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Viernes, 03 de julio de 2009

El Beneficio De La Duda - Parte II
 ~Dudas~


¡Buenas! ¿Cómo andan? Les comento que ya he comenzado a trabajar en el resúmen de la próxima historia, que va a ser un thriller, porque ya me cansé de no poder matar a los protagonistas, jajaja. Por lo pronto, les comento que el capítulo de hoy es un poco extraño, y vuelve mi favorito: Dean. No se que tiene ese personaje, pero me encanta. Espero que el capítulo no los aburra, y que me dejen su opinión. ¡Aquí va!


“Para disipar una duda, cualquiera que sea, se necesita una acción”
Thomas Carlyle

    Desde que se había bajado del ascensor, visualizó su escritorio limpio y despejado, e inmediatamente comenzó a imaginarse que podría analizar las entrevistas toda la mañana, mientras se tomaba un cálido y sabroso té. Llegó hasta el lugar en cuestión, corrió la silla hacia atrás y luego se sentó, echándose sobre el respaldar durante unos segundos, para después enderezarse rogando que nadie lo hubiera visto. Colocó el maletín sobre la mesa, pensando que seguramente sería un tranquilo día de trabajo, y lo abrió dispuesto a comenzar a buscar sus apuntes de las entrevistas.
    Sin embargo, en el momento en que estaba buscando los papeles, una fémina se detuvo a su lado. Giró el rostro con cuidado, estudiándola, hasta que se percató de que se trataba de una de las secretarias de la oficina.
    - El señor Wagner quiere verlo inmediatamente en su oficina, señor Monroe -dijo-: por favor, vaya ahora.
    Y sin decir más, hizo una inclinación de cabeza, alejándose hacia su escritorio. Un tanto molesto porque sus planes se habían frustrado, tomó el maletín y se dirigió hacia la oficinal. Se detuvo frente a la puerta, golpeó, y al oír la voz que lo llamaba, entró cerrando tras de sí; mas al voltearse, Prescott intentó contener su sorpresa cuando vio a Dean Bradbury sentado frente al escritorio, como si hubiera estado hablando con el alemán. Saludó con una inclinación de cabeza, y cuando Wagner le indicó, se sentó en la silla libre a la derecha de Dean. Pasaron unos segundos de incógnito silencio, en el que el psicólogo intentaba comprender la fría y recia postura de su amigo, cuando por fin el jefe habló.
    - Señor Monroe -dijo-. Repórteme cuanto haya descubierto en las entrevistas.
    Prescott se sorprendió al notar que le pedían un reporte, aún cuando su compañero de trabajo no estaba; no era que él lo apreciara, sino que los dos puntos de vista eran necesarios. Pero él no iba a cuestionar nada, no era su naturaleza. Asintió una vez más, mientras comenzaba a formularse sus palabras mentalmente, sabiendo que había datos que tendría que omitir.
    - En todo este tiempo, entrevistamos a familiares y conocidos de Julia Rasse, Clara Safons, Sebastian Deacon y Alan Lescano, en América junto con el dueño del Café RV donde ellos iban; en Inglaterra entrevistamos a los familiares de Sara y Daniel Tanneur, y de Bryan Kreimer. Todo lo que vimos hasta ahora, eran casos en los que por alguna forma pasiva, fueran cortes de luz o falta de conexión a Internet, las personas quedaron en estado de coma, sin sufrir shocks o alteraciones violentas. Hemos intentado encontrar un patrón en las personalidades, pero no hemos tenido éxito, y lo único que podríamos nombrar es que casi todos consideraban a Deiarell como un lugar para relajarse -hizo una pausa, pensando qué más tendría que nombrar, y continuó-. Además, los rangos de edades son demasiados amplios como para limitar los hechos a un determinado grupo; los estratos sociales son completamente diversos, ya que se compara a dos hijos de una familia noble inglesa, con una chica de una familia de clase media americana; y ninguno de ellos parecía haber estado obsesionado con Deiarell -otra pausa-. En lo personal, creo que los casos de coma no se deben ni a la personalidad, ni a sus entornos humanos.
    Al oír la última frase Dean sonrió de una forma imperceptible, mientras observaba fijamente a Wagner: éste ya lo había notado. El viejo se inclinó hacia el escritorio, entrelazando sus dedos y observando al psicólogo, mientras pensaba que sus propias deducciones estaban en lo correcto. Si era así, entonces sólo algunas personas podrían sufrir un estado de coma ante accidentes como los que había hasta ese momento, y por lo tanto… Wagner sonrió de nuevo, pero esta vez, fingiendo haber meditado sobre sus palabras.
    - ¿A quiénes tiene pensado entrevistar a continuación? -preguntó.
    Monroe pidió permiso, y buscando en su maletín, sacó una carpeta que le extendió al jefe; éste la tomó para abrirla con cuidado, observando las fichas de las personas que iban a entrevistar. Entre ellas se encontraban las de una mujer de setenta años, que era la afectada de mayor edad, y dos jóvenes de edad muy similares, que luego de sus accidentes, fueron internados en hospitales psiquiátricos. Habiendo visto suficiente, cerró la carpeta con cuidado y se la devolvió a Prescott, quien la guardó mientras el mayor pensaba. Dean observó a Wagener durante unos segundos, sabiendo que seguramente se negaría a dejar que Prescott hablara con algún conocido de la mujer, y luego vio de reojo a su amigo, que parecía no percatarse de nada. ¿Era realmente así? O quizás Prescott ya se había enterado de todo.
    - Está bien -dijo Andrés Wagner-. Irás primero a Francia y luego a Alemania, pero no entrevistes a los conocidos de la mujer mayor, porque será una pérdida de tiempo: en estos momentos, nos interesan más los jóvenes.
    - Disculpe la intromisión -interrumpió Prescott, para disgusto de Wagner y sorpresa de Dean, la cual ocultó muy bien-. Pero Fleur Moudette es la afectada de mayor edad, por lo que es un caso sumamente importante. Creo que debería permitirme ir, y…
    - ¡Basta! Aquí yo soy el jefe ¿está claro? –sobre reaccionó el viejo, golpeando su puño diestro contra el escritorio, para después guardar silencio intentando calmarse-. Esa anciana no reporta nada a la investigación, además de que seguramente no encontrarás a nadie cercano a quien poder entrevistar; así que deja de preocuparte -su voz se iba tranquilizando poco a poco-. Harás el recorrido que mencioné junto con Dean Bradbury y Aban Carson. Bradbury irá contigo pues me he enterado del caso que les asignó la Scotland Yard a ambos, y sé que lo han resulto muy bien, así que espero excelentes resultados.
    Los dos presentes asintieron ante la orden.
    - Una cosa más. En dos horas los espera un jet de la Interpol que los va a llevar a Francia, para que permanezcan dos días ahí, y luego irán a Alemania -continuó Wagner-. Después volverán aquí a trabajar, analizando los resultados. Ahora fuera pónganse en camino.
    Asintiendo una vez más, ya que no les habían dado tiempo de hablar, y salieron de la oficina. Prescott observó de reojo su escritorio vacío y su tranquila mañana arruinada con la perspectiva de un pronto pero obligado viaje en avión, y se lamentó internamente de la interrupción. Llegaron hasta el ascensor en silencio, pero al entrar, Dean perdió toda la postura que había mantenido hasta entonces, relajándose contra una de las paredes.
    - ¿Sabes? -murmuró-. Esto no pinta nada bien.
    En efecto, Prescott lo sabía muy bien.


    Habían pasado dos horas ya, cuando Prescott se vio a sí mismo en un hangar privado en el aeropuerto central. Era un lugar pequeño y de gran lujo, donde el jet estaba ya preparado; tenía la escalinata baja, y había varios guardias esperando el despegue, listos para avisar a la Interpol por cualquier hecho. Carson había subido hacía rato, pero Dean se había entretenido abajo, y no subió hasta mucho después. Más tarde, y con un retraso de diez minutos, el jet despegó.
    Por dentro, el avión era pequeño pero lujoso. Había pocas butacas, bien acolchadas e independientes, con las paredes decoradas con madera y la parte superior en color beige. Dean Bradbury se echó sobre una de ellas, acomodándose, luego de que el avión despegara, y fijó su mirada en su amigo; Prescott estaba en su butaca, aún con el cinturón inercial colocado, mantenía los ojos cerrados y apretados, mientras respiraba profundo. El neurólogo se sonrió ante la escena, meneando la cabeza, al tiempo que pensaba que su amigo jamás se sentiría cómodo en los aviones, ni siquiera en uno tan lujoso como ese.
    De pronto, Carson carraspeó con su voz levemente, para llamar la atención.
    - ¿No era necesario visitar a la mujer de setenta años? -preguntó, con voz desinteresada.
    - Probablemente sí -respondió Prescott, recobrando una postura segura pero relajada-, para conocer su personalidad y otros detalles importantes ya que es muy extraño que alguien de edad avanzada participara en Deiarell.
     Oyendo esas palabras, Dean se estiró hacia el asiento de su izquierda, tomando su propio maletín, para buscar una pequeña carpeta marrón, dentro de la cual había archivos clasificados. Volvió hacia su lugar, reposando la espalda en el respaldar, mientras cruzaba sus piernas, dejando el tobillo derecho sobre la rodilla contraria, en una pose segura y ajena a la charla entre los otros dos. Se acodó mientras comenzaba a leer el archivo de Fleur Moudette, la mujer que no iban a poder entrevistar a sus conocidos. Mientras tanto, una de las azafatas se pasó hacia el lugar ofreciendo bebidas, y Carson no dudó en aceptar un whisky, al tiempo que Prescott continuaba en su butaca, intentando olvidar el hecho de que estaban volando. Cuando la azafata se fue, Dean observó para ambos lados, y luego les llamó la atención a los otros.
    - Fleur Moudette, la mujer que les preocupa tanto a ambos, cayó en coma a los setenta años -anunció, mientras iba leyendo el archivo-. Aquí dice que tenía un hijo de treinta años de edad, que desapareció en un incidente político de Francia, hace dos años.
    - Yo lo conozco al incidente -interrumpió Prescott-, y por eso me intriga más la relación con esta mujer. Fue un incidente político, pero también religioso. Cuando Deiarell surgió, muchos religiosos decían que era pecado jugar, que no era natural, y comenzaron a armarse muchísimas protestas en contra. Sin embargo, los diferentes gobiernos dictaminaron que si simplemente no les gustaba, que no fueran, ya que era una diversión libre mas no obligatoria. Pero en Francia se creó una secta que alegaba que tenían que destruir a los Café RV, y terminaron secuestrando a muchos jugadores, que desaparecieron sin dejar rastro.
    - ¿Qué pasó con la secta? -preguntó Carson, interesado en el tema.
    - Nada realmente -fue la respuesta del psicólogo-. Como no pudieron determinar la culpa de sus miembros en esos secuestros, el gobierno se limitó a limitar el acceso de sus miembros, para disgusto de la comunidad religiosa. Los revuelos continuaron, pero como el ámbito político los desestimó, terminaron por dejar de hacer manifestaciones.
    - ¿Y por eso te llama la atención el caso? -inquirió Dean, viendo que el otro asentía-. Aparte de eso, aquí dice que Fleur comenzó a jugar al Deiarell para recordar a su hijo, intentando conocer el mundo por el que desapareció. Hubo un bajón de tensión la tarde en la que jugaba, producto de una falla eléctrica en el edificio vecino, y desde entonces quedó en coma.
    - ¿No hay conocidos, ni alguien cercano?
    - No, señor Carson, no los hay -volvió a decir Dean-. Como no tenía familiares vivos o conocidos, ya que el único cercano era su hijo desaparecido, la dejaron conectada durante seis meses; hace unas semanas que el hospital inició los papeles para desconectarla de los aparatos que la mantienen viva.
    - En el juego usaba un personaje similar al de Clara Safons, pero ella tenía una elfa oscura -murmuró Prescott, luego alzando el volumen de la voz-. Supuestamente son diferentes en apariencia, con la piel oscura en tonos grises y azulados.
    - ¿No saben nada más? -volvió a preguntar el arábigo-.
    - Este archivo dice que Moudette frecuentaba una iglesia católica cercana a su casa, participaba en un grupo de ayuda para personas de escasos recursos, y que sus compañeros la habían descrito como una mujer de carácter apacible y tranquilo -concluyó Dean, cerrando el tema con su tono de voz-. Una mujer aburrida. No hay nada más, fin del informe.
    Sus últimas palabras se acompañaron de un ruido sordo, cuando azotó las tapas de la carpeta al cerrarla con una sola mano. Todos supieron inmediatamente que el tema había finalizado ahí, ya que ninguno encontraría nada ni nadie para entrevistar, relacionado con esa mujer. Luego de esa extensa charla, permanecieron en silencio, cada uno absorto en sus propios asuntos, hasta que cerca del mediodía llegaron a Francia.


    El coche de la Interpol los dejó en la puerta del hotel donde pasarían la noche, y decidieron que aunque tarde, almorzarían en el bar, aunque no cruzaron demasiadas palabras en todo ese tiempo. Durante la comida, uno de los oficiales que los acompañaban se acercó hasta su mesa, para avisarle a Bradbury que había alquilado un coche; el neurólogo agradeció y recibió las llaves, sin fijarse siquiera si habían alquilado la marca que él había pedido. Terminaron de comer, y decidieron que primero visitarían a los familiares de la joven.
    Salieron del hotel para encontrarse el coche en cuestión aparcado frente al Hotel, con un botones custodiándolo. Al verlo, Prescott observó atónito a su amigo pensando que tenía peor gusto del que él había creído, y luego volvió la vista al coche. Largo pero no demasiado alto, el Peugeot 310 era de color oscuro, con cortes agresivos y los faros alargados en forma gatuna. Aban sonrió pensando que era un coche bonito, aunque jamás se compararía con los viejos autos americanos, hasta que la voz de Prescott lo interrumpió.
    - ¡Esto es una basura francesa! -se quejó-. Podría haber alquilado un buen auto.
    - Yo le pedí un Aston Martin o un Jaguar, no esta bazofia -secundó Dean.
    Sabiendo que no querría tener a dos ingleses en su contra, Carson guardó silencio. Subieron al auto con Dean dispuesto a manejar, y siguiendo las instrucciones del GPS integrado del Peugeot, se dirigieron hacia su destino. Tras media hora de viaje, llegaron a un barrio de clase media, de casas compactas y pequeñas, que estaban tan juntas que apenas si podía distinguirse los límites de cada una; claramente eran de dos pisos, pero seguramente de escasas habitaciones, y el barrio parecía más un conglomerado que un conjunto de viviendas. Prescott corroboró el número de la casa, y subiendo las escalinatas, tocó el timbre; al cabo de unos minutos, viendo que no atendían, volvió a tocar, y recién entonces se asomó un hombre.
    De considerable altura, el hombre parecía descuidado con la barba a medio crecer, y los dientes amarillentos y sucios; tenía una sudadera gris manchada y arrugada, y su barriga sobresalía por debajo de ésta, mientras el pantalón de jean se iba cayendo de su cintura. Además, estaba descalzo. Haciendo acopio de todo su ser, Prescott le mostró la placa de la Interpol, manteniendo el gesto firme y seguro.
    - Queremos hacerle algunas preguntas sobre su hija Nicole -dijo, después de hacer las presentaciones pertinentes.
    El hombre volvió a examinarlos, y con una mirada rancia, se secó la saliva que caía por un lado de su boca, mientras los dejaba entrar en la casa.


Bien, esto es todo por hoy. Espero que les haya gustado, y nos estaremos leyendo. Pronto colocaré nuevas votaciones. ¡Éxitos! ¡Gracias por pasarse! Nos leemos en el próximo capítulo.

Tags: literatura, drama, novela, misterio, psicológico, policial

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: Aldair_88
S?bado, 04 de julio de 2009 | 5:52
me llam? la atenci?n la jugadora anciana, para mi s? tiene algo en comun con los dem?s jugadores, era amable.
Estupendo cap?tulo, esta hitoria se torn? atrapante. ?kiero m?s!!!
Autor: BlueBrain
S?bado, 04 de julio de 2009 | 6:48
una obra de arte este episodio. Me cre? varias incognitas y me dej? con ganas de leer la pr?xima entrega. Escribes muy bien, te felicito
S?bado, 04 de julio de 2009 | 14:19
wuow me gusto mucho la historia, quiero saber mas de la anciana y de todo lo q rodea ese caso, realmente intrigante, como siempre muy buen capitulo.
S?bado, 04 de julio de 2009 | 18:38
debe haber m?s puntos en com?n que la amabilidad, lo que me intriga son los que terminaron en loqueros. Excelente trama, cada entrega es m?s atrapante que la anterior
S?bado, 04 de julio de 2009 | 22:44
Pues la amabilidad no es ning?n punto en com?n, porque Clara era bastante dominante pero dulce, y Julia muy agresiva y poco respetuosa. Eso no es nada en com?n, es s?lo una imagen que ten?an de ellos, jejeje. Me alegro que les haya gustado el cap?tulo, muchas gracias por leerlo.

 

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