cabecera

twitterfeedfeedburner

youtube fav da

   

Viernes, 24 de julio de 2009

La Incongruencia De Una Vida Doble - Parte II
~Absurdo~


¡Nas chicos! Les pido disculpas porque la semana pasada no hubo capítulo, pero por algunas cuestiones no andaba de humor para escribir, así que recién hoy llega el capítulo 16 de esta historia, con la visita a Nicole, la chica que había quedado en el psiquiátrico. En lo personal, me pareció un capítulo muy interesante de escribir, así que espero que les guste y que me dejen un comentario. Espero hacerme un tiempo pronto para cambiar las votaciones...


“La nada es un infinito que nos envuelve: venimos de allá y allá nos volveremos”
Anatole France


    Al oír esas palabras los cuatro investigadores se detuvieron, permaneciendo en silencio abstraídos del lugar: muy en lo profundo, Prescott estaba convencido de haber oído ese nombre antes, en algún lugar. Sin embargo, el doctor en jefe carraspeó su voz, llamándole la atención a sus acompañantes.
    - Los acompañaré hasta la sala donde está encerrada Nicole -anunció.
    Comenzó a caminar en silencio hacia la puerta de salida de la antesala de la oficina, mientras agitaba la llave en su mano derecha, haciéndola girar en su dedo índice. Tiró del picaporte con la diestra, para hacer un ademán con la zurda indicándole a los tres que salieran hacia el pasillo, para después volver a cerrar, pasando tres llaves distintas y un seguro con su tarjeta de identificación. Sin explicarse ante la obvia necesidad de seguridad, señaló hacia su propia izquierda, para después dirigirse hacia esa dirección, en completo silencio. Pasaron unos minutos hasta que el hombre se terminó de trabar las llaves en el cinto de su pantalón, bajo la casaca, y levantó la mirada atento a lo que ocurría en el hospital, al tiempo que pensaba sobre esa paciente que siempre lo había intrigado.
    - No sé si saben esto, pero… -dudó de continuar, pero luego reanudó la frase-, pero me resulta extraño cómo Nicole quedó en este estado.
    - ¿A qué se refiere, Doctor? -inquirió rápidamente Carson, dispuesto a enterarse de si el médico de segunda tenía alguna idea interesante.
    - Pues, por lo que todos saben, para poder conectarse a Deiarell hay que hallarse en un estado de completa relajación, con los músculos distendidos y la mente tranquila. Esto también debe mantenerse mientras se está conectado -explicó sin gesticular, al tiempo que caminaba con las manos en los bolsillos-. Pero cuando perturbaron el ambiente de Nicole, ella comenzó a actuar como si un hubiera terminado de desconectarse…
    Dean continuaba caminando a la diestra del doctor, pero más atrás, mientras fingía leer el archivo de la paciente. Frunció el seño señalando un dato en la hoja que observaba, para disimular que ese hombre ya no le caía demasiado bien: era peligroso que supiera tanto y por eso mismo alguien se iba a encargar de él, seguramente. Aprovechando que su cabello un poco largo disimulaba su mirada, observó con detalle a Carson y a Prescott, tranquilizándose cuando vio que ellos -aún- no sospechaban nada.
    De pronto el médico se detuvo frente a una amplia bifurcación de los pasillos del hospital, que les llamó la atención a todos. Había tres caminos a seguir, hacia el frente o los lados, con tres corredores que se encontraban vedados con poderosas y gruesas rejas, pintadas en diferentes colores, que contrastaban con el blanco sanitario del resto del lugar: a la izquierda la reja era naranja, la del frente era roja, y la diestra era amarilla. A su vez, en las diagonales había dos salas de control, con ventanas hacia los dos pasillos que abarcaba, pero ambas controlaban la entrada de las rejas rojas.
    Observando el desconcierto de los investigadores, el médico volteó dispuesto a explicarles qué eran lo que veían.
    - Lo que ven frente a ustedes es el inicio de las celdas y habitaciones de todos los pacientes que tenemos en el hospital, que se encuentran separados según el grado de agresividad y peligro que presentan sus enfermedades -dijo, para después señalar la reja roja-. En este pasillo están las celdas de pacientes que necesitan ser maniatados, sedados, aislados… aquellos con graves cuadros suicidas, o trastornos violentos. En aquel lado -señaló el naranja-, son casos complicados pero no de alto riesgo, donde los pacientes pueden necesitar ser sedados, pero no son extremadamente violentos y vulnerables. El último corredor, el amarillo, es para pacientes con cuadros no peligros, como depresión leve, pérdida de memoria, síndromes varios, y demás.
    - ¿Y Nicole, donde está? -habló Prescott, por primera vez.
    - En el amarillo -respondió el médico, volviendo a su tono monótono-: si prácticamente y es un vegetal, no requiere tanta seguridad.
    Asqueado de la forma en que el médico, presunto psiquiatra, se había referido al paciente, terminó por asquear a Prescott, que se vio inundado de una sensación de violencia que sólo se descargaría contra ese doctor; pero él sí sabía controlarse, fingiendo que nada había ocurrido. Ignorando como Monroe apretaba sus puños dentro de los bolsillos de su pantalón, el médico caminó hacia la cabina de seguridad, y le mostró la tarjeta al guardia, para después permanecer un rato hablando, presentándole a los investigadores y anunciándole la situación.
    El guardia asintió, y tras hablar por el comunicador unos segundos, al cabo de un rato apareció otro hombre uniformado, con un bastón en su cinto, y el doble de ancho que el anterior, que tomó las llaves y abrió la primera reja. Se detuvieron ante la segunda reja, donde el médico sacó una vez más su tarjeta de identificación, para pasarla por un detector, que hizo sonar un pitido y abrió parte de la reja. Todos cruzaron viendo como la reja se cerraba una vez más, y con el guardia delante, caminaron entre muchas habitaciones cerradas con llave, cuyas puertas tenían una ventana mínima, y muy alta. Siguieron hasta llegar a una de las penúltimas piezas, cuando el guardia se detuvo frente a la puerta, observando hacia dentro a través de la pequeña ventana. Se corrió manteniendo impertérrito su gesto de mastín guardián, pero el médico entendió ese gesto porque al asomarse sonrió, y volvió a mirar a Prescott, asintiendo.
    - Es aquí, pueden verla -anunció-, pero sólo el Doctor Monroe puede ingresar, ya que él es psicólogo. Doctor Bradbury, señor Carson, les ruego que esperen afuera conmigo.
    El médico le hizo un gesto al guardia, que tras asentir volvió a mirar por la ventanilla, para después sacar un manojo de llaves, y abrir los dos pasadores de la puerta. Una vez que se abrió, Prescott le dejó su maletín a Dean, y entró, cerrando tras de sí, mientras acomodaba su pequeña linternita dentro del bolsillo del pantalón.
    La habitación era austera, pintada de blanco con las paredes acolchadas hasta casi dos metros, y pintadas de blanco en el resto, junto con piso alfombrado en color gris oscuro. Al fondo a la izquierda había una pequeña ventana con enrejado doble -uno cuadriculado, y barrotes de hierro-, frente a la cual estaba la cama, tendida en sábanas blancas. A la diestra había un pequeño lavabo, una toalla demasiado pequeña como para cruzarla por el cuello, terminando el decorado con una luz empotrada en el techo, inalcanzable e inaccesible.
    Luego de analizar el lugar, Prescott giró su rostro hacia la cama nuevamente, observando a la paciente. Nicole estaba tendida boca arriba con la bata perfectamente colocada, el rostro quieto hacia el frente y los párpados cerrados; tenía las manos extendidas a los lados con las palmas hacia abajo, y un suero en la zurda, que la alimentaba lentamente. Permanecía inmóvil con su pecho que apenas se movía cuando respiraba, pero cada tanto decía la misma frase, con tono preocupado, apurado y nervioso, sin hacer ningún gesto ni siquiera con su rostro. Prescott se detuvo unos instantes, pensando que ese grito sonaba como quien llama a alguien en el medio de una desesperada guerra. Sin duda, interesante.
    Con Dean y Aban observando junto al médico tras la puerta, el psicólogo decidió que ya era momento de intentar hablarle, para acercarse un poco. Saludó con un tono amable, presentándose y diciendo el nombre de ella en un tono pasivo para no sobresaltarla, pero no obtuvo respuesta; se acercó un poco, y volvió a preguntarle si podía tocarla, pero Nicole no se movió, y no hizo gestos que delataran que lo había escuchado. Meneando la cabeza, Prescott se acercó un poco hasta quedar al lado de la cama, y extendiendo su siniestra, tomó levemente la muñeca femenina, mientras miraba el reloj en su diestra, intentando contar las pulsaciones. Segundos después, se percató que no sólo las pulsaciones era bajísimas, sino que la respiración era muy lenta también; se irguió unos segundos, pensando que le hubiera gustado tomarle la presión, pero a la falta de elementos, volvió a su trabajo.
    Quitó su linterna del bolsillo del pantalón, e inclinándose sobre la chica sin tocarla, abrió sus párpados derechos para observar la pupila, mientras la iluminaba fugazmente con la linterna; sin embargo, el tamaño de la pupila permaneció dilatado como si se tratara de un cadáver más que un cuerpo viviente. Aunque eso último, Prescott comenzaba a cuestionárselo. Decidió a continuar con su examen, tomó el brazo derecho -donde no tenía el suero- y alzándolo unos centímetros observó los músculos flácidos por falta de uso, si bien al soltarlo, Nicole no hizo esfuerzo en bajarlo lentamente, y su brazo cayó contra el pequeño colchón. Volviendo a acomodarla en la cama, se sobresaltó cuando la escuchó gritar casi en su oído, la misma frase repetitiva, como si nada hubiera acontecido: quizás el médico del hospital, sí tenía razón.
    Dispuesto a no rendirse tan fácilmente, pasó delicadamente sus dedos por la parte interna del brazo, esperando ver alguna reacción en la piel, pero ésta ni siquiera se erizó. Volvió a erguirse, y pasó el dorso de su mano bajo la nariz de Nicole, sintiendo que apenas hacía fuerza para exhalar el aire, y que seguramente era una reacción mecánica de su cuerpo, y no inconsciente de su cerebro. Se quedó observándola unos segundos, intentando comprender cómo era posible que no reaccionara ni gesticulara, cuando su voz contenía muchas emociones y expresividad, en la siempre repetitiva frase. En ese momento, se percató de algo: incluso las inflexiones en ese grito, y los sentimientos que transmitían, eran siempre los mismos… tal cual como si fuera una pequeña grabación de algo ocurrido.
    Eso sí era interesante.
    Considerando concluida la revisión, se acercó a la puerta donde le hizo un gesto al guardia que, tras observar a la paciente en su cama le abrió para dejarlo salir, cerrando inmediatamente. Una vez afuera, el médico del hospital, suspiró meneando la cabeza como si ya hubiera sabido el resultado, pero Prescott les comentó a sus compañeros la pequeña investigación que había llevado a cabo.
    - Es inútil -acotó el doctor, cuando Monroe terminó de hablar-. Esta chica es imposible diagnosticar, y ya lo hemos confirmado.
    Ante el tenso y oscuro silencio que se formó por sus palabras, el médico volvió a menear la cabeza, viendo que tendría que explicar todo con más detalles.
    - Cuando Nicole recién llegó, varios de los psiquiatras y psicólogos del hospital intentamos diagnosticarla y proporcionarle algún medicamento para su condición, pero fue en vano -anunció-, así que como se trataba de un caso especial, decidimos llamar a un neurólogo y varios médicos para que la trataran. Como era de esperarse, concluyeron que su cuerpo se encontraba en perfectas condiciones, y no fueron capaces de hallar una causa o enfermedad.
    - ¿Tienen los registros de esos estudios? -se apresuró a preguntar Dean, manteniendo su postura desinteresada- ¿Podría dármelos?
    - No me puedo negar -respondió el aludido-. Los tengo en la oficina.
    Sin decir nada más, el doctor comenzó a caminar mientras el guardia los seguía por detrás, cuidando a los investigadores y revisando el lugar. Cruzaron las dos rejas amarillas una vez más, para después realizar el camino inverso a través del largo corredor blanquecino, hasta llegar a la oficina del doctor, donde lo acompañaron hasta el interior. Aguardaron observándolo cómo buscaba entre los archivos, hasta que finalmente quitó dos carpetas gordas y llenas de papeles, que eran acompañadas por un sobre de papel con las fotos de las tomografías y diversos estudios hechos a Nicole. Dean los tomó agradecido, dándole una de las carpetas a Carson, y tras despedirse del fastidioso doctor, se encaminaron hacia la salida.
    Llegaron en silencio hacia donde estaba el coche, y abriendo el baúl dejaron los archivos bien guardados, de forma que no se desarmaran ni aplastaran. Voltearon hacia los lados, para volver a subir al Peugeot, con Dean en el asiento del conductor. Sin embargo, una vez dentro y con el coche en marcha, Carson fue el que decidió romper el silencio:
    - Parece haber un patrón de comportamiento -dijo, volviendo a su inglés gangoso-: todos los afectados que fueron desconectados en forma pasiva, terminaron en coma; por otro lado, los que fueron sobresaltados terminaron con problemas psicológicos.
    El neurólogo frenó en el semáforo con desgano, aprovechando la oportunidad para mirar y estudiar a Aban a través del retrovisor, pensando que quizás él también sabía demasiado ya, y que sería complicado tener todos esos aspectos controlados. Ajeno a este debate mental, Prescott abrió su maletín para sacar su computadora portátil, abriéndola sobre su falda, aprovechando la nueva información para buscar información sobre los otros casos; mas al cabo de unos minutos de intensa búsqueda, se dio cuenta que Carson estaba en lo correcto.
    - Es evidente el patrón -anunció, seguro-: esto podría decirnos algo más.
    - Podría darnos ideas sobre las causas de sus estados, pero… -dudó el americano, observando desconcertado hacia la calle- ¿A dónde vamos?
    - Al hotel -masculló Prescott.
    - ¿Y por qué no nos desviamos hacia la casa de Modette, para investigar a la mujer de setenta años? -sugirió.
    Pero ante este comentario, Prescott consideró que no era necesaria una respuesta, mientras Dean suspiró cansino, hastiado de tanta persistencia infantil.
    - ¿Sabes por qué, Carson? -dijo, en un tono neutro pero molesto-: porque esta es la realidad, y no un filme de acción americano, donde el protagonista evade permanentemente a la ley y a sus jefes, para después salir siempre airoso, sin siquiera una multa de tránsito.
    Al oír esas duras palabras, Aban apretó sus puños.
    - ¿A qué te refieres con eso? -le espetó.
    - A que tenemos órdenes de no entrevistarla, y eso vamos a hacer -murmuró Prescott, ajeno mientras leía los archivos en su portátil.
    En el asiento trasero del coche, Carson suspiró pensando que más que a los ingleses, lo que odiaba era su flemática postura.


Bien, esto es todo por hoy y les pido disculpas una vez más por la demora con el capítulo. ¡Gracias por pasarse! ¿Me dejan comentario? (es gratis y anima el blog, ¡vamos!). Bueno, muchas gracias por leerme, y nos estamos encontrando en el próximo artículo. ¡Éxitos!

Tags: literatura, novela, drama, misterio, policial, investigación

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: BlueBrain
S?bado, 25 de julio de 2009 | 5:51
este cap?tulo me desconcert? un poco, Dean parece querer ocultar algo importante y Carson y Prescott se acercan a descubrirlo. Muy intrigante, me gust? este cap?tulo
Autor: Aldair_88
S?bado, 25 de julio de 2009 | 6:20
me gust? este cap?tulo, tambi?n me pregunto ke est? ocultando Dean.
?Pobre Aban!! Lo desprecian tanto ke me d? timo.
Me gust? mucho esta entrega. ??Excelente Trueno!!
Domingo, 26 de julio de 2009 | 9:48
Excelente cap?tulo. Quisiera saber que es lo que repite la enferma y que es lo que trata de ocultar el m?dico. Esto se pone cada vez m?s interesante
Domingo, 26 de julio de 2009 | 23:15
?Me alegro que les haya gustado el cap?tulo! Lo que repite Nicole, se dijo en el final del cap?tulo 15, ella dice: "?Kalsen! ?C?breme las espaldas!"... al final del 15 lo repite el m?dico cuando Prescott le pregunta.

Gracias por pasarse y dejar comentario!!
Martes, 28 de julio de 2009 | 21:25
excelente capitulo me gusto muchisimo, la historia es cada vez mas intrigante y la descripcion del ambiente y del analisis fue realmente bueno. el cap me encanto.

 

HTML permitido: <strong>, <s>, <em>, <u>, <a>, <img>
Nombre:





 

   

 

design & stories copyright by truenoazul_vw
+2011+