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S?bado, 02 de mayo de 2009

A Veces Los Secretos Ocultan Verdades
~Secretos~

¡Buenas noches! Aquí les traigo otro capítulo, pero he llegado a la conclusión de que las épocas de examen afectan mi capacidad literaria. Agradezco que siempre tengo mis resúmenes de cada episodio porque sino estaría completa y absolutamente perdida en momentos como este... espero que luego de rendir, vuelva a mí la cordura. Sin más preámbulo, los dejo con el capítulo:


“Si quieres que tu secreto sea guardado, guárdalo tú mismo”
Lucio Anneo Séneca


    El Cadillac negro se movía con estudiada lentitud entre los espacios del estacionamiento del Hotel, hasta que se detuvo cerca de su reserva, y luego de unas hábiles maniobras, Aban Carson logró estacionarlo perfectamente. Las puertas se abrieron casi inmediatamente, dejando paso a los dos investigadores que se encontraban perdidos en sus propias divagaciones; guardaban silencio limitando su conversación a los gestos que se hacían, hasta que finalmente llegaron al ascensor. Prescott se mordió el labio inferior al ver que éste se encontraba en uno de los últimos pisos, y no pudo reprimir un resoplido que lo hizo inclinar la cabeza sacudiéndola levemente. Hurgó en su bolsillo buscando su teléfono móvil, y luego lo abrió para buscarlas fotos que había tomado en casa de Sebastian, observándolas nuevamente; las puertas se abrieron automáticamente cuando el ascensor llegó al subsuelo, y el psicólogo se adentró ensimismado mientras continuaba observando su teléfono, dejando que Carson seleccionara el piso al que debían ir.
    Moviéndose casi a ciegas, se apoyó de espaldas contra una de las paredes, mientras sentía que comenzaban a ascender en los piso. Prescott recordaba con exactitud que en Deiarell, según lo que había leído, coexistían diferentes razas que servían a diversos dioses y cada una tenía habilidades, fortalezas y debilidades especiales. Sabía que habían dos razas de ángeles: los de alas blancas y los de alas negras, donde los segundos eran los más extraños de todos debido a que eran muy complicados; sin embargo, también sabía que había otra raza que se caracterizaba por los cabellos claros con las orejas alargadas, de modo que…
    - Monroe, llegamos. ¿Vienes?
    La voz de Aban hizo que los pensamientos de Prescott se interrumpieran súbitamente, al tiempo que alzaba la vista para ver al arábigo sosteniendo la puerta con la diestra y el maletín en la zurda, mientras lo miraba entre molesto y nervioso. Sin embargo, en ese momento recordó algo que había visto en los archivos de los afectados y, olvidándose de su compañero, se apresuró a la salida empujándole el brazo cuando pasó al lado, mientras corría directamente hacia la habitación, en busca de su escritorio. Llegó rápidamente con la llave en mano, ya que la había sacado durante el trayecto, y abriendo la puerta olvidó cerrarla mientras se avecinaba sobre su computadora portátil, encendiéndola y comenzando a revisar los archivos, uno por uno.
    Una ventana se abrió en el monitor, y el inglés tecleó su usuario con la contraseña correspondiente, para después observar cómo se desplegaban todos los archivos en la pantalla. Inmediatamente buscó el historial de Julia Rasse estudiando con detalle todas las opciones. Se acodó en el escritorio inclinándose hacia delante mientras acercaba sus ojos al reducido monitor, sonriendo cuando sus ojos verdes se posaron en un detalle que había olvidado: según lo que había escrito ahí, Julia jugaba al Deiarell con un personaje de la raza de los Ángeles Caídos, aquellos de alas negras y larga cabellera oscura. Sorprendido por su descubrimiento, buscó el archivo de Clara Safons hallando lo que él esperaba: ella jugaba en Deiarell con un personaje de raza Elfo de Luz, los cuales se caracterizaban por el cabello rubio o plateado, con las orejas alargadas hacia atrás.
    Repentinamente la puerta de la habitación se azotó, y el estruendo del golpe junto con el movimiento de la cerradura, se esparció por el ambiente. Prescott enderezó lentamente la espalda hasta girar la cabeza hacia su izquierda, observando la figura delante de la entrada, que caminaba hacia él con aires furibundos; Carson traía el seño fruncido al igual que su nariz, los puños apretados y el andar rabioso, hasta que llegó a cierta distancia donde alzó la diestra hacia el inglés, señalándolo, dispuesto a gritarle todo su odio por haberlo dejado de esa forma en el ascensor, cuando Prescott supo que tenía que detener la pelea.
    - Encontré un posible significado para los dibujos que encontramos -dijo rápidamente pero de forma tranquila, dejando a Carson con la palabra en la boca-. Aparentemente eran dibujos de Julia y Clara, en las apariencias que tenían dentro de Deiarell, observa…
    Y al decir eso, movió la portátil de forma que el monitor quedó de frente a Aban, quien bajó la diestra acercándose aún con el gesto arrugado y los ojos entrecerrados, el cual fue relajándose paulatinamente a medida que comparaba las fotos en los archivos, con los dibujos que Prescott le mostraba con el celular. Enderezándose una vez más, Carson arrojó el maletín sobre la cama, y volvió para observar el monitor una vez más, pensando qué relación habría entre los dibujos y las dos féminas, más allá de una obsesión por Deiarell.
    - Quizás -concluyó el americano, al fin- Sebastian estaba enamorado de alguna de las dos chicas.
    - En ese caso… -Prescott se reclinó sobre la silla luego de girar la laptop hacia él, acodándose en el apoyabrazos mientras sus mandíbulas se sostenían en su diestra, dejándolo pensar-, seguramente se trata de Julia Rasse, ya que ella usaba el Ángel Caído, y toda la habitación estaba repleta de plumas negras y espadas, que eran las armas que ella controlaba en Deiarell.
    - Sería la opción más lógica -secundó Carson-, además, ellos cursaban juntos en la Universidad. Deberíamos ir ahí…
    - Sí, mañana iremos.
    Las charlas no se extendieron demasiado cuando Aban terminó de quitarse el traje, y se enfundó en su cama, de espaldas a la ventana donde estaba la de Prescott. Sin embargo, el inglés seguía meditando sobre el tatuaje del dragón. ¿A qué se podría referir?

   
   
    Era mediodía sobre Wilshire Boulevard, cuando Prescott Monroe se bajó del coche entrecerrando los ojos inmediatamente, al sentir el sol sobre su piel, sin poder evitar pensar que ese clima no le agradaba en lo absoluto. Mas cuando sus pupilas se acostumbraron al brillo, su atención se concentró en el imponente edificio de la Universidad de Arte de California, situada en Los Ángeles; era una arquitectura clásica, moderna para principios de siglo pero demasiado obsoleta para esa época. Últimamente se habían reemplazado las ventanas de vidrio común por las del nuevo material que se tonalizaba a medida que recibía más sol, pero más allá de eso, parecía un típico edificio. La voz de Carson volvió a llamarle la atención al inglés, y siguiendo sus pasos, se internaron en la Universidad.
    Los pasillos eran anchos y amplios, poblados de alumnos que circulaban en todos los sentidos con grandes bolsos a sus espaldas, carpetas en las manos, e incluso tableros de dibujo. En las paredes había expuestas diversas obras de los estudiantes, con acrílicos y cadenas típicas de las galerías de arte. Los pasos de Carson los guiaron hacia la oficina de la secretaria principal; ella era una mujer de mediana edad, cuerpo robusto y cabello ondeado, que les sonrió amablemente al saberlos parte de una investigación de la Interpol, para después ponerse de pie dirigiéndose hacia una puerta doble tras su escritorio. Minutos después, la mujer volvió anunciándoles que el Decano los esperaba, y luego los acompañó a la puerta; una vez que los dos hombres cruzaron el umbral, la secretaria cerró, dejándoles oír el molesto chirrido.
    La oficina era un lugar amplio y majestuoso, con paredes pintadas en color beige oscuro, muebles de roble trabajado, y una alfombra persa en el suelo; había cuadros, esculturas y maquetas decorando la zona, junto con un sofá de color negro, cuyos almohadones estaban bordados a mano. Tras el escritorio se encontraba el Decano, un hombre de pasados sesenta años, cabeza calva en su totalidad, tez blanca pero poblada de manchas de edad, y manos firmes que denotaban sus años. Él se levantó al verlos entrar, para rodear la mesa acercándose hasta donde estaban, extendiéndoles la diestra en forma de saludo, que tanto Carson como Prescott estrecharon amablemente, mientras intercambiaban algunas palabras de rigor.
    - ¿Y a qué se debe el gusto de su presencia, mis estimados? -dijo el decano en su momento, mientras volvía hacia su sillón, indicándoles a los dos investigadores que se sentaran al otro lado.
    - Quisiéramos hacerles algunas preguntas sobre dos de sus estudiantes: Sebastian Deacon y Julia Rasse -respondió Carson mientras se sentaba, extendiéndole un par de fotos de los jóvenes-. Son los estudiantes que se encuentran en estado de coma.
    El anciano tomó las fotografías mientras se colocaba sus lentes para leer, y tras observarlas detalladamente, las dejó sobre el escritorio mientras negaba con la cabeza.
    - Reconozco a los jóvenes, y es una lamentable pérdida para la Universidad, pero mucho me temo que no conozco personalmente a los alumnos -confesó-. Sin embargo, podríamos buscar los docentes que tenían trato directo con ellos.
    - Por favor, sería de gran ayuda.
    Con cierto desgano el hombre apretó un botón en el intercomunicador, llamando a su secretaria para solicitarle una lista de todos los docentes que habían dado clases a los dos jóvenes. Minutos después, la mujer se anunció con unos golpes en la puerta y se acercó caminando a pasos cortos y retacones hasta el escritorio, donde le extendió el papel al anciano. Mientras él leía cada uno de los nombres, la secretaria le llamó la atención.
    - Disculpe la intromisión, Dr. Nevada, pero la profesora Smith es quien más contacto ha tenido con ambos alumnos, podría llamarla si lo desea -dijo ella, y tras recibir una afirmativa por parte de los investigadores y del decano, salió rápidamente.
    Esa vez fueron cerca de quince minutos de espera, en los cuales Prescott se limitó a sonreír ante los inoportunos comentarios del anciano sobre su desprecio a los ingleses, hasta que finalmente otra mujer se presentó en la sala. Esta era extremadamente delgada y de piel bronceada, que llevaba los cabellos rubios atados en un tirante rodete en su cabeza, que iba vestida con una pollera suelta con símbolos egipcios, y una camisa hindú que le daban un cierto aspecto hippie que nadie pasaba desapercibido. Tras las presentaciones y advertencias de rigor, Carson le mostró a la profesora las dos fotos, observando el gesto de nostalgia que se marcaba en su rostro.
    - Sebastian y Julia eran mis dos mejores alumnos –anunció-. Jamás pude creer que la hija de un destacado senador estudiara arte y, además, de que fuera tan buena con ello. Con respecto a Sebastian ¿qué les puedo decir? Lo suyo eran los dibujos con grafito y las pinturas al óleo, y su arte siempre parecía de otro mundo, eterno y surrealista.
    Las manos de la fémina gesticulaban como si se movieran al compás de una armoniosa ópera, atrayendo los ojos de todos. Luego, Prescott le tendió la mano para tomar las fotografías, aprovechando la oportunidad para hablarle.
    - ¿Y cómo describiría sus personalidades? -inquirió el inglés, observando el gesto pensativo de la profesora.
    - Sinceramente, no podría responderles eso -asintió, pero luego sonrió-. Sin embargo, ellos solían trabajar y estudiar en grupo con dos hermanas mellizas, que hasta hace unos minutos estaban en mi clase.
    - ¿Podríamos llamarlas, si quieren? -propuso el decano, y todos estuvieron de acuerdo.
    Otro incómodo momento se sucedió después de que la docente saliera de la oficina en busca de las dos alumnas, con una tensión palpitante entre los tres hombres. Prescott suspiró abiertamente echándose sobre el respaldar de su silla cuando ya no resistía más esas ridículas charlas de política americana que Carson mantenía con cualquiera que le diera la palabra, pero en el momento en que el hastío parecía llegar al límite, la secretaria entró anunciando a las alumnas, y luego ingresó la profesora con dos chicas.
    A simple vista se notaba un parecido extremo en ambas, que tenían el cabello negro y lacio, con una tez blanca casi trasparente en algunas partes, acompañados de sus ojos de un celeste muy pálido. Jana era la más alta de las dos sólo por unos centímetros, y tenía un piercing plateado con forma de argolla en la parte derecha de su labio inferior; pero la otra fue quien más les llamó la atención. Jazmín era casi idéntica a su hermana, salvo por el tatuaje que tenía en el párpado inferior del ojo izquierdo: un pequeño dragón negro rampante, cuya garra derecha se alzaba hacia el nacimiento del párpado, con la cola se extendiéndose hacia la mejilla. Prescott permaneció en silencio observando el rostro de la chica pensando que quizás se había equivocado en sus conjeturas, mientras Carson repetía la rutina de mostrarles las fotos y escuchar las palabras que decían las jóvenes.
    - Son amigos nuestros -comenzó Jana-. Nos conocimos en el examen del ingreso a la Universidad y entablamos amistad muy pronto.
    - Sí… nos llevábamos muy bien con ellos. Incluso salíamos juntos, y también hacíamos los trabajos para la Universidad en grupo -continuó la más baja.
    - ¿Podrían decirme cómo eran sus personalidades? -interrogó Prescott.
    - Ambos eran muy alegres, pero Sebastian era siempre amable y cariñoso con todos: un verdadero artista que veía la magia del arte en cada esquina de la vida -explicó la menor, mientras le devolvía las fotos a Carson, y gesticulaba igual que la docente-; Julia era diferente a pesar de eso, y su forma de hablar era agresiva incluso cuando era amable. Creo que siempre le pesó que su familia no apoyara su carrera, ya saben, pero luego de conocerla era muy buena persona.
    - ¡Es cierto! -rió Jana por unos momentos, al recordar algunos momentos con ellos-. ¡Pero ambos eran tal para cual!
    - ¿A qué te refieres con eso? -preguntó Aban.
    - A que Sebastian y Julia eran novios -respondió la aludida-, aunque jamás les dijeron a sus familias, a pesar de que llevaban más de un año juntos.
    Un pequeño silencio se formó en el ambiente, y Prescott vio en él la oportunidad perfecta para saber acerca del tatuaje de la menor de las hermanas.
    - Jazmín, es un bonito tatuaje el que tienes en el rostro -comenzó-. Es muy llamativo.
    - Tiene una larga historia -dijo, llevándose la zurda a las mejillas, acariciándose- Hace dos años ya, yo quería hacerme un tatuaje en la cara pero no sabía qué dibujo quedaría bien. Cuando le comenté a Julia, ella buscó en su bolso para mostrarme una hoja donde había un dibujado un dragón como este, y me dijo que Sebastian lo había hecho para ella, ya que era el tatuaje que ella quería hacerse bajo el párpado… pero que jamás podría, para evitar problemas en su casa. Así que hicimos una promesa: yo me hacía el tatuaje en este mundo, y Julia me juró que su personaje en Deiarell tendría ese tatuaje.
    - ¿Así que ustedes sabían que ellos jugaban al Deiarell? -preguntó Prescott, aprovechando la oportunidad.
    - Siempre lo supimos -afirmó Jana-. Sebastian comenzó antes, y recuerdo perfectamente que el primer día después, volvió completamente enamorado de los paisajes del lugar. Nos decía que era la mejor fuente de inspiración para su vena artística, y tanto habló de ello, que Julia terminó jugando junto a él.
    - Sí, pero igualmente, nunca nos contaban mucho del juego: ellos no eran de esos fanáticos que perdían los límites de la realidad, y siempre supieron separar la verdad del Deiarell -secundó Jazmín-. Nosotras nunca jugamos, pero ellos nos decían que sus pinturas eran paisajes que veían en esa realidad virtual… y les aseguro que eran las obras más hermosas que hubiera visto.
    - En efecto, los paisajes y dibujos de Sebastian y Julia parecían obras de otro mundo. Extremadamente bellos -comentó la profesora, que había permanecido escuchando hasta ese momento.
    Oyéndolas hablar de esa forma, Aban sentía que era demasiada información la que estaban recabando. Por un lado, la extravagante forma de vestir, hablar y gesticular de esas mujeres terminaba por marearlo, al tiempo que los sutiles codazos y pisotones de Prescott, para que se mantuviera callado y lo dejara hablar, ya lo estaban molestando. Esa vez, él le echó una sutil pero voraz mirada a su compañero, anunciándole implícitamente que tomaría la palabra.
    - ¿Y no conocen otras amistades de ellos? -le preguntó el criminólogo, a las dos mellizas.
    - Sí, se juntaban con otros dos chicos, una parejita que además de ser excelentes amigos de ellos, eran con quienes siempre jugaban al Deiarell -anunció Jazmin-. Los habían conocido en una fiesta antes de ingresar a la Universidad, o algo así… según lo que ellos nos contaron, claro.
    Luego de eso, la entrevista se prolongó por unos momentos más, pero aún así, tanto Aban como Prescott sabían que jugar por simplemente los bellos paisajes, era una razón demasiado ambigua. Sin embargo, habían podido confirmar que habían un lazo entre esos cuatro chicos, que quizás indicaría porqué preferían esa realidad virtual, antes que el mundo real.


Esto es todo por hoy. Creo que aquí se han revelado muchas cosas, pero faltan también muchísimas entrevistas y cosas por verse. Espero que les esté gustando la historia, y en estos días estaré cambiando las votaciones del blog, por una nueva encuesta. Muchas gracias a todos los que se pasen por aquí, y nos estaremos leyendo en le próximo artículo. ¡Éxitos!

Tags: literatura, drama, novela, misterio, policial, realidad virtual

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Autor: BlueBrain
S?bado, 02 de mayo de 2009 | 6:07
cada cap?tulo abre nuevas interrogantes, ya sabemos de donde sale el tatuaje del drag?n y como sospechaba Julia y sebasti?n estaban juntos.
Me gusta como describes las situaciones entre ambos investigadores, se soportan por compromiso, nada m?s.
Autor: Aldair_88
S?bado, 02 de mayo de 2009 | 6:49
Oh!! este cap?tulo, dio muchas pistas nuevas, como la del tatuaje y la relaci?n entre los chicos, me ha gustado mucho, se pone cada vez m?s interesante esta novela
S?bado, 02 de mayo de 2009 | 18:26
excelente cap?tulo, ya sabemos de donde viene el tatuaje, ahora me falta descubrir su significado, ya me imaginaban que ten?an una relaci?n julia y sebastian, sigue encantandome lo mal que se llevan Aban y Prescott, son muy pintorescos
S?bado, 02 de mayo de 2009 | 21:40
muy buen capitulo realmente me gusto mucho, hubieron cosas muy interesantes, y pistas q dan mucho q pensar.
me ha gustado mucho este cap.
S?bado, 02 de mayo de 2009 | 22:21
Antes que nada, gracias por pasarse!! Me alegro que les haya gustado, porque adem?s de estar nula por el ex?men del lunes, este tem?tica de entrevistas me cuesta much?simo. Que bueno que les guste, y pronto vendr? m?s el misterio de todo.
?xitos!!

 

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