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S?bado, 26 de diciembre de 2009

~Tristeza~

¿Cómo están? Les pido disculpas por postear recién ahora, pero el 25 fue un día de reuniones, de acomodar regalos y de dormir mucho mucho, así que no pude hacer mucho para escribir. Seguramente, el finde que viene el capítulo también saldrá un sábado, por las mismas cuestiones. Sin embargo, les pido que se pasen por aquí el jueves, que se van a encontrar con una muy bonita sorpresa, que espero que les guste a todos. Ahora, con la lectura.


“[…] un grito de terror y dolor recorrió la casa, y Leda brincó
 inconscientemente hacia atrás, alejándose del cadáver […]”

    Había pasado un mes desde la noche en que Leda y Lancer permanecieron mirando películas y recordando los viejos tiempos, cuando Leda había decidido tomarse unos días visitando a su querida abuela, que vivía en las afueras de la ciudad. Se había levantado temprano, dirigiéndose a la cocina, para preparar el almuerzo que llevaría con ella, para que pudieran disfrutarlo juntas; luego, viendo que todo estaba en orden en la casa, Leda cruzó el living para entrar en el garaje, y desde ahí, subirse a su coche.
    No tardó demasiado en ponerse en marcha, en dirección a la casa de su abuela. Mientras conducía, recordaba algunos momentos con ella, como una vez en la que Michel destrozó la maceta de su rosa favorita al jugar al fútbol, y Leda se había inculpado. La anciana jamás se creyó esa mentira, pero sonrió al verlos embarrados y llorando, mientras intentaban explicarle lo sucedido.
    Entró en el barrio conduciendo lento y tranquilo, recordando las casas con su mirada, hasta que frenó delante de una, subiendo el coche a la vereda, justo delante del garaje. Apagó el motor, y tomando sus cosas, se bajó del auto, cerrando la puerta al empujarla con su muslo, mientras que con la diestra tanteaba la llave entre sus manos, para bloquear las puertas. La casa era amplia, con una entrada doble en el garaje, dos pisos, y una galería en el frente, seguida de un gran jardín delantero; las paredes estaban recubiertas por maderas horizontales, pintadas en color beige, que le daban un aspecto muy familiar a la casa, sin perder el aire de casona que tenía.
    Leda se encaminó hacia la puerta y, dejando la bandeja envuelta llena de comida que habría preparado sobre una de las mesas de la galería, tocó timbre. Sabiendo que su abuela era anciana y tardaba en atender, esperó. Al cabo de un rato, preocupada, volvió a tocar timbre, pero nadie atendió. Tomando la bandeja de la mesa, hurgó en su llavero hasta encontrar la llave de la casa y, sin preocuparse, entró.
    La casa se encontraba a oscuras completamente, así que Leda tanteó la mesa más cercana, y dejó la bandeja de comida en ella. Alzó sus manos mirando la bandeja, y no perdió de vista cada temblor en ellas, producto de los nervios que estaba sintiendo. ¿Estaría bien su abuela? ¿Habría pasado algo? Ella había ido intentando escaparse por unos momentos de la tristeza de su matrimonio, pero nada parecía funcionar. Volvió hacia al lado de la puerta, para prender la luz con la llave que estaba a su derecha, girando hacia el living. Sin embargo, ahí la vio. Su abuela estaba en el suelo, boca abajo, con los brazos doblados y hacia delante, como si hubiera intentado frenar una caída, y las piernas flexionadas, mostrando que venía caminando antes de caerse. Leda se acercó lentamente, agachándose a su lado sin animarse a tocarla, quedando prendida de los blanca y rígida que se veía la piel de la anciana, así como los ojos abiertos con las pupilas extremadamente dilatadas.
    Un grito de terror y dolor recorrió la casa, y Leda brincó inconscientemente hacia atrás, alejándose del cadáver, mientras se abrazaba las piernas, y comenzaba a llorar. ¿Cuándo habría ocurrido? ¿Es que ya todos se habían olvidado de ella? Desesperadamente se arrastró hacia la mesa donde había dejado su cartera también, tropezándose y raspándose las piernas, mientras manoteaba sus pertenencias, buscando desesperadamente su celular. Rápidamente, marcó el número de su primo.
    - ¡Hola Leda! -fue el feliz saludo, que Leda ignoró.
    - Michel, ven a la casa de la abuela -su voz se escuchaba nerviosa y alterada, pero su primo lo notó-: ella… ella está…
    Las lágrimas comenzaron a salir involuntariamente de los ojos de Leda, y cortó la comunicación. Desesperado y nervioso por lo que había escuchado, Michel salió corriendo de su trabajo, subiéndose a su coche en dirección a la casa de su abuela. Al llegar, entró en la casa, y el simple panorama heló su sangre, haciendo que un escalofrío recorriera su piel: la abuela muerta en el suelo, y Leda sentada muy lejos de ella, con las rodillas en el pecho, y sus brazos abrazándose.
    - ¡Leda! -la llamó al verla, y ella se le abalanzó encima, comenzando a llorar.
    Permanecieron quietos durante unos instantes, hasta que Michel la separó, sentándola en el sofá, mientras tomaba su celular, llamando a la policía. Al cabo de unos minutos, un escuadrón de la policía y de paramédicos, se había reunido, estudiando el lugar, e interrogando a ambos primos sobre cómo habían encontrado a la anciana. Cuando todo hubo terminado, Leda y Michel se vieron obligados a salir de la casa, mientras hablaban entre ellos.
    - ¿Vas a estar bien, si te dejo sola? -preguntó Michel.
    Ella asintió, secándose las lágrimas de los ojos.
    - Intentaré… -respondió-: sabes que yo quería mucho a la abuela.
    Michel se acercó a ella, despeinándole el cabello, y dándole un pequeño beso en la frente, para luego subirse al coche, alejándose, aún preocupado por su prima. Ella lo saludó parada al lado de su auto, mientras lo veía alejarse, sonriendo lo mejor que podía. En ese momento, deseaba que la persona que tanto quería estuviera a su lado, abrazándola, amándola y diciéndole que todo estaría bien. Buscó las llaves del auto en su cartera, para después desbloquear las puertas y subirse, buscando ahora el teléfono celular; dudó durante unos segundos, pero finalmente lo llamó. Marcó el número de Lars, y esperó. Sin embargo, tal como ella esperaba, la impersonal voz del contestador, sonó para responderle.
    Cortó la llamada y soltó el teléfono dentro de la cartera, triste porque su marido no le respondiera. Mas sin pensarlo, rápidamente encendió el coche, y puso rumbo hacia la estación de policías donde trabajaba Lars.
    Al llegar, estacionó el coche a una cuadra, y bajándose comenzó a caminar hasta el lugar. Una vez adentro, se topó con la primera hilera de secretarias que intentaron detenerla una y otra vez, diciéndole que no podía entrar a ese lugar. Distrayéndolas, Leda logró escurrirse de esas mujeres, para llegar hasta el escritorio donde estaba Úrsula, la secretaria de Lars; ambas se miraron fijamente durante unos segundos, hasta que Leda habló primero.
    - Quiero ver a mi marido -le dijo.
    - Lo siento, señora -respondió Úrsula, con un tono de voz que Leda escuchó como insolente-, pero el Jefe se encuentra ocupado, y…
    Antes de que Úrsula terminara la frase, Leda ya se había encaminado hacia la oficina de Lars, entrando rápidamente. Al ingresar, sus ojos permanecieron fijos en los de su marido, y cerrando bruscamente la puerta hacia atrás, se encargó de cerrarla justo en la cara de la secretaria, la cual quedó fuera, insultando por lo bajo. Dentro, Lars observó a su esposa durante unos segundos, pero luego bajó la vista, retornando su mirada hacia sus papeles.
    - Lars… -dijo ella-: falleció mi abuela, hoy fui y la encontré muerta en el piso, y…
    - No me importa -fue la dura respuesta.
    - ¡Pero Lars! Sé que estás ocupado, pero sólo te pido un poco de apoyo, y…
    La dura mirada de Lars interrumpió sus palabras, mientras él se ponía de pie, caminando hacia donde ella estaba, con las manos en los bolsillos, y la mirada turbia.
    - Tu abuela me importa un cuerno: estoy trabajando ahora, y tú eres la que deberías darme un poco de apoyo, sin venir a molestar acá.
    Leda se quedó sorprendida e impávida por la horrible respuesta, sin saber reaccionar ante la fría respuesta de su marido.
    - ¡Vete de aquí! -le gritó Lars-: ¡Me molestas!
    Las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de la rubia, mientras se sentía despreciada por su marido. Lo observó de pie, quieto e inmóvil, y temiendo que la golpeara salió rápidamente de la oficina, corriendo hacia la salida, en busca de refugio en su propio auto. Cuando se fue, Úrsula se reía en su asiento en el escritorio, pero alguien más observaba.
    Caín estaba sentado en su escritorio más lejano, pero también había escuchado el horrible grito de Lars, y había reconocido a Leda como a la prima de su amigo Michel. ¿Quién podría gritarle así, a una fémina tan hermosa y dulce como ella? Seguramente alguien que no la valorara y, por eso mismo, Caín comenzó a odiar secretamente a Lars.
    

    Al día siguiente, Leda estaba en su casa preparándose para ir al velorio, cuando de pronto, Lars entró en la casa. Sorprendida, ella corrió hacia donde él estaba, pensando que quizás había decidido acompañarla en ese momento, sin embargo, Lars pasó a su lado, ignorándola.
    - Lars -dijo ella-: ¿vas a ir al velorio?
    Él torció el rostro, sólo para dirigirle una fría mirada.
    - Ya te dije que tu abuela para mí, nunca existió -comentó-: no me interesa ir al velorio de esa vieja molesta, así que haz lo que te plazca, pero no me involucres.
    Lars se fue hacia la cocina, dejándola a Leda sola una vez más, y ella, herida por las crueles palabras de su esposo, se marchó al velorio. Al llegar, Leda se encontró con Lancer, quien no dudó en acercarse, para darle su más sentido pésame; sin embargo, rápidamente Lancer notó los ojos enrojecidos, y las mejillas marcadas por las lágrimas.
    - Leda, no llores más por tu abuela -le dijo-: ella está en un lugar mejor.
    Ella sonrió.
    - Lo sé…
    - ¿Entonces? -Lancer se dio cuenta de lo tonto de su pregunta- ¿Has llorado por Lars?
    La fémina asintió.
    - Él no quiso venir, y me dijo cosas horribles…
    Lancer hizo un gesto con la boca, mostrando su disgusto, para después abrazar a su amiga, y llevarla junto a Michel. Cenaron juntos luego del velorio, pero antes de irse, Michel se llevó consigo a Leda, para asegurarse de que descansara correctamente. Por su parte, Lancer condujo hacia la casa de sus amigos, ingresando gracias a la llave que Leda le había dado. Al llegar, caminó por el living, y luego revisó toda la casa, hasta cerciorarse que Lars no estaba en el lugar. Sin más, se sentó a esperar que este volviera.
    Cerca de la medianoche, Lars entró en al casa, caminando en zigzag, y dejando la puerta abierta, sin fijarse que debía cerrarla. Lancer se levantó del sofá, y caminó hasta la puerta, para cerrarla de un azote, encendiendo las luces; observó que su amigo se volteaba rápidamente, asustado, y al verlo, comenzó a mascullar algunas palabras que la parecieron inentendibles.
    - Lars, creo que no estás actuando correctamente -dijo el pintor.
    - ¿Y tú quién eres? -le espetó, escupiéndolo mientras hablaba-. ¡No te conozco, vete de aquí!
    Vanamente, Lancer trató de hablar con él, pero Lars sólo se limitó a insultarlo. Abandonó la casa enojado, pensando que Lars no merecía estar casado con Leda y, que en parte, era su culpa por haberlos apoyado, aún cuando sabía que Lars nunca sería un buen partido.



¡Bien! Esto es todo por hoy. ¿Recuerdan que ese "encuentro" en la estación, Caín lo mencionó unos capítulos atrás? Bueno, era esto. En fin, esto ha sido el capítulo de hoy, y espero que la hayan pasado muy bien. Muchísimas gracias por leerme, y nos estaremos encontrando en el próximo artículo.

Tags: literatura, novela, drama, misterio, thriller

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: BlueBrain
Lunes, 28 de diciembre de 2009 | 4:28
Lars nunca me cay?, pero ahora me di? dolor de est?mago, que tipejo repugnante.
Esta novela es de las m?s reflexivas sobre el comportamiento humano que has escrito. Cada cap?tulo me gusta m?s que el anterior. Excelente trabajo
Autor: Aldair_88
Lunes, 28 de diciembre de 2009 | 5:14
ke triste este cap?tulo, a Lars dan ganas de abofeterlo, ke insensible es. Me encanta esta novela, chicos, hacen un trabajo muy bueno escribiendo juntos. Los felicito
Lunes, 28 de diciembre de 2009 | 18:45
me pareci?n muy triste esta entrega, Lars es un cerdo o poco menos, me sent? mal por Leda. Chicos, hacen una excelente dupla para escribir, sigan as?
Lunes, 28 de diciembre de 2009 | 21:54
muy buen capitulo excelentemente escrito. pues el credito se lo merece todo trueno, ya q ella es la escritora, yo solo aporto ideas de la trama, la magia la hace ella :)
Martes, 29 de diciembre de 2009 | 13:34
Hola chicos, gracias por pasarse!! Pues la magia de la historia es enrte ambos, me alegro mucho que les guste la trama. El pr?ximo cap?tulo tiene algunos detalles interesantes.

 

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