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S?bado, 13 de junio de 2009

La Ausencia De Una Explicación - Parte II
~Ausencia~

¡Hola chicos! Nuevamente pido disculpas por la inactividad en esta semana, pero tuve un exámen bastante largo en la facultad y no he tenido demasiado tiempo como para poder conectarme. Espero poder retomar pronto mi ritmo de publicación en mi blog, que lo extraño mucho. En este capítulo aparece un personaje secundario que en lo personal me gusta mucho, no sólo su carácter sino también lo que sabe... creo que mi inspiración está retomando, y pronto comenzaré con el resúmen de la próxima historia, que va a ser un género un poco diferente: terror-thriller. ¡Ah que ganas de hablar! Los dejo con la lectura.


“La ausencia disminuye las pequeñas pasiones, y aumenta las grandes,
lo mismo que el viento apaga las velas y aviva la hoguera”
François de la Rochefoucauld


    Las calles de Londres brillaban con las luces de los coches y transportes que se deslizaban de un lugar a otro, llenando el lugar con sus ruidos propios, que se sumaban a las palabras de los transeúntes que terminaban siendo sólo murmullos en la tarde moribunda. Prescott relajó su postura sobre el asiento cuando detuvo el coche en un semáforo, aún pensando en las últimas palabras que Carson le había dicho, cuando salieron de la mansión: efectivamente, el único dibujo que tenían del alter de Clara en la realidad virtual, era uno que encontraron en la casa de Sebastian y que la mostraba sentada en una hamaca sin dejar a la vista, si ella podía ver o no. Pero si llegaba a ser cierto, quizás había algo en común entre los dos hermanos y la chica, que era los que les permitían moverse normalmente, y que él aún no se había dado cuenta.
    De pronto, el semáforo volvió a verde, y tomando de nuevo el volante comenzó a conducir hacia la oficina. A los pocos segundos, su compañero carraspeó notablemente su voz, haciendo que Prescott notara sus intenciones de hablar.
    - ¿Qué vas a hacer ahora, Monroe? -inquirió el americano.
    Prescott dudó, porque no se había detenido a pensar en eso, y sólo había estado conduciendo maquinalmente, sin pensar en el destino.
    - Pues… supongo que iré a buscar a la persona que nos indicó el Sr. Wagner -respondió.
    - Entonces llévame a mi hotel -fue la seca respuesta, que le llamó la atención al inglés-. Ya nos encontraremos mañana, para seguir con la otra entrevista.
    Sorprendido por la falta de interés, y el leve tono de molestia en la voz de su compañero, Prescott lo miró de reojo pero continuó conduciendo hasta que finalmente llegaron al hotel. Una vez que Carson se fue sin siquiera despedirse, el morocho llevó su diestra a la frente, apretándose el puente de la nariz, como intentando encontrar un motivo para la sequedad del americano; llegando a la conclusión de que no era de su incumbencia, comenzó a conducir nuevamente hacia el Empress State Building, para encontrarse con la persona indicada.
    Casi media hora después se encontraba de pie en el centro del ascensor, cuando decidió revisar el papel una vez más. Ahí estaba escrito “María Heraso. Programadora”, de puño y letra del jefe Wagner. Suspiró al releer el nombre, recordando que una vez su amigo Dean le había contado acerca de esa mujer. Era una programadora española, que marchó a EEUU para estudiar su segundo doctorado, y terminó trabajando para el FBI, uniéndose luego en la Interpol. Se sintió frustrado durante unos segundos, pensando que quizás la fémina también acotaría algo de su escasa edad, y meneó la cabeza para quitar esos pensamientos. Cuando las puertas del ascensor se abrieron, Prescott comenzó a caminar entre los escritorios, en dirección al lado opuesto del piso, donde estaba la sala de reuniones; a medida que se aproximaba, veía con más detalles a un tumulto de personas que estaban discutiendo. Se detuvo a una distancia precavida, y carraspeó su voz para llamar la atención; inmediatamente, las personas se callaron, observándolo.
    Se presentó con cuidado, midiendo sus palabras al hablar en un correcto inglés, cuando la única mujer del grupo fijó los ojos en él, obligándolo a mirarla. Ella tenía la piel ligeramente trigueña con un brillo casi dorado, ojos marrones oscuros, y el cabello negro ondeado, atado en un rodete con algunos mechones a los lados de su rostro, acompañado de algunas mechas lisas que caían sobre su frente. Iba vestida con una falda tubo ajustada a la rodilla de color gris oscuro, tacones cerrados y bien lustrados, y una camisa blanca que llevaba abierta hasta la altura del busto. Las casi esmeraldas del psicólogo recorrieron disimuladamente las curvas de esa mujer, sorprendiéndose de lo perfectas que eran, del busto soberbio pero firme, la cintura marcada, y las caderas bien redondeadas. Lo que más le llamó la atención, es que su cuerpo era totalmente diferente a lo que veía en su país… y eso le pareció sumamente atractivo.
    - Yo soy María Heraso -respondió al fin la mujer, sonriendo provocadoramente al percatarse de la sutil pero extrema observación del morocho-. ¿Qué le trae por aquí, Dr. Monroe? Me han dicho que a pesar de su corta edad, es usted un renombrado psicólogo.
    El inglés no pudo evitar soltar una queja en el interior de su mente, pero luego reconoció que ella debía llevarle casi diez años, y que era normal que lo tratara de esa forma. Con sus intenciones masculinas meramente destruidas, sonrió amablemente con una inclinación de cabeza, agradeciendo el comentario.
    - El Sr. Wagner me ha enviado a hablar con usted -explicó-, debido a que estoy a cargo de las entrevistas y de la investigación pública del caso de Deiarell.
    - Ya veo… -María hizo una pausa, y continuó-. En ese caso… ¿le apetecería cenar conmigo, Prescott?
    Otra sonrisa. Esa mujer a cada paso se tomaba más libertades.


    María se reclinó en la silla, apoyándose sobre el respaldar, mientras cruzaba las manos sobre la mesa, observando a Prescott del otro lado. Hacía una hora que habían salido del Empress, y se encontraban cenando en un restaurante medio; se habían sentado en una mesa que tenía un limpio camino libre hacia la puerta trasera, pero que a su vez permitía observar la entrada del local. Contrarrestando su movimiento, el psicólogo se echó hacia delante para hablarle, pero ella sonrió y soltó una pequeña risa al ver que él la estudiaba nuevamente. Él también se rió y tomó los cubiertos, para cortar con finura un trozo de la carne que tenía servida en el plato.
    - Como te dije hoy, me comentaron que tienes muchos títulos a pesar de ser tan joven, Prescott…
    Al oír esas palabras, el aludido bajó los cubiertos, mientras tomaba la servilleta y se limpiaba la boca, pensando en qué momento ella había comenzado a tutearlo. Esa mujer se tomaba demasiada confianza. Sin embargo, él odiaba los prejuicios que solían tenerlo, debido a que tenía tan sólo veintisiete años.
    - Seguramente has oído lo de siempre -respondió él, intentando ocultar su molestia-. Sin embargo, aquí en la Scotland Yard no importan la cantidad de títulos, sino la edad y el tamaño de la pelada.
    Sin quererlo, ella soltó una pequeña carcajada tapándose delicadamente la boca con la mano, mientras se inclinaba hacia delante, observando la expresión extrañada pero divertida del morocho frente a ella.
    - Debe pasarte algo similar a mí... -dijo ella-. Pero no es momento para esto. ¿De qué querías que habláramos?
    - Sobre la realidad virtual llamada Deiarell -afirmó Prescott, sacando su celular- ¿Puedo grabar la entrevista?
    - No -fue una respuesta seca y cortante, mientras la fémina le pasaba la mano sobre la de él, apagando el teléfono e impidiendo que grabara la conversación; inmediatamente, comenzó a susurrar-. Sabía que tarde o temprano te enviarían a hablar conmigo, así que quiero contarte algo sumamente confidencial.
    Prescott dudó por unos segundos, pero luego asintió apretando su teléfono y quitando la mano del lugar, para volver a guardar el aparato, y relajarse en su asiento. Pero como su mente no dejaba de indagar sobre los posibles motivos de la fémina, se lo preguntó.
    - ¿Por qué me quieres contar esto?
    - Por una sola razón -respondió ella, con una seguridad chocante-: porque no estoy de acuerdo con lo que Wagner está intentando hacer; o mejor dicho, con las órdenes que está intentando cumplir -suspiró-. La tecnología por sí misma, termina arrebatándoles la humanidad a las personas…
    Un pequeño silencio se instauró entre ambos, ella reprimiéndose por hablar de más, y él intentado comprender las palabras que había oído. ¿Es que acaso la investigación no era simplemente averiguar qué había ocurrido con los jóvenes? ¿Había un motivo detrás de todo eso? En ese momento, Monroe no lo comprendía, porque no tenía la información necesaria para poder llegar a una conclusión aceptable. El silencio continuó durante un rato, sin que ambos atinaran a moverse, hasta que finalmente María rompió el silencio, acodándose en la mesa y clavando sus seductores ojos marrones, en las esmeraldas de él.
    - Dime una cosa: ¿qué es Deiarell para ti?
    - Es un software mantenido en la red y apoyado en una gran base de datos, que se puede categorizar como un juego de realidad inmersiva -respondió él, completamente seguro.
    - Pues con esa concepción, no comprenderás nada entonces... -afirmó María, ganándose una mirada de desprecio por parte del psicólogo- ¡No me mires así! -sonrió, para luego bajar la voz- Es que Deiarell es un mundo tan real como éste… sólo que con más razas, más guerras, más creencias y una cultura totalmente diferente.
    Prescott abrió la boca dispuesto a hablar y quejarse, haciendo notar su opinión contraria, pero la mirada fría y autoritaria de la mujer, lo hicieron arrepentirse súbitamente de la idea, volviendo a relajar la postura, y predisponiéndose a escuchar.
    - El mundo donde vivimos nosotros puede definirse como un conjunto de datos, donde las personas son funcionalidades que se especializan en diferentes personalidades, como si fueran avanzados algoritmos -explicó, observando fijamente al hombre delante de ella-. Esto es así, al punto que si se descargara toda la información de esta realidad en un “juego de realidad virtual inmersiva”, como tú definiste antes, entonces sólo se necesitaría la mitad del espacio e información que requiere Deiarell actualmente. ¿Qué se deduce de aquí? Que Deiarell es mucho más complicado que este mundo.
    - ¿A qué te refieres exactamente?
    - En otras palabras, que Deiarell es dos veces más complejo que el mundo humano, que tu llamas realidad.
    Una vez más, se quedó en silencio, pensando en lo que ella le había dicho. Recordó las palabras de Carson, comentándole que nadie sabía dónde y cómo era mantenida la base de datos de Deiarell, ya que era tan grande que resultaba imposible sostenerla. ¿Sería la red la ubicación real? Porque en ese caso, y tomando las palabras de María como verdaderas, podía pensar que el mundo real también era virtual, y por lo tanto considerarse como parte de otro juego. Prescott suspiró meneando la cabeza, mientras recordaba una vieja película que había visto cuando era chico. Seguramente, se trataba de una broma.
    Escuchó movimiento frente a él, y alzó el rostro rápidamente para fijar la mirada en la fémina, que en ningún momento había dejado de observarlo. De pronto, ella sonrió curiosa pero gatuna al mismo tiempo.
    - Me han dicho que además de tus conocimientos, hablas varios idiomas -preguntó en un perfecto español neutro, dejando de lado su correcto inglés- ¿Me entiendes así?
    El psicólogo asintió.
    - ¿Por qué hablar en español, si podemos usar el inglés? -respondió en el mismo idioma, demostrando su capacidad para hablar perfectamente neutro.
    - Pues porque el español es más expresivo, mira esto…
    Estirándose hacia su cartera, ella sacó una lapicera para después tomar una servilleta de papel limpia, expandiéndola como un papel para dibujar; le hizo un gesto al morocho, y luego se inclinó sobre el papel. Primero, dibujó en el centro un pequeño círculo marcando unas líneas curvas y temblorosas en el interior, simulando los continentes, para después escribir “Tierra” arriba de éste. Al ver lo que hacía, Prescott se acodó sobre la mesa, inclinándose para ver el dibujo. María sonrió, y comenzó a marcar pequeños círculos alrededor del planeta, simulando los satélites; finalmente, inclinó la lapicera para que la tinta no fuera tan densa, y marcó una gran nube que rodeaba el planeta por completo.
    - ¿Sabes qué es esto? -preguntó indicando la nube.
    - Supongo que serían las comunicaciones y la información que navega entre los satélites -respondió él, siempre hablando en español.
     - Es algo similar, en realidad -refutó María-: es la información conocida como la red. Y casi todo es Deiarell, que continuamente se expande abarcando no sólo esa red de información, sino también el mundo físico, donde se produce la conexión con esa realidad.
    Volviendo a inclinarse sobre la mesa, ella movió la servilleta tomando otra, que también expandió sobre la mesa, alisándola para poder dibujar. Al lado izquierdo, trazó burdamente un monigote que representaba una figura humana, y al lado opuesto dibujó un círculo al que le escribió “Satélite” arriba. Después, trazó una flecha curva desde el monigote hacia el satélite, también con una que tenía el sentido contrario, denotando que la unión entre ambas partes, era un idea y vuelta.
    - ¿Ves esto? -señaló las flechas con la punta de su lapicera, y él asintió-. La conexión que usan los cascos de Deiarell anula ciertos impulsos eléctricos del cerebro, de forma que éste considera el cuerpo como una computadora terminal, y desplaza sus controles hacia el cuerpo de Deiarell, de forma que éste se mueve con el pensamiento, tal cual es en este mundo.
    - ¿Qué pasa si hay un problema en la conexión? -inquirió el inglés.
    María alzó la vista del dibujo, dejando la lapicera en la mesa. Tomó la servilleta entre sus manos, doblándola a la mitad, y tomando cada lado con las puntas de sus dedos, tiró en direcciones opuestas, separando el papel en dos partes: en un lado el cuerpo, y en otro la conexión con el satélite. Al verlo, los ojos de Prescott se desviaron hacia el otro dibujo, y a continuación tragó saliva pensando que la información eléctrica de esas personas podía perderse irremediablemente, haciendo que sus cuerpos cayeran en un estado de coma.
    - No te apresures a pensar -habló la programadora-. Si hay un problema con la conexión, entonces esta transferencia de información se anula, descargándose sólo hacia el lado que es más estable… y que no es de dónde depende la conexión…
    - Interpretando lo que dices, puedo pensar que te refieres a que la información no se vuelve a descargar en el cuerpo real… en el de este mundo.
    - Puede ser -respondió-: aún no tengo las pruebas.
    Prescott se echó hacia atrás, tomando la copa con vino entre sus dedos, y mirando el dorado líquido que brillaba con la luz ambiental; hizo girar el contenido de la copa un par de veces, y luego bebió un pequeño trago, para observarlo nuevamente. Las palabras de María le resultaban complejas pero atrayentes, y más al decirlas en un idioma tan rico mas diferente del inglés. Sin embargo, no podía dejar de pensar que si todo eso era cierto, entonces podría considerar al cerebro como un disco duro, donde mediante el sistema de carga-descarga de información que usaba Deiarell, podría llegar a controlar el cerebro aún en personas jóvenes.
    No podía ser. ¿Sería que…?
    Alzó la vista preocupado, frunciendo el seño, pero sólo se encontró con los ojos oscuros de María que le sonreía jovial y seductoramente, mientras le tendía las dos servilletas que había dibujado hacía unos momentos, una cortada en dos partes. Prescott extendió la diestra tomando el papel, pero ella fue más rápida y apretó sus dedos contra los de él, impidiéndole retirar la mano tan fácilmente.
    - Una cosa más -dijo, aún en español-. Tu amigo Dean sabe más de lo que aparenta… podrías intentar hablar con él.



Esto es todo por hoy. Creo que es demasiada información por el momento, porque las cosas están dando unos firos bastante impensados en la historia. Se que no es tan impredecible como lo son mis historias, pero creo que al final les va a gustar el resultado. ¿Me dejan una opinión? En lo personal, creo que este capítulo está mucho mejor que el anterior. ¡Gracias por leerme! ¡Nos vemos en el próximo artículo!

Tags: literatura, novela, drama, misterio, policial

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S?bado, 13 de junio de 2009 | 17:52
?PERO QUE BUENO ESTE CAP?TULO!!!
Ya me estoy haciendo la cabeza, me di? muchisimas ideas, como el hecho que la energ?a mental es la que controla el cuerpo, si esta conexi?n es defectuosa de nacimiento, en el juego ser? igual, pero si funcionaba bien y fue interrumpida, entonces el jeugo puede reconectar todo. ?Muy bien pensada la trama! Sos excelente escribiendo y ten?s una imaginaci?n excepsional! Te felicito
S?bado, 13 de junio de 2009 | 22:45
buenisimoooo el cap, es el mejor q he leido hasta ahora, muy atrapante y el nuevo personaje, me gusta mucho. la informacion q trajo es espectacular, este cap no tiene desperdicio, de lo mejor...
Autor: BlueBrain
Domingo, 14 de junio de 2009 | 9:54
ayer me qued? sin conexi?n y sufr?a por leer el cap?tulo nuevo. Est? de 10, me encant? Mar?a y me parece que hasta ahora es la m?s acertada en las conclusiones que saca del juego. Muy buen cap. espero el pr?ximo para seguir disfrutando
Autor: Aldair_88
Lunes, 15 de junio de 2009 | 5:49
ke atrapante est? esta novela, cada entrega me d? nuevas ideas. Me encanta el personaje de Mar?a, me pregunto ke hubiera pensado Carson de ella y me dej? con dudas el hecho ke se hubiera kedado en el hotel.
Lunes, 15 de junio de 2009 | 11:39
?Hola chicos gracias por leer! A mi tambi?n me encanta el personaje de Mar?a, y se que esto ha dado muchas ideas para lo m?s importante de la trama. Gracias por pasarse y dejarme un comentario.

 

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