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S?bado, 22 de agosto de 2009

El Beneficio De La Duda - Parte IV
~Dudas~


¡Buenas! La verdad estoy contenta porque hacía muchísimo que no escribía un capítulo tan largo como este. Les cuento que luego de este capítulo, quedan dos más y la historia se termina... me trauma que el resúmen de la siguiente no está andando tan bien como yo quería, y ando atrasada. En fin, este cap tiene muchísimas sorpresas que no se si les gustarán. Espero que me dejen un comentario, y ahora con el texto:


“Para disipar una duda, cualquiera que sea, se necesita una acción”
Thomas Carlyle


    Saren se reclinó sobre el sillón tras el mostrador, aburriéndose un poco. Su prometida lo ayudaba excelentemente en el Café RV, y ahora sentía que muchas veces se aburría; suspiró cansino, para después fijar su mirada en uno de los cuadros que tenía colgados en las paredes, que eran dibujos o fotografías de la vida dentro de Deairell, que muchos de sus clientes enviaban cuando jugaban, quizás porque algún paisaje era demasiado imponente como para dejarlo escapar, y perderse en las memorias.
    La noche estaba cubriendo la ciudad lentamente, y con eso, traía menor cantidad de clientes, pero aún así debía permanecer abierto el local; sin embargo, y por cuestiones de seguridad, las puertas se encontraban cerradas con llave y sólo abría a los clientes que ya conocía. De pronto, escuchó unos golpeteos en la entrada, así que estirándose sutilmente, observó la sobra que se veía del otro lado: era un hombre joven que no llegaba a los treinta años, vestido de traje, cabello negro perfectamente peinado, ojos verdes ambarinos, y la piel blanca pálida de todo inglés de sangre. Sonriendo por su aparición, le hizo una seña con la mano desde el mostrador que el otro vio, para después tomar las llaves de la puerta, dirigirse hasta ella, y abrirla, dejándole paso al psicólogo.
    - Que sorpresa tenerlo aquí a estas horas -saludó Saren, cerrando la puerta con llave-, ¿señor Prescott? -inquirió, como dudando del nombre.
    - Ese mismo, Saren -asintió el aludido.
    - ¿Quisiera entrevistarme de nuevo, o… acaso quiere probar el Deiarell?
    Prescott dudó. Dudó hasta su alma, pero la decisión estaba tomada.
    - Quiero probar ese juego -respondió.
    Saren sonrió levemente, caminando hacia el mostrador, para dejar las llaves, y luego voltear acodándose en él, mientras miraba a Prescott.
    - ¿Puedo preguntar los motivos? -preguntó en voz baja- ¿O dirá que puedo preguntar, pero se reserva el derecho de responderme?
    - Son simples -volvió a responder el psicólogo, sin quitarle la mirada de los ojos, mostrándole su entereza y decisión-: quiero entender qué es lo que todos ven en ese mundo.
    Saren suspiró, negando un poco con la cabeza, para después incorporarse y colocar ambas manos en los bolsillos de su pantalón. Justo cuando decía algo, su prometida apareció por la puerta izquierda, y se los quedó observando, luego de saludarlos.
    - Querida -le dijo-, encárgate de los clientes unos momentos ¿sí? Debo ayudar al Investigador con algunas cosas; no tiene que venir nadie en dos horas, así que no le abras la puerta a nadie -luego volteó hacia Prescott, y agregó haciendo un ademán-. Por aquí, por favor.
    Prescott asintió, y comenzó a seguir a Saren. Inmediatamente, entraron por la puerta que estaba a la derecha del mostrador, para después encaminarse por el pasillo también hacia la diestra; era un camino un poco largo, hasta que finalmente se detuvieron a mitad de camino, en una puerta pintada de color celeste pálido, que tenía un pequeño vidrio en la parte alta. Saren abrió y al entrar las luces se encendieron automáticamente, para cerrar luego de que Prescott hubiera entrada. Sin embargo, la habitación en cuestión era bastante diferente de lo que el psicólogo había imaginado.
    De espacio amplio, y paredes apenas más claras que el pasillo, la habitación no tenía ventanas y sólo la puerta de entrada. Al frente había dos pantallas planas de alta definición en cada extremo de la pared, mientras que entre ambos había una extraña máquina: de base circular en el piso, tenía una pantalla táctil que seguramente se usaba como teclado, dos columnas horizontales con escáneres, y un pequeño casco apoyado en una mesita también propia de esa máquina; sin embargo, el casco parecía ser sólo un visor para los ojos, así que concentró su atención en esa parte, descuidando los demás cableados del gran aparato. A la derecha había algunas sillas para sentarse, comunes como las de la entrada, mientras que a la izquierda había una pequeña mesa, con dos pantallas, y una central de control, seguramente para el administrador. Sin duda alguna, ese lugar difería mucho de lo que él había imaginado.
    - ¿Qué es esto? -preguntó extrañado.
    - Pues… -dudó- ¿Puedo tutearte? -y viendo que el psicólogo asentía, comenzó a hablar-. Como ya sabes, dentro de Deiarell hay que usar un avatar, es decir, crear un cuerpo ficticio que en ese mundo te va a representar. Aquí es donde hay que crearlo.
    - ¿Y cómo lo creo?
    - Antes explicaré algo -anunció-. En Deiarell hay dos tipos de razas: de sangre roja y de sangre negra. Los primeros son las razas buenas, digamos, que son: humanos, elfos, centauros, enanos y ángeles; los otros serían las razas malignas: demonios animales, ángeles caídos, elfos oscuros y orcos. Esto no influye en nada, puedes hablar con todas las razas, casarte con ellos, armar facciones con gente de diferentes razas… -pausa-. En lo único en que difieren, son en el color de la sangre, y los elementos que usan en el ataque: viento, agua, o luz, o sino fuego, tierra y oscuridad.
    - Entonces da lo mismo la raza que elija ¿verdad?
    - Pues sí, sólo te diría que no buscaras los Ángeles Caídos porque son los más poderosos y los más difíciles de controlar, así que nadie los usa -respondió, pensando que él tenía sólo un cliente que usaba un alter ego de esa raza-. Pero una vez que elijas una raza, tendrás que decidir si será mago o guerrero, luego de ahí, irás evolucionando en el juego, y siguiendo las guías de los dioses de la raza que escojas, llegarás a desarrollar habilidades de diferentes tipos.
    Prescott se quedó en silencio, quizás intentando comprender lo último que había escuchado, porque era demasiada información, y no alcanzaba a entender todo.
    - ¿Habilidades? -inquirió, cuando por su cuenta ya no encontró una respuesta.
    - Claro, son los ataques que tienes según el Camino que elegís -explicó-. Por ejemplo, si elijes guerrero, luego podrás seguir distintos caminos que te darán diferentes habilidades y por ende, tendrás que usar diferentes armas: podrás ser arquero, o daguero, o usar lanza y escudo, o usar espadas y escudo, o espadas dobles. Si eres mago, se diferenciará más en las habilidades: curarás a tus compañeros, o reforzarás sus habilidades, o invocarás criaturas místicas para pelear, o también atacarás por tu cuenta.
    Esta vez, Prescott asintió luego de comprender, y se quedó intentando decidir qué raza y camino seguiría. Tenía muchas posibilidades, pero no quería elegir alguno que fuera demasiado débil, quería poderse defender por su cuenta.
    - ¿Cuál es la raza más poderosa? ¿Los ángeles caídos? -preguntó de nuevo.
    Sin embargo, Saren dudó sobre la pregunta.
    - Estás en lo correcto, aunque también los orcos son muy poderosos -anunció-: los guerreros tienen muchísima vida y mucho poder, y pueden solos contra casi todas las razas y caminos; por otro lado, los magos tienen mucha defensa, y sus ataques son muy poderosos al no usar un elemento determinado.
    Ahora Prescott sonrió por primera vez, mientras pensaba que ya había tomado su decisión.
    - Entonces usaré un orco mago -concluyó.
    - ¿Ahora puedo preguntar por qué? -Saren estaba desconcertado: con lo delgado y magro que era el inglés, imaginarlo como un orco le costaba muchísimo.
    - Pues para ser fuerte, y atacar a distancia -resolvió, tranquilo-. Así no necesito correr, al tiempo que se podría matar al enemigo de pocos golpes, sin gastarme demasiado, y hacer las cosas mucho más rápido.
    Típico, la paciencia y comodidad inglesa, pensó Saren. Sin duda alguna, el psicólogo podía enorgullecerse de su nacionalidad, porque hasta su forma de ser lo reflejaba. El dueño del Café asintió mientras intentaba contenerse la risa, para después señalarle la gran máquina que estaba en el centro de la habitación, haciéndolo pararse en el centro entre las columnas, y sobre el círculo escalonado que era la base. Una vez ahí, Saren le tendió el casco que lo colocó sobre sus ojos y oídos, para que viera más naturalmente.
    - Ahora crearemos tu alter, partiendo de la base de tu propio cuerpo -dijo Saren-. La raza será orco mago, porque su contextura física varía de los guerreros. Primero haremos un escaneo, permanece callado y quieto.
    Inmediatamente, las columnas se activaron abriendo unas pequeñas tapas en forma de puertas a lo largo de toda su altura, y unos láseres verdes cruzaron el cuerpo de Prescott lado a lado, sin lastimarlo, moviéndose por el borde de la base circular; luego se movieron para abarcar su altura, para finalmente repasar los rasgos de su rostro; cuando terminaron, los láseres se apagaron, las puertas se cerraron y las columnas volvieron a trabarse en su lugar. En ese instante, Prescott no pudo más que sorprenderse: mediante las gafas que tenía puestas, frente a él tenía el posible cuerpo del orco que podría llegar a usar, que imitaba todos los movimientos que el hacía.
    - Puedes mover un brazo y ver que hace -anunció Saren.
    Sin perder un segundo, Prescott alzó la diestra hacia la nuca de una forma fina como siempre lo hacía, pero el orco imitó el movimiento con ademanes más toscos y brutos.
    - ¡Impresionante! -se sorprendió.
    - Aún falta -volvió a decir el dueño del local-: ahora tendrás que irme diciendo cómo quieres modificar ese cuerpo: espaldas más anchas, más musculoso, cambiarle la forma y color de los ojos, la nariz, tatuar su cuerpo porque es la única raza que sí lo permite, y luego editaremos su voz. ¿De acuerdo?
    Prescott asintió con la cabeza levemente, divertido de ver que el orco hacía exactamente el mismo movimiento, pero más burdo: esa situación le parecía muy divertida. Sin más, comenzó a indicarle a Saren cómo quería modificar a su alter, y poco a poco los cambios comenzaron a verse, y a sorprenderlo, inclusive la voz. El orco era musculoso pero sin llegar a ser grosero, de espaldas anchas y movimientos masculinos y decididos, tenía los ojos grises, el símbolo de la raza tatuada en el cuello en el lado derecho, al tiempo que la voz era grave pero un poco rasposa y sensual. Sin duda alguna, muy diferente de su cuerpo real.
    Siguieron hablando por unos momentos, hasta que Prescott bajó de esa máquina mientras Saren usaba la de administración que había a la izquierda, seguramente cargando sus datos en alguna base de datos imposible de ubicar. Al cabo de un tiempo, salieron al corredor de nuevo, pero cuando llegaron a donde estaba la puerta, doblaron a la derecha tomando el camino que antes había dejado; subieron unas escaleras, y llegaron a una habitación más. Prescott dejó todas sus cosas de metal, aparatos y otros objetos en uno de los casilleros, y entró a la habitación que tenía sólo dos camas.
    En ese instante, Prescott pensó que ese era realmente el inicio de todo, y siguiendo las indicaciones, se acostó en la cama de la derecha. Se dedicó a escuchar los susurros en la voz de Saren, relajando cada parte de su cuerpo, dejando de pensar, respirando tan lento que era capaz de sentir como cada fibra de sus pulmones se hinchaba con el aire. Perdió el sentido del tiempo, y ni siquiera se percató del momento en que Saren le colocó el casco, y comenzó a activar el mecanismo. De pronto, en medio de la relajación que sentía, una sensación de mareo lo invadió, como si todo girara cada vez más rápido; quiso moverse pero había dejado de sentir su propio cuerpo, y creía encontrarse flotando como si fuera una nube en medio de un cielo ventoso. Creía que se iba a desarmar, a perderse o evaporarse, hasta que sintió cadenas, serpientes o sogas que lo ataban, llamándolo hacia el vacío, produciéndole vértigo… cada vez caía más rápido, sintiendo la fuerza que comenzaba a invadir sus miembros nuevamente. Pero caía, hacia el fondo del abismo, y sin poder evitarlo.
    La oscuridad desolada tomó poco a poco la negrura definida del vacío, mas rápidamente creyó haber tocado el fondo del abismo. Se sintió tirado en el suelo frío y áspero, de costado, y con los ojos cerrados. Quizo incorporarse pero se mareó, y volvió a caer al suelo; intentó una vez más, y varias, hasta que finalmente se sentó de rodillas, con la zurda apoyada en el frío piso que sentía adoquinado, y la diestra la llevó a sus ojos. Apretó sus párpados un par de veces, aún con estos cerrados, hasta que poco a poco pudo abrirlos y fijar su mirada en el suelo, en su propia mano.
    Su piel era oscura, de un tono azulado o grisáceo, y sus manos eran más grandes de lo que acostumbraba a verlas. Se incorporó lentamente mirando su pecho y sus piernas, y descubrió lo que temía: estaba en el cuerpo del orco, observando todo desde su propia perspectiva. Alzó el rostro observando los alrededores, y se encontró en una especie de construcción maya, con las paredes adoquinadas, marcadas con simbologías, y una luz que provenía justo de sus espaldas. Giró lentamente hasta quedar de frente a una estatua gigante que representaba el busto de un orco que tenía un extraño casco y unas bandas sobre el pecho. Permaneció observando la figura, perfectamente tallada, hasta que esta comenzó a moverse, inclinando su torso hacia él, y llevando la diestra hasta donde estaba, para después ofrecerle ropa y un arma.
    - Soy Regulus, el dios de tu raza -dijo la estatua-. Yo te guiaré en tus primeros pasos en este mundo, pero debes decirme tu nombre.
    - Mi nombre… -Prescott dudó, aunque en ese momento recordó el sentimiento que lo había invadido antes de entrar-, es Courage.
    La estatua soltó una carcajada estruendosa que resonó por todo el lugar, para después volver a inclinarse hacia el recién llegado, que estaba vistiéndose con la ropa que le habían dado. Estiró la diestra y tocó el arma con forma de mazo, y éste comenzó a brillar, sorprendiendo a Prescott, que no supo qué había ocurrido.
    - Ahora escúchame, te explicaré lo básico que debes saber para poder manejarte en este mundo -anunció Regulus.
    En ese momento, el dios estatua comenzó a explicarle los lugares del mundo, los pueblos que tenía cerca y cómo debería manejarse; le enseñó habilidades para transportarse, para curarse, para hablar con alguien lejano… Prescott sentía que eso era el mundo real, pero no podía sentir el aire cuando respiraba, las texturas de las cosas que tocaba eran casi nulas, y los golpes y caídas no le ocasionaban dolor, aún cuando una vez vio la sangre negra brotar de un pequeño corte en su rodilla. Al cabo de un rato él salió de esa construcción, encontrándose con unas ruinas de aspecto maya, columnas caídas, y animales salvajes que Regulus le había indicado que matara en su camino hacia el pueblo. Le llevó un tiempo cruzar esos caminos, porque se quedaba extasiado mirando las grandes praderas verdes, repletas de restos de construcciones que sólo aumentaban la belleza del lugar.
    Llegó al pueblo, y se encontró una joven humana que el dios estatua le había dicho que encontraría; ella lo saludó amablemente, para después prometerle que lo guiaría hasta que eligiera el camino que iba a seguir. Las casas eran extrañas, y las calles estaban pobladas de gente de todo tipo de razas, pero todos con una característica distintiva: todos era jóvenes, y de aspecto hermoso o atractivo de una forma u otra. ¿Acaso no envejecían? Quizás ese era el atractivo del lugar, ser siempre joven y bello.


    Reclinado en uno de los sillones, mientras su prometida le hacía masajes en los hombros, Saren escuchó la alarma que le avisaba que en diez minutos tendría que desconectar a Prescott, así que dejando a su novia, se dirigió hacia la habitación donde el psicólogo estaba. Al cabo de un rato, una vez que recuperó la consciencia, Prescott se despertó masajeándose los ojos, y se quedó sonriendo mientras Saren le recordaba que debía juntar sus pertenencias.
    - ¿Qué te pareció? -preguntó curioso.
    - Pues me parece interesante… -anunció-: es un lugar cuya única base y fundamento son las guerras y las cruzadas. Sin embargo, la gente tiene completa fe en los dioses, aún cuando saben que sólo es un mundo de fantasía y con dioses programados por humanos.
    Al oír tal expresión, Saren abrió los ojos, para después reírse levemente.
    - Pues en eso te equivocas, pero ya lo descubrirás por tu cuenta –dijo, rascándose la cabeza-. En realidad, es un mundo real, mucho más amplio que este, y que a pesar de estar en la misma geografía, es muchísimo más bello y menos corrupto.
    - ¿A qué te refieres? -inquirió Prescott, confundido.
    - A que no es otro mundo -respondió seguro-: es el mismo mundo que este pero en otra dimensión. En un principio pudo ser una realidad virtual, pero tantos datos que componían a Deiarell se transformaron en una realidad alternativa y paralela, que cada vez se distancia más de nosotros. Es como… una teoría que escuché y que no recuerdo el nombre…
    - ¿Una teoría…?
    - Sí, una de esas cosas… -confirmó-: una que confirma que Deiarell es un mundo real. Muchos científicos militares lo saben, le han hecho pruebas, pero creen que es demasiada información para darle a las personas.



¡Bien! Esto es todo por hoy, y espero que les haya gustado. ¿Me dejan un comentario? ¡Gracias! Nos estaremos leyendo en el próximo artículo. ¡éxitos y muchas gracias por pasarse! ¡Nos leemos!

Tags: literatura, drama, novela, misterio, policial, investigación

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Autor: BlueBrain
S?bado, 22 de agosto de 2009 | 5:31
wow, este cap?tulo est? super. Ya Prescott ha probado el deiarrell y ha descubierto que este es m?s que un juego y la intervenci?n militar. ?volver? a jugarlo?
Autor: Aldair_88
S?bado, 22 de agosto de 2009 | 6:41
ke bueno este cap?tulo. Me d? un poco de miedo ke Prescott se conecte al juego, hay muchos intereses en huego y piede ser ke alguien trate de perjudicarlo por acercarse demasiado a descubrir la verdad. Me encanta como desarrollas la historia
S?bado, 22 de agosto de 2009 | 14:14
excelenteeeee realmente me gusto muchisimo, al fin conocemos un poco mas del juego en si, da ganas de jugarlo XD. en cuanto a prescot entrando al juego es genial, me gusta el rumbo q esta tomando la historia, y quiero saber mas de esa teoria.

felicitaciones un capitulo de lo mejor
Lunes, 24 de agosto de 2009 | 19:30
?que buen cap?tulo!! relamente me gust?, y no quisiera que se terminara esta historia, est? por dem?s de interesante. No veo la hora de ver que descubre Prescott en el juego
Martes, 25 de agosto de 2009 | 21:10
?Gracias por pasarse! Me alegro mucho que les haya gustado el cap?tulo, y la verdad que falta muy poco para el descenlace, y espero que les guste. Gracias por los comentarios!!

 

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