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Viernes, 09 de abril de 2010

~Into The Music~

¡Hello! ¡He vuelto! La verdad que el viajecito estuvo bonito, pero en cuanto volví la facultad me sacudió y me tiró mucha tarea encima y se me hizo imposible revisar el blog. Ya vi que me han dejado premios y los agradezco mucho: en la semana los postearé en un artículo correspondiente. Con respecto al desafío de vampiros, creo que la semana siguiente estará el one~shot a mi estilo, que espero que les guste mucho. ¿Pasaron lindo las Pascuas? Espero que sí, y bueno, ahora los dejo con un nuevo capítulo de "Into The Music":



    El ambiente se siente pesado y agobiante, el aire está espeso, mi cuerpo está helado y el simple día es deprimente. Aún casi dormido, me friego los ojos con mis brazos, para luego despeinarme e ir sentándome en la cama; sin embargo, ahora que miro la habitación, entro en pánico y comienzo a despeinarme con ambas manos.
    - ¡Maldito día! -me quejo, con la voz ronca.
    ¡Ah, que molestia! El día de hoy se avecina negro y oscuro, nublado, frío, molesto, además de que está lloviendo y hay mucha humedad: la verdad que el día combina con mi humor. Quiero despejar mi cabeza, pero como creo que sentado no voy a lograr nada, rápidamente corro las sábanas que me cubren, y una oleada de frío me hace temblar mientras me levanto, descalzo, para caminar hacia la ventana. Ahora que lo pienso, anoche la dejé abierta, así que con sólo correr las cortinas, una ráfaga de luz ciega mis ojos, impidiéndome observar.
    Me cuesta mucho abrirlos, pero de a poco voy viendo que el día está completamente despejado y no hay ni una nube en el cielo, el sol refulge autoritario, la brisa es fresca, y las hojas de los árboles están más frescas que nunca… incluso un pajarito cantaba cerca de mi ventana. ¡Qué hermoso! ¿Cómo no voy a poder escribir con un día tan bello? ¿Tan romántico?
    Entusiasmado volteo hacia mi dormitorio, con los ánimos rejuvenecidos, y mis ojos se centran rápidamente en el piso, ahora empapelado de bollos de papel que fui arrojando cuando lo que escribía ya no me gustaba, y rápidamente siento que mis piernas me fallan. Mi espalda se cae contra la pared al tiempo que me voy derritiendo hasta quedar sentado en el suelo, con las piernas semi-flexionadas, y apoyando mis codos en los muslos, me agarro la cabeza mientras miro mi proyecto fallido.
    - ¡Maldito día! -me quejo, en un murmullo desesperado.
    ¡Ah, que molestia! El día de hoy se avecina negro y oscuro, nublado, frío, molesto, además de que está lloviendo y hay mucha humedad: la verdad que el día combina con mi humor. ¡Maldito minuto en que impulsivamente me apunté en ese concurso! ¡Ahora Raven va a pensar mal de mí, creerá que soy un perdedor y así se me van a escapar todas las pocas oportunidades de que ella me miré!
    Me doy vuelta hasta quedar de frente contra la pared, y me pego varias veces la cabeza contra el vano de la ventana, un tanto deprimido: aquí no hay nada que me inspire. Antes de que mi salud termine afectada, me pongo de pie y me visto rápidamente, para luego revolver el escritorio hasta encontrar un cuaderno y mi lapicera, la cual guardo en el bolsillo de mi chomba. Suspiro una vez más, para después salir de mi cuarto alejándome de la casa.
    Necesito caminar, y despejarme.

*

    Ah… la parte decadente de “Innuendo” me encanta. Es ese modo menor tan abrasador y absorbente que convierte todo en una nada infinita que yo lleno con mi música para convertirla en un todo. Está incompleta ahora, pero sé que a cuatro manos sonará perfecta. No necesito ver la partitura, pero sé que está ahí: mis dedos vagan solos por el teclado, golpeando con fuerza, con tranquilidad o con paz, según sea la parte que corresponda.
    De pronto, la melodía modula. Llegué a mi parte favorita, originalmente hecha con guitarra. Es la parte del flamenco, escrita en uno de los modos antiguos de la música… no quiero pensar mucho, pero de pronto siento que de mi boca salen leven sonidos, y me hallo tarareando parte de la melodía. Esto es vida, sentir que estoy rodeada de la música que me absorbe y me lleva hacia otra parte.
    Pero tan rápido como comienza, se termina, debido a que mis dedos se congelan sobre el teclado, y descubro que hay una parte donde no recuerdo la melodía. Vuelvo unos compases atrás y, leyendo la partitura, comienzo a tocar de nuevo.
    Sin embargo, esta parte la odio. Es lenta, es melódica y nunca alcanzo a imprimirle el sentimiento correcto, la pasión que se define por esa música. Siento que mis dedos se convierten en pezuñas, no puedo tocar, me equivoco y me frustro. Un grito molesto sale de mi boca, al tiempo que alzo las manos para azotarlas contra las teclas del piano, haciendo que un extraño y reverberante acorde salga del instrumento, cortando toda la fantasía de antes.


*

    La verdad, no sé por qué la gente me mira. ¿Será que camino demasiado arrastrado? ¡Y qué me importa! Estoy deprimido, le fallé al amor de mi vida… quería hacer algo grande y bello, escribir la historia perfecta y ganar el concurso para demostrarle que estoy a su altura, que soy digno de ella… Pero ahora todo lo que veo me parece inútil: nada en esta gran ciudad es una buena historia.
    La calle está llena de personas, seguramente cada una inmersa en su mundo, en una historia diferente y quizá interesante, pero no digna de ser narrada. Seguro que hay muchos con desamores, pasiones y dilemas, pero no encuentro en ellos nada interesante que despierte mi imaginación.
    Sin darme cuenta me detengo entre la multitud, justo frente a un bar, y observo por la ventana que tiene el mismo: dentro, hay varias parejitas cada una sentada en una mesa distinta, dándose de comer en la boca, mirándose con amor, y riéndose mientras desayunan. Sé que ellos podrían tener buenas historias, pero a Raven jamás le convencería algo romántico, así que esta idea queda tan rápidamente descartada como las otras.
    Retomo mi marcha y un par de cuadras más adelante me cruzo a la vereda opuesta para poder mirar la florería que muestra sus productos sobre la acera. Hay flores de todos los tipos y colores, y un joven muy amable se acerca a preguntarme si quiero llevarse un ramo a alguna dama, pero yo niego con la cabeza. Podría escribir la historia de una rosa, desde que nació hasta que un amante Romeo se la entregó a una enamorada Julieta, pero tampoco le gustaría a mí pianista. Sí, es mía, y así lo considero aunque sé que su alma indomable jamás tendrá dueño.
    Suspiro agotado mentalmente y vuelvo a rascarme el pelo, para luego retomar mi rumbo. Sin darme cuenta, mis pasos me han guiado hasta la plaza central, y luego hacia un banco con muy buena vista. Hay niños jugando en los juegos, adolescentes enamorados en otros bancos más ocultos, y también empresarios y trabajadores caminando apurados y aislados del mundo.
    Una rubia que lleva un chihuahua con su correa pasa delante del mí, y el perro se detiene a olerme. Estiro la diestra y le toco la diminuta cabecita, pero muy pronto ella le da un tirón a la correa y lo aleja de mí. ¿La historia desde el punto de vista de un animal? No… tampoco le gustaría.
    - ¿Qué puedo escribir? -murmuro para mí, sosteniendo el cuaderno y mirando hacia el suelo.
    Y sin más, me pongo de pie nuevamente, caminando hacia el Conservatorio. ¿Qué es lo que estoy buscando?


*

    Ahora que voy caminando y el aire cada vez más frío golpea contra mi rostro, me voy calmando poco a poco. Estaba tocando y de pronto sentí que mi piano de media cola no me gustaba, y que el sonido no me terminaba de convencer… bueno, en realidad, el problema soy yo. Quizás fue impulsivo decidir ir al Primer Auditorio, pero estoy segura que entre esos dos pianos voy a mejorar.
    ¿Qué? ¿Ya llegué? Me sorprendo extrañamente al ver que llegué tan pronto al Conservatorio, pero debo haber estado tan sumida en mis pensamientos que no me di cuenta de lo que estaba haciendo. Sin demorarme muevo mis piernas nuevamente, mientras mi diestra se aferra a mi bolso, y me adentro por los pasillos, hasta abrir la puerta del auditorio. Me adentro unos pasos y me quedo prendida al mirar los dos pianos en el centro.
    Nuevamente me pongo en marcha bajando con cuidado las extrañas escalinatas entre los asientos, y cuando me acerco, abro la tapa del piano de cola, y colocando mi bolso sobre el taburete, saco las partituras de “Innuendo”, para después colocarlas en el atril, y empujar la mochila al piso, en lo que yo me siento sobre el banco.
    Si cierro los ojos, puedo imaginarme aquí el día del concierto. ¿Cómo saldrá todo? Rápidamente abro los ojos, pues siento unos ruidos, pero al mirar por el lugar, veo que no hay nadie, y vuelvo a relajarme. Paso las hojas hasta encontrar la parte del flamenco donde me había trabado, y tras hacer unos leves ejercicios para los dedos, comienzo a tocar.
    Esta vez voy leyendo la partitura, haciendo malabares con la zurda o la diestra, según la ocasión, para voltear las hojas y seguir leyendo. Sin embargo, la vacía amplitud de este espacio se va llenando con la música, al tiempo que yo me voy relajando, hasta que sin darme cuenta, vuelvo a modular hacia un modo mayor, y comienzo a cantar…
    - You can be anything you want to be… -dice la canción-. Just turn yourself into anything you think that you could ever be. Be free with your tempo, be free, be free… -y poco a poco va aumentando el volúmen, mientras yo libero mi voz-. Surrender your ego, be free, be free… to yourself!
    Y ahora los acordes marcan un nuevo paso a la modulación, mientras los acordes repetidos generan tensión, hasta que el flamenco vuelve a emerger desde el piano, explotando con toda la emoción, y… la velocidad mengua y yo me voy quedando en la nada, perdida en la frase que había cantado.
    Por momentos, esa letra parecía dirigida hacia mí… no, esa letra fue escrita para mí. “Puedes ser lo que tú quieras ser: sólo conviértete en algo que pienses que puedes ser. Se libre a tu tiempo, se libre, se libre. Renuncia a tu ego, se libre, se libre por ti mismo” eso es lo que dice. Y en estos momentos, me el que el silencio me inunda y me abraza, me doy cuenta de algo: yo no tengo el valor para mostrarme, puesto que no hay nada que pueda hacerme sentir segura.
    Me quedo en silencio unos momentos más, pero rápidamente una pequeña risita sale de mi boca, mientras meno la cabeza. ¡Qué idea más tonta! Y sin pensar más, vuelvo a tocar la misma parte de antes, intentando mejorarla.


*

    Siento un gran peso a mis espaldas… como si tuviera un menhir… ¡o un dolmen! Sí, así como esas construcciones de piedras, como si me fuera derritiendo por su peso. Estoy ya en el Conservatorio, y me detengo contra una pared para apoyar mi diestra e intentar enderezarme, pero estoy tan deprimido que… Momento. ¿Qué es eso?
    Una enérgica melodía se escucha al final de este pasillo, y rápidamente reconozco el lugar: el Primer Auditorio. ¿Podría ser…? ¡Mi musa! Recobro la energía y el peso de antes ahora se ha desvanecido, y sin olvidarme el cuaderno comienzo a correr hacia el final. Me detengo en la puerta, y la abro silenciosamente: por una vez, no ha hecho ruido.
    Mis ojos se fijan en la diosa que está tocando el piano en el centro. Su cabello rojo como al sangre que sacude levemente cuando ella mueve la cabeza, y sus ojos celestes se ven casi blancos dándole un aspecto irreal. La música la envuelve, le arranca una diminuta sonrisa, le hace fruncir el seño… ¡Increíble! Son tantas las emociones que demuestra, que en este momento me gustaría ser el piano para sentir sus suaves dedos, y poder ser partícipe de sus sentimientos.
    Raven realmente disfruta tocar, y una sonrisa sale de mi boca, justo cuando me identifico con su música.
    ¡Qué tonto que fui! Tenía la respuesta delante de mis ojos y estaba tan ciego que no podía verla: si voy a participar en el concurso por Raven… también escribiré por ella.



Bueno, esto ha sido todo por hoy. De a poco se introduce algo de drama en esta comedia, pero estoy seguro que lo que vendrá en esta primera parte, les va a encantar. Son tres Sonatas que arman la historia, y los movimientos son los capítulos. Espero que les esté gustando, gracias mil por pasarse, y nos estaremos leyendo en el próximo artículo. ¡Éxitos!

Tags: literatura, música, novela, historia, comedia, drama, romance

<@[email protected]> Comentarios:

Viernes, 09 de abril de 2010 | 20:29
Me encanta Dante, es tan ciclot?mico que uno nunca sabe con que va a salir en la l?nea siguiente. Ambos est?n absolutamente abstraidos en sus mundos, me gustar?a que llegaran a comprenderse.
Hermosisimo el cap?tulo.
Autor: jime_wonka
Viernes, 09 de abril de 2010 | 22:06
*w* ya extra?aba leer into the music!!!,
cada vez me gusta m?s la historia,que buen cap?tulo.
Autor: BlueBrain
S?bado, 10 de abril de 2010 | 5:11
Estupendo cap?tulo. Se nota que va perdiendo comicidad la hitoria y se va poniendo m?s seria. PEro los cambios de humor de Dante son muy chistosos
Autor: Aldair_88
S?bado, 10 de abril de 2010 | 6:10
?ke bueno ke hoy tengo electricidad!! Estuve toda la semana temiendo no poder leer Into the Music.
Ke tierno es Dante, tan enamorado, ya se nota una incinaci?n a algo m?s dram?tico. Estar? esperando el pr?ximo cap.
S?bado, 10 de abril de 2010 | 7:58
?Que lindo cap! Se sienten los nervios de cada uno por sus respectivas tareas!! Esta genial! Estan haciendo una historia realmente interesante, engancha!
Cuando v? que hab?as publicado me alegre un mont?n! xd
Saludos!!
Autor: fiaris alfabeta
Domingo, 11 de abril de 2010 | 21:36
hola me gusta tu blog te sigo gracias por tu comentario en cincolinks,saludos desde Uruguay
Lunes, 12 de abril de 2010 | 10:05
Gracias a todos por leerme! Me alegro mucho que les guste Dante, esa cualidad ciclot?mica que tiene me hace reir mucho a?n mientras escribo. Les agradezco que se pasen por aqu?, espero verlos al siguiente cap?tulo!
Jueves, 15 de abril de 2010 | 22:35
a mi me gusta mucho el detalle y la facilidad con q describiste los pensamientos y sentimientos de cada uno, hace q el lector pueda entrar muy facil en sus cabezas y sentir la historia. felicitaciones excelente trabajo como siempre :)
Viernes, 16 de abril de 2010 | 12:23
?Muchas gracias, Principe! Me alegro que te haya gustado, y muchas gracias por ayudarme con la historia!

 

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