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viernes, 24 de septiembre de 2010

La Línea Del Horizonte (II): La Rebelión De Asgorth

¡Buenas! ¿Cómo andan chicos? Les traigo otro capítulo, y me ha entusiasmado mucho escribirlo. ¡Ah! Me hacía falta la emoción de algo detectivezco, y espero que les esté gustando tanto como a mí. Les agradezco a aquellos que leyeron el primer one-shot del desafío de este cuatrimestre. En fin, los dejo con la lectura, y les agradezco sus comentarios:

 

Esas palabras simplemente recorrieron su cuerpo como un torrente de fuego ardiente, y quemaron toda tranquilidad y alegría que tenía hasta el momento. ¿Cómo que era intocable? ¿E único testigo que posiblemente había visto todo el asesinato, y que, seguramente, necesitaría protección al testigo, era “intocable”? Un gruñido salió de su boca, y el jefe frunció el seño, cerrando la carpeta y tirándola sobre la mesa que tenía adelante.
    - ¿Por qué es intocable? -gruñó el detective, mirando la carpeta y el gesto de cansancio del jefe de la estación.
    Wagner se limitó a mirarlo. Luego de eso, se reclinó en su sillón produciendo un chirrido que sólo alteró más el estado de Herrman, haciendo que llegara a irritarse aún más.
    - Porque tiene principios de autismo, y es agorafóbico -dijo al fin Wagner, mientras abría el cajón del escritorio para sacar un habano, y encenderlo con calma. Luego, exhaló una gran bocanada de humo, para continuar-. Además, es hijo de un político que ha contribuido ampliamente con la policía.
    Marcos se quedó en silencio. Entonces ¿cómo atraparían al asesino?
    - ¿Es posible interrogarlo? -inquirió.
    El jefe abrió los ojos, y señalándolo bruscamente, comenzó a gritarle.
    - ¡Te acabo de decir que no! -gritó-. No vas a poder interrogarlo, ni pedir una orden de cateo -terminó de gruñir, en mala forma, para después tomar la carpeta y caminando hasta Marcos, estampársela en el pecho-. ¡Así que más te vale que te las arregles con los policías y las prostitutas para testigos!
    Herrman agarró la carpeta, para después mirar a su jefe a los ojos.  La cabeza casi pelada tenía apenas unos cabellos blancos, lo que hacía que toda su inmensa frente pareciera arrugada cuando fruncía el entrecejo. Los ojos celestes daban miedo, pero a su vez querían intimidarlo, para que la pequeñez que sentía en ese momento, la impotencia, y la falta de poder, hicieran que se doblegara a su voluntad.
    - Pero ellos no saben casi nada -respondió Marcos, enfureciendo al viejo.
    Wagner volvió a señalarlo, para después gritar aún más.
    - ¿¡Sabes lo que me importa!? -después de eso, el jefe se acercó hasta la puerta, abriéndosela-. ¡Usa a las mujerzuelas como testigo!
    Y sin decir nada más, le señaló la salida.
    Marcos frunció el cejo, y apretando la carpeta entre sus manos, salió de la oficina. En ese momento, se sintió intimidado por las miradas de la gente de la estación, sino también atravesado por la penetrante mirada de Wagner. Antes de que pudiera pensar, el jefe gritó algo más.
    - ¡No se te ocurra molestar a ese chico!
    Tras eso, azotó la puerta de una forma que resonó en toda la estación. Mientras él caminaba a un lento paso hacia su escritorio, sintiendo un pesado grillete en sus muñecas que le impedía moverse, comenzó a sentir los murmullos de las personas a su alrededor.

    Al llegar al escritorio, soltó la carpeta y se echó en el asiento, con la cabeza hacia atrás: ¿qué podía hacer? No era la primera vez que él escuchaba que el jefe prohibía interrogar a algún testigo, pero sí era la primera vez que se lo hacía a él. Encima toda la estación había escuchado sus gritos, y todos podrían llegar a vigilar sus movimientos, si Wagner se los pedía. Tenía las manos atadas, y lo sabía.
    Lo que más le preocupaba en ese momento, era que posiblemente Alan y el asesino habían tenido contacto visual, y por ende terminaría siendo buscado y víctima de un crimen. Sí o sí, necesitaba poner a ese chico en un servicio de protección al testigo, fuera lo que fuera. La pregunta, en este momento, era simple: ¿cómo podría acercarse al chicuelo, sin hablar directamente con él?
    Suspiró una vez más, cerrando los ojos. Podía ir de nuevo al instituto, y ver si alguno de sus compañeros, o incluso el director, podían darle alguna información sensata que le ayudara a determinar cómo fue que llegó hasta ese lugar. Sin pensar más, aprovechando que el jefe se encontraba gritándole a otro oficial, se apresuró a salir de la estación.

    Había pasado casi media hora desde que hubiera salido de la estación, cuando llegó al instituto. Al entrar, esta vez tanto la secretaria como el director lo estaban esperando en la puerta. Estacionó el coche, y al bajarse, se apresuró a hablar con ambos.
    - ¿Ha encontrado algo, detective? -inquirió el director.
    - Parece que el joven Alan Bennington puede ser testigo de un asesinato -anunció Herrman, viendo cómo el director y la secretaria intercambiaban una rápida mirada.
    - ¿En qué podemos ayudarlo ahora? -preguntó nuevamente el director.
    Marcos sintió que tampoco iba a estar dispuesto a darle demasiada información sobre el joven, así que se apresuró a pensar en algo.
    - Quisiera entrevistar a algunos jóvenes de su curso.
    Nuevamente, el director intercambió una mirada con la secretaria.
    - Sígame, detective -dijo ella-. Lo conduciré al aula, pero le pido que no hable demasiado del tema, y que sea lo más discreto posible, por favor.
    El director los dejó solos, y ella comenzó a caminar. Al cabo de unos minutos, llegaron al aula, y la mujer le pidió que esperara afuera. Marcos miró para todos lados, observando un increíble pasillo con cielorrasos pintados a mano, vitrales en las aberturas, y pisos de porcelanato. Justo cuando estaba distraído maravillado con la construcción, dos jóvenes salieron con la secretaria.
    - El es el compañero de banco de Alan, y ella se sienta adelante -dijo ella, señalándolos-. Alan no ha venido hoy a clases, pero creo que ellos podrán ayudarte.
    - Soy el detective Marcos Herrman -se presentó, y los jóvenes lo saludaron amablemente-. Como ella les dijo, necesito que me cuenten lo que saben de Alan, sinceramente.
    Los jóvenes se miraron.
    - No es muy social -dijo el más alto-. Yo me siento a su lado y jamás me ha dicho nada. Ni siquiera se mueve, e intenta no ocupar más espacio que el de su banco.
    - Siempre está conectado a internet -le dijo ella-. Tiene un celular con wi-fi y creo que había visto una versión reducida de un juego, pero no estoy segura.
    Marcos asintió. Lo que decían ellos coincidía con un chico como el descripto por el jefe, pero a su vez le daba una nueva pista: ¿adicto a un mundo virtual? ¿Sería distinto en la red? Quizás jugaba juegos online, lo que le daría un perfil más avanzado del joven.
    - ¿Y sale con alguien? -preguntó Marcos-. ¿Nadie le habla?
    Ambos negaron.
    - Yo vi que una patota del último año lo molesta -dijo la chica, con un poco de miedo-. Son tres matones, y ayer a la tarde los vi llevándoselo…
    Marcos agradeció, y la secretaria se llevó a los chicos diciéndoles que no hablaran de eso con nadie. Al volver, Marcos estaba pensativo.
    - ¿Puedo entrevistar al curso superior? -preguntó él.
    Pensándolo a fondo, seguramente esos tres “matones” habían arrastrado a Alan hasta ese barrio, y así había sido como Alan había visto el asesinato. Una opción, era que en la confusión del disparo, él se había escapado de los chicos… y la menos probable, era que uno de esos jóvenes fuera el asesino. Viéndolo así, tenía que ponerse a investigar, aún cuando el jefe se lo negara.
    La secretaria estaba por responderle, cuando el teléfono celular de Herrman comenzó a sonar. Marcos se odio a sí mismo por no apagarlo, pero al ver el número, su piel se erizó: se trataba de Wagner llamándolo directamente a su número. Estaba seguro de que nadie lo había visto salir de la estación, así que estaba la posibilidad de que el director del instituto hubiera advertido a Wagner.
    - ¿Si? -preguntó, atendiendo la llamada.
    - ¡Pero qué demonios haces en el instituto! -gritó la voz de Wagner, por lo que Marcos debió alejarse el teléfono del oído, para no saturarse-. ¡Vuelve inmediatamente o te degradaré y te daré una licencia tan grande que nunca más sabrás lo que es un sueldo!
    - Pero jefe…
    - ¡Vuelve ya, o te envío a vialidad!
    Y sin decir nada más, cortó la llamada. Marcos sintió deseos de aplastar el teléfono contra el piso, y golpear al jefe y al director del colegio hasta que le dijeran qué demonios era lo que hacía tan intocable a ese chicuelo, el cual era evidentemente abusado psicológicamente por sus compañeros.
    Sin decir más nada, Marcos se despidió de la mujer y salió rápidamente hacia la estación.
    Ya era de noche cuando llegó, y tras ignorar el llamado del jefe, se sentó en su escritorio. Era evidente que el chico tenía una afición por internet. ¿Quizás tenía un blog? ¿Un juego? ¿Un foro? Tenía que saber de alguna forma. Se echó hacia delante en la silla, agarrándose la cabeza, justo cuando una idea cruzó por su cabeza, arrancándole una sonrisa: hacía mucho que tenía un favor que cobrarse con alguien de la sección de informática.
    Sonriendo, se puso de pie encaminándose hacia la cafetería. Luego, doblando antes, pasó hacia la sección de Delitos Informáticos.
    Maximiliano Toronto era un hombre de mediana edad, de estatura muy baja y cuerpo obeso, y sus dedos se movían sobre los teclados con una agilidad increíble, a pesar de ser tan regordetes. Sus ojos marrones parecían suspicaces aún debajo de los lentes, y el cabello castaño siempre desarreglado le daba más apariencia de hacker que de oficial de policía.
    Marcos abrió la puerta de la oficina, y vio a su amigo sentado frente a una computadora. Sin demorarse demasiado, se acercó hasta él, colocándole la diestra en el hombro.
    - ¡Amigo! -lo saludo.
    Toronto suspiró, volteando a verlo.
    - ¿Viniste a cobrarte el favor de aquella vez?
    Marcos asintió.
    - Necesito que rastrees al chico Alan Bennington… -dijo Marcos-. Puede estar en peligro, necesito saber de él.
    Maximiliano se giró en la silla, enfrentándose a la computadora.
    - Tu nobleza te traerá problemas algún día -dijo-. Ven en tres días, y te daré todos los datos.

    
    El día pactado, Marcos llegó rápidamente a la estación, y cerca del mediodía, se encaminó hacia la oficina de Delitos Informáticos. Cuando abrió la puerta, Maximiliano lo estaba esperando con un café. Acercándole una silla a su lado, se enfrentaron al monitor.
    - Anoche hice un rastreo desde el ISP -comenzó a explicar técnicamente-, para encontrar al IP pública que enmascaraba la ruta de acceso, hasta que finalmente…
    Marcos hizo un gesto con su mano, obligándolo a callar.
    - En castellano… -comentó, para agregar-. Y comprensible.
    Toronto suspiró agotado moralmente.
    - Bueno, el punto es que rastreé su conexión y puedo decirte, aproximadamente, qué es lo que más visita con el Internet -concluyó.
    - ¿Qué encontraste?
    Maximiliano abrió una lista de intercambio de paquetes, y Marcos observó con sus propios ojos que había una cantidad exponencial de conexiones con el mismo servidor, a horas repetitivas del día.
    - ¿Qué es esa IP? -preguntó Marcos-. Parece que se conecta mucho.
    Toronto sonrió, confiadamente.
    - Es un juego online: Asgorth.

 

Y bueno, esto ha sido todo por hoy. Les agradezco muchísimo su lectura, y nos estaremos leyendo en el próximo artículo. ¡Se cuidan!


<@ArticuloNumComentarios@> Comentarios:

Autor: BlueBrain
sábado, 25 de septiembre de 2010 | 5:23
Esto se pone muy interesante. Tus tramas osn atrapantes. Siempre espero los sábados para continuar la novela. Este capítulo te quedó de 10.
sábado, 25 de septiembre de 2010 | 19:03
Que buena se está poniendo esta novela. Me encanta el caracter único que le das a cada personaje. Te felicito. Este capítulo estuvo genial.
martes, 28 de septiembre de 2010 | 12:50

Chicos!!! Muchas gracias por leerme, me alegro que les haya gustado el capítulo. Gracias por sus comentarios, y por pasarse!

miércoles, 29 de septiembre de 2010 | 15:38
Cada vez se pone más bueno esto, tus historias son geniales :3
miércoles, 06 de octubre de 2010 | 22:17

muy buen capitulo, me encanta como saltan las emociones de cada personaje al leer la historia, realmente haces un excelente trabajo.

 

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