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Viernes, 28 de agosto de 2009

La Línea Del Horizonte - Parte II
~Horizonte~

¡Buenas! ¿Cómo están? Les comento que este es el penúltimo capítulo de "La Línea Del Horizonte", y espero que les haya gustado. Estoy muy entusiasmada con este cap, es muy cortito a comparación del anterior, pero creo que ya todo se estará viendo, a ver qué piensan, espero les guste:

“Todo tiene sus límites”
Horacio Quinto

    Le dolía el cuerpo, la espalda, y sentía como si estuviera recostado en cualquier lugar, menos en su cómoda cama. Se giró hacia la derecha intentando acomodarse, pero de pronto sintió que se caía, y retornó a la posición inicial rápida y casi desesperadamente, abriendo los ojos para observar que, en efecto, no estaba en su casa. Recostado en un sillón con el cinto flojo, la camisa un poco desprendida y sin corbata, Prescott se pasó la diestra por el lacio cabello negro, al encontrarse en el sofá de una de las habitaciones del Café RV. Ya ni siquiera recordaba cuánto tiempo le dedicaba al juego, el máximo permitido, pero se la pasaba pensando en eso. ¿Una adicción? Quizás, pero jamás hubiera pensado que esa realidad alternativa podía llegar a resultarle tan fascinante.
    Habían pasado dos meses desde la primera noche en que había entrado por primera vez a Deiarell, y desde entonces se había convertido en algo que le importaba muchísimo. La investigación con la Interpol y su trabajo en la Scotland Yard, eran completamente monótonos y repetitivos, mientras que en Deiarell podía sentir la emoción por hacer algo, la necesidad de ir de un lado al otro, y lo que era siempre tener un objetivo delante, algo que conseguir para poder seguir evolucionando y ser mejor.
    Con desgano volvió a pasarse la mano por el cabello, despeinándose, para después apoyar la zurda en el sofá e impulsarse hacia arriba, para poder pararse y caminar hasta el baño que había en esa habitación. Colocó la mano en el picaporte, girándolo y empujando la puerta, para después inclinarse en el lavabo, abrir la canilla y lavarse el rostro varias veces. Se tardó unos minutos peinándose, y arreglándose, hasta que finalmente abandonó la habitación cuando se hubo convencido de que tenía un aspecto decente. Salió hacia el pasillo, cruzando por la puerta donde se encontraba la habitación para crear los alters, y luego continuó su camino hacia la sala principal, la cual abrió lentamente, para salir al hall de llegada.
    Saren se encontraba detrás del mostrador, bebiendo un café para mantenerse despierto, y al ver a Prescott que acababa de despertarse, no pudo evitar una sonrisa levemente indiscreta, que el psicólogo captó inmediatamente, y que lo hizo sonreír agachando su cabeza, para no mostrar que en realidad, a veces le daba vergüenza haber cambiado tanto. Sin embargo, en ese momento recordó que quería hablar de algo con el dueño del Café, y haciéndolo una seña, se acercó aprovechando que faltaba una hora para que llegaran los próximos clientes.
    - Necesito hablar contigo -anunció Prescott-: hay algo de lo que quiero preguntarte.
    Al oír eso, Saren supo por el tono de voz serio, que había algo importante bajo todo eso, y que seguramente la mente de Prescott estaba pensando algo que él quizás ni se imaginaba. Sin más, se giró en su silla, dispuesto a la charla casi filosófica que vendría.
    - Quizás para ti no, pero me parece muy extraña la realidad de Deiarell -continuó el psicólogo.
    - Me parece que en realidad, eso no es lo único que sientes -respondió Saren.
    Ante tal evidencia, Prescott no pudo más que sonreir.
    - En efecto, no entiendo cómo Deiarell puede funcionar de esa forma -explicó-: los portales que tiene, los dioses… cómo la gente cree ciegamente en esos dioses de estatuas, que los mismos humanos programaron
    - ¡Qué complicado eres, psicólogo! -se rió Saren, ante tal explicación-. Eso lo vienes pensando desde hace mucho, pero en realidad, para este mundo real Deiarell seguramente está incompleto. Pero la verdad, es que ese mundo se completa una vez que estás ahí, y puedes sentir todo lo que tiene.
    Prescott permaneció en silencio. De una forma u otra, no alcanzaba a comprender lo que Saren le había dicho esa vez.


    Ya era de mañana cuando Prescott se despertó en su casa, dispuesto a ir al trabajo. Se vistió con el traje negro y la corbata beige oscura, arreglándose el cabello y preparando su portafolio para otro aburrido y monótono día de trabajo en el Empress. Salió hacia el garaje desde el interior de su casa, para después subirse en su coche y encenderlo, haciendo que la puerta se abriera automáticamente. Creyó que todo se encontraba en perfectas condiciones, pero al cabo de unos minutos comenzó a pensar que lo estaban siguiendo, o investigando. Condujo con cuidado como si no se hubiera percatado de nada, sin poder divisar -en la multitud de coches londinenses- si había alguno que lo estaba siguiendo, hasta llegar al Empress State Building, donde bajó al estacionamiento en subsuelo con su coche, para poder aparcarlo.
    Se dirigió hacia el ascensor, extrañado de no ver llegar a Carson a la misma hora que él, así que comenzó a subir los pisos, hasta llegar al indicado,  luego recorrerlo completamente hasta su módico escritorio. Se sentó con el cuidado de siempre, abrió su computadora portátil, saco unos archivos, y comenzó a ojearlos como hacía todas las mañanas. Sin embargo, ese día algo fue muy diferente.
    Observando con detalle cada uno de los textos, Prescott se dio cuenta que había un patrón de conducta entre todos aquellos que debieron ser hospitalizados en un psiquiátrico, luego de un accidente que los había desconectado de los equipos. Más allá de los aspectos técnicos que Dean le pudiera haber explicado, había algo sentimental en lo que causaba la forma en que todas esas personas eran desconectadas: lo que ellos creían como real, y lo que más apego le tenían. De todos aquellos que habían quedado pacíficamente en coma, todos tenían un cierto apego a ese mundo, que los atraía más que el real. Sin embargo, los chicos que estaban en los psiquiátricos, habían tenido vidas violentas y desafortunadas, que seguramente los ataban al mundo real para intentar superar esos problemas.
    - Interesante… -murmuró sin darse cuenta.
    De pronto tuvo la sensación de que esa misma pregunta rondaba por su mente. ¿Cuál era el mundo real para él? ¿Cuál era el más atractivo, en el que más quería estar? Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando oyó la voz de Wagner a sus espaldas, por lo que inmediatamente asumió una pose de tranquilidad, fingiendo que no había descubierto nada: después de todo, tenía que mantener la apariencia para demostrar que nada había cambiado.
    - Lo quiero en mi oficina en cinco minutos -anunció Wagner, para después retirarse.
    Apurando sus trámites, Prescott guardó todas las cosas en su portafolio, y se encaminó hacia la oficina. Golpeó la puerta y entró al oír el permiso, e inmediatamente se sentó en uno de los sillones, al lado de Carson. La reunión, en realidad fue una exhaustiva presentación a tres jefes superiores de la Interpol, donde se explicaron desde componentes del juego, hasta las personalidades de los afectados, donde Prescott y Carson tuvieron que hacer una extensa charla, rodeada de preguntas sin sentido. En ese momento, fue el único en que ambos sintieron lo mismo: como si fueran ratones en una ratonera sin salida.
    Aún así, todo le parecía un falso montaje a Carson, donde podrían comprobar lo que estuvieran necesitando de ellos; se cuidaba en sus formas, aparentaba ser el americano despistado que Prescott y Dean creían, pero de todas maneras no creía poder escapar. Por su parte, Monroe continuaba en su propio mundo: sabía que estaba bajo investigación, pero tampoco le importaba nada; en ese momento, realmente creyó que había encontrado la respuesta a las preguntas que se había hecho momentos antes.
    La charla terminó cerca de tres horas después, llegado el mediodía. Prescott se retuvo en el interior donde varios presentes acudieron a felicitarlo por su profundo análisis, mientras de reojo, observaba a su compañero Dean, observándolo desde la puerta, mientras hablaba con la doctora Wagner. Al cabo de un rato logró marcar su camino de salida, pero cuando subió al ascensor, la puerta se detuvo en el momento en que Dean interpuso su mano, empujando las hojas, y entrando también en el ascensor.
    El silencio era incómodo, hasta que el rubio rompió la monotonía.
    - Ten cuidado, porque parece que Wagner se ha dado cuenta -murmuró, sonriendo como si no hubiera pasado nada-. Creo que sabe que estás adentro.
    Linda alegoría, adentro. De todas formas, Prescott le siguió el juego, sonriéndole y estrechándole la mano, por si había cámaras en el lugar.
    - No te preocupes -le dijo-. Te agradezco todo lo que has hecho por mí.
    Se miraron a los ojos, verdes contra azules. Había algo en esas palabras que ambos sabían y no querían aceptar. El neurólogo le apretó la mano cuando las puertas volvieron a abrirse, y observó a su amigo marchar hacia su coche en el estacionamiento.
    Dean lo sabía, y temía lo peor.



¡Esto es todo! Les comento de la próxima historia, se va a llamar "Más Allá De Medianoche", y la trama es bastante complicada, pero más aún el tipo de redacción que pretendo usar, así que espero que me salga mejor de lo que lo estoy planeando... esa historia viene con sorpresita incluída. Muchas gracias por pasarse, por dejarme comentario, y nos estaremos leyendo. ¡Éxitos!

Tags: literatura, drama, novela, misterio, acción, policial

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: BlueBrain
S?bado, 29 de agosto de 2009 | 5:32
Asi que Prescott se ha echo adicto al juego, algo muy importante ha de ofrecerles el juego si ocurre esto, me apena que se termine una historia tan buena, espero ansioso el final
Autor: Aldair_88
S?bado, 29 de agosto de 2009 | 6:21
Este cap?tulo me dej? con ganas de m?s. Esta es de las mejores historia ke has publicado. Espero el final para ver ke decide Prescott y ke termina descubriendo al final
S?bado, 29 de agosto de 2009 | 15:20
wuow esto se esta poniendo muy peligroso y a su vez mpresionante, me gusta mucho este capitulo, lo q se viene va a ser genial no puedo esperar.
S?bado, 29 de agosto de 2009 | 19:30
Ya no veo la hora de leer el descenlace, que buena estuvo esta novela, desde el primer cap?tulo me mantuvo en suspenso. Espero el final con todo

 

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