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S?bado, 05 de septiembre de 2009

La Línea Del Horizonte - Parte III
~Horizonte~

¡Buenas! Realmente no puedo creer que haya llegado el último capítulo de esta historia. Me gustó bastante y me divertí muchísimo escribiéndola, porque es considerablemente diferente de lo que venía haciendo hasta este momento. Quisiera que me dejaran comentarios contándome qué opinan de esta histori, si les ha gustado o no, y más precisamente este predecible final... prometo que para la próxima no lo van a adivinar. Los dejo con la lectura:


“El horizonte está en los ojos, y no en la realidad”
Ángel Ganivet

    Al verlo ir de pronto, Dean supo muy bien que si no hablaba con él, quizás perdería a su amigo para siempre. Rápidamente comenzó una carrera desde el ascensor hacia el coche de Prescott, deteniéndolo justo cuando éste iba a abrir la puerta del mismo. Se observaron por unos segundos, hasta que el psicólogo terminó de abrir la puerta, para después sentarse dentro del auto, y encenderlo bajo la mirada atónita del rubio. Dean se inclinó hacia delante, colocando sus manos en el borde del techo, para después bajar la diestra y golpear levemente el vidrio, obligando a su amigo a que bajara la ventana.
    - ¿Has perdido la cabeza? -preguntó el neurólogo, atónito- ¿Qué es lo que intentas?
    Prescott permaneció unos segundos en silencio, desviando su mirada hacia el volante, para después encarar la mirada de su compañero.
    - Sólo quiero conocer Deiarell, en la forma en que otros lo han hecho -dudó unos segundos, y continuó-: Voy a intentar algo…
    Dean temió lo peor.
    - ¿Qué harás?
    Su voz temblaba cuando hizo la pregunta, pero Prescott le sonrió amablemente, para después hacer marcha atrás, y sacar el auto del estacionamiento. Bradbury lo vio alejarse, pensando que esa persona ya no era el amigo que él una vez había conocido, y no pudo evitar sentir algo de envidia al pensar que se iba a liberar de esa forma, quizás dejando ese mundo para ir a un lugar casi fantasioso.

    Había pasado casi media hora, cuando Prescott llegó hacia el local del Café RV de Saren. Detuvo el auto en un estacionamiento cercano, pagó la suma por adelantado, y luego caminó casi una cuadra, mientras divagaba pensando cómo podría convencer a Saren de lo que quería hacer. Llegó hasta la puerta y la abrió rápidamente, ingresando al lobby, para después saludar a todos los presentes. Caminó hasta el mostrador, y estiró su diestra para estrechar la de Saren, que le sonrió como siempre lo hacía, apretándole la mano, y mirándolo de una forma que, en ese momento, Prescott no comprendió.
    Con paciencia, se sentó en uno de los sillones más apartados, mientras esperaba que Saren se desocupara para poder escucharlo. Estuvo casi una hora así, pensando qué decir, si era posible lo que él quería, y sin importarle casi las consecuencias de lo que iba a hacer. Se recostó sobre la silla, esperando hasta que Saren se desocupara, cuando de pronto este apareció delante de él, sonriéndole. Sin decir nada, se tiró en la silla de la derecha, estirando las piernas y relajándose, mientras cruzaba los brazos sobre su pecho, en forma tranquila. Por su parte, Prescott permanecía con la espalda apoyada en el respaldar, la pierna derecha cruzada sobre la otra, y las brazo extendidos con los dedos entrelazados.
    Permanecieron así unos segundos, hasta que Saren habló.
    - Te escucho -dijo-. ¿De qué querías hablar?
    - De algo simple, que te diré directamente -la voz de Prescott sonaba segura, y confiada-. Quiero entrar a Deiarell y que cortes la conexión a la red.
    Silencio, quizás el más profundo que Prescott había vivido.
    - Te haré dos preguntas: ¿tienes idea de lo que esto implica? -inquirió Saren.
    - Sí… -dudó.
    - Bien, entonces ¿Has considerado todo lo que vas a dejar atrás, y lo que pasará si dejas este mundo? ¿Lo has pensado?
    Esa vez, la respuesta no fue tan rápida. Prescott inclinó la cabeza, sabiendo todo lo que dejaría atrás, y los problemas que le causaría a Dean y a Saren, que seguramente no serían para nada deseables. El sabía muy bien lo que quería responder, pero recién en ese momento comenzó a dudar sobre lo que causaría a las demás personas. Sin embargo, su respuesta estaba decidida hacía ya considerable tiempo.
    - Sí lo he pensado -respondió al fin-. Y porque estoy decidido a hacerlo, es que quiero que planeemos una buena forma…
    Saren sonrió.
    - Haremos lo siguiente: entrarás a Deiarell y en un momento dado, cuando vea que es propicio, haré que la conexión de internet se rezague, cortándose por unos segundos. En ese momento, será lo mismo que si se hubiera cortado la energía -explicó el castaño, completamente resuelto y denotando que ya había penado eso-. No estoy seguro del efecto que tendrá, pero es lo mejor que puedo hacer…
    En ese momento, una gran duda surgió en Prescott. ¿Acaso Saren desde un principio había sabido que él querría probar Deiarell, o intentar ir a ese mundo? Prescott suspiró pensando que estaba perdiendo su manía de anticiparse a las personas, y suspiró cansino: la decisión estaba tomada, y no tenía intenciones de volverse atrás.
    - De acuerdo -concluyó Prescott.
    - Perfecto, entonces mañana a las dos de la madrugada, será.


    Tal como habían organizado, esa noche Precott llegó al establecimiento, justo a la hora que ese día no tenía ningún cliente, y le dejó a Saren las llaves y papeles de su coche, y algunas indicaciones más. Habían acordado que Saren hackearía las centrales de la red, de forma que se suspendiera sólo temporalmente en ese local, de forma que parecería un robo cibernético, muy común para esa época.
    Prescott se recostó en la cama, relajándose, escuchando la voz de Saren seguramente por última vez, hasta que de pronto sintió un gran vacío en él, un espiral descendente por el que caía vertiginosamente, rápida y desesperadamente; perdió el sonido, dejó de ver, hasta que incluso dejó de sentir. Se despertó en una cama en una de las torres en las grandes ciudades de Deiarell. Se sentó observando sus manos anchas, de dedos gruesos y brazos musculosos, con la piel en un tono azulado extraño, que jamás lo hubiera relacionado con piel. Se puso de pie observando a las otras personas en esa habitación, todos de razas diferentes, para después volver a lo suyo y juntar sus pertenencias, marchando del lugar.
    Al bajar de la torre, que era el lugar donde descansaban los alteres de todos aquellos que no estaban conectados a Deiarell, econtró su vista con la estatua principal de su ciudad favorita: Rastera, que tenía la forma de un gran ángel femenino de cuatro alas y una túnica griega, que representaba a la diosa-estatua Hera, líder de la raza de los Ángeles. Sonrió para sí mientras bordeaba el monumento sin perderle la vista, para después llegar hasta el portal que lo llevaría a alguna zona de guerra, donde podría juntar algo de dinero. Estiró la diestra tocando el anillo de metal que flotaba sobre un círculo brillante, y colocando unas monedas de oro en el centro, inmediatamente fue transportado hacia donde él había deseado.
    Al llegar al lugar, se quedó quieto respirando profundo, y al abrir los ojos se encontró rodeado de seres extraños dispuestos a atacarlo; rápidamente alzó la diestra e invocando un conjuro una ola de luz giró desde él, golpeando a todos aquellos que estaban cerca de él. Sonrió pensando que no lo habían tocado, pero al mirar a su hombro izquierdo, se encontró una cortada sangrante, que no sentía en lo absoluto: después de todo, en Deiarell no se sentía el dolor. Continuó limpiando el lugar de todos esos seres, hasta que de pronto, una extraña sensación lo invadió. Creyó que el piso temblaba, sus ojos se marearon, y sintió como si su ser se desfasara en dos partes, intentado aferrarse a su cuerpo; los seres se abalanzaron sobre él, golpeándolo, y una fuerte sensación de dolor invadió su ser, obligándolo a soltar un gemido, antes de sentir que el aire era escaso y que la desesperación de no poder respirar, lo invadía. Cayó de rodillas al suelo, paró su caída estirando los brazos hacia delante, pero terminó de bruces contra el césped, perdiendo la consciencia al ser invadido por una extraña sensación de paz.
    

    No supo cuanto tiempo pasó, pero de pronto comenzó a sentir que el aire era denso, acuoso, y que le costaba respirar. No podía sentir sus miembros, pero un leve cosquilleo similar a los calambres, recorría su cuerpo, mientras así como estaba podía sentir el agitado latir de su corazón. Poco a poco comenzó a recobrar la consciencia, sintiéndose acostado boca abajo, las piernas dobladas, y los brazos rodeando su cabeza: se había caído de bruces, era lo último que recordaba. Sin embargo, escuchó dos extraños sonidos que lo hicieron permanecer en ese estado, quieto e inmóvil como si no se hubiera despertado; por un lado, había oído algo similar al galope de un caballo que porta algún tipo de defensa, debido a los sonidos metálicos que acompasaban a los cascos; y por otro lado, había sentido un fuerte aleteo y un pequeño y frío viento que acarició su piel, cuando el sonido paró.
    - ¿Sigue dormido?
    La voz era claramente femenina, grave y un tanto agresiva, y se había escuchado seguramente en la dirección frente a él.
    - Pues es dura la caída -dijo otra voz femenina, pero mucho más amable y aguda-, deberías tener más paciencia…
    - Hace dos horas que está así, Eclair -agregó una voz masculina pero mañosa.
    - No puedo curarlo hasta que despierte -volvió a responder la segunda voz, justo cuando unos golpeteos de cascos movieron el suelo cerca de él-. Ruido, cálmate…
    - Me aburro, ya debe estar despertando.
    En ese momento, comenzó a sentir que volvía en sí, hasta que pudo percatarse de la humedad del césped que había mojado la mejilla que apoyaba en él. Hizo algo de fuerza con sus brazos, pero su cuerpo le dolía horriblemente; volvió a empujarse pero sólo logró levantar parte de su torso, cuando una mano masculina lo tomó por los brazos, ayudándolo a sentarse. La brillante luz del sol opacó sus ojos cegándolo por unos segundos, mientras aún se acostumbraba al aire denso de ese lugar.
    - Bienvenido a este mundo, Courage.
    La voz femenina y delicada de antes le habló, y como pudo intentó abrir los ojos hasta enfocarla. Se encontró con una jovencita de cuerpo con curvas delicadas, y largos cabellos rubios, sentada en el suelo frente a él; tenía las piernas de lado mientras apoyaba la zurda en el suelo para mantenerse cómoda, y vestía un traje rojo, que ya había visto en esa raza. Su piel era perfectamente blanca, su cuello largo pero delicado, las orejas largas y puntudas, y los ojos celestes aguamarina. Instantáneamente recordó el dibujo que había visto en la habitación de Sebastian la vez que interrogaron a su madre, y al recordar el nombre que le habían dicho a esa joven, no tuvo duda que se trataba de uno de los cuatro amigos que habían quedado en coma: Clara Safons.
    Sin embargo, una silueta oscura a su lado le llamó la atención. También era una joven, pero de piel blanca pálida y casi transparente, con los cabellos negros desmechados a la altura de los hombros, que mantenía una lánguida mirada que no opacaba en lo absoluto sus impresionantes ojos grises. Vestía una escasa armadura, donde lo más protector eran las botas y guantes altos, mientras sostenía una espada en cada una de sus manos, que luego guardó al colocarlas a cada lado de su cinto. Pero lo que más le había llamado la atención, eran las poderosas cuatro alas negras que ella movía lentamente a su espalda, y una marca en su rostro: un tatuaje de un dragón heráldico rampante en el párpado inferior, cuya garra derecha rozaba el nacimiento del ojo. Tal cual como la había visto, incluso en el cuadro en el Café RV: a Julia Rasse.
    Otros ruidos de cascos a su derecha lo distrajeron, haciendo que volteara su rostro con un considerable dolor en el cuello, hasta observar a un joven que lo miraba fijamente. Tenía su cuerpo como el de un ser mitológico, un centauro, y vestía una armadura blanca ostentosa, mientras mantenía un escudo en la diestra, y una lanza en la derecha. Los rasgos de su rostro eran juveniles pero masculinos, sus ojos verdes y la nariz respingona, al tiempo que sus cabellos casi colorados ondeaban con el viento. Al verlo, inmediatamente volvió a recordar el otro cuadro que había visto, en el que un ángel e alas negras y un centauro iban corriendo lado a lado.
    Finalmente, volteó hacia el otro lado para observar a la última figura masculina, que se mantenía al lado del ángel. Era un joven de cabellos largos y grisáceos, orejas de zorro de color negro, brazos torneados que se veían en las partes en las que la poderosa armadura negra dejaba a la vista, y una cola de zorro que movía lentamente, manteniendo la guardia. Evidentemente, no se había equivocado, y todo lo que le habían dicho era completamente cierto.
    - Ustedes son…
    - Sí, somos nosotros -dijo el ángel, mirándolo sin ningún gesto-. ¿Pensaste que estábamos muertos?
    - No seas tan agresiva, Fanktasy… -volvió a decir la rubia, haciendo que la otra revoleara los ojos, para después quedarse en silencio-. A diferencia de nosotros, tú causaste las condiciones que te hicieron llegar a este mundo, y por eso mismo, supongo que sabías que esa decisión no tiene vuelta atrás: no hay forma de volver desde aquí, a ese mundo que una vez conociste.
    - ¿A qué te refieres? -inquirió él.
    - A que de ahora en más, serás Courage, no el psicólogo que una vez fuiste -comentó el centauro-. Te veníamos siguiendo desde la primera vez que llegaste y que hablaste con Regulus, además de que en este mundo, aquellos que aún no viven aquí, suelen hablar mucho de sus otras vidas, así como tú lo hacías… Pero volviendo al tema, Eclair se refiere a que en este mundo de guerras y cruzadas, los portales sólo te llevan a otras partes de este mundo: no hay nada más allá del horizonte de Deiarell.
    - Está bien –murmuró-: esto era lo que quería.
    Eclair sonrió frente a él, mientras se ponía de pie haciéndole una seña a Ruido para que lo ayudara a ponerse de pie. El centauro lo tomó del brazo manteniéndolo erguido, mientras la rubia invocaba hechizos que lentamente iban curando sus heridas.
    - Ahora puedes sentir el dolor -dijo el joven medio zorro, que reconoció como a Sebastian-: podrás sentir el aire denso, tu sangre cuando corre al herirte…
    - Sí, pero… -dudó-. Estoy seguro que ese dolor no se compara con la vida aquí: ser siempre joven, inmortal, bello, sin problemas... es muy diferente al otro mundo.
    Al oír esas palabras, el ángel movió sus alas hacia atrás lentamente, para después volver a dejarlas quietas, sin quitarle la mirada de sus ojos.
    - La vida en Deiarell, no es lo mismo que conectarse desde el otro mundo -le dijo-. Cada vez que te matan sientes el dolor en tu cuerpo, agonizas hasta morirte, y cada vez que te reviven agonizas cuando curan tus heridas. No hay nada que canse más que estar luchando y que comiencen a curarte para mantenerte vivo, porque el propio cuerpo se agota de estar muriendo y regenerándose casi instantáneamente -hizo una pausa-. Pero lo peor de todo, es ver morir a la gente que quieres, aún sabiendo que los revivirán para que en otro momento vuelvan a morir.
    Luego de eso, se quedó en silencio hasta que sus heridas sanaron y pudo mantenerse en pie por su propia cuenta. Pensar en lo que ella le decía era algo que jamás había imaginado, y que seguramente debía doler más aún de lo que él podía llegar a imaginar; alzó las manos y se miró las palmas con los dedos extendidos y separados, completamente distintos a lo que él estaba acostumbrado. De pronto, Ruido le colocó una mano en el hombro, volviéndolo a la nueva realidad, para después sonreírle tranquilizadoramente.
    - No te preocupes, no estarás solo -le dijo.
    - Ahora vamos a ver a Fleur, y te quedarás con nosotros -explicó Eclair-: las demás personas no saben que hay gente que en realidad vive aquí, y por eso todos los que llegamos nos mantenemos juntos y unidos.
    - ¿Todos? –preguntó.
    - ¡Claro! Está Fleur que es la mayor de todos y nuestra líder, Nicole que aquí se llama Impulse, Kay el chico alemán de nombre Bondless, también Bryan que en el otro mundo era el dueño de un Café RV y que aquí se llama Kalsen…
    - También están los enanos -dijo el zorro-: Fobos y Deimos, que antes se llamaban Sara y Daniel, si no me equivoco, y son los menores…
    Oyendo esos nombres, comenzó a hilar ideas. Recordaba cuando fueron al psiquiátrico a ver a Nicole, y la oyó decir “¡Kalsen, cúbreme las espaldas!”, ahora comprendía que se habían encontrado en el juego, y que por eso lo llamaba, porque seguramente esa era la frase que estaba diciendo en el momento en que llegó a Deiarell.
    Interesante.
    Observó a los chicos comenzar a caminar haciéndole señas para que los siguiera, y sonriendo se dirigió hacia donde ellos estaban. Sin embargo, no pudo evitar pensar que ese mundo era más asombroso de lo que él había pensando.
    Desvió la mirada al lejano horizonte, donde el sol comenzaba a esconderse, haciendo que la línea del cielo se tornara violeta pero azulada, de una forma muy llamativa. ¿Eso era todo? ¿No había nada más? Una duda se abrió dentro de él: ¿Qué habría más allá de ese horizonte?



Esto ha sido todo para la historia. ¿Les gustó? Les comento que el fin de semana que viene no comenzará la próxima historia, porque me lo tomaré para poder terminar el resúmen, que ya le falta muy poco. Por lo pronto, espero que les haya gustado esto, y les agradezco a todos los que me han seguido con la lectura. Muchísimas gracias. Quizás algún día le haga un epílogo, pero también tengo pensada una "parte dos" que tendría que perfeccionar muchísimo para pensar en publicarla. Gracias por pasarle, lo aprecio mucho. Éxitos y nos leemos en el próximo artículo.

Tags: literatura, novela, drama, misterio, psicológico, virtual

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Autor: BlueBrain
S?bado, 05 de septiembre de 2009 | 5:20
Excelente historia, me imaginaba que Prescott intentar?a algo semejante, pero no imagin? la posibilidad que todos los que llegaron de esa manera se mantuvieran juntos. Me gust? muchisimo esta trama, fue de las mejores novelas que has escrito. Te felicito
Autor: Aldair_88
S?bado, 05 de septiembre de 2009 | 5:49
Ay!! Trueno, me encant? esta novela, me has mantenido expectante en todos y cada uno de los cap?tulos. Te felicito por tu habilidad para escribir, esta narraci?n me gust? muchisimo, un tema ke ciertamente d? para un ep?logo.
Espero la pr?xima novela, sabes ke soy adicta a tus escritos.
S?bado, 05 de septiembre de 2009 | 17:56
Estupendoi final para una excelente historia. No s? si era tan previsible, me sorprendi? el hecho de que Courage se encontrara con tos los dem?s y se enterara que todos convivian en esa realidad. Excelente. Me encanto toda la historia. Me asombra tu capacidad creativa. Te felicito
S?bado, 05 de septiembre de 2009 | 23:34
wuow realmente de lo mejor me encanto la historia, muy buena realmente el final tb me gusto mucho, deja algunas cosas para pensar, como la decision de dejar todo por otra realidad, donde los dolores son otros, me preocupa la inmortalidad jejeje XD. excelente felicitaciones
Lunes, 07 de septiembre de 2009 | 13:47
??Que bueno que les haya gustado!! La verdad que me tranquiliza mucho, porque la historia si bien extra?a, a mi me encant? escribirla. Lindo mundo alterno que se encontraron... espero que la pr?xima les guste tambi?n...

 

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