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S?bado, 11 de abril de 2009

Las Dos Caras Del Secreto - Parte II
~Investigación~

¡Bienvenidos! Aquí traigo otro capítulo de "La Línea del Horizonte". Debo confesarles que los nombres de los capítulos son un tanto largos (y raros) y que las partes de los mismos generalmente no son consecutivas... a pesar de que la historia es lineal. Por lo pronto, quiero agradecerles a todos los que me apoyan con esta idea para la trama, y decirles que todos sus comentarios son un gran apoyo para mí. Pero bueno, sin más, los dejo con el capítulo de hoy.


“La verdad se robustece con la investigación y la dilación;
la falsedad con el apresuramiento y la incertidumbre”
Tácito


    Sintiendo una leve indignación, Prescott echó la cabeza hacia atrás para observar al hombre que tenía delante, considerablemente más alto y corpulento que él; tenía la nariz prominente, ojos de águila, y la piel visiblemente más oscura y con leves tonos dorados. Mientras tanto, Carson bajó los ojos, sintiéndose incómodo ante el menudo tamaño del psicólogo, lo que denotaba su casi nula actividad física; además de eso, los rasgos de su rostro eran sumamente delicados y la tez blanquecina y casi trasparente, daban la sensación de una taza de porcelana que se rompería al más mínimo movimiento. Y esa debilidad aparente, le molestaba.
    Ante el prolongado silencio, por el tiempo que Prescott pensó que era excesivo para exhibir un comportamiento más allá de permanecer de pie, el psicólogo revoleó los ojos agachando su cabeza para poder acomodarse las gafas de aumento con la zurda, la cual mantenía apretados contra su pecho el montón de carpetas que le habían dado. Suspiró sonoramente al volver a enderezarse, y clavó sus ojos verdes en los oscuros del americano frente a él.
    - ¿Aban Carson, supongo? -preguntó finalmente, a modo de saludo, haciendo gala de su pulcro hablar, y de su notorio acento.
    Sin embargo, Carson resopló de mala gana al comprender la indirecta, y sintió un comprensible y tedioso fastidio mientras que caía sobre su ser, mientras entrecerraba los ojos frunciendo las cejas hasta que éstas parecieron fundirse. Continuamente se interrogaba acerca de qué malestares podía haberle causado a su país y a su dios, para que lo obligaran a trabajar con ese engendro inglés. Mas por su parte, Prescott dedujo que el hombre frente a él, compartía su disgusto por la absurda selección de parejas voluntarias de trabajo, y sonrió amablemente, mostrando su dentadura pareja y marfileña que frustró aún más al americano.
    - He escuchado comentarios excelentes acerca de usted -continuó Monroe, pensando que por excelentes consideraba la metáfora que Dean le había hecho, comparándolo con un ser mono-neuronal-. Además, me han dicho que es usted un excelente criminólogo, y para mí es todo un honor poder trabajar con usted.
    Prescott se quedó en silencio manteniendo el rostro relajado y la sonrisa afable, mientras se deleitaba con la sorpresa en las facciones de su interlocutor: amaba esa psicología inversa porque las personas eran tan lineales como para caer fácilmente en un par de palabras ambiguamente halagadoras. Por su parte, Aban Carson fue ablandando la dureza de su gesto lentamente, al ver que Monroe no era -quizás- un inepto e infructífero párvulo, sino que sabía reconocer la excelencia cuando la veía; así que, sonriendo, movió su cabeza en señal de agradecimiento, mientras Prescott confirmaba sus suposiciones: los vegetales eran seres de intelecto escaso que no comprendía la turbia jerga común. Esperó unos segundos, meditando su nueva frase, pero en el momento en que finalmente había decido mencionar algo sobre el trabajo, un pitido recorrió los altavoces del lugar demostrándoles a todos que el micrófono acababa de acoplarse.
    Ambos giraron sus rostros hacia el oratorio, observando con curiosidad que Wagner estaba carraspeando mientras se cubría la boca con la diestra, para después acercarse al micrófono. Levantó un poco su mano moviéndola arriba y abajo para apaciguar las voces, y una vez que todo estuvo en silencio, comenzó a hablar.
    - Atención, por favor. Se han dividido varios pisos en el Empress dedicados exclusivamente a esta investigación, cortesía de la Scotland Yard -anunció-. Los niveles inmediatos superiores a este, están destinados a los grupos de análisis, y reuniones; el tercero es exclusivo para los grupos de entrevistas e investigación, y el cuarto ha sido preparado en su totalidad para los programadores y los voluntarios seleccionados para testear Deiarell -un pequeño murmullo se alzó, pero con un movimiento de mano volvió a silenciar a los oyentes- Los tres equipos médicos quedan a cargo de la Dr. Heidi Wagner, y…
    En ese momento, Prescott perdió la concentración.
    Sus ojos giraron instintivamente hacia abajo y a la derecha del oratorio, concentrándose en una curvilínea fémina de cabellos rubios ondeados, tex blanca mas visiblemente suave, con ojos celestes y una carnosa boca, que iba vestida con una falda tubo a la rodilla y una camisa blanca que desviaba todo par de ojos masculinos, hacia su escote. Mas al ver a la figura que hablaba con tremenda mujer, Prescott frunció el seño. Dean se encontraba de pie al lado de la doctora, intercambiando sutiles comentarios mientras se reía provocadoramente; y es que el psicólogo no entendía cómo su amigo lograba atraer así a las mujeres, a pesar de que estaba casado. E inmediatamente llegó a su mente el conocimiento de que su compañero de trabajo era un hombre inculto y monstruoso, mientras que Dean tenía por compañera a una mujer que sería la fantasía de cualquiera. Suspiró, intentado salir de su propia mente, y cuando alzó el rostro descubrió no sólo que Wagner ya había terminado de hablar, sino que también se había bajado del oratorio.
    Un tanto enojado por ese despiste, giró sobre sus pies para mirar al americano, decidido a preguntarle qué sugería hacer. Pero en ese momento, observó que Carson se erguía en su posición como si alguien de rango se acercara, y antes de que Prescott pudiera interrogarse a qué se debía, sintió una mano que le apretaba el hombro; con desgano miró por encima de éste, y al ver a la figura que le sonreía a sus espaldas, giró del todo haciéndole una pequeña reverencia a modo de saludo, al director de la investigación. Viendo que Wagner le tendía la mano, Monroe se apresuró a dejar su maletín en el suelo, y estrecharle la diestra al alemán. Permanecieron en silencio unos segundos, y Aban se acomodó el saco orgulloso de que el director de una investigación fuera a saludarlo tras reconocer sus logros, mientras una sonrisa orgullosa se formaba en su boca al ver que Wagner iba a hablar.
    - Me han llegado muy buenos comentarios acerca de usted, Sr. Monroe… -dijo el alemán volteando hacia Prescott, mientras la sonrisa se borraba repentinamente del rostro de Carson- A pesar de ser tan joven es muy reconocido por todos sus títulos, y algunos altos cargos de la Scotland Yard me han dicho que ayudó resolver casos de complejos niveles.
    Ante el inesperado halago, Prescott sonrió un poco incómodo al sentir la mirada de odio bien disimulada que le dirigía el americano, y asintió a las palabras de Wagner al tiempo que pensaba rápidamente su respuesta.
    - Muchas gracias por sus halagos, Dr. Wagner -respondió, sabiendo que el título de doctor siempre le agradaba a todos-. Espero poder trabajar al nivel de sus expectativas.
    Oyendo esas palabras el mayor se rió ligeramente, dándole unas palmaditas en el hombro a Prescott, mientras le llevaba la contraria al bolsillo del pantalón.
    - Es muy correcto en sus formas, Monroe -dijo, aún sonriendo- Espero que puedas refutar mi mala opinión acerca de los ingleses. Ahora, con su permiso…
    Viendo el gesto hacia delante que hizo, Carson albergó una última esperanza de que siquiera se dignara a saludarlo, pero finalmente se percato que el director siquiera había reparado en su presencia, y que había sido relegado completamente por un imberbe de buena familia que seguramente había obtenido sus títulos gracias a la fortuna de su familia. En ese momento viendo que Wagner estaba lejos ya, sin haberlo notado, un profundo odio acompañado de un gran rencor hacia Prescott, dominó a Carson, haciendo que su cuerpo se tensara y apretara los puños dentro de los bolsillos de su pantalón. Observó a la delicada figura del psicólogo contonearse para intentar sostener las carpetas y su maletín sin echar nada al suelo, y no pudo evitar soltar un par de imprecaciones ante la inutilidad de su compañero.
    Sin decir más nada, Aban pasó al lado del inglés caminando con la gracia y la galantería de un primate, diciéndole que lo siguiera con un burdo gesto de su siniestra. Monroe lo vio irse caminando ligero con sólo su maletín, y maldijo todo el papelerío que él debía cargar, mientras intentaba seguirle el paso hacia el ascensor. Esperaron unos minutos en la puerta del mismo junto a un montón de gente de la investigación, y cuando la puerta se abrió, entraron ajustados en el espacio que en ese momento parecía ser de un tamaño demasiado pequeño; subieron los tres pisos que les correspondía mientras observaban gente que había tomado el ascensor sólo por un nivel, hasta que pudieron bajarse rápidamente en su destino.
    Ni bien las puertas se abrieron, Aban Carson salió caminando empujando a todo el que se oponía a él, buscando el escritorio que supuestamente había preparado para ellos, al tiempo que su mente no podía concebir cómo Wagner lo había ignorado prefiriendo a ese enano inglés. Por dentro sulfuraba mientras su ansiedad crecía exponencialmente, sin poder llegar a comprender cómo su trabajo como criminólogo en el FBI, no era reconocido; quizás se debía a que la insensatez no era únicamente inglesa sino también europea, y el simple hecho de saber que lo habían asignado a esa misión, pasaba de ser un halago a ser la peor de las torturas. Detuvo su andar alzando su mirada sobre las demás personas, hasta que logró divisar el escritorio que tenía un pequeño cartel dorado que decía ‘Monroe P., Carson A.’, y una vez más maldijo a aquel que había osado ponerlo después de una criatura, mientras caminaba hacia ese lugar. ¡Al menos hubieran respetado el orden alfabético! Pero ni siquiera eso.
    Llegando al lugar, corrió hacia atrás una de las sillas, y dejando su maletín sobre la mesa, se echó en el sillón hundiéndose en el cuero inflado; hurgó sus bolsillos hasta encontrar un atado de cigarrillos y, sabiéndose urgido por un poco de nicotina que calmara sus nervios, sacó un cigarro y lo encendió rápidamente, llevándoselo a la boca. Desde lejos, Prescott concluyó que su compañero también era un vicioso, y caminó desganado hacia donde estaba éste; oteó el reducido espacio libre sobre la mesa, y dándose por entendido de las nimias intenciones de ayudarlo por parte de Carson, se inclinó hacia delante soltando todas las carpetas sobre el escritorio, y luego se acomodó en la silla libre, dejando su maletín al lado de los papeles.
    Con calma enderezó su portafolio hasta que quedó paralelo al borde del escritorio, y abriéndolo, sacó un anotador pequeño y un bolígrafo de punta pluma, del tipo que se estilaba hacia casi un siglo atrás; volvió a cerrar el maletín, y dejándolo en el suelo, acomodó la libreta a la derecha y una carpeta a la izquierda. Y frente a él, Aban se exasperaba paulatinamente, al ver los metódicos movimientos del inglés. ¿Es que no sabía que el tiempo pasaba y era irrecuperable? Hacía todo con una calma tan desesperante que se tornaba insoportable. En ese momento, Carson se irguió en la silla acodándose en la mesa, y soltando su puño sobre la misma, llamado la atención del menor.
    - ¿Qué es lo que piensas hacer con todo eso? -masculló, conteniéndose los deseos de asesinarlo por flemático.
    - Pues… -respondió más calmado aún, viendo que su paz turbaba exageradamente al americano- primero voy a anotar los datos básicos de los afectados, tales como nombres, edades, ocupaciones y otros referentes a Deiarell.
    Atónito ante una respuesta que debería haber sabido, Carson asintió mientras soltaba las cenizas del cigarrillo sobre el escritorio, y tomando una de las carpetas, se dedicó a revisarla con calma, mientras ocasionalmente le dictaba algunos datos al psicólogo. Las horas pasaron mientras las listas de datos iban creciendo cada vez más, hasta que cerca del mediodía, el escritorio tenía veinticinco papeles esparcidos sobre la mesa, donde cada uno contenía sólo los datos principales de un afectado por el juego, y una pequeña foto abrochada con un clip. Se quedaron observando los datos durante un momento, hasta que fue Carson el primero que habló, acodándose sobre el escritorio y sosteniendo su mandíbula con la diestra, mientras que la contraria señalaba uno de los papeles.
    - Es sorprendente que no haya un patrón en las edades -dijo, tomando un tono serio en su voz-. Ni siquiera una edad promedio, porque hay de todo: desde niños hasta personas de la tercera edad.
    - Me pasa lo mismo -secundó Prescott, asombrado de que Aban elaborara un pensamiento concluyente-. Creía que serían sólo jóvenes entre los quince y los veintitrés años de edad, pertenecientes a las sectas juveniles pesimistas o grupos sociales bajos. Como decirlo, los típicos “rebeldes” en contra de la sociedad. Sin embargo -observó unas fotos, y prosiguió- aquí hay dos hijos de una familia noble de Londres de tan sólo trece años de edad, una anciana de setenta, un hombre de mediana edad, una ciega, jóvenes de excelentes notas e impecables antecedentes, entre otros.
    - Hay algo más también -agregó el arábigo-americano- a simples rasgos comparando los expedientes de Julia Rasse y Clara Saffons, que eran amigas, tampoco se puede encontrar ninguna clase de dato repetitivo, comportamiento, antecedentes o rasgos de personalidad.
    Prescott guardó silencio unos momentos, meditando su accionar.
    - Deberíamos seleccionar diez personas que serán los que entrevistaremos, ya que si recaudamos demasiados datos, también será un problema –sugirió-. Deberemos estudiar bien lo que tenemos, y luego decidir.
    Una vez más se sumieron en el análisis de todos los datos que habían recabado, intentando encontrar los diez casos más representativos; decidieron que la edad, las clases sociales y los perfiles en Deiarell serían los indicadores principales en base a los cuales llevarían a cabo la selección. La tarde pasó entre discusiones y silencios cargados de pensamientos, hasta que cerca de las diez de la noche, el trabajo estuvo concluido. Aban Carson encendió un nuevo cigarrillo descargando las cenizas en el platito que acompañaba a su taza de café, mientras Prescott debatía internamente si las palabras ‘malos hábitos’ significaban algo para ese hombre. ¿Acaso prefería el rudimentario y bestial sabor del café, antes que el fino y terso gusto del té? Ambos observaban con cansancio la lista de nombres y direcciones que habían elaborado, hasta que una figura se detuvo en el borde del escritorio, obligándolos a alzar la vista y a encontrarse con Wagner.
    - Buenas noches -saludó fríamente-. ¿Qué trabajo han realizado hoy? Porque son el único grupo con permiso de entrevistar y hacer trabajo de campo.
    Consultándose brevemente con la mirada, Carson le tendió la lista de nombres, mientras decidían cómo explicarle su trabajo, tras entender la indirecta que habían recibido.
    - Hemos estado revisando los perfiles de todos los afectados, y concluimos que entrevistar a todos sólo generaría una redundancia de información, que complicaría la investigación -anunció Aban, dándose cuenta que Wagner lo notaba por primera vez.
    - Además de eso -agregó Prescott-, de los seleccionados sólo ocho han quedado en estado de coma-cuatro, y algunos ya han sido desconectados. Incluimos en la lista a dos jóvenes que están encerrados en un hospital psiquiátrico, tras haber sufrido un accidente con Deiarell.
    El alemán frunció la boca mientras entrecerraba los ojos para leer mejor lo que estaba anotado en caligráfica letra en el papel, pensando qué era lo que más le convenía. Finalmente, le devolvió el papel a Carson, y llevando ambas manos a los bolsillos, los miró detenidamente, hasta que por fin relajó en gesto.
    - Quiero una copia de esa lista -anunció, y a continuación ordenó- Pasado mañana tendrán un avión a Los Ángeles, que es donde más afectados hay, y deberán entrevistar no sólo a los familiares de las víctimas, sino también a los conocidos y al dueño del Café RV.
    Y sin decir más, giró sobre sus pies encaminándose hacia la salida, mientras Prescott recordaba mentalmente cuánto odiaba a los aviones.


Bien, esto ha sido todo por hoy. ¿Les ha gustado? ¿Me dejan sus comentarios? Yo les voy a estar infinitamente agradecida. Por cierto, muchas gracias a todos los que han votado sobre qué historia quisieran que publicara, pero viendo la preponderancia de publicar las tres, quiero hacerles una pregunta ¿cuál primero? Agradecería que me lo dijeran en los comentarios. ¡Éxitos! ¡Nos estamos leyendo!

Tags: literatura, novela, drama, misterio, ficción, psicológico

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: Aldair_88
S?bado, 11 de abril de 2009 | 5:57
ke bueno el cap?tulo, cada uno se cree superior al otro, me result? gracioso las diferencias de pensamientos de cada personaje. Me gusta la personalidad tan distinta de cada uno. Creo ke las entrevistas van a ser muy interesantes.
Me gustar?a ke la primera novela ke publicaras fuera Strength, porke la trama me hab?a encantado y los personajes eran muy variados.
Autor: BlueBrain
S?bado, 11 de abril de 2009 | 7:05
?Muy bueno!! Cada uno se cree mejor que el otro, esta va a ser una pareja de trabajo bastante difisil, pero genera situaciones muy graciosas.
Extupendo cap?tulo, Trueno, muero por leer las entrevistas.
S?bado, 11 de abril de 2009 | 14:20
muy buen cap, me gusto, pero ahora viene lo mas interesante las entrevistas, lo espero con muchas ansias.

y la siguiente historia quiero q sea strength :D
S?bado, 11 de abril de 2009 | 15:03
muy, pero muy bueno este cap?tulo, me gustan los toques de humor que das, est?n muy bien ubicados. Me gustan ambos personajes, son muy reales, yo tambi?n estoy ansiosa por ver las entrevistas y que conclusiones sacan, hablando de eso, Carson, saca buenas conclusiones a pesar de ser simiesco jajaja
El pr?ximo libro me gustar?a que fuera strength
S?bado, 11 de abril de 2009 | 21:41
Chicos!! Me alegro que les haya gustado el cap?tulo. La verdad es que yo me r?o much?simo con este d?o, porque me encanta poner a Carson en situaciones apretadas. Que bueno que les haya gustado.

Y gracias por sus comentarios, entonces, la pr?xima ser? Strenght. ?Me pondr? a trabajar en ello!

 

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