~Into The Music~
¡Hola! ¿Cómo andan? Yo aquí tomándome unos días de vacaciones, y les traigo un nuevo capítulo. Les comento que la semana que viene no habrá capítulo, debido a que estaré de viaje por unos 10 días así que no podré escribir. De todas formas, dejaré algunos artículo en publicación automática y, sólo si ustedes me piden, les postearé fotos del viaje cuando vuelva. El capítulo de hoy es corto, pero algo gracioso, espero que les guste.
Sus manos realmente se sienten calientes. Su boca tan cerca de la mía, me deja sentir su respiración acelerada, entremezclada con jadeos, y mis manos se deslizan por ese cuerpo tan marcado, sintiendo alguna rebelde gota de sudor que lo hace aún más interesante. Una de sus manos me levanta por la cintura, empujándome contra su torso, mientras que con la diestra me va recorriendo, tocando mi corazón, acariciando mi piel, y…
Ese ruido molesto inunda la habitación, y desesperadamente intento estirar la zurda para apagar el celular. Abro los ojos y… ¿Y Eric? ¡No! ¡Era un sueño! La habitación está completamente a oscuras, estoy transpirada, las sábanas húmedas y lo pero ¡sola! ¡Oh mi dulce sueño!
Tomo el teléfono sin mirar quién está llamando, y atiendo dispuesta a matar al cretino.
- ¿¡Qué pasa!? -pregunto, de mal humor.
- ¡Hola Aurora! Mira por la ventana… -me dice la voz de mujer, al teléfono.
Por unos segundos, despejo mi mente mientras me despeino, hasta que me doy cuenta que se trata de Raven, pero no sólo eso, sino que también aparenta estar de buen humor. ¡Increíble!
- ¡Dale! ¡Asómate! -vuelve a repetirme, y confirma mi sospecha: está de buen humor.
Sin dudar más, me pongo de pie y me acerco hasta la ventana, corriendo la cortina, sólo para ver a mi prima, increíblemente vestida con un vestido blanco, esperándome, mientras me saluda con la diestra. ¿Raven saludando? Luego me señala la puerta, y asiento. Corto la llamada, me pongo unas pantuflas que vi en mi habitación, y bajo raudamente las escaleras. Paso por la cocina para manotear el llavero, y luego corro cruzando el living, hasta finalmente abrir la puerta; Raven entra, y casi que puedo ver una pequeña sonrisa salírsele de los labios.
¡Momento! Todo esto es demasiado extraño. Raven contenta, sonriendo… ¿expresiva? Debe haber pasado algo, y… ¡Oh por dios, que susto! Le di la espalda mientras caminaba a la mesa, y ahora que volteo, está mirando un cuadro con una sonrisa. Esto es un momento para guardar para la posteridad, así que rápidamente saco mi celular, y activando la cámara le saco una foto. En ese preciso momento, Raven me ve, pero en lugar de gritarme, simplemente se queda tranquila.
No, esto ya es demasiado extraño.
Dejando mi celular en la mesa, me acerco caminando rápido, y extendiendo la diestra, levanto su flequillo con el dorso de la mano, y la apoyo en su frente, para luego hacer lo correspondiente en mi frente, comparando las temperaturas. Pero está bien, no tiene fiebre ni está enferma. Me alejo unos centímetros, y luego me acerco hasta su boca, oliendo rápidamente: no tiene olor a alcohol ni a cigarrillo, así que está bien. ¡Increíble! ¿Qué le estará pasando? ¿No se habrá drogado? Sin cuidado, le tomo las manos y las pongo con la palma para arriba, para mirar el dorso.
- Dante y yo somos novios -me espeta.
Suspiro tranquila y profundamente, colocándome la mano en el pecho.
- Ah bueno, era eso no más… -respondo.
…
Un profundo silencio llena el ambiente.
¿¡Qué!? ¿¡Raven de novia con Dante!? No sé qué cara tengo, pero levanto la vista y nos quedamos mirándonos fijamente, sin decir nada.
- ¿Cuándo, dónde, cómo, porqué, besa bien, quién lo pidió, cómo lo pidió, hasta donde llegaron?
Antes de que me diera cuenta, le hago todas las preguntas que tenía en la mente, y ella me mira fijamente, para después responderme, con el mismo tono y velocidad con la que yo hablé.
- Hoy, en el Valhalla, porque me gusta, sí, él, con un beso, y lo otro no te importa.
De nuevo, el mismo profundo silencio colma la habitación.
¡Que alguien me diga algo! ¿¡¡Con qué voy a molestar a Dante ahora!!?
Ay, por favor. Esto es tal cual lo que yo me temía. Ni bien entro al aula, Dante voltea con una espléndida sonrisa en su boca, y me señala el asiento que me ha reservado. ¿Qué haré si no puedo molestarlo? Camino lentamente hasta llegar a su lado y sentarme, para luego mirarlo.
¡Esto es peor de lo que pensaba!
- ¿Cómo estás? -le pregunto, a modo de saludo.
- Increíblemente bien -me responde.
- ¿Te sentís bien?
- Nunca antes me sentí mejor.
¡No! ¡Esto ya me da asco!
- ¿Paso algo?
- Todas cosas buenas.
- Se nota, estás contento -remato.
- ¡Y claro! -sonríe-. ¡Si los días son hermosos!
Miro por la ventana y veo la terrible lluvia que arruinó mi peinado y mojó mis botas de cuero. Ahora que lo pienso, el profesor de Historia del Arte ya debe estar por llegar. El chirrido de la puerta llama mi atención, y veo que entra el rubio, justo cuando Dante prepara su carpeta y una lapicera para tomar apuntes. Lo miro, sorprendida, y cuando me detengo en sus ojos, me dice:
- ¿Nunca te dije antes? Este tipo me cae muy bien.
Bueno, esto ha sido todo por hoy. El lunes les muestro el nuevo premio que me han dado, y nos estaremos viendo en dos semanas. Se cuidan mucho y gracias por pasarse. ¡Éxitos!
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