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S?bado, 11 de julio de 2009

La Incongruencia De Una Vida Doble - Parte I
~Absurdo~


¡Hola a todos! Aquí les traigo un capítulo que es muy interesante para mí, más que nada por la situación que se plantea. Ya Dean ha vuelto a tomar escena, y Carson... bueno, sigue siendo mi máquina, jajajaja. Espero que les guste, y les comento que lo que tienen en común las personas en la historia, no es su amabilidad, ya que esa es algo qe los demás ven, y que muchos (como Clara o Julia) no tenían. En fin, los dejo con la lectura...



“Lo absurdo de una cosa no prueba nada contra su existencia, es, más bien, condición de ella”
Friedrich Nietzsche


    Al ingresar, Prescott se detuvo unos segundos mientras sus compañeros también entraban, mientras aprovechaba el momento para analizar el lugar. La casa era pequeña y desarreglada, permanecía a oscuras y con un gran olor a la nicotina de los cigarrillos; habían ingresado a lo que podría llamarse living, donde había un sofá doble, dos sillones, y tras ellos un hogar, a cuya izquierda comenzaba una escalera que llevaba a la planta alta, donde seguramente estaban los dormitorios. Había botellas de bebidas alcohólicas en algunas estanterías, pero a través de una puerta abierta, se alcanzaba a vislumbrar la cocina donde se veía que los platos de la cena anterior, aún no habían sido recogidos o limpiado. Una vez más, el psicólogo sintió repulsión por la joven que había vivido en un hogar como ese, pero tuvo que controlarse cuando el hombre los invitó obligadamente a sentar en los sofás, que estaban cubiertos con pelos de gatos; Monroe pasó su mano limpiando el cojín, y luego se sentó en el borde, intentando parecer relajado.
    El hombre caminó hacia la estantería, tomó una de las botellas de alcohol, y volviendo sobre sus pasos, tomó una taza vacía que había sobre la chimenea, para servirse en ella algo de su contenido, mientras observaba a los recién llegados de malas maneras. Al cabo de unos segundos, cuando terminó el trago, volvió hacia uno de los sillones individuales, y se sentó en él. Aban Carson ladeó su rostro discretamente, sólo para enterarse que sus dos compañeros estaban completamente impactados por el lugar, sin darse tiempo a comenzar la entrevista; sabiendo que ese hombre no dudaría en echarlos rápidamente si no hablaba pronto, decidió que él comenzaría a preguntar.
    - ¿Podría contarnos cómo fue el accidente de su hija? -inquirió en un correcto francés, que les llamó la atención a los dos ingleses.
    Al oír la pregunta, el viejo carraspeó, y torciendo el rostro, escupió sobre la taza ahora vacía. En ese momento, Carson comprendió el disgusto de sus compañeros.
    - Fue algo desastroso -dijo finalmente, con la voz ronca-, pero fue todo culpa de esa mocosa. Ella…
    En el momento en que el hombre estaba por comenzar a explicarles, la puerta de entrada chirrió consistentemente, y los tres investigadores voltearon para ver quién acababa de entrar. La mujer se detuvo cerrando la puerta con maliciosa lentitud, al tiempo que estudiaba a los desconocidos; pasó el cerrojo para luego preguntarle al marido a voz en cuello, sobre la intromisión en su casa. Bruscamente el hombre le explicó, y ella después arrojó las bolsas del supermercado sobre una mesa que había en el living, caminando hacia el hogar, donde se reclinó sin sentarse al lado de su esposo, o cerca de las visitas. Sin embargo, justo cuando el viejo iba a volver a continuar su interrumpida explicación, la fémina -de cuerpo ancho, melena revuelta, y cutis ajado-, volvió a gritar para obligar a los investigadores a mostrar sus placas. Ellos lo hicieron, y una vez que estuvo conforme, Carson repitió la pregunta, nuevamente en su correcto francés.
    - Yo no sabía que Nicole tenía ese horrible vicio de jugar a Deia… lo que fuera -respondió la mujer, mientras caminaba histérica por el lugar-. Un día desapareció de la casa, y…
    La fémina comenzó a hablar de lo cruel que era su hija, de cómo los despreciaba, pero Prescott había dejado de escucharla. Cuando la mujer comenzó a narrar su versión de los hechos, el recordó inmediatamente que el historial de Nicole Nadau, junto con los archivos que les habían dado en la investigación, decían una historia completamente diferente. Y a juzgar por el ambiente, el carácter neurótico y poco razonable de la despreciable mujer, el psicólogo no dudaba de que ella estuviera mintiendo -o exagerando también- los hechos. Pero aún así, al interrogarla seguramente podría llegar a comprender la situación de la joven.
    - ¿Cómo era la personalidad de Nicole? -preguntó Monroe, también en francés, cuando la mujer se hubo calmado.
    - ¡Era rebelde! ¡Era insoportable! -gritó ella, mientras su esposo volvía a servirse alcohol en la taza de antes-. Esa mocosa siempre estaba trayendo desgracias a esta casa, hacía de nuestras vidas un inferno -luego señaló al psicólogo-. Lo que le pasó fue por su propia ignorancia, porque ese juego estaba maldito, aunque yo…
    Esta vez, Prescott contuvo sus deseos de ponerse de pie y abofetear a la francesa, hasta que ya no pudiera respirar de tanta sangre suelta en la nariz. Se juró a sí mismo que jamás había conocido a nadie tan irritante, molesto y tediosa como esa mujer, sin insultar al género. A su izquierda, Dean permanecía reclinado sobre el sillón, en una postura relajada, mientras sus celestinos ojos seguían con interés el vuelo de una mosca que circulaba por los techos de la habitación, pensando que ver ese insecto volar era más interesante que escuchar las mentiras del matrimonio. Por otro lado, a la derecha del psicólogo, Carson asintió maquinalmente a las palabras del hombre -que ahora se había sumado a una histeria colectiva-, al tiempo que decía mentalmente todas sus oraciones a Alá, rogándole que el techo se desmoronara sobre el matrimonio, ya que la basura humana sólo entorpecía el crecimiento de la raza.
    Pero en ese momento, los ojos del arábigo se desplazaron disimuladamente hacia la escalera, donde creyó ver un bulto. En efecto, Carson había visto a alguien. En cuclillas en uno de los escalones altos, y escondido entre las sombras, había un niño pequeño de cabellos cortos, remera a rayas, con jeans en mal estado, que lo miraba fijamente; al cabo de unos segundos, alzó la diestra hasta la altura de su cuello, con el brazo replegado para no llamar tanto la atención, y señaló hacia la calle, indicando que iba a salir; después señaló a Carson, a él mismo e hizo gesto de que iban a hablar. Carson asintió con un pestañeo, y el chiquillo se subió discretamente las escaleras, desapareciendo entre las sombras.
    Mas nada de esto había pasado desapercibido para Prescott.
    - Una pregunta más -volvió a hablar el inglés- ¿Ustedes tienen otro hijo?
    La mujer alzó las manos, lamentándose, y luego la unió entrelazando los dedos, mientras no paraba de quejarse. Prescott se mordió la lengua por hacerla hablar una vez más.
    - ¡Es un desastre ese crío! -gritó, entre lamentos, y falsos rezos-. No sé qué hicimos para merecer a alguien así… ¡nosotros somos buenas personas! -Dean sonrió maquiavélicamente-. Esas basuras no son nuestros hijos, si pudiera los echaría a la calle, pero el servicio social nos demandaría y…
    Carson codeó delicadamente a Prescott para que dejara de hacer preguntas, ya harto de escuchar el mismo verso una y otra vez. Cuando el matrimonio se hubo tranquilizado momentáneamente, los tres investigadores se pusieron de pie rápidamente, aprovechando la oportunidad para despedirse. Salieron del tugurio alegres de poder respirar aire fresco una vez más, e instantáneamente oyeron que la puerta se azotaba; Dean volteó observando discretamente, para luego hallar a la mujer tras la cortina, mirándolos fijamente. El neurólogo volteó descaradamente, tal cual ella, y alzando la diestra la saludó con una luminosa sonrisa, que hizo que ella corriera la cortina, alejándose.
    Los otros dos sonrieron sínicamente, y voltearon para tratar de encontrar al niño de antes. En eso, Aban vio que una mano se sacudía tras las escalerillas de la casa vecina, y se apresuró para caminar hasta ese lugar. Cuando se acercaron, vieron al mismo chico de antes, notando claramente el golpe que tenía bajo un párpado, además de sus labios partidos, y la pronunciada delgadez del muchacho. El se puso de pie sosteniendo su patineta entre las manos, para después alejarse un poco más, haciéndoles una seña para que lo siguieran.
    - ¿Cómo te llamas, niño? -preguntó Dean, también en francés.
    - Soy Nick -respondió-, Nicole es mi hermana…
    Viendo que el niño temblaba mientras se escondía tras la patineta, Prescott se agachó hasta quedar a su altura, y le sonrió diciéndole que todo iba a estar bien, que ellos querían ayudar a Nicole, pero que necesitaban saber la verdad. Nick sonrió levemente, bajando su juguete, mientras se secaba algunas pequeñas lágrimas, sin tocarse donde tenía lastimado.
    - Todo lo que ella les dijo es mentira -anunció finalmente, y Monroe se puso de pie-. Esa mujer lo único que hace es mentir.
    - ¿Por ‘esa mujer’ te refieres a tu madre? -dudó Dean.
    - Yo no la considero mi madre, una madre no maltrata a sus hijos -respondió, volviendo a llorar y secándose las lágrimas con el puño cerrado-. Nicole iba al Instituto público del barrio, y trabajaba en la cantina para juntar dinero, para después pagarse las horas en el Café RV. Cuando esa mujer se enteró corrió al Café que estaba cerca del Instituto…
    - ¿A qué te refieres?
    - Cuando llegó, ella entró histérica en el Café, empujó al dueño y a los jugadores, y se mandó entre las salas llamando a Nicole a los gritos -continuó la explicación-. Llegó al vestíbulo haciendo sus ridiculeces, pidiéndole preguntas a algún dios sobre porqué sus hijos la trataban así, y pateó la puerta de la sala donde estaba mi hermana, que era para personas que jugaban solos. Entró a los gritos, intentó empujarle el casco, pero al no poder, comenzó a sacudirla, hasta que las máquinas se apagaron y se volvieron hacia atrás.
    Hizo una pausa, secándose nuevamente las lágrimas, mientras miraba para todos lados rogando que no lo hubieran descubierto.
    - Mi hermana se despertó, pero dejó los ojos entrecerrados, y desde entonces sólo dice las mismas palabras incoherentes… -a medida que seguía hablando, iba susurrando-. ¡No sé por qué pasó eso! ¡Yo la quiero ver feliz de nuevo! Desde ese día no tiene gestos, ni movimientos, es como si estuviera abandonada…
    - Dime una cosa -volvió a preguntar Dean-. ¿Cómo sabes todo esto?
    - Ese día fui con mi hermana, a hacerle compañía -dijo-. Cuando escuché el griterío reconocí la voz de esa mujer, y me escondí en uno de los armarios; esperé hasta que todo se calmara, o me iban a golpear también.
    Oyendo esas palabras se quedaron en silencio mientras el niño agachaba la cabeza y comenzaba a llorar una vez más, alzando sus puñitos para fregarse los ojos y secarse las lágrimas. Los tres hombres se quedaron de pie observándolo soltar pequeños quejidos cuando se tocaba las heridas, y esa simple escena conmovió al siempre frío Dean. El rubio se agachó para quedar a la altura del niño, y levantando la diestra le acarició la cabeza para que se calmara, diciéndole que él era médico y que le dejara ver los golpes. Nick se dejó estudiar rápidamente, pero luego Dean le dijo que se lavara con jabón y agua oxigenada, para después darle un pañuelo, y secarle los restos de las lágrimas.
    - Hay algo más -dijo, ya más clamado-. Esos dos golpeaban a mi hermana siempre, siempre… nunca le tuvieron consideración, y por cualquier cosa la lastimaban, le gritaban cosas feas -hizo una pausa, tragó saliva, y continuó-. Nicole está en un loquero ahora, deberían ir a verla, salúdenla por mí…
    Un tanto sorprendidos por las palabras del chiquillo, los tres asintieron mientras Dean lo despeinaba cariñosamente, obteniendo una tímida sonrisa por respuesta. Luego de eso, se puso de pie, y se encaminó hacia el coche; minutos después, ya se encontraban de camino hacia el hospital, conduciendo en silencio. En un semáforo Dean se vio obligado a frenar rápidamente para evitar un accidente, por lo que continuó cinco minutos del viaje insultando al coche francés, que no era para nada de su agrado.
    Ya cansado de escuchar los insultos, Prescott se colocó el maletín sobre la falda para abrirlo y buscar el archivo del joven alemán que visitarían en los días subsiguientes, y que también estaba internado en un psiquiátrico. Se pasó unos minutos estudiando los hechos que ahí se mencionaban, hasta que finalmente sus ojos se centraron en un párrafo: según lo que se leía, el chico también había sido sobresaltado mientras estaba conectado a Deiarell. Eso, sin lugar a dudas, era demasiado extraño.
    Cerca de una hora de viaje con extravíos incluidos, llegaron al Hospital psiquiátrico. Bradbury estacionó el Peugeot en el aparcamiento privado, y cuando se bajaron, encontraron a un guardia de seguridad mirándolos fijamente. Todos le mostraron sus placas, explicándole el motivo de su llegada, y luego el hombre se disculpó amablemente, acompañándolos hacia la entrada, para señalarles la secretaria con quien debían hablar. Repitieron la monótona presentación con la fémina, y Prescott anunció que buscaban al jefe médico; asintiendo, la secretaria realizó algunos llamados telefónicos para anunciarlos, y luego se puso de pie dispuesta a guiarlos. Rápidamente llegaron frente a una pequeña sala de espera, donde detrás había una puerta doble de madera pesada, que la chica golpeó para indicar que habían llegado. Al ver al jefe, un hombre de cuarenta años pero de rostro juvenil, volvieron a anunciarse una vez más.
    - Doctor -dijo Prescott-, nos gustaría hablar con Nicole Nadau, que está internada aquí.
    Recordando el nombre del paciente, el aludido negó con la cabeza.
    - Eso va a ser imposible, lamentablemente -respondió-: pueden ir, pero ella no les va a responder.
    - ¿Se debe a su condición? -interrumpió Dean.
    - En efecto, pero tampoco sabemos con exactitud lo que padece -agregó-. Si quieren pueden ver el expediente, esperen que lo busque… y los guio hasta la sala.
    Buscando en los archivos la carpeta en cuestión, el doctor se las tendió para después indicarle que lo siguieran. En el trayecto, Dean leyó en voz baja los síntomas, que anunciaban que la joven no respondía, no reaccionaba, tenía un comportamiento repetitivo, no hacía gestos para hablar si bien su voz tenía inflexiones, y tampoco cubría sus necesidades básicas ella misma. Como si estuviera ausente, o abandonada. Sin embargo, parte del reporte decía que Nicole repetía unas palabras, continuamente.
    - Una pregunta, doctor -volvió a decir Prescott- ¿Qué es lo que Nicole dice?
    - Siempre repite: “Kalsen, cúbreme las espaldas” -respondió, monótono-. Pero no tengo ni idea de quién o qué es Kalsen.


¡Esto es todo por hoy! ¿Les ha gustado? Espero eso, y que me dejen un comentario. Ahora sí, nos leemos en el próximo artículo. ¡Éxitos!

Tags: literatura, novela, drama, misterio, psicológico

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: Aldair_88
S?bado, 11 de julio de 2009 | 5:49
ke buen cap?tulo. Hase descripto a esa familia de una manera tan clara ke me parec?a verlos. S? de gente ke es as? y me pareci? muy real la imagen mental de ellos ke me hice. Hay nuevas pistas. Esto se pone m?s interesante cada vez
Autor: BlueBrain
S?bado, 11 de julio de 2009 | 6:18
ya comprendo porqu? esta jugadora termin? en el loquero, no tuvo problemas de energ?a durante la conexi?, sino que fue desconectada abruptamente. No veo la hora de leer la entrevista a la propia enferma y las conclusiones que saquen los investigadores. Me sorprendi? Carson, tan culto. Estupendo cap?tulo
S?bado, 11 de julio de 2009 | 18:59
?excelente cap?tulo!
Pobre ni?a con padres as?, con raz?n buscaba huir de la realidad mediante el juego. Me encant? Carson, estuvo como siempre muy acertado en las preguntas y hasta se comport? como la gente.
S?bado, 18 de julio de 2009 | 18:58
me gusto muchisimo el capitulo cosas muy interesantes y otras un poco chocantes e impactantes, pero dan mas pistas a lo q produce el dariel. me encanto
S?bado, 18 de julio de 2009 | 19:42
Hola chicos, perd?n por la demora!! La semana pasada no pude conectarme y esta no hay cap?tulo, pero me alegra mucho que les haya gustado el episodio de este finde. ?Gracias por pasarse!
Martes, 21 de julio de 2009 | 22:24
muy interesante capitulo, bueno, queria invitarte a visitar esta pagina:

http://lieyourlife.blogcindario.com/

bueno

adios

 

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