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viernes, 15 de octubre de 2010

La Línea Del Horizonte (II): La Rebelión De Asgorth

¡Buenas a todos! Publicando extrañamente antes, les traigo el nuevo capítulo de la historia. Poco a poco se irá poniendo mejor, y les anticipo que la próxima se llamará "El Llanto Del Lobo". Espero que les guste, y hoy tengo mucho dolor de cabeza como para andar escribiendo demasiado, así que los dejo con la lectura. Se cuidan, a leer! 

 

La oscuridad absorbía por completo la luz del lugar, dejándolo sólo iluminado por las luces de la computadora. Ángelo se acercó hasta donde estaba su silla, empujándola con la diestra, para después inclinarse sobre la mesa y dejar el plazo con la taza de café que se había buscado. No sólo había hecho una conexión con el enemigo, sino también así iba a poder rastrear a su víctima; sabía que al Jefe no le gustaba el asunto, pero aún así, no tenía otro método. ¿O sí?

    Alan sonrió, alejando sus manos del teclado, para acercarlas entre sí, y hacer que sus dedos comenzaran a jugar entre ellos. Esa chica era sumamente bonita. Su voz era dulce y tierna, pero siempre marcaba claramente sus estados emocionales; él se la imaginaba pequeña, delgada y con largos cabellos rubios… quizás, la forma de su personaje era como Alan la veía, pero no le importaba, y aún así pensaba que era lo mejor del Asgorth.
    - Eh… -la voz femenina lo trajo a la realidad-. ¿Estás bien, Alan? -preguntó ella.
    El sonrió, levemente, para volver a acercarse hacia el teclado y el mouse, y hacer que ese ogro virtual, corriera una vez más, alcanzando las figuras que veía. Algunas veces ella le decía León, otras, lo llamaba por su nombre real… pero de ambas formas, se oía igual de bien.
    - Últimamente, has estado muy extraño -continuó.
    Una duda recorrió su mente. ¿Qué podía decirle? Un gruñido salió de su boca, como primera respuesta, pero luego pensó que quizás debía decirle algo más.
    - Te noto raro… -agregó ella, con un tono suplicante en su voz.
    - En realidad… -un suspiro escapó de su boca, mientras coordinaba su personaje casi maquinalmente, concentrado más en sí mismo-. Estoy contento porque ya no tengo que ir a la escuela… ahora tengo profesores particulares.
    Ella murmuró algo que él no comprendió.
    - Tu voz dice que no te encuentras bien -agregó ella, entristecida.
    Otro murmullo salió de su boca. Le molestaba tener que responder tantas preguntas.
    - Me siento perseguido…
    Estaba por decir otras palabras, cuando unos ruidos en la puerta lo sobresaltaron. Saludó rápidamente para después quitarse los auriculares y dejarlos sobre la mesa con cuidado, saliendo del juego y del programa que utilizaba para hablar mientras jugaba.  Se volvió hacia atrás al tiempo que apagaba la máquina, sintiendo que los ruidos volvían a producirse, y antes de que pudiera oír o comprender el resto de las palabras, corrió rápidamente hacia el fondo de la habitación, estirando las cortinas que cubrían la ventana, y escondiéndose detrás. Desde detrás de las telas, veía las pocas luces tonalizadas en azul, y pudo discernir que la puerta se iba abriendo, lentamente. Apretó los ojos, con fuerza, sin querer ver a su perseguidor, cuando de pronto, una voz femenina lo sorprendió.
    - Lo siento, señor… -dijo ella, agachándose-. Pero el profesor lo está esperando en la sala grande.
    La mucama observó cuidadosamente hasta fijarse en los pies que sobresalían tras la cortina, y haciendo una nueva inclinación, salió del lugar, cerrando la puerta. Alan abrió uno de sus ojos lentamente, para después hacerlo con el otro, encontrando su habitación vacía, y la computadora apagada. Peleó con la cortina, estirando sus brazos y pataleando, hasta que ésta dejó de enredarse y finalmente pudo salir; se encaminó hacia el escritorio, y buscando sus cuadernos y algunos lápices, se acercó hasta la puerta. Tomó el pomo con la diestra, pero el miedo de tener que salir lo atrajo, y sacándola rápidamente, la llevó hasta su pecho; volvió a intentarlo y esta vez pudo salir, para después encaminarse por el pasillo de la casa, caminando pegado a la pared.
    Llegó hasta la sala donde tenía que encontrarse, y abriendo la puerta, se encontró con una figura. El profesor Larguetti era un hombre de avanzada edad, estatura pronunciada y extrema delgadez, lo que le daba un rostro aún más atemorizante; sus mejillas hundidas acentuaban su aspecto de docente, y el cabello renegrido iba siempre perfectamente peinado hacia atrás, engominado y brillante. El hombre le sonrió con amabilidad, y Alan se asustó. Vio la mano que indicaba la silla, y caminando con temor se acercó hasta ella, depositando los libros y sentándose.
    Larguetti se sentó en el asiento al lado de él, abriendo un libro y preparándose para comenzar a explicar, cuando de pronto, unas risas y gritos se escucharon desde la planta baja, y Alan se paró rápidamente, corriendo hasta una esquina de las paredes, donde escondió su rostro entre las manos, mientras esperaba que pasara el lío.  El hombre lo observó sin comprenderlo, para después asomarse por la ventana: dos mucamas estaban persiguiendo a un perro que, habiendo escapado de su baño, corría mojando todo el parque trasero de la casa.
    - ¡Hagan su trabajo en silencio! -les gritó desde arriba, y el ruido cesó.
    El profesor cerró la ventana con un movimiento solemne, y sentándose de nuevo en la silla, esperó pacientemente hasta que Alan se decidió a sentarse en la silla que antes había ocupado. El morocho soltó un suspiro intentando comprender a su alumno, para después hablarle.
    - Debes tranquilizarte un poco, Alan -le dijo-. Te hará mal si continúas así…
    Alzando la zurda intentó ponerla sobre el hombro de su alumno, pero éste se asustó. Sus manos comenzaron a temblar mientras sus ojos lo miraban fijamente, para después alzar los brazos y comenzar a despeinarse el cabello. El profesor soltó otro suspiro: realmente era difícil comunicarse con alguien así, y más si a cada momento sus padecimientos se agrandaban. El castaño murmuró algo, y el profesor alzó una ceja observándolo, pensando que ese chico no tenía remedio.
    - ¿Qué decías, Alan? -intentó preguntar con tranquilidad.
    - ¿Qué… piensa de los… asesinatos? -preguntó el joven dudando.
    El hombre se enderezó hasta apoyarse en el respaldar de la silla, observando al joven. No sabía a qué venía su pregunta, como tampoco la mejor respuesta que podía llegar a dar. Abrió su boca para comenzar a decir algo, cuando de pronto, Alan volvió a murmurar algo.
    - Matar es malo… -susurró.
    Larguetti se lo quedó observando. Seguramente estaría hablando del Asgorth, y sabía que si llegaba a decirle algo que lo alejara de su pasatiempo, él perdería el empleo tan fácil como lo había conseguido. Tenía que darle una respuesta segura.
    - En la vida real -comenzó el profesor, atrayendo su atención-, matar es malo, es un delito. Pero en el Asgorth sólo atacas dibujos ficticios, que no tienen nada que ver con las personas reales -continuó, intentando explicarse-. Tienes que saber que si te molesta alguien en Asgorth, puedes matar ese personaje, pues no es más que un dibujo.
    - Pero…
    - No te preocupes, no tiene nada de malo jugar al Asgorth -concluyó, sonriéndole nuevamente.

*

    Por su parte, Marcos intentaba mantener la cordura. La reunión era extremadamente aburrida, y a él no le interesaba en lo absoluto saber que tenían que invertir dinero en comprar equipamiento para las oficinas, o cambiar el personal de limpieza, o siquiera designar nuevas patrullas de control. Eran todos temas bizarros y aburridos, y hasta el momento no habían dicho ni una sola palabra de todas las investigaciones importantes que estaban llevando a cabo en ese momento. Pestañear se volvía cada vez una tarea más difícil, y él intentaba no dormirse, puesto que sus ojos querían cerrarse.
    En algún momento de la discusión, habían comenzado a hablar de cierta investigación, aunque en su adormilada mente no había suficiente energía o concentración, como para intentar deducir de qué estaban hablando.
    - …y entonces sólo hay conclusiones del asesinato -la voz del jefe se iba haciendo cada vez más nítida-. Sólo se ha analizado la escena y entrevistado a los posibles testigos.
    Sus ojos se inclinaron hacia donde Marcos estaba, observando el vacío.
    - Detective Herrman -anunció, haciendo que el aludido lo mirara-. Investigue al senador. Esas son sus nuevas órdenes.
    Aún dormido, Marcos asintió e intentó despejar su mente. Sin embargo, sabía muy bien el motivo de esta selección: así evitaría que se metiera con el hijo del político.
    - Comience entrevistando a la viuda -ordenó.    

 

Bueno, esto ha sido todo por hoy. Intentaré publicar algunas cosas entre semana, pero la verdad es que ando complicada. Gracias por leerme, se cuidan, y nos estaremos encontrando en el próximo capítulo.


<@ArticuloNumComentarios@> Comentarios:

viernes, 15 de octubre de 2010 | 20:26
Me dio pena Alan, que bien lo describes, casi me parecía verlo. Muy bueno el capìtulo.
viernes, 15 de octubre de 2010 | 20:29

No veo el comentario que deje. Vuelvo a dejarlo. Me encanta como describiste a Alan, me dio pena el chico. Excelente capítulo.

Autor: BlueBrain
sábado, 16 de octubre de 2010 | 6:13
El maestro me pareció uno de esos que actúa por conveninecia proia, tal vez sea un personaje peligroso. Tus descripciones son excelentes, cada personaje tiene su propia y muy definida personalidad. ¡Muy buen trabajo!
martes, 19 de octubre de 2010 | 9:47
¡Oh! ¡Me alegro que les haya gustado tanto! Muchas gracias por leerme chicos :) Espero que les guste el final de la historia.
jueves, 21 de octubre de 2010 | 20:32
Yo también sentí feo cuando describías lo que hacía el pobre de Alan u.u, pero esta muy bueno el cap.
saludoss!!!!!
viernes, 22 de octubre de 2010 | 15:34

muy buen cap, llega a dar mucha cosa, la paranoia de alan tan bien descripta. muy buen cap

viernes, 22 de octubre de 2010 | 19:39
Alan me da pena :( y eso que yo misma lo escribo. Muchísimas gracias a todos por leerme, y por sus comentarios. En breve les traigo el capítulo nuevo.

 

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