelto en el cuerpo, de color negro. Marcos la saludó, haciendo un ademán con el rostro, para luego tenderle la mano, y saludarla.
- Señora, lamento muchísimo su pérdida -la saludó.
Ella negó con la cabeza, indicándole un asiento en el sillón, para luego sentarse ella también.
- Me dijeron que quería entrevistarme, detective -anunció la dama, y el asintió-. Siéntese, y llámeme Eleonora -repitió, acentuando su orden.
Marcos, sonrió levemente, sentándose.
- Es la tercera vez que me entrevistan -espetó Eleonora, casi con desdén.
- Lo siento mucho, señora, pero son cosas del protocolo.
Mientras hablaban en una presentación formal, Marcos sacó una pequeña grabadora, la cual depositó en la mesa, para después presionar un botón, y hacer que comenzara a grabar. Eleonora sonrió levemente al ver ese gesto: al menos ese detective iba a grabar la conversación, así no tenían que volver a acosarla con preguntas, en medio de tanto dolor.
- ¿Cree que alguien tenía motivos para matar a su esposo? -comenzó el detective.
Eleonora alzó los hombros levemente, mirando hacia la derecha para después volver a enfocarse en el hombre frente a ella.
- No lo sé, detective. Mi marido era un hombre honesto que hacía su trabajo muy bien -su tono de voz sonaba altanero, pero al mismo tiempo cansado de tantas preguntas-. El no tenía problemas ni con sus vecinos, nadie podría llegar a querer matarlo.
Marcos suspiró, insultando nuevamente a su jefe. ¿Quién se creía que era esa mujer? Apretó sus puños sintiendo el deseo de golpearla hasta quitarle la mirada de soberbia del rostro, y hacerle ver que su marido probablemente era como todos: corrupto y adicto al dinero. Pero no podía, así que se limitó a asentir con gesto pensativo, y formular una nueva pregunta. De pronto, sus ojos se fijaron en una foto de tamaño considerable, enmarcada y expuesta sobre la pequeña estantería que remataba la chimenea. Era a color, por lo que debía ser demasiado nueva para tratarse de la boda del senador; por otro lado, la novia era de cabellos morochos, y Eleonora de Arrieta era rubia.
- Hermosa foto, esa de ahí -comentó, señalando hacia la foto con un ademán del rostro.
La señora volteó rápidamente para observar la foto, volviéndose con un aire soberbio que hizo que Marcos quisiera matarla una vez más.
- Son mi hijo y mi nuera -respondió, enderezándose en su asiento, y disponiéndose a hablar-. Para la boda les regalamos un coche nuevo, y una casa muy grande en un barrio cercano, que…
Al detective no le interesaba nada de eso, sin embargo, conocer un poco del flujo de dinero de ese matrimonio, podría ayudarlo a saber en qué cosas podría haber estado involucrado el senador. Fingiendo interés, asintió mientras la mujer continuaba con su verborragia, hasta que finalmente se hizo un espacio donde él podía interrumpir.
- Pero todo eso debe haberles salido mucho dinero… -comentó-. Es increíble que pudieran permitírselo.
Eleonora se sintió halagada, esbozando una sonrisa.
- En efecto, salió muy caro, pero… -hizo una pausa, como si quisiera aumentar la duda-, pedimos unos préstamos que luego mi marido pagó muy rápidamente.
Marcos dibujó una O con sus labios, mostrándole sorpresa, y la mujer sólo se enorgulleció más, como si pedir préstamos sería algo bueno. Sin embargo, dentro de sí, Marcos sabía que era imposible pagar créditos del tamaño que debían haber pedido, y encima pagarlos rápido: si podían pagarlos, entonces deberían haber usado ese dinero.
- Eso es increíble, felicitaciones -acotó, esperando que la viuda mordiera el anzuelo.
- En realidad, me enojé mucho cuando pidió los préstamos, porque él había perdido el dinero en apuestas con otros senadores -tras decir eso, Eleonora se llevó la mano a la boca, como si hubiera sido algo que no quería comentar.
Él sonrió, negando con la cabeza.
- No se preocupe, señora, no mancharé la reputación del senador -mintió.
La viuda asintió, bajando el tono de voz.
- Luego de que compramos todo, queríamos saldar los dos préstamos con el suelo de mi marido, manteniendo todo esto en silencio, pero… -hizo otra pausa, poniendo los nervios de Marcos en juego-, antes de que pasaran dos meses, a la semana de la boda, mi marido llegó con una nota diciendo que había pagado los préstamos, porque había tenido una partida de póker muy buena.
Marcos sonrió, satisfecho, pensando que tenía más información de la que había ido a buscar. Se disculpó por haberla obligado a perder el tiempo, y saludándola, se retiró de la casa. Rápidamente, decidió ir a hablar con el jefe para pedirle una orden para revisar las cuentas del senador Arrieta. Esta vez, condujo a toda la velocidad que pudo, y estacionando directamente frente a la estación, se bajó rápidamente, encaminándose a la oficina de Wagner; golpeó una sola vez, y sin esperar a que le dieran permiso, abrió la puerta y depositó la grabadora en la mesa del jefe, obligándolo a escuchar. El viejo intentó quejarse, pero pronto se encontró interesado en la charla que había tenido el detective.
- Pido una orden de cateo para revisar las cuentas del senador -anunció, confiado del material que traía.
*
Era de tarde cuando finalmente la orden estuvo lista, y Marcos la tomó, volviéndose a subir a su coche, pero esta vez con dirección al banco Sanderson, donde estaban las cuentas del fallecido senador. Se bajó del auto tras estacionarlo, viendo que una vez más tendría que lidiar con guardias del tamaño de gorilas, que seguramente tenían el intelecto reducido. Negó con la cabeza al tiempo que soltaba un suspiro, para luego cruzar la horrible puerta giratoria, y buscando al guardia más cercano, se encaminó hacia él, mostrándole su placa.
- Detective Marcos Herrman, estoy llevando una investigación -se presentó, mostrando su placa-. Necesito un encargado.
El hombre asintió, y al cabo de un rato apareció delante de él un hombre delgado, de mejillas consumidas, tez extremadamente blanca, y lentes de gran tamaño, vestido con el típico atuendo bancario: un sencillo traje sin saco, en tonos marrones. Se presentó brevemente, para después indicarle al detective que lo siguiera hasta una pequeña oficina. Una vez dentro, Marcos se apresuró a cumplir su cometido, y le mostró la orden que tenía en su poder.
- ¿Así que necesita datos de alguien? -acotó el bancario, devolviéndole la carta.
- Necesito datos sobre los préstamos al senador Arrieta.
El bancario no se molestó en responder, para después comenzar a teclear lentamente en su computadora, haciendo que la paciencia del detective explotara. De pronto, el hombrecillo de rostro enjuto hizo un gesto que Marcos interpretó como una sorpresa.
- Ahora recuerdo este caso -comentó-. Como el máximo para un préstamo era de 30.000 dólares, y a pesar de su cargo en la política se le había negado un préstamo mayor, el senador Arrieta pidió dos de 15000 dólares. Sin embargo…
Marcos se acercó al escritorio, interesado, pero el hombre tomó el mouse de la computadora, bajando la ficha que estaba viendo.
- ¿…si? -apresuró el detective.
- …sin embargo, al tiempo habíamos tenido que hipotecar su casa, puesto que ni siquiera pagaban los impuestos –Herrman se sorprendió, y el bancario movió el monitor para que viera los registros-. Lo extraño fue que a las dos semanas llegó con el dinero y saldó la deuda, con intereses y también los impuestos e hipoteca. En la declaración de la procedencia del dinero, dijo que lo ganó en una apuesta y como está el Casino aceptado, se tomó como válida.
El detective asintió una vez más, echándose sobre el respaldar de la silla.
- Quiero copias impresas de todos esos registros -ordenó.
Bueno, esto ha sido todo por hoy. Muchísimas gracias a todos por leerme, y nos estaremos encontrando en el próximo capítulo.