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S?bado, 14 de noviembre de 2009

~Propuesta~

¡Buenas a todos! ¿Cómo andan? Les comento que el capítulo de hoy -extrañamente- me divirtió bastante escribirlo, más que nada por lo que hacen Michel y Lancer en este episodio. No me gusta escribir estas "épocas juveniles", porque encima que nunca me gustaron, ahora menos, pero me gusta est tipo de narración que con Principe_Leo decidimos para la historia. Por cierto, feliciítenlo a él también, que me ha ayudado muchísimo con la trama de esta historia. Ahora sí, dejo de molestarlos, y los remito a la historia, en el capítulo del día de hoy:

“[…] Michel sólo estaba enojado de su propia impotencia ante el asunto,
y aunque al pintor le doliera en el alma, nada podían hacer […]”


    El lápiz se movía rápidamente, lado a lado, entre sus manos, mientras pensaba en todo lo que estaba pasando durante ese año. Ella había entrado en la carrera de Profesorado de Idiomas, y poco a poco se iba introduciendo en el inglés, el francés, el latín, mientras pasaba su tiempo libre con su novio, y visitaba a sus amigos. Por su parte, Lars se había dedicado completamente a estudiar Criminología, y tenía poco tiempo para dedicarle a Leda, si bien ella se contentaba sólo con ir a su casa, y observarlo estudiar, altamente concentrado. Lancer se había separado un poco, pues estudiaba Arte en otra facultad dependiente de la misma universidad, si bien pasaba su tiempo entre las pinturas, y cuanta chica soltera encontraba. Finalmente, Michel se encontraba perdido en sus estudios de Periodismo, dedicándose completamente a ello; de vez en cuando, Leda lo visitaba y recordaban viejos tiempos.
    Pero aún así, el tiempo fue pasando de la misma forma.

    Había pasado ya un año y medio desde que hubieron empezado las clases en la Universidad, pero Leda ya no sentía deseos de estudiar: constantemente decía que no le gustaba la carrera, que quería dedicarse a atender a Lars, pero seguía estudiando sólo para no incomodar a su familia. Sin embargo, Michel sabía muy bien que de las intenciones de su prima, así que se decidió a actuar.
    Al día siguiente, Lars aguardaba en la cafetería de su facultad, donde había sido citado por Michel. Estaba sentado, leyendo atentamente un libro de perfiles de ladrones seriales, cuando de pronto una sombra se interpuso delante de él, impidiéndole la lectura: alzó la mirada con disgusto, sólo para encontrarse luego con su amigo Michel, a quien saludó con una sonrisa. El rubio, por su parte, se sorprendió de encontrar a Lars con una actitud tan soberbia, pero igualmente se decidió a hablar: el bien de su prima estaba por delante de todo.
    - Lars… -dudó, al ver la fija mirada que el aludido le daba-. ¿Leda no te ha comentado nada sobre la facultad? Creo que piensa dejarla.
    - En efecto -respondió, cerrando el libro luego de echarle una ojeada al número de página-, me ha comentado que la Universidad la estresa mucho, y que no es de su agrado.
    Michel frunció el seño al oír tanta formalidad, y comenzar a ver cómo Lars se iba tornando en uno de esos oficiales que hablan con un gran léxico, pero que no dicen nada en concreto. A pesar de eso, quería insistir: él era su novio, debería hacer algo por el bien de Leda.
    - Creo que deberías insistirle en que siga estudiando -anunció Michel, al fin-: es por su propio bien.
    Lars negó con la cabeza.
    - Lo siento, pero si venías a pedirme eso, no puedo hacerlo –confesó-: Leda es dueña de su vida, y si ella quiere dejar de estudiar, debería hacer lo que la haga feliz.
    Al oír esa respuesta, Michel intentó convencerlo un par de veces, pero la negativa de Lars fue siempre la misma: él no le diría nada a Leda. Ofendido, el rubio salió de la cafetería, en dirección a la facultad de arte; necesitaba hablar con alguien que sí se preocupara por ella, ya que quería que ella se preocupara por su bien, y no sólo por Lars. Llegó hasta la plaza de la facultad, donde decidió que lo mejor sería llamar a Lancer y comentarle la situación, antes que hacer un escándalo con Lars.
    Se encaminó hacia la sobra de un árbol cercano, donde sacando su celular, buscó el número de Lancer, para luego esperar hasta que lo atendieran. De pronto, se atendió la llamada pero bruscamente se cortó, así que volvió a llamar una vez más.
    - ¡Perdón, Michel! -se escuchó al otro lado, cuando Lancer atendió-. Estaba pintando y estaba sucio y no podía atender… ¡Qué asco! ¡Ensucié todo el teléfono, de nuevo!
    - Lancer -interrumpió Michel-, es algo importante.
    - ¿Qué pasó? -se sorprendió.
    - ¡Pasa que Leda quiere dejar la universidad! -se quejó, intentando controlarse-. Encima hablé con Lars, y dice que no quiere decirle nada… ¡nada! ¡Dice que debería dejar de estudiar, si eso la hace feliz! –se calló durante unos segundos, intentando calmarse-. Necesito que me ayudes…
    - Muy a mi pesar, no puedo -respondió Lancer, sintiéndose triste.
    - ¿¡Cómo que no puedes!?
    - Pues aunque somos amigos de la infancia -comenzó a explicar Lancer-, el hecho de que Lars no quiera decirle nada, es algo de su pareja… y yo no puedo influir en sus decisiones.
    - ¡Eres un inútil!
    - Lo siento…
    Lancer no se enojó, pues sabía que Michel sólo estaba enojado de su propia impotencia ante el asunto, y aunque al pintor le doliera en el alma, nada podían hacer. A pesar de eso, Michel intentó varias veces, en lo subsiguiente, de hablar con ella, pero siempre con una negativa, o infructuosamente. Sin embargo, el tiempo continuó pasando y Leda, a pesar de sentirse a disgusto, no abandonó sus estudios.


    Había pasado un año desde aquellos tensos momentos, cuando un mediodía de un tranquilo sábado, Lancer y Michel se encontraban en la habitación del primero, observando unos cuadros que éste había pintado, intentando decidir cuáles eran los mejores para la próxima exposición que debía hacer. De pronto, el teléfono del rubio comenzó a sonar insistentemente, por lo que fue a buscarlo; se acercó hacia el escritorio donde había arrojado sus cosas y, tras revolverlas unos segundos, vio que el aparato decía brillantemente en la pantalla, que se trataba de una llamada de Lars.
    - Es Lars -le dijo a Lancer, para después atender-. ¿Hola?
    - Hola, Michel -saludó Lars-. ¿Estás con Lancer ahora? ¿Están ocupados?
    - Estábamos seleccionando unos cuadros… -respondió extrañado, mientras le hacía caras a Lancer-. ¿Por qué? ¿Pasó algo?
    - ¿Pueden venir al restaurante La Roche, en veinte minutos? -la voz de Lars se escuchaba un tanto nerviosa, y eso no pasó desapercibido para Michel-. Es urgente e importante…
    - Está bien, nos vemos ahí.
    Michel comenzó a contarle a Lancer la llamada, mientras le daba sus propias suposiciones: era demasiado raro ver a Lars pidiendo ayuda, y más con lo taciturno que se estaba volviendo; pero como era su amigo, ellos decidieron ir a buscarlo.
    Sin esperar demasiado tiempo, tomaron las lonas que tenía Lancer guardadas, y cubrieron todos los cuadros, para evitar que se ensuciaran. Luego, juntaron sus cosas, buscaron una guía telefónica, la cual abrieron en la sección de Restaurantes, buscando la dirección del lugar donde Lancer los había citado; al cabo de un rato se enteraron que el sitio estaba muy cerca de la casa del pintor, así que guardando la guía de nuevo en su lugar, salieron de la casa hacia el destino. Caminaron unos diez minutos antes de ver el restaurante, de aspecto sencillo pero extremadamente formal. Al entrar, Lancer rápidamente avistó a Lars, el cual estaba sentado en una mesa apartada frente a su portátil, mientras tomaba café, y se frotaba las manos ocasionalmente. ¿Lars nervioso? Ninguno de los dos podía creerlo.
    - Buenas, Lars -saludó Michel primero.
    - ¡Llegamos! -se rió Lancer, tomando una silla y sentándose a su lado, mientras ahuyentaba al mozo con un gesto de su mano-. ¿Qué ocurrió?
    - Seré directo -comentó-: quiero pedirle matrimonio a Leda, y necesito que me ayuden.
    Al oír esas palabras, Lancer y Michel se miraron sorprendidos, pero al cabo de un rato sonrieron, y comenzaron a felicitar a su amigo.
    - Dinos en qué necesitas que te ayudemos -dijo Lancer, luego de un rato.
    - Pues… ¿recuerdan el restaurante donde le pedí que fuera mi novia? -preguntó, y ambos asintieron-. Bueno, quisiera pedir una de las salas privadas, pero es algo casi imposible… porque lo quiero para la misma fecha en que le pedí arreglo, y ya me han dicho que es VIP y no…
    Lancer lo cayó poniéndole una mano en el hombro.
    - No te preocupes -le dijo, completamente serio-: nosotros nos encargaremos.


    Pasaron unos días hasta que Lancer y Michel idearon una forma de obtener la reservación, pero Michel estaba nervioso. Tenían que contar con una dupla de amiguitas de Lancer que no tenían buena fama, y que el dudaba de que tuvieran las neuronas suficientes como para llevar a cabo “el plan”, como ellos lo habían denominado, para confundir a Leda si los escuchaba.
    De pronto, un timbrazo resonó en toda la casa de Lancer, y Michel bajó corriendo las escaleras para ir a atender, tal como habían quedado con su amigo; sin embargo, al abrir se quedó estupefacto. A la izquierda de Lancer había una joven de seguros veinte años, de caderas redondeadas, cintura estrecha y busto prominente, vestida con una blusa rosada escotada ajustada bajo el busto, que llegaba justo hasta el cinto de su pantalón de tiro bajo, de forma de dejar un hilo de su piel a la vista, llamando aún más la atención; el cabello rubio ondulado le llegaba hasta la mitad de la espalda con algunos mechones a los lados de su rostro, mientras que sus ojos verdes, nariz delicada y labios bien formados, llamaban la atención hacia ese hermoso rostro. Del otro lado de Lancer, había otra fémina de silueta angosta, pero con caderas del tamaño justo, buena cintura y de busto firme pero pequeño; llevaba una blusa con cuello bote verde, que dejaba ver su perfecto cuello blanco y su rostro, acompañada de un jean gris, ajustado, y sandalias al tono; tenía los ojos marrones acaramelados, la nariz levemente respingona y los labios carnosos, que se remarcaban por el cabello corto y color chocolate. Ambas mujeres eran completamente distintas, pero Michel no sabía cuál de las dos era más hermosa.
    - ¿Michel? -preguntó Lancer con una sonrisa pícara, llevándolo a la realidad-. Ellas son Denise -señaló a la rubia-, y Andrea -a la castaña-. Él es mi amigo, de quien les hablé: se llama Michel.
    Ambas chicas se acercaron para darle un pequeño abrazo y un beso a la mejilla, mientras Michel ahora reconocía porqué Lancer prefería estar soltero y divirtiéndose. Sin que ellas se percataran, le envió una mirada fulminante, que ocasionó que el otro alzara sus hombros, divertido.
    Tras los primeros momentos de presentaciones y arreglos sobre la estrategia que utilizarían, los cuatro se encaminaron hacia el local, mientras Michel iba rogando mentalmente que las amigas de Lancer no echaran a perder el proyecto. Al cabo de un rato, llegaron a destino y, desde afuera, les indicaron cuál era el dueño del local. Sin esperar demasiado, ambas féminas asintieron contentas, y entraron al local, mientras Lancer y Michel se colocaban en una posición donde pudieran observar todo lo que ocurría, sin ser vistos.
    Las dos chicas caminaron directamente hacia el mostrador donde se hacían las reservaciones, y saludaron con una amplia sonrisa al recepcionista, que se quedó embobado observándolas. Comenzaron a hablar, a lo que Michel y Lancer supusieron que le estaban pidiendo la reserva, cuando llegó el dueño del local, con muy mala cara. Los dos amigos temieron por su plan, pero luego vieron a la castaña tomar del brazo al hombre, sonriéndole, mientras la rubia le acomodaba la corbata, y le daba un beso en la mejilla. El hombre se quedó quieto, para después hacerle un gesto al recepcionista, y debido al abrazo que le dieron las dos chicas, para después ver al hombre anotando en su libro mientras ellas le daban los papeles de Lars que Lancer les había confiado, les hizo suponer que el plan había funcionado. Andrea y Denise le dieron un beso en la mejilla al viejo recepcionista, y luego salieron del local.
    Afuera, vieron a Lancer, e inmediatamente le mostraron el papel con la reserva hecha a nombre de Lars, para después abrazar eufóricamente a los dos amigos. Cuando estuvieron solos, Lancer supo que era el momento ideal para hacer una acotación.
    - Michel -dijo, de forma sobradora-: ¡Te dije que iba a funcionar!
    El aludido sólo refunfuñó. Por otro lado, Lancer dudó unos segundos sobre si quisiera sentar cabeza o no, pero al ver a sus dos amigas caminando delante de ellos, y meneando sus atributos, concluyó que seguiría soltero para así divertirse.


    El tiempo pasó, hasta que la noche de la reservación, llegó.
    Leda y Lars estaban comiendo tranquilos y solos en la habitación privada del Restaurante. No era una habitación demasiado grande y se encontraba pintada en un tono beige pálido, un cuadro famoso en la pared frente a la entrada; el piso era de parquet y hacía juego con la mesa de madera y la decoración entre rústica y formal. Leda estaba asombrada de la belleza del lugar, y de cómo se las habría ingeniado Lars para conseguir ese lugar; por su parte, Lars esperaba el momento adecuado para decirle lo que sentía.
    Comenzaron a hablar durante unos minutos, hasta que de pronto Lars se levantó caminando hacia donde estaba Leda. Ella lo observaba atenta sin saber qué haría él, hasta que el morocho flexionó la rodilla izquierda, arrodillándose frente a ella. Estiró la zurda donde tenía una pequeña cajita forrada en seda negra, para después abrirla con la diestra y dejar ver una reluciente alianza de plata.
    - Leda -preguntó- ¿Te casarías conmigo cuando terminemos la facultad?
    Ella sonrió ante tan inesperado momento, pero no pudo hacer nada más que besarlo, y cuando él se puso de pié, abrazarlo fuertemente. Lars la separó unos momentos para ponerle el anillo en su dedo anular, y luego volver a besarla, mientras ella se sentía feliz de tener a alguien tan cariñoso a su lado.


¡Esto es todo por el día de hoy! Muchísimas gracias por pasarse a todos, y espero que les haya gustado el capítulo. Perdón el cambio de día, pero se me hace imposible postear antes. Gracias de nuevo, y nos estaremos leyendo en el próximo artículo. ¡Éxitos!

Tags: literatura, novela, drama, misterio, thriller

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Domingo, 15 de noviembre de 2009 | 10:54
?me encant? este cap?tulo!! es muy tierno, aunque al principio Lars me parec?a desapegado de Leda, a fin de cuentas se le propuso.
Creo que ya hab?a felicitado al Principe por la excelente colaboraci?n. Me encanta la novela que est?n desarrollando juntos. ?Sigan as?!!
Autor: BlueBrain
Martes, 17 de noviembre de 2009 | 4:33
si bien el cap?tulo es muy rom?ntico, me supo raro, como que algo no estaba bien, ?no le interesa nada sobre Leda y luego le pide matrimonio? Tengo algunas dudas, pero epero seguir leyendo antes de sacar conclusiones.
Felicitciones a ambos creadores, s? que saben hacer una historia bien entretenida.
Mi?rcoles, 18 de noviembre de 2009 | 10:11
?Gracias por pasarse chicos! Me alegro que les haya gustado el cap?tulo, y me parece que Blue va por buen camino, jejeje. ?Gracias por pasarse!
Jueves, 19 de noviembre de 2009 | 18:47
excelente, me divertio mucho este cap te quedo genial jejeje. muy bueno felicitaciones

 

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