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S?bado, 19 de septiembre de 2009

~Capturas~

¡Saludos a todos! Este es el prólogo de la nueva historia que va a comenzar en el blog. El nombre completo del título es "Más Allá de Medianoche", y quiero confesar que si bien la idea inicial de la historia fue mía, Principe_Leo me ayudó muchísimo a terminar el boceto, aportando muchas ideas y vueltas a la trama, para mejorarla. Pueden verlo como una colaboración, así que espero que esta historia les guste mucho. La forma de escritura será un tanto rara, pero dentro de unos capítulos, seguro que la comprenden bien. Me dejo de parlas, y los dejo con el prólogo:


“[…] sabía que había sido un engaño, una mentira…
 él no era culpable de ese robo, y ella lo sabía […]”

    La noche era tranquila y apacible, calma y oscura. Él estaba tirado en su cama, envuelto en sus sábanas, y respirando acompasadamente con el lejano repiqueteo de un reloj insomne que cortaba la calma con su segundero. Se encontraba de costado, con las piernas levemente flexionadas, el cabello castaño despeinado cubriéndole el rostro, y sólo las finas telas cubriendo su humanidad. Estaba tranquilo, feliz, recordando momentos de su vida, de su pasado y de sus sentimientos; había algo que torturaba su mente, pero sabía que tarde o temprano lo solucionaría.
    De pronto, un sonoro timbrazo repercutió en toda la casa, despertándolo bruscamente de su modorra. Abrió los ojos al sentir los insistentes golpes en la puerta, para después sentarse en la cama, mientras oía los timbrazos una y otra vez. Soltó un grito diciendo que ya abriría, y viendo que no podría evitar eso, se puso de pie, comenzando a buscar la ropa que había dejado tirada. Tardó unos minutos en vestirse con sus zapatillas de siempre, un jean, y una sudadera blanca, que siempre dejaba perfectamente doblada sobre el perchero. Volvió a escuchar los timbres, seguidos de alguna que otra amenaza, justo cuando comenzaba a bajar las escaleras, observando el reloj cucú cuyas manecillas retumbaban en la noche, percatándose de que apenas era la medianoche.
    Llegó a la planta baja, cruzó el living completamente a oscuras, pero grande fue su sorpresa cuando al llegar a la puerta y observar por la mirilla, vio a un grupo de oficiales uniformados, esperándolo, junto con un par de coches en la vereda. Pensando que quizás había pasado algo a su familia o amigos, buscó rápidamente la llave, y abrió la puerta observando a los reunidos. El oficial delante de él era un hombre de edad avanzada, calva pronunciada de banquinas aún morochas, vientre prominente cubierto por un chaleco antibalas que no era lo suficientemente grande, y un par de ojos filosamente celes, que acentuaban el esto de arpía que le daba la nariz quebrada dos veces.
    - ¿Usted es Lancer Lancrau? -inquirió el oficial.
    - Sí, señor -respondió, dudando de la situación-. ¿Qué es lo que ocurre?
    El policía sonrió con sorna y haciendo un gesto, dos hombres uniformados se abalanzaron sobre él, colocándolo de espaldas contra un sillón, y comenzando a forcejear con él, para poder esposarlo. En su desconcierto e incomprensión de la situación, alcanzó a escuchar otras palabras del oficial, antes que lo arrastraran de su propia casa, hacia uno de los coches.
    - Lancer Lancrau, queda arrestado por el robo a mano armada a la Joyería Benson. Tiene derecho a guardar silencio, y todo lo que diga puede y será usado en su contra…
    
    Lancer sintió que había pasado una hora ya, cuando lo sentaron de malas formas en una silla de metal de una habitación de interrogatorios. Estaba nervioso, cansado, y sentía su respiración agitada. ¿Lo habrían confundido con otra persona? ¿Lo habrían acusado falsamente? Su mente no paraba de pensar una y otra vez sobre eso, hasta que finalmente el mismo oficial de antes abrió la puerta, cerrando tras de sí, para después sentarse en la silla al otro lado de la mesa. Se miraron por unos segundos, y luego el castaño se percató del gran espejo que tenía a la izquierda, desde donde seguro lo observaban.
    El hombre frente a él, sin decir ni una sola palabra, levantó la diestra que había mantenido tras de sí, y colocó sobre la mesa una pistola Colt de color negra y su cargador, que estaban dentro de una bolsa de evidencias. Junto con eso, también dejó el recibo y la autorización del arma, que identificaba a Lancer como el portador de la misma. Incrédulo, el joven no podía quitarle los ojos de encima.
    - ¿Esta es su pistola? -preguntó el oficial de policía.
    - ¿De dónde la sacaron? Si la tengo guardada en mi casa, y…
    El oficial sonrió como había hecho antes, torciendo la boca por el lado izquierdo en un gesto repugnante, que Lancer creyó que era el de un demonio.
    - Con esto, acabas de confesar que fue tu arma la que anoche participó en el robo por mercaderías con un valor de cincuenta millones de dólares, en la Joyería Benson.
    En ese instante, la sangre del castaño se enfrió en sus venas, y su piel comenzó a ponerse pálida. ¿Anoche? ¿La noche interior? ¡Era imposible! El sabía demasiado bien dónde había estado, y no había sido precisamente en un robo. Esa arma la había comprado bajo sugerencia de su mejor amigo Lars, luego de que había sufrido un horrible momento con unos ladrones en su casa. ¿Le habrían tendido una trampa? ¿Era posible que…? Se horrorizó ante la mera idea.
    El hombre frente a él continuaba analizando todos sus movimientos, seguramente pensando que esa reacción era la suficiente confesión que necesitaba. Entonces, para empeorar aún más los nervios de Lancer, encendió el pequeño televisor que había frente al vidrio espejado, y Lancer comenzó a ver los videos de seguridad que habían filmado en la joyería. En esas filmaciones, podía apreciarse sólo una silueta masculina y alta, disparando a la cerradura de una puerta para abrirla, luego al mostrador, y después la cámara se cortaba cuando el posible ladrón la desconectaba.
    - La pistola la encontramos en el callejón al lado de la joyería -dijo el oficial-. Si tú no fuiste el culpable, más te vale tener una coartada y testigos que la justifiquen -pausa, duda-. ¿La tienes?
    Lancer dudó. Sabía demasiado bien que él no había sido, que había alguien que podía atestiguar su coartada… pero no se animaba. ¿Era capaz de confesar eso? Permaneció en silencio, pensando, temiendo, sabiendo que seguramente esa decisión le costaría demasiado.
    - Viendo que no dices nada, quedas arrestado -anunció el viejo-: ya tenemos pruebas suficientes.
    Luego de eso, el hombre se fue por la puerta donde había entrado, llevándose las evidencias que le había mostrado, para después dejarles paso a dos oficiales que tomaron a Lancer uno por cada brazo, arrastrándolo hacia la celda donde se quedaría. Caminaron por un par de pasillos, hasta que llegaron al subsuelo, donde cruzaron una puerta, ingresando a otro corredor, rodeado de celdas de rejas dobles; los oficiales abrieron la primera, pasaron al espacio libre, y abriendo la otra reja, lo encerraron en un cubículo oscuro y silencioso. La noche avanzó, hasta que de pronto un oficial se acercó a patrullar la zona, y Lancer aprovechó para pedir la llamada a la que tenía derecho; lo arrastraron hacia un teléfono público, y desesperadamente comenzó a marcar el número de quien podría ayudarlo.
    - ¿Michel? -dijo, cuando atendieron la llamada-. Soy Lancer, estoy en la cárcel… Trae a Leda, por favor, es urgente…
    - ¿En la cárcel? -la voz masculina pero jovial se escuchaba preocupada-. ¿Qué pasó… que hiciste…? ¿Lancer? -pero la llamada se canceló.


    El auto se desplazaba a gran velocidad por la avenida central, esquivando vehículo tras vehículo, en un intento de alcanzar su destino más rápido. Michel sabía muy bien que Lancer no era problemático: sólo un pintos bizarro y liberal, mujeriego pero gran amigo. ¿Cómo habría hecho que lo llevaran a la cárcel? No creía que realmente pudiera haber sido él, pero de todas formas, quería cumplir el pedido de su amigo. Tenía que avisarle a Leda.
    Llegó al barrio residencial de clase alta, y subió el coche en la entrada del garaje de una casa de dos pisos, y considerable tamaño. Eran cerca de las cuatro de la madrugada, pero debía hablar con su prima. Se acercó hasta la puerta, tocó timbre y esperó; escuchó unos sonidos, hasta que el intercomunicador se activó, y escuchó la delicada voz de Leda, entre dormida y despierta. Luego de eso, sintió sonidos en las escaleras, luego vio el reflejo de las luces del living encendiéndose, hasta que sintió el sonido de las llaves y la corredera, y la puerta se abrió dejándolo entrar.
    Vio a su prima Leda delante de él, esbelta y bien erguida, envuelta en una bata de fina seda beige, que ella mantenía ajustado en su cintura con un cinto de la misma tela, cubriendo la ropa de cama que llevaba; el atuendo resaltaba sus pechos orgullosos, que siempre habían sido su mayor orgullo, y combinaba con el color bronceado de su piel. Leda tenía el cabello rubio lacio y corto hasta el hombre, con algunos mechones enmarcando un rostro ovalado y femenino, no completamente bello, pero si llamativo, que se resaltaba con sus ojos marrones, tan oscuros como la noche.
    - ¿Qué pasa Michel? -preguntó, con su voz delicada y formal.
    El la observó. Sabía que ella y Lancer eran muy amigos, y la noticia que tenía para darle, seguramente la lastimaría gravemente. Sin embargo, sabía que Lars también debía estar en la casa, y como él también era amigo de Lancer, quizás…
    - ¿Lars está aquí? -inquirió.
    Inmediatamente, ella agachó el rostro, negando con tristeza.
    - No ha vuelto a casa desde ayer a la mañana -respondió-. Me dijo que había tenido una reunión, y un caso se le había complicado, y por eso…
    - Entiendo -susurró, porque sabía cuánto le dolía a ella la falta de interés de Lars. Hizo una pausa, sabiendo lo que debería decirle-. Leda, pasó algo grave…
    - ¿Qué pasó? -su voz se desesperó rápidamente- ¡Dime!
    - Lancer está en la cárcel… -confesó-. Me llamó hace dos horas y no pudo decirme más que eso, así que llamé a un contacto, y en una hora me averiguó que está acusado de robo a mano armada a la Joyería Benson… supuestamente fue anoche. ¿Sabes algo?
    Leda se llevó las manos a la boca, mientras sus ojos se abrían de par en par.
    - ¡Es imposible! -exclamó- Yo sé que es imposible… -terminó murmurando.
    Sin decir más nada, ella fue hacia las escaleras para cambiarse inmediatamente, mientras Michel se arrojaba en un sillón, pensando en lo que ella había dicho. Se pasó la diestra por el dorado cabello para echarlo hacia atrás, mientras recordaba los muchos planes locos e ilógicos que tenían Lancer y Leda desde chicos. ¿Los habrían llevado a cabo? Porque bien sabía que esas ideas, ninguno de los dos hubiera sido capaz de olvidarlas, por más que hubieran crecido.
    Al cabo de un rato, ella bajó vestida con un jean ajustado, botas altas a media pantorrilla, una blusa sencilla pero elegante en color Dior, y un saco marrón para resguardarse del frío. Salieron rápidamente hacia el auto de Michel, conduciendo en silencio hacia la estación donde estaba encarcelado Lancer. Sin embargo, en todo el trayecto, ella no dejó de preguntarse si los habían descubierto, o si habían encontrado todas las cosas. A cada instante, se ponía más y más nerviosa.
    Treinta minutos pasaron hasta que pudieron llegar a la comisaría, y luego perdieron otra cantidad similar de tiempo, hasta que pudieron convencer al oficial a cargo, de que los dejara ver a su amigo. El oficial hizo un gesto de mala gana, pero al reconocer a Leda como a la esposa del director de esa estación, los condujo por los mismos pasillos por los que había ido Lancer; les abrió la primera reja, dejándolos acercase hasta el cubículo donde el castaño estaba encerrado. Leda murmuró su nombre con lágrimas en los ojos y la voz a punto de partirse, y él se acercó hasta la baranda, observando a sus amigos, sin saber que decirles.
    - Yo no fui -murmuró-: me tendieron una trampa…
    - Lo sé, Lancer… -respondió ella-. ¿Pero qué podemos hacer?
    Mientras ellos hablaban, Michel comenzó a pensar. Recordaba cierta promesa que habían hecho cuando jóvenes, hacía ya un par de años, y por lo que estaban diciendo, era muy probable que la hubieran cumplido. ¿Serían capaces? ¿Eran conscientes de lo peligroso que eso? No podía creerlo, pero aún así tampoco sabía cómo arreglar las cosas.
    - Voy a hablar con Lars… -dijo Leda, ante la sorpresa de los dos hombres a su lado-. Seguro que él puede hacer algo por ti…
    Sin escuchar las réplicas de Lancer, se dirigió inmediatamente hacia la oficina de su esposo, ignorando a la secretaría que gritaba y se quejaba por su impetuosidad; al acercarse a la puerta, la abrió de golpe para después cerrarla de un azote, golpeándole el rostro a la mujer que la había seguido. Leda observó a su marido sentado tras su escritorio, impávido, que la observaba con su habitual gesto carente de emoción, y que tanto le dolía.
    - Lars, Lancer no es culpable de ese robo... -dijo-. ¡Es tu amigo, también! ¿No puedes hacer nada por él, acaso?
    Después de todo, así también podría saber cuánto sabía él. Sin embargo, Lars se paró exhibiendo su cuerpo musculoso y bien formado, sus espaldas anchas y su porte autoritario, y caminó hasta su esposa, para colocarle las manos en los hombros, dándole un casto e insensible beso en la frente.
    - No puedo hacer nada -confesó-. Lancer no tiene coartada, y todas las pruebas apuntan hacia él.
    - ¡Pero al menos podrías conseguirle un abogado!
    - Con tantas pruebas, sería mejor para él que se declarara culpable y llegara a un acuerdo -comentó sin emociones, volviendo hacia su escritorio-. No voy a ayudar a ladrones, tampoco.
    Las lágrimas comenzaron a caer de los ojos de Leda, mientras sus manos temblaban horriblemente. Salió de la oficina corriendo hacia donde estaba Michel y Lancer, pensando que si no podían hacer nada, su amigo se iría muy lejos por mucho tiempo, a un lugar que no merecía.
    ¿Habría sido su culpa, también?


    Pasó una semana de visitas y llamados constantes, hasta que llegó el momento del juicio. Sin embargo, Lancer no quería llevar el asunto al público, porque sabía muy bien que Leda terminaría confesando, y también Michel se enojaría con ella. Aprovechó todo el tiempo para pensar sobre su decisión, y llegado el momento, armó un acuerdo con el fiscal, tal como Lars había predicho. La sentencia se redujo a diez años en una prisión entre las montañas cercanas a la ciudad, que se había abierto recientemente; le pesaba en el alma esa decisión, pero era lo mejor para ella.
    Leda lo abrazó aún delante de Lars, le susurró al oído unas palabras, y luego dejó que Michel lo saludara, aunque éste aún no comprendía lo que estaba sucediendo; Lars nunca asistió a la previa del juicio: desde que había llegado a la estación, lo había ignorado completamente. Esa misma tarde lo llevaron al puerto, donde zarpaba la pequeña embarcación de la policía, que llevaba sólo a él y a otro recluso hacia la misma prisión. Leda y Michel lo saludaron desde la distancia, prometiéndole cartas y mensajes, si bien ella sabía que haría mucho más por él, intentando sacarlo de ese horrible lugar.
    El barco zarpó y los dos primos se quedaron solos en el muelle, cuando ella rompió en un llanto irrefrenable, dejando que él la abrazara para darle la fuerza que ya nunca más tendría. Sabía que había sido un engaño, una mentira… Lancer no era culpable de ese robo, y ella lo sabía.



¡Éste es el comienzo! ¿Les ha gustado? Esto ha sido todo por hoy, y sinceramente espero que la trama les llame la atención. En poco pondré votaciones sobre la historia, y me gustaría que me dejaran sus comentarios. De todos modos, muchas gracias por pasarse, se los agradezco muchísimo!!. ¡Éxitos! Nos estaremos leyendo en el próximo artículo!

Tags: literatura, novela, drama, misterio, thriller, pasión

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S?bado, 19 de septiembre de 2009 | 17:42
para mi un verdadero orgullo participar de una historia, la verdad de los resumenes al trabajo publicado hay un gran salto y el cap quedo excelente me encanta, felicitaciones. y espero q les gusten a todos las sorpresas q estan preparadas.
Domingo, 20 de septiembre de 2009 | 8:43
?muy bueno el pr?logo!
Ya desde el inicio le trama es atrapante y
sugerente, llena de suspenso.
Espero con ansiedad la continuaci?n.
Autor: BlueBrain
Martes, 22 de septiembre de 2009 | 5:25
Empieza la novela ya m?s que interesante, esta novela pinta muy bien desde el pr?logo.
Felicito a la escritora y a su productor, parece que tendermos mucho suspenso en esta trama.
Martes, 22 de septiembre de 2009 | 20:40
?Me alegro mucho que les haya gustado! Le agradezco a Principe_Leo por ayudarme, tiene muy buenas ideas, hay que confesarlo. ?Gracias por pasarse!
Autor: Aldair_88
S?bado, 26 de septiembre de 2009 | 6:24
Esta vez llegu? atrasada a leer el cap. pero no me lo iba a perder. Estupendo comienzo, con bastante suspenso

 

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