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Viernes, 14 de agosto de 2009

El Beneficio De La Duda - Parte III
~Dudas~

¡Buenas! ¿Cómo están? Les agradezco a los que me han votado en el concurso, porque realmente es muy importante para mí. Les comento que ya está empezando la mejor parte de esta historia, que es a su vez, el final de la misma. No le queda mucho (me desespera que aún no tengo ni la mitad del resúmen de la próxima), pero se que vale la pena, y que estará muy buena. Este es un capítulo corto, pero creo que es cada vez más interesante... una bomba, seguro que no lo esperan.


“No hay más ciego que el que no quiere ver”
Dicho Popular.

    Era una mañana tranquila y apacible en Londres. Las calles cerca del Empress State Building estaban escasamente transitadas, y desde las ventanas de los altos pisos, podía observarse el cielo límpido pero celestino, extraño en esas épocas. Dentro del lugar, en uno de los pisos que se habían reservado para la Interpol, el escritorio de Prescott se encontraba invadido por la misma tranquilidad desde hacía un rato. Él se encontraba sentado en uno de los sillones, ataviado con un traje de vestir azul marino y corbata roja, las piernas cruzadas finamente, las manos sobre la mesa con los dedos entrelazados, y la mirada perdida en el blanco que tenía frente a él. En el lado opuesto, Carson estaba sentado en la otra silla, con las piernas abiertas, el saco del traje desprendido, la espalda recargada sobre el respaldar, y los ojos perdidos en las esmeraldas de su compañero. Ambos se estudiaban detalladamente, observándose las ojeras en sus ojos, y el gesto de cansancio, que inevitablemente demostraba que ninguno había dormido correctamente esa noche; sin embargo, de a momentos, Aban esbozaba una pequeña y disimulada sonrisa.
    De pronto, relajando la postura mientras desviaba la mirada, Prescott soltó un pequeño suspiro, para después, comentar algo que el criminólogo ya presentía.
    - Sinceramente, no comprendo cómo puede ser que todas esas personas, hayan quedado en coma -murmuró-. ¿Dónde estará su conciencia?
    Carson tragó saliva.
    - Pues esa es, a mi pesar, la mayor incógnita -respondió.
    Luego de eso, volvieron a quedarse en silencio.
    Prescott se sentía cansado de intentar razonar y comprender todo lo que Dean le había dicho, sumado a sus propias conclusiones; así que sin más, abrió su maletín, y buscó un libro de recientes investigaciones sobre perfiles psicológicos, para después comenzar a leerlo, siempre con su ambigua calma inglesa. Por otro lado, Carson continuaba anonadado por lo que había visto con Heraso, especialmente, al senador Rasse implicado en una conspiración que manipulaba las grandes agencias de investigaciones del mundo, para obtener un fin que seguramente sería aplicado a una guerra que aún no había comenzado. Su mente lo torturaba continuamente, divagando sobre qué podría haber pasado, a qué se debía eso, pero por más que lo pensaba, no podía llegar a ninguna conclusión coherente.   
    Cansado ya de estar divagando sin sentido, Carson decidió que lo mejor sería contarle sus dudas a Prescott que, seguramente, no se interesaría y eso calmaría su ansiedad. Rápidamente, golpeó sobre la mesa llamándole la atención, y le sacó el libro de las manos, al inclinarse un poco sobre la mesa. Prescott alzó la vista con duda, intentando deducir qué era lo que estaba pasando, pero Aban permaneció callado e impertérrito al ver que Wagner estaba en su oficina, hablando con unas personas de apariencias no demasiado apacible; vestidos de traje con el cabello con corte militar, tenían la postura rígida y guantes en las manos. Justo en eso, Wagner se acercó hacia la ventana, cerrando las persianas, sin que pudiera seguir observando.
    - ¿Sabes? Heraso, la programadora que trabaja aquí, me dijo que podría considerarse también a este mundo como un juego.
    Esas palabras tomaron por sorprendido al americano, que volvió a echarse hacia atrás en la silla, para quedarse meditando sobre lo que había oído. Evidentemente, María tenía demasiadas ideas, y ya había tomado cartas en el asunto, cuando Wagner le ordenó a Prescott hablar con ella. Definitivamente, esa investigación estaba generando más dudas que respuestas.


    Habiendo pasado toda una mañana silenciosa, en la que ninguno habló de nada en particular; decidieron almorzar juntos, sin demasiados preámbulos, sólo para no perder tiempo en reunirse luego. Por esto mismo, se encontraban comiendo en un restaurante familiar que quedaba muy cerca del Empress, cuando de pronto Carson comenzó a observar disimuladamente a sus lados, hasta que se percató que nadie los estaba siguiendo; al enterarse de la actitud del criminólogo, Prescott no evitó hacer un comentario soez, sólo para fastidiar a su compañero y descargar la tensión.
    - Cualquiera diría que te sientes perseguido -murmuró en voz baja, mientras terminaba de limpiarse los labios con la servilleta.
    Una mirada de seño fruncido y ojos enfadados, hizo que el psicólogo comprendiera que había algo más atrás de todo eso. Actuando normalmente, como si nada hubiera ocurrido, se acercó hacia la mesa, acodándose y entrelazando los dedos de sus manos justo delante de su boca, para evitar que leyeran sus labios.
    - ¿Qué es lo que pasa? -inquirió Prescott, y Aban fijó su mirada en él.
    Carson carraspeó su voz, y dijo:
    - Anoche, al llegar al hotel, me di cuenta que había algo sospechoso en esta investigación –comenzó.
    - ¿A qué te refieres?
    - Pues, aunque tú no te creas el héroe americano que tú y tu amigo Dean me achacaron a mí, bien sabes que el hecho de que Wagner les impidiera entrevistar a los conocidos de la mujer francesa, realmente oculta algo -acusó, y el psicólogo no respondió-. Que guardes silencio sólo verifica mis palabras -aseveró, pero luego de una pausa, continuó-. No importa ahora… Lo que quiero decirte, es que Wagner no es confiable, porque su investigación real es algo muy distinto a lo que nos han dicho a todos.
    Prescott tragó saliva, pensando en lo que Dean le había comentado la noche anterior. Si cada vez había más gente que aseguraba que algo estaba oculto bajo la fachada de una investigación rutinaria de la Interpol, entonces era que seguramente había algo.
    - Algo me dijeron -respondió, más interesando en lo que su compañero decía-. Tengo información de que podría utilizarse con fines militares, que aún no están demasiado seguros. Implementar el sistema de Deiarell para manipular soldados, quizás…
    Efectivamente, esa charla estaba siendo más productiva de lo que Carson esperaba. Por otro lado, Prescott sabía que al haber dado algo de información, el americano le contaría más de lo que en realidad quería; una excelente técnica.
    - Con la información de mi contacto, anoche fuimos hacia unas cabañas en las afueras de Londres, que estaban pobladas de guardias y autos lujosos -anunció Aban, comenzando a contar su travesía-. Nos escabullimos hasta acercarnos a la cabaña resguardada, y encontramos a Wagner hablando con alguien, sobre el verdadero motivo… decían que necesitaban los datos de nuestras entrevistas, para después aplicarlas. ¿Sabes quién era la otra persona? Ni más ni menos que el senador Rasse.
    - El padre de Julia Rasse, la primera familia entrevistada… -dudó Prescott-. El que se negaba tanto, y rechazaba Deiarell tan abiertamente.
    - Exactamente -confirmó Aban-. Esto sólo demuestra que Rasse quería ocultar afanosamente su participación en esta trama relacionada con Deiarell.
    Volvieron a quedarse en silencio, mientras Prescott buscaba su billetera, para después sacar algunos billetes, y dejarlos en la mesa para pagar la parte de la cuenta que correspondía a su almuerzo. Aban observaba todos sus movimientos, pensando si quizás la charla ya había terminado, cuando de pronto, el menor dijo:
    - Puede ser que si continúas investigando, llegarás al final de todo -murmuró-. Pero es demasiado peligroso, y si te atrapan estás en problemas.
    Sin decir más, salió del local, se subió a su coche, y condujo hacia su casa.


    Ya en su casa, cerró la puerta con desgano, colgó su saco en el perchero, y arrojando su maletín sobre el sofá, se quitó la corbata desprendiéndose el cuello de la camisa, para después echarse en el mismo, estirando sus pies, y dejando que sus manos colgaran a los lados. Llevó la diestra hacia su frente, ocultando sus ojos, para poder pensar mejor. ¿Sería cierto todo lo que le estaban contando? Pero por otro lado, si había tanta gente diciendo lo mismo, era casi innatural negar lo que estaba frente a él.
    No podría comprender que no hubiera una conexión entre las personas y que tanta investigación no hubiera servido para nada: lo único que los unía, era la forma en que se habían desconectado, y el estado en el que habían quedado. Podría llegar a considerar eso como un defecto de la configuración del sistema unido a las situaciones ocurridas, pero le molestaba y le frustraba no hallar una correlación entre las personalidades, hechos o personas. En ese momento, recordó que Saren le había dicho que creía fervientemente que las personas seguían vivas dentro del juego, pero aunque se lo hubieran dicho, eso no le convencía.
    Se deprimió al punto de sentirse inútil, pero justo cuando estaba por abandonarse al sueño, sintió que el timbre de su casa estaba sonando. Dejó salir unos pequeños insultos de su boca, para después levantarse con desgano y sin arreglarse la ropa, dirigirse hacia la puerta, y otear por la mirilla sólo para encontrarse a su amigo Dean del otro lado. Abrió tranquilamente, pero el rubio se apresuró a entrar, cerrando tras de sí.
    - ¿Qué ocurre Dean? -preguntó el dueño de casa-. Son ya las siete de la tarde...
    - Tengo algo que contarte -respondió el aludido, oteando hacia la ventana, sólo para observar la ya oscura calle.
    - ¿Qué pasó?
    - He descubierto lo que Wagner intenta hacer con la investigación -anunció Dean, casi en un susurró-. En realidad, lo que buscan es una forma de controlar el cerebro humano como lo hace Deiarell, pero sin los cascos y mediante chips implantados. De esa forma no sólo podrían controlar a los soldados, sino a los rehenes que capturaran, y…
    - …a la misma sociedad, ¿verdad? -interrumpió Prescott, completando la frase-. Me he enterado que el senador americano Rasse está involucrado en la investigación.
    - En realidad, él es uno de los benefactores, ya que maneja una secreta compañía de fabricación de armas, que se las vende al ejército americano. Está interesando, porque el verdadero motivo es que varios países del norte, exactamente todos los que tienen agencias participando en esta investigación, quieren montar una guerra contra otros países asiáticos, por el control de una nueva tecnología que han desarrollado, para obtener agua desde la tierra seca.
    - ¡Pero eso es imposible! -se quejó el psicólogo, anonadado-. Si realmente pudieran ahcer el mecanismo de Deiarell de forma insertable mediante una operación, sería el fin del mundo como lo conocemos. Los gobiernos podrían controlar directamente las mentes de las personas, convertirlos en máquinas, en seres sin personalidad…
    - Lo que quieren en realidad, es encontrar una manera de controlar a esos gobernantes, para que les den la tecnología de forma pacífica, y se subordinen a ellos -comentó.
    En ese momento, Prescott sintió que el terror, el pánico y el horror iban trepándose por su espalda, haciéndolo sentir un frío súbito que provocaba temblores en su espalda, al pensar en tan cruel dominación. Sin embargo, sabía muy bien su posición: si él se involucraba, acabaría mucho peor que los objetos de ese terrible plan; y por eso mismo, no le gustaba la idea de que Dean siguiera tan involucrado.
    - Dean -dijo, volviendo a la seriedad-: debes dejar esa investigación paralela que haces. Además, no es algo que me incumba.
    - ¿Cómo? -se sorprendió-. ¿Cómo puedes pedirme eso aún cuando has reconocido por tu propia cuenta de lo que serían capaces? Si sabes demás, te van a matar y no tendrás una solución para eso.
    - Te equivocas -dijo-: sí tengo una solución.
    Sin decir más nada, volvió sobre sus pasos hasta el sofá, abrochó su camisa, se colocó la corbata, el saco, y reuniendo algo de dinero, volvió hacia la puerta pasando por el lado de su amigo, ignorándolo.
    - Cierra antes de irte -comentó.
    E inmediatamente caminó hacia la calle, extendió la diestra llamándole la atención a un taxista, para después subirse cuando este se detuvo. Le ordenó al conductor que arrancara inmediatamente, con un destino ya decidido: el Café RV de Saren, en Londres.


¡Esto es todo! ¿Les ha impactado? Prescott se está obsesionando cada vez más, y creo que esto es a lo que hace la historia. Todo el camino, siempre hubo un sólo sentido, y creo que es lo que él va a descubrir por su propia cuenta. Demasiado dejado para mi gusto 'non calentarum largum vivirum' como dice mi sabia Mutti xD. En fin ¿me dejan un comentario? ¡Gracias! ¡Nos estaremos leyendo en el próximo artículo! ¡Éxitos!

-¿Qué pasó?

            - He descubierto lo que Wagnerintenta hacer con la investigación -anunció Dean, casi en un susurró-. Enrealidad, lo que buscan es una forma de controlar el cerebro humano como lohace Deiarell, pero sin los cascos y mediante chips implantados. De esa formano sólo podrían controlar a los soldados, sino a los rehenes que capturaran, y…

            - …a la misma sociedad, ¿verdad?-interrumpió Prescott, completando la frase-. Me he enterado que el senadoramericano Rasse está involucrado en la investigación.

            - En realidad, él es uno de losbenefactores, ya que maneja una secreta compañía de fabricación de armas, quese las vende al ejército americano. Está interesando, porque el verdaderomotivo es que varios países del norte, exactamente todos los que tienenagencias participando en esta investigación, quieren montar una guerra contraotros países asiáticos, por el control de una nueva tecnología que handesarrollado, para obtener agua desde la tierra seca.

            - ¡Pero eso es imposible! -se quejóel psicólogo, anonadado-. Si realmente pudieran ahcer el mecanismo de Deiarellde forma insertable mediante una operación, sería el fin del mundo como loconocemos. Los gobiernos podrían controlar directamente las mentes de laspersonas, convertirlos en máquinas, en seres sin personalidad…


Tags: literatura, novela, drama, misterio, investigación, policial

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Autor: BlueBrain
S?bado, 15 de agosto de 2009 | 6:40
??wow!!?Opppppaaaa!! Esto ha develado un lado que no esperaba, me imaginaba que el senador estar?a involucrado por la actitud sospechosa que tuvo en el interrogartorio, pero el uso que le piensan dar, es tremendo. ?que bueno est? este cap?tulo!!
Autor: Aldair_88
S?bado, 15 de agosto de 2009 | 6:57
?Acabo de desmayarme de la impresi?n!!! Los militares involucrados, ?ke raro!! Lo ke me produjo cierta desaz?n es el hecho ke Preston parece kerer experimentar el Deiarrell en s? mismo. Espero ke Carson pueda detenerlo
S?bado, 15 de agosto de 2009 | 18:12
Excelente cap?tulo!!!
al fin Carson y Prescot se empiezan a valorar entre ellos como investigadores. No me esperaba que el senador tuviera una parte tan importante que ver en el juego, ahora me preocupa que Prescot pruebe el juego ?descubrir? si es o no un mundo paralelo? Muero por leer el pr?ximo cap?tulo
S?bado, 15 de agosto de 2009 | 21:40
excelenteeeee!!!!! muy buen capitulo esta historia esta de lo mejor me encanto todo lo q paso!!! muy buena historia, ya no puedo esperar al proximo finde.
Lunes, 17 de agosto de 2009 | 20:18
?Me alegro que les haya gustado! Much?simas gracias por pasarte, tambi?n, y pues sobre si Prescott prueba o no Deiarell, eso es algo que se ver? en los pr?ximos episodios.

 

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