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Viernes, 09 de octubre de 2009

~Intereses~

¡Hola a todos! ¿Cómo andan? Aquí les traigo otro capítulo de "Más Allá de Medianoche". ¿Cómo va la historia? ¿Les gusta? Por lo pronto, el capítulo de hoy vuelve al pasado, para continuar esaparte de la historia y agregar un detalle importante. Les pido disculpas por no haber posteado nada entre semana, pero se me hizo imposible. Espero poder sorprenderlos este miércoles. Ahora sí, los dejo con la lectura.


“[…] todo parecía el fin del mundo, pero no lo era:
 sólo se trataba de una horrible pesadilla viviente […]”

    Habiendo perdido la cuenta de cuantas veces había suspirado en esa noche, Lars lo hizo de nuevo. Estaba sentado en uno de los sofá de cuero blanco de la disco, la espalda reclinada sobre el respaldo, las piernas separadas firmemente apoyadas en el suelo, la diestra acodada en el apoyabrazos mientras sostenía una copa media cargada con una bebida espesa, y extendía el brazo izquierdo sobre el respaldar, llegando hasta los hombros de Leda, los cuales acariciaba lentamente con sus dedos. Sin embargo, había algo que le molestaba, y le impedía hablar con la fémina a solas, y tranquilos.
    Ambos estaba sentados, quietos y callados, observando a Michel ir y venir por el lugar, intentando calmar a Lancer. El castaño, obnubilado por el brillo excesivo de las luces pero también aturdido por el elevado volumen de la música, deambulaba de un lado a otro, siguiendo lo que él creía que era un camino recto; mas a sus espaldas, Michel intentaba alcanzarlo para evitar que en su alcohólico recorrido, se golpeara contra algo que lo lastimara seriamente. Pasó un rato hasta que por fin pudo alcanzarlo entre la multitud de gente, y convenciéndolo con algunos de sus mejores argumentos, lo tomó de los codos, y lo arrastró hacia la barra, donde pidió que le sirvieran agua mineral.
    Observando que su amigo ya estaba en un lugar seguro, Leda se relajó aflojando la tensión en sus músculos, y recién en ese momento sintió las leves caricias de Lars, por lo que se sonrojó al pensar cuanto tiempo habían pasado de esa forma; a su lado, y ya agotado moralmente por la pérdida de tiempo, Lars bebió un trago de su copa, sin dejar de notar el sonrojo de la chica. Viendo de reojo que ya Michel entretenía a Lancer, el morocho volteó lentamente hasta observar a su compañera fijamente; ella no tardó en notarlo, para después girarse hasta enfrentarlo también.
    - ¿Sucede algo, Lars? -preguntó.
    Él sonrió, tranquilamente, y estiró la zurda para acomodarle el cabello que caía sobre su rostro.
    - Me gustaría hablar contigo -respondió él-. ¿Podríamos vernos mañana a la tarde?
    - ¡Sí! ¡Claro! ¿Dónde? -su voz denotaba su nerviosismo.
    - En la plaza Azares, cerca del barrio. ¿A las cinco?
    Leda asintió con la cabeza, para indicarle que iría, pero justo cuando Lars quería hacer algo en particular, Michel llegó con Lancer casi a cuestas, pidiéndoles ayuda para llevarlo hacia su casa. Muy a disgusto de Lars, se vieron forzados a ayudarlo y cargarlo hasta su casa.


    Ella se encontraba completamente relajada en su cama, tendida de costado y durmiendo apaciblemente, mientras intentaba no ponerse nerviosa al saber de la cita que tenía con Lars. ¿Para qué la habría buscado? Se refregó las manos cerca del rostro, para después pasarlas a sus mejillas, mientras se acomodaba bajo las sábanas. Suspiró al sentirse tonta cuando comenzó a imaginar posibles desenlaces para la cita de esa tarde, para después enfundarse una vez más entre las sábanas, avergonzada de sus propios pensamientos. De pronto, recordó el mal estado en que su amigo Lancer había vuelto a su casa la noche anterior, y decidió llamarlo; estiró la diestra hacia la mesa de noche, y tomando el aparato, marcó los números que ya se sabía de memoria. Sin embargo, no le atendían. Volvió a discar, preocupada por lo que podría estar haciendo Lancer, y ahí escuchó una voz reseca y gastada al otro lado.
    - Hola, amiga… -murmuró Lancer.
    - ¿Qué pasa Lancer? -se apresuró a preguntarle, mientras se sentaba en la cama- ¿Estás así por lo de anoche? ¿Qué te ocurre?
    Una toz de fondo la preocupó aún más.
    - Tengo resaca, me duele la cabeza y encima el alcohol parece que me cayó mal -volvió a murmurar, interrumpiéndose para toser-. No te preocupes, pequeña.
    - ¡Cómo no! Ahora voy para allá, que si tu madre se entera…
    Sin esperar a que él le respondiera, cortó inmediatamente la llamada, para ponerse de pie caminando hasta su armario, donde comenzó a seleccionar algunas prendas, con las que estuviera cómoda. Volvió hacia la cama con el jean entre las manos, cuando se dio cuenta que en media hora debía encontrarse con Lars. Dudó ¿qué tenía que hacer? Sin pensarlo demasiado, volvió hacia su teléfono, buscando en la agenda el número de Lars, para después llamarlo. Inmediatamente, para su sorpresa, el joven la atendió, sorprendido por la inesperada llamada.
    - ¡Hola, Leda! -dijo- ¿qué es lo que sucede? No habrás olvidado nuestra cita, ¿verdad?
    Ella no sabía cómo decirle, pero quería ir a ver a Lancer.
    - Lars, lo siento, ocurrió algo y no podré ir contigo -dijo, sin dudarlo, para después hacer una pausa y continuar-. Lo siento…
    Cortó la llamada colocando el teléfono en uno de los bolsillos de su jean, para después quitarse la parte superior del pijama y terminar de arreglarse. Al cabo de unos quince minutos, ya estaba tocando el timbre en la casa de Lancer; al ver que no la atendían, volvió a tocar, y rápidamente oyó los pasos tras la puerta, acompañados de un grito de espera. La madre de Lancer atendió enojada con la encargada que no abría las puertas, y la dejó pasar, luego de comentarle que Michel también estaba con Lancer.
    Leda se quedó de pie en el living, viendo como la mujer se iba entre insultos hacia su oficina, y decidió ir hacia la habitación de Lancer. Cruzó la puerta a la derecha de la sala, para después doblar a la izquierda comenzando a subir la escalera, mientras a cada paso que daba, escuchaba la música que provenía de la habitación de su amigo. Al llegar a la puerta, golpeó repetidas veces, hasta que Michel le abrió, para luego indicarle que el castaño estaba en el baño en suite, descompuesto.
    Suspirando, ella se sentó en la mesa del escritorio, pensando que sería una larga tarde.
    

    Era de noche, ya de madrugada, y Michel estaba temblando. Estaba sentado en la fría banca enlozada del hospital, con los brazos pasados alrededor de su cuerpo, la cabeza gacha, y la mirada perdida en el piso. Todo parecía el fin del mundo, pero no lo era: sólo se trataba de una horrible pesadilla viviente. Hasta hacía unos momentos había estado tranquilamente acostado durmiendo, hasta que los gritos de su padre lo despertaron terriblemente: su madre había sufrido un accidente cuando viajaba desde el trabajo hacia la casa, y la llevaron al hospital sin poderla identificar; luego de eso, unos amigos la reconocieron en terapia intensiva, y avisaron a su esposo. Ahora Michel también esperaba ahí, sin saber qué hacer, qué pensar; le dijeron que ella tenía un aneurisma en el cerebro, y que probablemente no volviera a recuperarse del todo.
    Esa noche esperó y esperó, pero nada ocurrió. Pasó la semana en el Hospital, a veces con su padre, a veces solo, otras tardes con Leda y sus amigos, pero su madre no parecía mejorar, a pesar de haberse despertado. Sin embargo, una madrugada el pasillo del Hospital estaba particularmente desierto, y él prefirió fingir que estaba dormido; escuchó unos pasos firmes y ruidosos que retumbaban en el corredor, que luego se detuvieron cerca de él, para cambiar el rumbo hacia la sala de Terapia Intensiva, donde estaba su madre. Cuando creyó que el hombre le dio la espalda, abrió levemente los ojos, y alcanzó a ver su diestra tomando el picaporte de la puerta, donde tenía un particular tatuaje: una serpiente cobra, en color rojo. La Cobra Roja, la mafia local.
    Luego de esa noche, a la mañana siguiente, el padre le dijo a Michel que la obra social les cubriría parte de la terapia de recuperación de su madre, aunque el rubio rápidamente comenzó a sospechar de lo que había visto esa noche. ¿Acaso ese hombre realmente era un cobra roja? No había alcanzado a vislumbrar sus vestimentas, más que ver el color negro, pero ese tatuaje decía otra cosa: seguramente su padre había hecho algún arreglo con ellos, para obtener el dinero que les faltaba porque -si algo había que reconocer- es que su familia ya no estaba teniendo el sustento que antes tenía.
    Al cabo de un tiempo su madre presentó una leve mejoría, y le permitieron volver a trabajar en el negocio, donde se encargaba de la atención al público. La misma preocupación lo empujó a cometer una locura. Esperó una mañana donde su madre estaba sola en la oficina y, escurriéndose por la puerta trasera, se adentró en el edificio; caminó entre los pasillos, y subió al segundo piso por la escalera de servicio para evitar que lo notaran, hasta que entró en la oficina de su padre. El sabía muy bien dónde guardaban cada parte del papelerío, por lo que se dirigió hacia un armario en particular donde estaban los balances mensuales y anuales. Los esparció sobre el sofá, comenzando a observar y comparar uno con otro, hasta que aseguró lo que más temía: la empresa cada vez rendía menos, y no alcanzaba a cubrir los gatos.
    De pronto, un golpe fuerte seguido de un grito de voz femenina le llamó la atención. Tomó los balances y los guardó rápidamente mientras un griterío llenaba la planta baja, y cerrando todo, corrió hacia las escaleras. Bajó hasta el primer piso, donde pudo ver por una ventila un auto negro cuya forma no distinguió bien, seguido de unas voces.
    - ¡Eres una perra! -gritó un hombre de voz curtida-. Dijiste que pagarías y esto es lo que te mereces.
    - Agradece que al menos te queda un brazo aún -agregó otra voz masculina.
    Pensando que su madre seguramente estaba en peligro, y que esas palabras sólo afirmaban la teoría de que hubiera hecho algún pacto con los Cobras Rojas por dinero, esperó que el auto se alejara, para volver a salir por la puerta trasera. Dio la vuelta a la cuadra, y llegó caminando al frente, para después entrar y fingir que no se había enterado de nada. Mas para su sorpresa, jamás esperó encontrar a su madre entre un revoltijo de papeles, los ojos llorosos, y su brazo derecho quebrado, cubierto en sangre que caía sobre el escritorio, manchando todo de un tibio bordó.
    Desesperado se abalanzó sobre ella, y llamó a la ambulancia.
    - ¡Mamá! -le dijo- ¿Qué pasó? ¿Quién te hizo esto?
    La mujer arrancó en un llanto más desesperado aún.
    - Fue un robo -confesó-, un burdo robo.
    Desde esa tarde, Michel comenzó a faltar a clases y a dejar de estudiar, para poder quedarse con su madre, y ayudarla en la oficina. Aprovechaba las tardes para un trabajo de medio tiempo en un local de comidas rápidas, donde poco a poco iba juntando dinero que le daba a su padre para ayudarlos con las cuentas. No sabía cómo se habían gastado tanto dinero que antes poseían, y por eso mismo, ese año dejó la escuela de lado.
    A fin de año, una carta sorprendió a su familia, donde decía que Michel se vería obligado a repetir ese curso de la escuela, debido a sus injustificadas ausencias. Su madre, desesperada y sintiéndose culpable de todo, se reunió una y otra vez con los docentes y directores del colegio, para explicarles la situación de su hijo; sin embargo, ellos alegaron que las justificaciones no eran adecuadas, y Michel se vio obligado a repetir el año, asistiendo a clases sólo para que no lo echaran de la institución.
    La fiesta de fin de año se decidió, pero él no quería ir. ¿Cómo divertirse, si por dentro se sentía como si estuviera de luto? Les dijo a sus amigos que no iría, pero Lancer lo convenció que se quedaría con él, para mantenerlo calmado y sin que se deprimiera. Aprovechando la situación, una tarde Lars se aproximó a Leda y se citaron para ir juntos a la fiesta.
    A la salida del colegio, Lancer se llevó a Michel rápidamente, para entretenerlo, dejando sólo a Lars y a Leda. Él cordialmente se ofreció a acompañarla hacia la casa, y ella asintió. No podía evitar preocuparse por Michel, pero se sentía feliz de estar ahí, a solas, con Lars. De pronto, él se detuvo y ella hizo lo mismo unos pasos más adelante; se miraron perdidamente a los ojos, hasta que Lars se adelantó unos pasos. La tomó rápidamente por el cuello con ambas manos, acercando sus rostros y dándole un corto y casto beso en los labios, para después alejarse, sonreírle, e irse caminando en el sentido contrario.
    Ella no supo más que hacer, aparte de pensar sobre lo que había ocurrido.


¡Esto es todo por hoy! Espero que les haya gustado, y nos estaremos leyendo en el próximo artículo. ¡Éxitos!

Tags: literatura, novela, misterio, drama, thriller

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: BlueBrain
S?bado, 10 de octubre de 2009 | 5:32
la trama es cada vez m?s interesante, aunque los saltos en el tiempo, me desconciertan un poco, pero s?lo al principio. Cada vez se enredan m?s las cosas. Esto se pone jugoso
Autor: Aldair_88
S?bado, 10 de octubre de 2009 | 6:06
estupendo cap?tulo!!!
Me encanta como se va develando la trama, es como si los recuerdos de cada personaje la fueran escribiendo. Me gusta este estilo
?kiero m?s!
S?bado, 10 de octubre de 2009 | 20:01
Muy bueno este cap?tulo, me gusta el estilo de saltar en el tiempo, porque mantiene la tensi?n de la trama.
Excelente, espero m?s
Lunes, 12 de octubre de 2009 | 13:01
me gusta muchisimo como esta quedando la historia. realmente se ve genial. :D
S?bado, 17 de octubre de 2009 | 13:09
?Me alegro mucho que les haya gustado!La verdad es que la trama la tengo pensada hace mucho, pero con la ayuda de Principe_Leo creo que est? mucho mejor. ?Gracias por pasarse!

 

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