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S?bado, 16 de mayo de 2009

Los Ojos Que Permanecen Cerrados - Parte II
~Ceguera~

¡Saludos gente! ¿Cómo andan? Hoy les traigo otro capítulo de esta historia, que se que será larga (21 capítulos). Por lo pronto, les comento que me divierte mucho escribir la contradicción de Prescott y Aban, porque se llevan como perros y eso me resulta muy divertido. En este capítulo vuelve un personaje que apareció en el prólogo, y que es uno de mis favoritos! Espero que les guste, y les agradezco a todos los que se pasen. Sin más, con la historia:


“Es tan ciego porque sólo ve lo que quiere ver”
John Lennon


    Dean Bradbury hablaba con un médico en el Hospital, fingiendo no haber escuchado los pasos tras de él. Sabía que ellos iban a estar en la ciudad, pero no había previsto que se encontraran justo cuando él iba a buscar a los jóvenes; le sonrió a la doctora que tenía en frente, y observó de reojo la cama que aún se divisaba hacia el final del pasillo en dirección al ascensor, cuando escuchó la clara voz de Prescott con su inconfundible acento inglés, llamándolo por su nombre falso. Frunció el seño y volteó con un gesto de incordio en el rostro, para fijar su mirada oscura en los dos investigadores que se habían detenido a unos pasos de él, estudiándolo con la mirada como si no se conocieran, Carson mostró su placa, y tras la presentación de rigor Dean se vio forzado a saludarlos con una inclinación de cabeza; luego, volteó hacia atrás pidiéndole disculpas a la Dr. Wagner -a la cual también se refirió con un nombre falso- para después observar a su amigo y al americano, manteniendo su personaje, mientras la mujer se alejaba caminando hacia el ascensor.
    - ¿En qué puedo ayudarlos, señores? -inquirió Dean-. Porque debo irme a realizar las tareas que se me imponen.
    Desde el otro lado del vidrio, Dalton alzó su mirada observando a los tres hombres que parecían acabar de presentarse. El doctor rubio era de la misma contextura que el inglés, sin embargo, era un poco más alto; por el otro lado, el hombre del FBI no parecía encontrarse a gusto junto a esas dos personas. El morocho suspiró, observándolos, y luego volvió a bajar su mirada para encontrarse con su hermanito, a quien pronto llevarían para hacerle algunos estudios; quería mantener la esperanza de que no todo estuviera perdido, pero con tan pocos motivos no podría seguir así por mucho.
    - ¿Comenzaron la investigación, ya? -le preguntó Prescott a Dean, quién frunció un poco el seño, hojeando la carpeta que tenía en las manos.
    - Efectivamente -respondió-. La doctora está conmigo y vamos a hacerles unas pruebas a esos jóvenes.
    Carson agachó el rostro mientras guardaba su placa, y luego dio una rápida pero disimulada ojeada a sus alrededores.
    - ¿Tienen alguna sospecha de lo que pudo pasarles? -inquirió luego, observando al rubio.
    - Lamentablemente, no. Sólo sabemos que están en estado vegetativo, como han diagnosticado los médicos locales -explicó el aludido, para después continuar-. Esto se debe a alguna lesión en la parte del cerebro que controla el pensamiento y la personalidad. Sin embargo, ninguno de estos chicos ha continuado teniendo los reflejos automáticos de sus cuerpos, y esto es lo que se llama coma-4 donde no hay reacción al dolor, ni reflejos, además de que las pupilas no reaccionan a la luz. Estamos intentando averiguar si esto se debe a la cantidad de tiempo que llevan en este estado, o si es por causa de alguna lesión severa -Dean hizo una pausa, los miró a ambos, y agregó- Debo irme, estoy ocupado.
    - Una pregunta más, Doctor -se aventuró Prescott, admirado de la capacidad actoral de su amigo- ¿Cuánto tiempo dura el estudio a los jóvenes? Quisiéramos saber los resultados…
    Inmediatamente, Bradbury comprendió que en realidad, el inglés le estaba preguntando cuánto tiempo permanecería él en la ciudad, y sonrió para sus adentros al saber que el psicólogo también era capaz de fingir cuando se lo proponía. Suspiró molesto, siguiendo con su papel, y luego le dijo:
    - Una semana, aproximadamente. Y luego le invitaré un café así se desahoga con sus preguntas -acomodó las carpetas en sus manos e hizo un ademán con la cabeza-. Debo irme, que tengan un buen día.
    Al oír eso, Carson revoleó los ojos mientras se llevaba las manos a los bolsillos, odiando las costumbres inglesas que rechazaban un buen café. Pero al lado de él, Prescott mantuvo el gesto inerte mientras se alegraba internamente al haber oído la frase que Dean siempre le decía cuando había decidido contarle algo muy secreto de alguna investigación; sin embargo, también así supo que el neurólogo debía de haber averiguado alguna información que consideraba demasiado importante como para que él la supiera. Aban suspiró cansino, y sin decirle nada a su compañero comenzó a caminar hacia la salida del Hospital, tras haber mirado levemente al joven que había vuelto a dormirse sobre la mano de su hermano.
    Salieron hacia el estacionamiento para darse cuenta de que ya era de noche. Caminaban en silencio, cada uno completamente ensimismado en sus propias elucubraciones, hasta que comenzaron a serpentear entre los coches, intentando encontrar el Cadillac. En eso, Aban se detuvo pensativo, y Prescott volteó a verlo, sin obtener respuesta alguna; al cabo de unos segundos el arábigo alzó la mirada, para hablarle como si hubieran estado manteniendo una fluida plática intelectual.
    - Ahí está el motivo -concluyó, sin hipótesis alguna.
    Prescott torció la cabeza, sin comprenderle.
    - No estoy seguro que sea cierto que Clara Safons veía dentro de Deiarell, siendo ella ciega -comenzó a explicar el criminólogo, tras ver a su compañero totalmente extraviado-; tampoco parecía que fuera la clase de personalidad que se obsesiona con un mundo virtual, para encontrar lo que no tenía aquí.
    Entonces, el psicólogo se llevó la mano al mentón, asintiendo pensativo, pero en el momento en que iba a hablar, Aban ya había reiniciado su marcha hacia el coche, y se encontraba lejos. Llegó cuando el Cadillac estaba ya con el motor encendido, para abrir la puerta con rabia, arrojándose hacia el asiento de forma que el coche se sacudió levemente. Carson volteó a verlo para entender el porqué de su reacción, pero sólo logró verlo pensativo t reservado.
    - Creo que ya no es necesario ir a las universidades de Lescano y Safons -concluyó Prescott-. Me parece más oportuno e imperante ir al Café RV donde ellos jugaban el día del accidente.
    Carson activó el control del coche, y comenzó a conducir, pensando internamente si debían ir o no al Café RV. En ese momento, un fuerte bostezo se apoderó de él, y se vio obligado a alzar la diestra para cubrirse la boca, mientras Prescott volteaba a verlo, intrigado. Pero definitivamente, concluyó Aban, se hallaba demasiado cansado y hastiado de escuchar charlas emocionales durante todo el día, como para ir al Café.
    - Vamos mañana a la mañana -remató Carson, limitándose a continuar conduciendo, mientras Prescott sonreía inescrupulosamente, al saber que sería el último día en ese país.
    Cerca de una hora después arribaron al hotel donde se hospedaban, y tras subir por el ascensor, Aban Carson se apoderó del baño abriendo la ducha con el agua caliente, y llenando toda la habitación con el vapor que emanaba. Prescott abrió la ventana, sintiéndose asfixiado por tanta humedad, y luego se sentó en el escritorio, abriendo su laptop y encendiéndola; buscó durante un rato los archivos de Clara y Alan pensando que encontraría denuncias de acoso del padre de ella, pero al no encontrar nada, se reclinó en su silla pensando que quizás todo era como la vecina y Dalton les habían contado. Fijó sus ojos en el expediente de Alan donde había una pequeña descripción con datos de la vecina, la mujer que le cuidaba la casa, y Prescott se reprochó a sí mismo haber leído de forma tan descuidada el expediente, al punto de haber ignorado esos datos. Ofendido, ni siquiera esperó para bañarse, decidiendo acostarse a dormir antes de que su compañero comenzara a roncar.


    La noche transcurrió pacífica y tranquila, hasta que un horrible tintineo comenzó a rechinar cada vez más fuerte; era un sonido metálico pero agudísimo, que luego fue sustituido por un rugido profundo y bestial que inundó el lugar, aturullando sus sentidos para llevarlo de nuevo a la realidad. Prescott abrió los ojos y enfocó a Carson, de pie al lado del escritorio, hablando con su grave voz matutina, con el celular; al cabo de un rato finalizó la comunicación, para volverse hacia el inglés y explicarle que esa misma noche tenían que tomar un avión hacia Londres, porque no les habían permitido permanecer más de cinco días en EEUU. Prescott se levantó de muy buen humor agradeciendo que no tuviera que soportar más de cuatro días en ese chiquero, y comenzó a vestirse. Luego de una hora, se encontraban desayunando en el comedor del hotel, cuando Aban comenzó a hablarle, aún sin haber terminado de tragar todo el café que tenía en el paladar.
    - ¿Cómo se llama el dueño del Café RV? -inquirió.
    Disgustado, Prescott se llevó finamente la servilleta a la boca, limpiándose, mientras respondía.
    - Mike Russel -dijo dejando la servilleta sobre la mesa-. Pero para trabajar usa su apodo: le dicen Miel.
    - ¿Qué significa eso?
    - Es español -contestó el inglés, revoleando los ojos-. Es el dulce de las abejas. Y no es un nombre original… seguro que es una persona interesante.
    Sin responder, Aban terminó de deglutir su desayuno en silencio, observando el lugar de a ratos. Luego, pagaron la cuenta del desayuno, para salir hacia el estacionamiento y subirse en el coche; recorrieron casi a lo ancho la ciudad para llegar hasta el Sunset Bv., cuando se detuvieron frente a un gran local de dos pisos, pintado en un color azul oscuro con detalles en la pared en color verde manzana, y un gran letrero luminoso que decía “Café RV”. Prescott se bajó del coche una vez que estuvo estacionado correctamente, tratando de imaginar qué clase de personas iba a encontrar ahí dentro.
    Esperó que Carson hubiera bajado también, y se encaminaron hacia el local; una vez adentro, Prescott se quedó anonadado observando el lugar. Era una pequeña sala de espera pintada en un profundo color azul oscuro, con una puerta doble frente a la de entrada que conducía a un pasillo, asientos a la derecha y un pequeño mostrador con una computadora a la izquierda; las paredes estaban adornadas con cuadros de fotografías de seres y paisajes de Deiarell, que parecían escenas del mundo real. En ese momento, sus ojos verdosos se fijaron en un grupo de jóvenes que aparentaban entre dieciocho y veintidós años, junto con otro hombre de cercanos treinta años, más bajo y musculoso, que los observaba fijamente, para después acercárseles preguntándoles si podía ayudarlos en algo. Aban, para sorpresa del inglés, le preguntó con delicadeza y en vos baja si él correspondía al nombre de Mike Russel, para después mostrarle las placas del FBI y de la Scotland, anunciándoles que tenían que hablar con él.
    En ese momento, la puerta se abrió haciendo sonar una campanita, y una chica entró mirando sorprendida a Miel. Ella era más alta, esbelta y con el busto seguro y preponderante, que vestía unos jeans negros ajustados, botas al tono, con una campera inflable con capucha símil esquimal, de color turquesa, que resaltaba sus ojos; se quitó la chaqueta dejando visibles sus redondeadas caderas y marcada cintura, que parecían serpentear mientras caminaba. Carson y Prescott se quedaron anonadados observándola caminar hasta Miel, para luego inclinarse y darle un profundo beso de saludo, que dejó a todos odiando al joven. Contrario a ella, Mike Russel era más bajo, de espaldas anchas y cuerpo musculoso, que vestía simplemente con un jean y un suéter de escote v; su rostro no era llamativo, ya que tenía los ojos muy juntos y la nariz quebrada, junto con la mandíbula ancha, pero que le daba un aspecto muy amable.
    - ¿Pasó algo, cariño? -le preguntó la chica, observando a los recién llegados.
    - Querían hacerme unas preguntas -respondió Miel- ¿Puedes quedarte en el mostrador? –la chica asintió, y él se dirigió a los investigadores-. Ella es Lluvia, mi novia. Ahora necesito conectar a estas personas a Deiarell… ¿quisieran acompañarme y luego hacemos la entrevista?
    Prescott y Carson se miraron, para después asentir.
    - Te seguimos.
    Miel asintió y volteó para ver a los jóvenes, y luego se dirigió hacia la puerta doble. Cruzaron todos dirigiéndose a través de un largo pasillo, hasta que llegaron al final y subieron a otro corredor, caminaron unos pasos más, para finalmente internarse en una antesala con varios armarios donde los cinco chicos se quitaron todas las pertenencias de metal, aros, teléfonos e inclusive zapatos, para después entrar en la sala. Carson y Prescott observaron atentos cómo Miel les hablaba para relajarlos, mientras iba preparando los cascos de realidad virtual; al cabo de un tiempo, les colocó los controles, y les hizo una seña a ambos para que salieran del lugar sin hacer ruido. De nuevo en la antesala Aban quiso hablar pero Miel lo calló diciéndole que hablarían abajo; cerró la habitación, e hicieron el camino inverso.
    Ya en el hall, Miel saludó a su novia nuevamente, y le pidió que trajera alguna bebida para los dos investigadores, a quienes les indicó que se sentaran en las sillas de la sala de espera. Ellos se sentaron, pero Carson quedó con la mirada perdida en un cuadro que era una fotografía de Deiarell, donde se veía a dos ángeles volando por el cielo, uno de ellos con cuatro alas negras.
    - Es normal que a estas horas no haya nadie, porque la gente viene con turnos -explicó Miel-, así que tendremos cerca de una hora. Son muy pocas las personas que cambian de horario, porque suelen venir una vez por semana, hasta tres horas seguidas… el sistema del juego se corta solo, y no permite más tiempo.
    Prescott sonrió pensando que el castaño tenía verborragia, pero que le resultaba una persona muy educada y amable.
    - Fue muy interesante todo lo que vimos allá arriba -comentó, para bajar la tensión del lugar, mientras Miel soltaba una pequeña risa nerviosa.
    - Es el procedimiento normal y obligatorio, que se debe hacer antes y después de proceder con la conexión -declaró el aludido-, para que no se mareen ni sufran efectos secundarios.
    - Dime una cosa: ¿por qué no podíamos tocarlos? -inquirió Carson.
    Lluvia se acercó sinuosa hasta la mesa, dejando una pequeña bandeja con tres tazas de café, y servilletas. Después, le sonrió a su novio acercándole una de las tazas, tras haber escuchado la pregunta del criminólogo.
    - Eso es por una cuestión de sensibilidad del cuerpo, con permiso… -dijo ella, dudando un poco pero más segura luego de que Miel le sonrió-: los cascos que usa Deiarell hacen que el cerebro pierda el control del cuerpo físico, ignorando también el dolor, y que controle el cuerpo virtual. Por eso, cualquier movimiento o sonido muy fuerte que ocurra cerca, puede provocar una reacción adversa o un corto en el sistema, haciendo que su cerebro se desconecte total o parcialmente del cuerpo. Debido a esto, tanta precaución, y la relajación previa.
    Todos se quedaron en silencio, y Carson abrió su saco con la mano izquierda, sacando unas fotografías del bolsillo interno, que se las extendió hacia la pareja. Miel perdió sus ojos acaramelados en los rostros de los jóvenes que ahí estaban, mientras la fémina le acariciaba la espalda y los hombros para tranquilizarlo. Aban tragó saliva esperando el momento oportuno, hasta que finalmente les pidió que le narraran lo ocurrido el día que los cuatro chicos habían quedado en estado vegetativo. Sin embargo, Miel suspiró.
    - Eso fue una verdadera tragedia -dijo.


Esto ha sido todo por hoy. Se que no ha ocurrido grandes cosas en el capítulo, pero cada detallito es importante para poder continuar... creo que toda esta historia se basa en esos detalles ínfimos que van construyendo poco a poco la verdad de la trama. En fin, muchísimas gracias a todos los que lean, les agradezco mucho, y nos estamos encontrando en el próximo artículo. ¡Éxitos!

Tags: literatura, novela, drama, misterio, investigación, policial

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: BlueBrain
S?bado, 16 de mayo de 2009 | 6:02
Dean Bradbury act?a como alguien a quien no le gustan las intromisiones, me encanta como relatas los desacuerdos entre los protagonistas, me resultan muy graciosos.
Estupendo cap?tulo, me dej? algunas preguntas, pero espero resolverlas en las siguientes entregas.
Autor: Aldair_88
S?bado, 16 de mayo de 2009 | 6:32
?muy bueno el capitulo! te felicito, me gusta como vas desarrollando la trama, dando a conocer peke?os detallitos, para ke la trama no sea predecible. Te felicito, me encanta tu estilo
S?bado, 16 de mayo de 2009 | 16:14
muy buen capitulo me gusto mucho y estoy muy interesado por la informacion q puedan sacarle a miel, esto se pone cada vez mejor. felicitaciones.
S?bado, 16 de mayo de 2009 | 17:32
creo que hay algo sospechoso en Miel y lluvia, adem?s de la intervenci?n de los m?dicos, eso me cre? dudas sobre lo que han investigado, creo que puede ser algo desisivo.
Muy bueno el cap. me gusta la animosidad entre los investigadores, le d? la nota graciosa que distiende al lector, muy buen recurso. Te felicito
Domingo, 17 de mayo de 2009 | 18:16
Pues la verdad es que Miel y Lluvia tienen algo muy importante que comentar, jejeje. ?Muchas gracias por leerme! Espero que les haya gustado el cap?tulo, gracias por sus comentarios!! :)

 

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