~Into The Music~
¡Hola a todos! ¿Cómo andan? Les pido disculpas por la demora de 24horas en subir la historia, pero me han asesinado a parciales en la universidad, y la verdad es que el viernes estaba molida para escribir, y quería que fuera un capítulo muy bueno. Seguro que el final los sorprende, pero les comento que me divertí mucho escribiéndolo, y que quedé muy conforme con el capítulo. Hay una canción, la cual dejo el sonido abajo -con goear-, así lo pueden escuchar en el momento oportuno del capítulo. ¡Espero que les guste!
Cada minuto que pasa es una lenta muerte que aumenta con el sonido de la aguja de mi reloj pulsera. ¡Oh, dios! ¡Raven pensará que soy un ridículo! Me pongo la mano en el pecho, y puedo sentir que mi corazón está latiendo rápido… se me va a saltar del pecho.
Intentando calmarme, bajo las manos y las paso por el mantel de la mesa que he reservado. El restaurante que elegí es realmente muy bueno, a pesar de ser conocido como un bar. Tiene un ambiente tranquilo, la mesa esta está en un lugar muy interesante con un bonito paisaje que se ve a través de la ventana cercana, no hace frío ni calor, y está todo muy bien decorado. El cliché de este lugar, es el piano que siempre está libre para quien quiera tocar y cantar.
Las paredes beige con cuadros en colores templados dan un ambiente romántico, y la rosa esta que dejé en la mesa, espero que le guste. ¿No será todo demasiado meloso? ¡Ya veo que ni siquiera viene! Ahora que lo pienso, quizás estoy exagerando esto y Raven…
¿No me digas que…? ¡Vino! Ahí la veo de pie en la recepción, luciendo su increíble silueta. Tiene un vestido blanco con un escote interesante pero no exagerado, que se ajusta en su cintura y hace una voluble faldita con algunos vuelos, que termina antes de la rodilla. Tiene unos zapatos blancos que combinan con su cartera, y su increíble cabello rojo suelo, atado simplemente con dos mariposas brillantes a los lados. Algo de su flequillo cae sobre su rostro, pero cuando voltea, sus bellos y profundos ojos azules me miran. Sé que me veo como un tonto, pero estoy embelesado ante su silueta.
Cuando veo que se acerca me pongo de pie dispuesto a correrle la silla frente a la mía, para que tome asiento, pero ella se detiene y me mira de una forma extraña, para luego indicarme la que está a mi lado. La corro, y se sienta cómodamente. ¡Hasta se pintó las uñas! Jamás la había visto tan femenina, tan delicada pero tan peligrosa al mismo tiempo.
¡Y todo esto por mí! ¡Por la cita!
Ah… que bella es la noche.
Alzo una mano mientras veo que ella inspecciona el lugar, y rápidamente llega el mozo a atendernos. Nos da una mirada percatándose de que estamos muy cerca sentados, y luego nos extiende una sola carta, para alejarse unos pasos y darnos privacidad. Me tiemblan las manos cuando agarro la carta, pero no me doy cuenta que Raven también lo intenta y terminamos tocándonos.
¡Esto parece una tonta novela romántica juvenil, pero yo no dejo de temblar! ¡Ah! ¡Me siento como un actor barato! Pero es que ella es tan linda, tan hermosa… Me saca la carta rápidamente, y observando de a poco, llega hasta la parte de pastas, y la observa por unos momentos.
- ¿Pedimos ravioles? -me pregunta. ¡Quiere que pidamos lo mismo!
- Dale -le respondo-. Elige la salsa tú.
- Salsa rosa, entonces -me confirma.
Sin decir nada más, alza la mano y llama al mozo, para luego pedirle los platos que habíamos acordado. Después, y para sorprenderme aún más, pide agua mineral para ambos. ¿Habrá sido una casualidad? A mí me encanta el agua mineral, y es lo único que pido. ¿Cómo lo habrá sabido?
El mozo se acaba de ir, y ahora estamos ambos en silencio. Ella se reclina un poco sobre la silla, y mis ojos no pueden evitar recorrerla, observando cada curva de su silueta.
- Te queda bien el cabello rubio -me dice, e inmediatamente siento el calor subir a mis mejillas-. Pero también me gusta tu color original.
¡No puedo creerlo! ¡Me dijo que le gusta mi color de pelo! Una gran sonrisa se marca en mi boca sin que pueda evitarlo, pero mis ojos no se despegan de los de ella.
- Yo me teñí de rubio, porque me dijeron que te gustaban los rubios… -mi frase termina casi en un murmullo, pero luego me repongo-. También, el otro día estaba buscando métodos de guitarra, porque vi que te llevabas muy bien con ese enano afeminado que toca guitarra, y Aurora… -pausa, porque no se cómo seguir-, Aurora me dijo que te gustaban los músicos… y yo quiero ser todo lo que te gusta.
*
Que molestia es esto… no se qué me pasa. No puedo evitar desviar la mirada, pero sin darme cuenta -y aún teniendo ambas manos sobre mis piernas cruzadas-, él se estiró sin que me diera cuenta, y ahora me tomó la mano. ¿Y yo que hago? Haga lo que haga quedo mal parada, y me expongo demasiado. ¿¡Por qué tarda tanto el mozo!? De esa forma, ya tendrían las manos ocupadas, y esto no pasaría.
Me late rápido el corazón… soy una idiota, con la edad que tengo, sintiéndome como una tonta protagonista de novela. Esto sí que es incómodo. De pronto, llega el mozo con una gran bandeja donde carga ambos platos, y comienza a servirnos con galantería; se va pero vuelve muy pronto, y nos trae dos botellas de agua mineral, y abriéndolas, nos sirve un poco en la copa a cada uno.
Aprovechando la situación, me suelto de la mano de Dante, quien carraspea un tanto incómodo, y tomo la copa con la diestra, para tomar la copa.
- ¿Te gusta el lugar? -me pregunta.
Esa incógnita me hizo recorrer todo el sitio, sólo para que mis ojos se fijaran en la parte lateral, donde hay un piano de media cola de color negro, vacío, y esperando que alguien lo toque. ¡Con razón! Me lo habían dicho, pero lo había olvidado completamente.
- ¿Es un bar-karaoke? -pregunto. ¿Por qué habrá elegido este lugar?
- Sí, lo es -me responde, invitándome a probar la comida-. Pensé que siendo música, te gustaría este sitio… ¿O me equivoqué?
Siguiendo su concejo tomo los tenedores y pruebo dos exquisitos ravioles, que me recuerdan a pastas caseras. Aún saboreando, niego con la cabeza, mientras lo veo probar algo de su comida.
- Fue una buena elección -le digo.
*
¡Ah! ¡Se ve tan linda! Está tan delicada ¡y se ve tan hermosa! Su piel es tan suave, tan dulce, quisiera… no sé, quisiera que ella fuera mi pareja. De pronto, alguien se toma el micrófono que estaba tendido sobre el piano, y tras hablar un poco, la gente comienza a prestarle atención… incluyendo a mi princesa pelirroja.
Tras unas palabras de bienvenida, el hombre pregunta si alguien quería tocar algo en la velada. Raven alza la vista para mirar al frente, y luego me mira con duda. ¿No sabía que hacían esto aquí? El hombre vuelve a preguntar, y sin descaro, alzo la mano y señalo a Raven. Con una sonrisa, el locutor se acerca invitando a Raven, mientras la gente la mira interesada.
Sin embargo, ella se pone de pie sin mirarme, y antes de encaminarse, me dedica una fría mirada. No… Raven… La hice enojar. ¿¡Por qué!? ¡Ahora la arruiné! Veo sus espaldas y sus caderas sinuosas irse tras dándome la espalda, mientras lentamente me derrito en mi silla.
*
Quizás esto sea una buena oportunidad.
- ¿Cantará también, señorita? -me pregunta el hombre anunciador, y yo asiento.
Con un gesto, le indicó a dos hombres, y rápidamente trajeron un micrófono que acomodaron bastante cerca, de una forma muy cómoda. Toco levemente unas teclas, y ese sonido perfecto recorre mi cuerpo una vez más. No voy a decir qué cantaré.
Sólo quiero que él me escuche. Así, es más fácil.
Mis dedos comienzan a recorrer las notas claras y tranquilas, en una breve introducción. El murmullo se va apagando lentamente, y yo cierro los ojos… no me animo a mirarlo.
Hay algo que te quiero decir y no me animo,
Yo se que puede ser el miedo a que me digas que no,
Pero hay algo en tu forma de mirar,
Que me lo dice todo sin mirar.
Hay algo que te quiero decir, y no me animo.
Es cursi, es tonto, lo sé. Pero así, quizás… Abro los ojos, y ahí está él. Se cuerpo siempre ágil calza perfecto bajo la camisa y pantalón negros que tiene, y el cuello desprendido me deja ver perfectamente todos sus detalles. Sigo tocando, un pequeño interludio pero sin dejar de observarlo, puesto que sus ojos verdes ahora muestran interés, y no se despegan de mí.
*
Unas notas agudas marcan el comienzo de la nueva estrofa, y yo escucho más atento que nunca.
No encuentro la manera de empezar contigo,
Te busco por un camino que nunca he recorrido,
Y sé que en esa forma de mirar,
Hay algo que me pides sin hablar.
Hay algo que te quiero decir y no me animo.
Raven ¿qué es esto? Por momentos me mira fijamente mientras toca, pero luego cierra los ojos para mover dulcemente su cabeza, como si estuviera pensando algo dentro de ella. Tiene la voz grave y segura, pero a su vez la más tierna que jamás escuché.
¿Esto es para mí? ¿Es en serio lo que dice esa canción?
Porque yo también tengo algo que decirte, y que no me animo.
*
Desde aquí lo veo, está nervioso. Con unos acordes modulo a la melodía, llegando hacia el estribillo. Dante… espero que entiendas este mensaje: no se decirlo de otra forma.
Te quiero aunque me guardes en silencio,
Te quiero aunque que me digas que no es cierto,
Te quiero aunque no hablemos nunca de este amor.
Pero hay algo en tu forma de mirar,
Que me lo dice todo sin hablar…
Hay algo que te quiero decir y no me animo.
No quiero repetirme, así que aprovecho para descargar mis nervios en un estribillo, cada vez más suave y lento, que baja en una pequeña decadencia de acordes, hasta terminar en un glissando que concluye con sus notas agudas, la melodía.
Un fuerte aplauso inunda el bar, y el hombre de antes se me acerca para invitarme a tocar otro día, pero negándome rápidamente, me pongo de pie arreglándome discretamente la pollera, y me encamino hacia donde está él. Su mirada está seria y recién se fija en mi cuando estoy cerca, y hace el ademán para acomodarme la silla, pero yo me niego.
¿No le habrá gustado? ¿Fue demasiado directo?
- ¿Qué tal la canción? -pregunto, mientras me acerco mi cartera.
- Nunca te había oído cantar -me responde-. Cantas muy lindo.
*
¡No se qué hacer! ¡Por favor, que soy un inútil! No sé si pedirle que salgamos del local, que vayamos a algún lado, o qué. ¡Qué tonto!
- ¿Quieres algún postre? -pregunto, intentando romper la tensión.
Ella me mira, y niega delicadamente.
- Eh… -¡no me animo!- ¿Quisieras ir a algún otro lado?
- Me gustaría… -responde.
Sin dudar llamo al mozo, que se me acerca con una pequeña bandeja de plata, donde hay depositado un ticket con la cuenta. Veo la suma y, agradecido de que no es un bar demasiado caro, deposito una suma redonda en la bandeja, dejando el resto como propina para el mozo.
Poniéndome de pie, le acomodo la silla a Raven y ella se para. Caminamos lentamente hacia la salida, y cuando llegamos, le abro la puerta y ella se adelanta. Ya en la calle no me espera, y se aleja por la izquierda.
Es ahora, o nunca.
Sin dudarlo, la tomo por la muñeca, y cuando se gira, la atraigo hacia mí, rodeándola con mis brazos. Ella alza el rostro, y aprovecho para rozarle los labios que siempre quise, presionando en el beso tan ansiado desde que la conocí.
- Te quiero… -le susurro al oído, cuando me alejo.
¡Bueno! Esto es todo por hoy. ¿Les gustó? El nuevo y maldito editor de miarroba no me deja poner las canciones a la izquierda, como a mi me gusta, así que tendremos que soportarlas a la derecha. Espero que les haya gustado y que me dejen un comentario. Gracias, y nos estaremos leyendo en el próximo artículo. ¡Éxitos!
Tags: literatura, novela, música, drama, comedia, romance