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S?bado, 02 de enero de 2010

~Sospechas~

¡Buenas, Buenas! ¿Cómo andan? Espero que bien. Aprovecho para saludarlos a todos una vez más, y desearles un próspero año nuevo. Quisiera agradecerles todo el apoyo y cariño que mostraron con la nueva apariencia del blog, y con las metas que tengo en el año, también agradezco a los nuevos afiliados sus hermosos comentarios. Ahora sí, sin más, los dejo con la lectura de este capítulo. Me juego a que el final los sorprende a todos.


“[…] pero tener a Leda tan cerca, tan pequeña e indefensa,
lo convencieron de que él sólo quería hacerla feliz […]”

    Caín estaba sentado en un sofá en su departamento, con la nuca apoyada en el borde del respaldar, y el cuerpo descargado sobre el resto del sillón, él se dedicaba a pensar si había algo que pudiera mostrar la presencia y/o culpabilidad de Lars, de forma certera, en la trampa que le habían tendido a Lancer. Sabía que Leda jamás aceptaría que fuera de otra forma, pero él sí necesitaba esa prueba, para poder seguir adelante con lo que estaban haciendo.
    De esa forma, echado en el sillón, comenzó a pensar. ¿Habría alguna forma posible de inculpar a Lars? Cerró los ojos con fuerzas mientras comenzaba a recorrer mentalmente la cuadra de la joyería Benson, donde había sido efectuado el robo. De pronto, un local vino a su mente: casi frente a la joyería, había un drugstore que, por el tipo de tienda y los clientes que atraía, seguro que tenía cámaras de seguridad, que hubieran filmado el día del robo. Se levantó para ir hacia su cama, cansado de todo lo que había hecho, pensando que esa mañana despertaría temprano para ir a investigar.
    Pasó su mano por el nudo de la corbata, tirándolo hacia abajo y aflojándola, para luego quitársela aprovechando para desprender su camisa lentamente botón a botón, al tiempo que caminaba hacia su cama. Cuando se acercó a ésta, ya sólo le restaba la ropa interior. Corrió las sábanas y se echó, exhausto, pensando cómo haría para conseguir hablar con las personas de ese local; cerró los ojos dejándose llevar, pero de pronto, su teléfono celular comenzó a sonar, justo arriba de la mesa de noche. A tientas, tomó el aparato, y activó la llamada.
    - ¿Diga? -saludó.
    - ¡Cain! -la solitaria voz de Leda lo hizo abrir los ojos de par en par, sentándose en la cama-. ¿Estabas durmiendo? ¡Lo siento!
    - Está bien, Leda… -respondió él, cansado, pero alegre de oír su voz-. ¿Qué necesitabas?
    - Quería preguntarte si harías algo por mí –comentó, poniendo su mejor voz infantil-: ¿No has pensado en revisar las cámaras del edificio donde vivía Lancer? Seguro que encontraríamos algo…
    - Creo que la policía ya los revisó.
    - ¡Por favor! ¡Por favor, quizás haya alguna clave!
    Caín suspiró.
    - Está bien, mañana me pondré con eso -asintió finalmente-. Ahora descansa.
    Asintiendo mientras cerraba los ojos, Caín cortó la llamada dejando el teléfono sobre la mesa de noche, mientras volvía a acomodarse entre las sábanas, pensando que ese día sería uno muy largo.


    Eran cerca de las cinco de la mañana, cuando Caín se detuvo en la cuadra de la joyería Benson, inspeccionando todo con su penetrante mirada. Su piel se veía pálida, su mirada lánguida, y unas pequeñas ojeras adornaban los párpados inferiores de sus ojos, denotando que la noche anterior no había podido dormir demasiado bien. Sin embargo, su única idea era ayudar a Leda en su misión, así que meneó la cabeza para despertarse un poco, y se adentró en el local que él había recordado.
    El local por dentro tenía forma de “C”, rodeada por los mostradores y heladeras que contenían parte de la mercadería, que no alcanzaba a exponerse. Rápidamente un chico de aproximadamente más de veinte años, piel bronceada, cabello castaño con mechas rubias y mirada lánguida, se acercó para verlo, tras el mostrador. Caín lo saludó asintiendo la cabeza, justo cuando había divisado la cámara de seguridad, que tenían oculta entre paquetes de papas fritas.
    - Buen día -saludó Caín, mostrando su placa-. Quisiera hacerle una pregunta: ¿esa grabadora de seguridad, funciona?
    El joven se asustó un poco por la placa, pero asintió a la pregunta de Caín.
    - Es la única que tenemos, y graba siempre sobre los mismos cuatro videos que tenemos, así que no tenemos demasiado tiempo grabado –respondió.
    - De acuerdo -dijo el policía, sonriendo-. ¿Me podrías dar esas cuatro cintas? A cambio de compro otras 10 nuevas, para que las uses.
    Sorprendido, el joven asintió al pedido del policía, y corrió hacia la parte trasera para buscar los videos, mientras que Caín le daba el dinero necesario para poder comprar diez cintas nuevas. Tras decirle al chico que no hablara de su encuentro, se alejó hacia su coche, donde guardó las cintas con cuidado en el asiento trasero, para después dirigirse hacia el trabajo.
    Llegado el mediodía, Caín salió discretamente del trabajo a la hora del almuerzo, y condujo hasta un local de comidas rápidas, donde Leda lo estaba esperando. Ella se acercó, tomándolo desprevenido, y le dio un pequeño beso en la mejilla, dejándolo sorprendido durante los segundos en los que ella se subió al coche, esperándolo. Sonriendo, e intentando mantener la firmeza en sus movimientos, él dio la vuelta para subirse a su coche, y tras ponerlo en marcha, comenzó a conducir.
    Al cabo de un rato llegaron hasta el edificio donde Lancer tenía su departamento, y aparcaron por la calle de atrás, bajándose ambos del coche. Dieron la vuelta a la cuadra, para luego entrar, y comenzar a buscar al encargado; el hombre tenía el rostro como el de una pasa de uva, no sólo por la piel arrugada, sino también por el gesto de permanente molestia que tenía. Sin embargo, en cuanto Leda dejó caer discretamente algunos billetes sobre el mostrador, no tardó en guardárselos, para luego ayudarlos en todo lo que le pidieran. Así, los llevó hasta la sala de seguridad donde tenía los videos, y sólo les encargó que al salir dejaran todo en buenas condiciones.
    Buscando entre las grabaciones, Leda encontró un casette que tenía la fecha del día del robo, y lo colocaron para que se reprodujera. El video mostraba que el encargado de la limpieza de la noche había estado barriendo los pasillos, limpiando los vidrios, y haciendo su trabajo. Sin embargo, siempre andaba cabizbajo, hasta que en un momento alzó el rostro, dejando ver una pronunciada nariz, que tenía un quiebre en la parte alta, y unas mejillas entradas, y agotadas. Leda se sorprendió al ver esa imagen, llevándose instintivamente la mano a la boca, para detener el grito que casi lanzó.
    - ¿Qué pasó? -preguntó preocupado Caín, deteniendo el video y mirando a la fémina.
    - Esa persona… ¿no lo reconoces? -preguntó, para después afirmar-: es Tanner, uno de los amigos de mala muerte, de Lars…
    Recordando ese nombre, Caín volteó hacia el monitor, observando fijamente el rostro del lacayo de Lars, como él siempre lo había considerado. Estando de pie ante la posibilidad de que realmente hubieran robado el arma de Lancer, seguían sin tener ninguna prueba verdadera de Lars.
    - Leda, tengo otros videos, quizás de la noche del robo… -comentó Caín.
    - Vayamos a verlos -fue la respuesta, sin ninguna duda.
    Alejándose del lugar, se citaron para la hora en que Caín salía del trabajo, en su departamento.
    A la hora del encuentro, Caín encontró a Leda en su edificio, en la puerta del departamento, esperándolo. Encontraron rápidamente, charlando y comentándose sus dudas, mientras Caín se disponía a colocar cada uno de los videos en el reproductor que tenía en su cuarto, el mismo que habían estado usando durante todo ese tiempo. Se sentaron a observarlos mientras comían algunos sándwiches que ella había llevado, hasta que de pronto, una imagen les llamó la atención: era justo de la noche del robo y no alcanzaba a verse la joyería, pero se distinguía claramente una silueta masculina de cabellos cortos, que estaba fumando un puro, y soltando el humo al abrir indecorosamente la boca. Sostenía el cigarrillo entre los dedos índice y anular, pero el pulgar lo mantenía apretado contra el índice, en un gesto muy particular.
    Leda abrió la boca en sorpresa una vez más, deteniendo el video y acercándose al monitor para observar con atención lo que veía. La ira y la desesperación comenzó a recorrer su cuerpo, de una forma incontrolable: ¿acaso Lars había observado todo el robo, tranquilamente, para luego incriminar a su amigo de toda la vida? ¿Era eso posible?. Sus manos comenzaron a temblar, y rápidamente ese movimiento neurótico se extendió a sus brazos, mientras las lágrimas caían de sus ojos, sollozando y gimiendo, sin poder comprender aún, lo que había visto. Comenzó a bambolearse hacia atrás y adelante, con sus propios brazos abrazándose, en una forma de recluirse e intentar calmarse.
    Al verla, Caín se asustó, y rápidamente se acercó, pasando sus fuertes brazos alrededor de la fémina, atrayéndola hacia su pecho, mientras buscaba calmarla. Le acarició el cabello, el cuello, pasó varias veces las manos por su espalda, hasta que sintió que las lágrimas y los sollozos iban calmándose.
    - Caín -su voz sonaba decidida-: yo reconozco la forma de fumar de Lars, y sé que era él, fumando tranquilo mientras inculpaba a su amigo de toda la vida. Me quiero vengar de él… ayúdame, por favor…
    Las palabras que oyó lo mantuvieron impávido durante unos segundos, pero tener a Leda tan cerca, tan pequeña e indefensa, lo convencieron de que él sólo quería hacerla feliz.
    - ¿Qué es lo que quieres hacer? -preguntó, finalmente.
    Leda sólo respondió con una frase:
    - Ojo por ojo, diente por diente.


    Habían pasado ya dos semanas desde esa decisión de Leda, cuando esa noche ella estaba durmiendo tranquilamente en una habitación de su propia casa, separa de Lars, desde que él le dijera que no quería compartir más la cama con ella. Lars había llegado temprano, extrañamente, habiendo sorprendido a Leda.
    Era cerca de la medianoche cuando él estaba tendido a sus anchas en la solitaria cama de dos plazas, enrollado en las sábanas, y con las almohadas desperdigadas por el suelo. Un fuerte timbrazo seguido de unos golpes en el la puerta de madera lo despertaron, poniéndolo alerta, pero pensando que quizás eran compañeros de la Estación, se levantó rápidamente, buscando su ropa. Encontró el jean que había dejado tirado, y colocándoselo, buscó la camisa encaminándose hacia la escalera. Otro timbrazo resonó en la casa, justo cuando Lars acababa de llegar a la planta baja, y estiraba la diestra para abrir la puerta.
    Al abrir, no sorprendió al ver a algunos miembros de la estación. El oficial delante de él era un hombre de edad avanzada, calva pronunciada de banquinas aún morochas, vientre prominente cubierto por un chaleco antibalas que no era lo suficientemente grande, y un par de ojos filosamente celes, que acentuaban el esto de arpía que le daba la nariz quebrada dos veces. Lars los saludó atentamente, pero el viejo sólo hizo una sonrisa sarcástica.
    - Lars Reeves, queda arrestado por robar mercadería incautada a la Estación -comenzó a decir, mientras dos suboficiales comenzaban a esposarlo-. Todo lo que diga puede y será usado en su contra. Si no puedes contratar un abogado, el Estado te proporcionará uno.
    - ¡Esperen! ¿Qué está pasando?
    La voz de Leda resonó en el living justo cuando Lars estaba siendo esposado, y ella apareció en una bata de seda, nerviosa, y con el gesto de su rostro desfigurado por lo que estaba viendo.
    - ¡Déjenme ir! ¿Qué es esto? -comenzó a preguntar Lars, pero un rápido golpe en su estómago, lo silenció.
    Al llegar a la estación, Lars fue arrastrado hacia una de las celdas. Gritando y molestando logró convencer al guardia de que le dejara hacer su única llamada, y pensando que su estúpida esposa jamás sospecharía de él, la llamó. Tal como pensó, ella llegó rápidamente a la estación junto con Michel, al cabo de una hora.
    - Leda, querida, tienes que ayudarme -dijo Lars-: ¡yo soy inocente!
    Ella abrió los ojos, pero luego los cerró, alejándose de las rejas, mientras negaba con la cabeza.
    - Lo siento -le dijo-: hay demasiadas pruebas que apuntan en tu contra, Lars, y lo mejor es que te declares culpables.
    - ¡Pero…!
    - Aparte… -el tono de voz sumiso y triste, cambió levemente, pero Lars lo sintió-, yo no voy a ayudar a ladrones.
    Lars vio que Leda le guiñaba un ojo, y temió que ella hubiera sido la culpable.



¡Chan! Estoy segura que eso los sorprendió... o quizás no. Pero bueno, de todas formas estoy muy contenta con cómo terminó este capítulo, y me alegro de que haya quedado tan bien. Una vez más, muchas gracias a todos por leerme, y nos estaremos encontrando en el próximo artículo. ¡Éxitos!

Tags: literatura, novela, drama, misterio, thriller

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Domingo, 03 de enero de 2010 | 8:53
?C?mo desconf?o no s?lo de Lars sino tambi?n de Leda!! ?Son tal para cual! este cap?tulo s? que me sorprendi?, ella es m?s vengativa de lo que imaginaba, no veo la hora de saber como cont?nua la historia
Autor: BlueBrain
Lunes, 04 de enero de 2010 | 4:21
Muy bueno este cap?tulo, la trama se enreda cada vez m?s, ya no s? cual es m?s culpable y cual es m?s confiable
Autor: Aldair_88
Lunes, 04 de enero de 2010 | 5:20
no s? porke pero LEda me cae MUY mal, y Lars ni les cuento, me encanta esta novela, es un romance compartido por varias personas. Chicos, me encanta ocmo escriben juntos. ?Sigan as?!!
Mi?rcoles, 06 de enero de 2010 | 9:47
?Hola! ?Gracias a todos por pasarse! A mi tambi?n Leda me cae mal, jajaja, pero creo que es el personaje m?s interesante. Les agradezco los comentarios, y que les guste tanto la historias. ?Nos leemos!
Mi?rcoles, 06 de enero de 2010 | 20:31
me encanta ver como trueno hace q los resumenes tomen tanta vida al escribirlos, son realmente buenos.

 

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