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S?bado, 20 de junio de 2009

Más Allá De Los Recuerdos - Parte II
~Experiencias~

¡Hola a todos! El capítulo de hoy me quedó un poco corto, pero creo que vale la pena. Me desquité mucho con Aban Carson, pero me parece que es un personaje sumamente divertido, y me encanta que sufra. ¡Qué escritora más mala que soy! Les comento que últimamente ando sin ganas para escribir, espero poder empezar la siguiente historia inmediatamente que termine esta, como hago siempre. Por lo pronto, los dejo con el capítulo, y espero que les guste y me dejen sus comentarios, que son lo que me impulsan a seguir escribiendo.

“Experiencia es el nombre que le damos a nuestras equivocaciones”
Oscar Wilde


    Al oír esas palabras, Prescott alzó los ojos mirando a la mujer frente a él, sólo para decirse a sí mismo que Dean siempre sabía más de lo que aparentaba; pero en ese momento María se refería al juego… ¿o a los motivos reales de la investigación? Si era lo primero, entonces no era grave, pero si era lo segundo no iba a saber qué pensar. ¿Acaso Dean también estaba trabajando a dos caras? No, era imposible. Suspiró un poco frustrado bajando la vista hacia sus propias manos, las cuales tenía entrelazadas delante del plato ya vacío.
    De pronto, escuchó el sonido de dedos golpeteando contra la mesa, y levantando la mirada, se encontró con los ojos de María que lo estudiaban tranquilamente. Ella estaba un poco reclinada sobre la mesa, apoyando el codo izquierdo y la mejilla de ese lado reposando sobre la zurda; la diestra la cruzaba frente al pecho, también sobre la madera, haciendo que sus dedos se movieran sistemáticamente haciendo un repetitivo sonido, que terminaba siendo molesto. La mujer lo miraba, estudiándolo, hasta que él por fin se cansó, sonriéndole un poco incómodo. Inmediatamente, María tomó las servilletas que antes había dibujado, las dobló cuidadosamente, y se las tendió para que las tomara; Prescott atrapó los papeles con su diestra, para después sin mirarlos, abrir su saco y colocarlos dentro del bolsillo interno.
     Ella lo miró unos segundos más, pero luego alzó la mano, llamando al mesero para pedirle la cuenta. Al cabo de un rato, en el que discutieron sobre quién pagaría, volvieron hacia el brillante Cadillac del psicólogo, para subirse y comenzar a conducir en silencio. Rápidamente, Prescott puso rumbo hacia el Empress, cuna de la Scotland Yard, sin siquiera percatarse que ambos iban en un completo silencio, sin dedicarse ni una mirada. Al llegar, él detuvo el colle casi en doble fila, sin terminar de estacionarlo, mientras la programadora abría la puerta sin hablar; mas en ese momento, volvió a arrimarla, inclinándose hacia dentro y girando su rostro hacia el inglés.
    - Cuando sea necesario, yo puedo ayudarte… -su voz sonaba casi susurrante, tranquila pero sensual, haciendo que Prescott dudara del verdadero significado de esas palabras-. Pero ten cuidado, porque puedes encontrarte en el cruce de varios intereses opuestos…
    El morocho intentó acotar algo, pero ella estiró rápidamente su diestra, tocándole la boca y acariciándole los labios, mientras acercaba su rostro lentamente respirando tan cerca de su piel, que Prescott podía sentir el aire chocar contra él.
    - Vuelve a hablar conmigo cuando lo necesites -le susurró al oído.
    Sin esperar un momento más, María giró nuevamente su cuerpo alejándose del psicólogo, para luego empujar la puerta y bajarse, mientras volvía a cerrar. Prescott la vio cruzar la calle con elegancia mientras sus ondulantes caderas se bamboleaban de un lado a otro; resopló meneando la cabeza, estando casi a punto de chocarla contra el volante, pero se refrenó al pensar que ella seguramente lo viera como a un niño. Abrió los ojos aún con la cabeza inclinada hacia delante, mirando a la oscuridad del coche, mientras pensaba que esa investigación era más importante, profunda y, quizás, complicada, de lo que aparentaba ser.
    Giró su rostro hacia el edificio cerciorándose de que ella ya estaba dentro, y volviendo a encender los intermitentes del auto, decidió que haría una pequeña visita matutina, a la primera hora del día siguiente.


    Eran las siete de la mañana cuando Prescott Monroe caminaba tranquilo y soberbio por el hall de un hotel de varias estrellas, mientras terminaba de abrocharse el saco. Un par de mujeres, que se encontraban en la recepción, le sonrieron al pasar y aún más cuando él les devolvió el gesto, mientras pensaba que una situación así, siempre le alzaba la moral. Llegó hasta el mostrador de la recepción, donde el hombre lo atendió amablemente.
    - Necesito hablar con Aban Carson, que se hospeda aquí -anunció, en voz baja- ¿Podría pedirle que bajara?
    El hombre entrecerró los ojos con duda, pero sonriendo amablemente comenzó a buscar en la computadora sobre algún registro, pero luego se volvió hacia el psicólogo, meneando la cabeza.
    - Lo siento -dijo, con un fingido tono de pena en la voz-. Pero aquí no se hospeda nadie con ese nombre. ¿Puedo ayudarlo en algo más?
    Recién en ese momento recordó el protocolo, pensando que seguramente no le dejaban hablar con él, por ser miembro del FBI. Confiado, abrió su saco y mostró la placa de la Scotland Yard y la de la Interpol, haciendo que el hombre frente a él comenzara a disculparse repetidas veces; después de unos momentos, el recepcionista llamó a la habitación, donde Prescott contuvo una sonrisa al oír la voz ronca y molesta de Aban al otro lado de la línea.
    Quince minutos después, cuando Monroe ya pensaba que su compañero actuaba como una fémina remilgada, de pronto el ascensor más cercano emitió un pitido, y las puertas se abrieron. Carson llegó caminando tranquilamente moviendo las espaldas, con el saco del traje desprendido, la corbata floja, el maletín en la zurda, y un puro en la izquierda, que ocasionalmente llevaba a su boca. El inglés lo observó con un gesto de reproche, sin comprender cómo una persona podía ser tan dejada y altanera, al mismo tiempo que tenía modales de bestia y carácter de fiera. Siguió caminando hasta pasar de lado Prescott, que estaba sentado en uno de los sillones, y arrojó el cigarro sin apagar del todo en un cenicero, para después volverse hacia su compañero.
    - ¿Qué es esto? -inquirió de mal humor- ¿Viniendo antes de que salga el sol?
    Prescott cerró los ojos intentando calmarse, para después ponerse de pie caminando hasta donde estaba el americano.
    - Sólo los vegetales se despiertan a media mañana -respondió tranquilo Prescott-. Ahora vamos, que hay gente que entrevistar.
    Y sin decir más, comenzó a caminar hacia la salida. Minutos después Carson se había sentado en el coche, mientras se quejaba de la horrible ubicación inglesa, al tiempo que Prescott ignoraba todo comentario que proviniera de él. En todo el trayecto, sólo se limitó a anunciarle que irían al Café RV de Londres, el cual era atendido por un chico que se hacía llamar Saren.
    Inmediatamente, Carson recordó el caso. Saren, cuyo nombre real era Bruno Kreimer, era el hijo del segundo afectado con mayor edad; su padre Bryan Kreimer tenía cincuenta años cuando, habiendo entrado en Deiarell, sufrió un accidente y quedó en coma. Luego de eso, su hijo se había hecho cargo del Café RV, donde antes trabajaba ayudando a su padre.     Carson se quedó en silencio pensando al respecto, analizando la situación.
    - ¿Sabes qué es extraño de este caso? -preguntó casi a la nada- Que Bryan Kreimer era un hombre de cincuenta y cinco años, que además fue el segundo caso con problemas con esta realidad virtual.
    - Es cierto… -murmuró Prescott, pensando que quizás debería dejar de comportarse tan infantil algunas veces-. Pero a Kreimer lo mantenían vivo con aparatos, como a los demás. Sin embargo, lo desconectaron hace ya un mes…
    Continuaron hablando durante un rato, hasta que llegaron a New Oxford Street, la calle donde estaba ubicado una gran casona de época, pintada en color beige con detalles en tonos oscuros y claros, que en el segundo piso tenía el mismo cartel de Café RV que habían visto en norteamérica. Entraron en silencio empujando la puerta doble, y se encontraron con un hall grande y amplio, también pintado en el mismo color azul que ya habían visto. Había dos puertas en la pared frente a la entrada, que se encontraban a cada lado de un mostrador amplio y alto; en las otras paredes había sillones y juegos de living, para que los clientes esperaran. Prescott miró hacia las paredes, también encontrando muchos cuadros y fotografías de Deiarell, que siempre se preguntaba cómo hacían para obtener.
    De pronto, un joven alto y delgado se acercó hacia ellos. Iba vestido con un pantalón de jean, zapatillas y una camiseta de piqué, pero caminaba con un garbo y un porte extremadamente cuidado; tenía el cabello castaño corto atrás, con algunos mechones largos, y sus ojos eran grises pero acerados, y con un extraño brillo azulado. Al verlo, Carson tuvo la extraña sensación de saberse bruto y poco galante.
    - Buenos días. ¿Bruno Kreimer? -saludó Prescott, antes que nada, mostrando su placa, al igual que hacía Carson, luego de que el aludido asintiera-. Soy Prescott Monroe de la Scotland, y él es Aban Carson del FBI. Estamos haciendo una investigación rutinaria… ¿podemos hacerle unas preguntas sobre el caso de su padre, Bryan Kreimer?
    - Sí, por supuesto -asintió-. Sólo esperen que revise si no tengo que desconectar a nadie de los aparatos. Un minuto, por favor tomen asiento.
    Les indicó uno de los pequeños conjuntos de sillones, y mientras ambos se sentaban, se acercó al mostrador donde revisó en una de las computadoras todos los datos. Tras cerciorarse que tenían una hora para la charla, colocó una alarma cinco minutos antes del tiempo, y se dirigió hacia donde estaban los investigadores, que no se habían perdido ninguno de sus movimientos. Se sentó en el sillón frente a ellos, justo cuando ambos vieron la foto de su padre que había en el mostrador, donde él había estado.
    - Se nota que extraña mucho a su padre -comenzó Prescott, intentando ganar confianza.
    Saren sonrió melancólico.
    - Éramos muy unidos -respondió-. Cuando él abrió éste local, inmediatamente me ofrecí a ayudarlo, y luego de su accidente, he continuado administrándolo por él.
    - ¿Podría contarnos cómo fue el accidente que sufrió? -interrupción Carson, ganándose un sutil codazo de su compañero. Sin embargo, Saren sonrió, negando con la cabeza.
    - No hay problema -dijo, suspiró, y comenzó a hablar de nuevo-. Fue hace un año y medio, cuando surgieron unas actualizaciones para las máquinas del juego, y la conexión fue imposible durante todo el día. Las máquinas eran perfectas, así que las probé durante unas horas, y luego fue el turno de mi padre.
    - ¿Dice que fue culpa de las máquinas? -volvió a interrumpir Aban.
    Pero ésta vez, el castaño lo miró serio, frunciendo el seño al sentirse incómodo por las continuas interrupciones, y la falta de tacto en las preguntas.
    - Déjeme terminar, por favor -acotó-. Cuando mi padre estaba conectado, en el edificio que se encuentra en el terreno de atrás, hubo un cortocircuito en el subterráneo, y por unos segundos se bajó la tensión de la luz, sin llegar a activar el generador privado de energía. Yo me asusté mucho, y fui corriendo escaleras arriba para verlo; entré con todo el procedimiento, pero tristemente descubrí que las computadoras se habían reiniciado. Mi padre fue internado, mas nunca despertó -pausa-. Hace poco más de un mes, realicé un pedido al estado, y me dejaron desconectarlo. Fue enterrado sin velatorio.
    Distinguiendo la pena en las últimas palabras, Prescott permaneció unos segundos en silencio, para acompañar el dolor de su entrevistado. Sabía que el accidente era así, porque lo había leído en el archivo, pero siempre era mejor saber la opinión y punto de vista de un allegado; también, comprendía por qué la presión que había hecho Aban, pero Saren no parecía ser una persona fácil de controlar. Eso, le llamaba mucho la atención. Aprovechando la situación, Monroe se tomó unos segundos para meditar la próxima pregunta.
    - ¿Después del incidente ocurrió algo extraño en el sistema? -inquirió.
    El psicólogo sabía bien a qué iba su pregunta. Quería saber si alguien había visto al avatar de su padre dentro de Deiarell, o si alguien había visto a alguno de los otros personajes. ¿Sería posible? Sin embargo, Saren sabía que hace un tiempo, él mismo fue el que había presenciado ese inconveniente extraño del que le hablaban.
    - De hecho, sí -afirmó seguro, llamando la atención de Carson-. Hace unos cuatro meses dejé a un empleado a cargo por una hora, cuando no había clientes, y entré a Deiarell. Sin embargo, me encontré un álter que creí que era el de mi padre. Me acerqué desde atrás, porque estaba convencido que era él… incluso tenía los aretes en la oreja derecha, pero en cuanto le hablé, se fue corriendo. Me extrañó mucho, porque parecía más autónomo de lo que recordaba que Deiarell podía ser…
    - ¿A qué te refieres? -volvió a preguntar Prescott.
    - Cada personaje de Deiarell, además de tener una raza y ser un mago o un guerrero, puede elegir estilos o especializaciones, que determinarán sus capacidades, ataques, refuerzos y defensas que tendrá, como así también la ropa que usará; por esto mismo, sólo usan esas habilidades -otra pausa, y continuó-. Sin embargo, vi otra vez a ese humano, que había confundido con el álter de mi padre, que se encontraba peleando contra unos dragones. Lo que me extrañó, fue que usaba habilidades que antes no eran posibles…
    - Debe haber usado algún hack, o truco especial -acotó Carson.
    - Eso es imposible -respondió inmediatamente Bruno, meneando la cabeza- No se puede hacer eso, porque Deiarell es un mundo, y sólo se accede mediante el Café RV, donde todo está completamente controlado.
    Esta vez, Prescott tragó saliva, casi asustado de lo que eso significaría. ¿Independencia de vida dentro de un programa? O quizás, Deiarell no era un programa.



¡Esto es todo! Espero que les haya gustado, y si se leyeron el desafío que puse en la semana, espero que les haya gustado la frase que colgué ahí. Bueno, ahora sin más me despido. ¿Me dejan un comentario? ¡Nos vemos en el próximo artículo! ¡Éxitos!

Tags: literatura, novela, drama, misterio, psicológico

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: Aldair_88
S?bado, 20 de junio de 2009 | 6:19
el deiarell casi me dan ganas de juagrlo. Estupenda entrega, pobre Aban, te la has agarrado con ?l, sin embargo me parece un personaje interesante y ke insitintivamente llega a sus conclusiones.
Muy buen cap, te felicito
Autor: BlueBrain
S?bado, 20 de junio de 2009 | 7:10
?Excelente cap?tulo! Algunas dudas ya se me van aclarando y me surgen otras, es como que el juego, absorve a estas personas que cayeron en coma y siguen viviendo en la realidad virtual. Realmente exitante idea
S?bado, 20 de junio de 2009 | 14:40
hooo me encanto este capitulo mucha informacion nueva y contacto directo entre familiares aparentemente, por q el padre no le hablo y le conto lo sucedido, tendran conciencia de q estan dentro del juego aun o simplemente pensaran q eso es normal y es su mundo?. realmente me deja pensando, muy buena historia :D
S?bado, 20 de junio de 2009 | 18:58
me gusta la idea general de ?ste relato, se va complicando a medida que se aclaran dudas. Me encanta tu estilo
Lunes, 22 de junio de 2009 | 23:05
??Muchas gracias por pasarse!! Me alegro mucho que les haya gustado este cap?tulo, y gracias por deja r un comentario, porque eso me ayuda y motiva mucho. ??xitos!

 

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