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S?bado, 28 de marzo de 2009

La Oscuridad De La Mente
~Oscuridad~

¡Hola a todos! Este es el primer capítulo de la nueva historia, titulada "La Línea Del Horizonte" más que nada por los debates internos del protagonista, el cual no aparece en este prólogo. Esto de hoy son sólo los antecedentes -por decirlo de alguna manera- que repercuten en toda la trama... así que se podría decir que todo comienza con el primer capítulo. La idea para esto se me ocurrió un día que estaba jugando al Lineage II con un Principe_Leo, el cual también me dio opiniones muy buenas sobre la trama, así que la historia completa está dedicada a él. Espero que les guste la trama, y los dejo con el Prólogo:


“El sol se oculta, las estrellas se esconden y luego viene la oscuridad”
Samuel Taylor Coleridge


    Hacía dos años ya que la peatonal había sido reconstruida luego de que un fuerte terremoto la dejara en ruinas, y desde entonces, los domingos por la tarde solía llenarse de gente de todas las edades que circulaban por sus caminos de baldosas grises y negras, visitando las vidrieras de los locales y ocupando las mesas y sillas que los locales de comida extendían sobre la gran acera. Particularmente, ese domingo el lugar estaba completamente lleno; incluso, casi se hubiera podido afirmar que la mitad de la población de Los Ángeles estaba en ese lugar. La peatonal comenzaba con una entrada de grandes columnatas que se había construido diez años atrás, y se abría como ramas para terminar en otra entrada, casi quince cuadras más al norte de la ciudad. Poblada en su totalidad de locales, el más famoso de todos ellos era un bar situado exactamente en la mitad, que había reconstruido su local para que tuviera aspecto medieval contrastando con todas las demás construcciones. Extendía las mesas de hierro finamente trabajadas con vueltas y almohadones carmesí, sobre la acera, y las personas solían deleitarse en ese sitio, no sólo por la atención que brindaban sino también por la cocina.
    Esa tarde, como todas las semanas, una de las mesas que se hallaba cerca del local estaba repleta por cuatro jóvenes, que reían amenos ante los comentarios de uno de ellos. Sebastian estaba inclinado hacia delante sobre la mesa, con las manos apoyadas sobre la tabla y simulando con ellas dos hombrecitos que caminaban y discutían, representando el enfrentamiento que él había tenido esa semana con un docente de su universidad. La piel blanca mate brillaba bajo el sol de media tarde, y su rostro se fruncía mientras imitaba las voces de sus representaciones, haciendo reír al resto. Tenía el cabello corto y negro, con algunos mechones que caían hacia delante a los lados de su rostro, ocultando sus ojos perfectamente oscuros, su nariz levemente quebrada y sus labios finos; era alto, pero no era demasiado atractivo y sus músculos carecían de forma, salvo en los brazos. Sus manos eran delgadas y sus largos dedos eran perfectos para su carrera de arte, y su especialización en pintura.
    A su diestra, Julia, su mejor amiga y compañera de estudios, soltó una gran carcajada al escuchar los diálogos y las voces falsas, echando la cabeza hacia atrás mientras se tapaba la boca con la derecha. Ella tenía el cabello rojo oscuro, largo hasta la cintura cortado en capas, con un flequillo que caía lacio sobre su frente; de ojos marrones y nariz fina, su boca no evitaba marcar la sonrisa que tenía producto de tanta risa, mientras que sus manos de artista jugaban con los volados de las amplias mangas de su blusa pálida, mientras se cruzaba de piernas en la silla. Su cuerpo no tenía demasiadas curvas, pero sus caderas amplias le daban la forma que necesitaba, y que ella siempre se encargaba de acentuar con su felino andar.
    Frente a ellos, se encontraban sus dos amigos, sentados uno al lado del otro. Clara tenía los cabellos rubios lacios y desmechados hasta los hombros, que combinaban perfectamente con el tono dorado de su piel; estaba sentada erguida con las manos sobre la mesa y los dedos entrelazados, manteniendo sus piernas juntas levemente ladeadas hacia la derecha, y con la cabeza un poco inclinada hacia delante, sonriendo en todo momento e intentando escuchar con todo detalle las inflexiones en la voz de Sebastian. Alzó la zurda para acomodarse los lentes oscuros que cubrían sus inutilizados ojos, y volteó levemente su rostro hacia la izquierda para acercarla al oído de su compañero y preguntarle qué estaba haciendo el morocho. Alan intentó contener su risa mientras le apretaba el brazo a ella levemente, y le dijo que el menor ya estaba exagerando todo simulando una pelea de golpes entre los monigotes que había representado con sus manos, para después volver a reírse copiosamente. Al lado de ella, se notaba que Alan era más grande en edad que los demás, con sus cabellos ondeados y cortos color castaño, los ojos verdes y la piel siempre bronceada perfectamente; su rostro no era demasiado agraciado, y su cuerpo bien formado carecía de la altura de la que tenía Sebastian, si bien sus movimientos y acciones siempre eran tan virilmente llamativas que todos lo observaban extasiados.
    Las risas duraron un rato hasta que finalmente se quedaron cada uno encerrados en su propio mundo. Clara suspiró moviendo su cabeza levemente para no marearse al no poder fijar la vista en algún punto, y entre todas las personas que caminaban por esa peatonal, sintió una leve brisa fría y sencilla que acariciaba su rostro haciendo que sus finos cabellos se movieran produciéndole cosquillas; exactamente igual que en Deiarell. Y en ese momento, recordó qué era lo que estaban esperando en ese bar: lo mismo que esperaban todos los domingos desde hacía ya casi tres años. Recordó que no podía fijarse cuánto tiempo faltaba, así que movió sus manos sobre la mesa un poco inquieta, haciendo que sin querer la atención de sus amigos se concentrara en ella.
    - ¿Qué hora es? -preguntó al fin, con su voz siempre dulce y melodiosa.
    - ¡Oh, la hora! Déjame fijarme… -Sebastian terminó de enviar un mensaje de texto con su celular, y luego cerrando la tapa, suspiró aliviado al ver que aún era temprano- Son las cuatro de la tarde, recién –contestó no tan exuberante como antes- aún es temprano, falta una hora.
    La rubia sonrió inclinando la cabeza hacia delante en señal de agradecimiento, y acomodándose con lentitud sus gafas de sol, torció el rostro hacia la izquierda dejando que su mente vagara en el mundo que irían a visitar en muy poco tiempo.
    - Me gusta porque ahí puedo ver… -comentó de pronto, sumida en sus pensamientos acerca de Deiarell, y susurrando muy bajo pero audible para los demás.
    Inmediatamente los cuatro se quedaron en un silencio incómodo, sin saber cómo reanimar la conversación. Eran conscientes de cómo Clara había perdido la vista por culpa de un hombre que si bien pagaría su condena, ella seguiría sin poder ver; hasta que Sebastian le había mostrado el Deiarell, y luego los cuatro habían decidido acompañarlos. No se explicaban por qué dentro de un juego de realidad virtual ella podía ver, pero aún así, disfrutaban de eso. Julia observó la tensión que había en ese momento, y codeando fuertemente a Alan para que continuara la charla que ella iba a iniciar, soltó una pequeña risa que hizo que los cuatro la miraran.
    - A mí me gusta ahí, porque puedo volar -sonrió, acotando y mirando fijamente a Alan, que tragó saliva entendiendo cómo pensaba aliviar la situación.
    - Y a mí porque puedo correr muy rápido… -pausa- a diferencia de aquí.
    Nuevamente volvieron a reírse, y ésta vez Sebastian lo miró con lástima, y alargándose sobre la mesa para palmearle el dorso de la mano, le habló con un tono lastimero.
    - Alan, amigo… tú aquí no corres porque te la pasas sentado estudiando. En cambio allí, eres medio caballo, por eso…
    Esta vez sólo tres saltaron en risas, mientras Alan intentaba quejarse vanamente, pero contento de que finalmente la situación había remontado. En eso, Clara tocó levemente su brazo con la zurda para llamarle la atención y aún manteniéndose levemente inclinada hacia delante, le habló suavemente haciendo que los otros guardaran silencio para poder oírla.
    - ¿Puedo preguntarte algo, Alan? -dijo ella, y el castaño asintió- ¿Por qué elegiste “Ruido” como nombre en Deiarell?
    Todos lo miraron fijo y él se rascó la cabeza con la diestra intentando recordar, y luego suspiró riéndose porque volverían a bromear con él, y entonces le respondió:
    - Es que cuando nos llevaron a Julia y a mí para que jugáramos por primera vez, yo estaba intentando crear el alter-ego para Deiarell, y seguía aturdido por el ruido que había en la Sunset Av. ¿Se acuerdan que esa vez hubo una fiesta de algo? -todos asintieron, entre risas- Por eso, ese horrible ruido era en lo único que podía pensar, que aún chillaba en mis tímpanos…
    Otra vez volvieron a reírse todos, incluyéndose él mismo, sobre su lineal forma de pensar. Aún con una sonrisa curvando su boca, Alan se puso en pie revisando sus bolsillos para asegurarse que tenía la billetera, y luego le rozó el brazo a Clara, que ya había preparado su bastón blanco, para ayudarla a ponerse de pie. Comenzaron a caminar alejándose de Julia y Sebastian, hasta que éstos finalmente los alcanzaron cuando ya en la esquina, habían detenido un taxi y la rubia se estaba subiendo; se ubicaron todos en el asiento trasero y el morocho subió adelante, al lado del conductor que de mal humor le preguntó cuál era su destino.
    - Al “Café RV” de la Sunset Avenue, por favor -indicó Sebastian, en su perfecto inglés.
    Cuando escuchó el lugar, el hombre giró inmediatamente el rostro para ver a los cuatro jóvenes, y negando con la cabeza volvió la vista al frente mientras colocaba la dirección en el GPS del coche y aceleraba maquinalmente, ya que la caja de cambios era automática. Sin embargo, ese simple gesto de desprecio y prejuicio molestó gravemente al joven que iba a su lado, que no pudo evitar morder su labio inferior ignorando los gestos de Julia para que se calmara. Sebastian resopló notablemente, y moviéndose de lado observó al taxista, un hombre de mediana edad y aspecto cuidado sólo por la norma común, con un dejo de molestia en su mirada mientras se decidía a hablarle.
    - Entonces para efectuar un juicio como el que acaba de hacer, supongo que ha jugado al Deiarell –dijo, siempre manteniendo su voz áspera tranquila, y con su perfecto inglés.
    - Ese juego es para estúpidos -sentenció el taxista, luego de mascullar algunas imprecaciones de bajo nivel.
    - Pero si nunca lo jugó, no debería juzgar algo que desconoce. Deiarell no es una adicción -afirmó con una imponente autoridad en su voz, que no parecía mutarse- y tampoco es algo prohibido: es sólo un juego… y cada uno tiene sus propios motivos para jugar, aunque fuera sólo por diversión.
    El hombre se quedó callado por el impecable vocabulario del joven, y sintiéndose disminuido pero a la vez excesivamente molesto por haber sido reprendido por un grupo de adolescentes viciosos, continuó conduciendo en completo silencio. Al cabo de un rato, finalmente llegaron al lugar indicado y encendiendo las balizas del coche, se estacionó en doble mano mientras los chicos bajaban, para después irse no sin antes escupir el asfalto frente al CaféRV.
    El grupo de amigos lo observó irse, para después mirarse mutuamente sin comprender por qué se había enojado tanto ese hombre. Era bien conocido que desde que Deiarell había surgido cuatro años atrás, a pesar de todas las normas y condiciones que había para poder jugarlo, era un prejuicio social muy elevado participar en esa realidad virtual y frecuentemente se creía que era sólo algo de adolescentes adictos, cuando en realidad jugaban personas de todas las edades y siempre con límites de tiempo. Alan comenzó a moverse llevando a Clara del brazo, que a su vez iba moviendo lentamente su bastón blanco, y al llegar a la puerta de entrada Julia se les adelantó y la abrió, dejándolos pasar primero. Ingresaron todos con Sebastian último, y se quedaron esperando en el hall del CaféRV.
    El edificio era de dos pisos de alto, pero también tenía dos niveles de subsuelos, y el hall se encontraba pintado en un tono azul oscuro, con cuadros colgados en las paredes que eran pinturas o dibujos de habitantes o paisajes de Deiarell; a su vez, había sillas en las paredes a la derecha de ellos, y a la izquierda había un mostrador alargado del mismo tono, donde una computadora era lo único que se veía. Una puerta tras el mostrador se abrió cuando ellos comentaron sobre los cuadros, y un joven apareció caminando directamente hacia los amigos, con una sonrisa en la boca. De casi treinta años, el dueño del CaféRV parecía más joven de su edad real, con un cuerpo marcado por el ejercicio continuo, la piel blanca y el cabello castaño que parecía del mismo tono que sus ojos color café; iba vestido con un jean y una sudadera común, haciendo que algo más contrastara con el prejuicio de la gente común, con respecto a ese mundillo -como solían decirle-.
    - ¡Hey, chicos! -saludó al acercarse, deteniéndose con las piernas un poco separadas y ambos puños en las caderas- ¿Qué pasó que se tardaron cinco minutos? ¡Ustedes siempre llegan a las cinco menos veinte y son menos cuarto!
    - Lo sentimos, Miel… -habló Clara, pausada, pero con un dejo de reproche hacia sus amigos- Nos quedamos hablando. ¿Aún tenemos nuestra reserva?
    El aludido se sorprendió, y luego asintió entre risas, y haciéndoles señas para que lo siguieran.
    - ¡Por supuesto, bella! -respondió- Desde hace dos años que son mis mejores clientes, y las reservamos de tres horas todos los domingos que hacen ustedes, siempre van a estar disponibles. Además ¡ustedes le dan vida al juego!
    Volvieron a reírse, y justo cuando la novia de Miel salía de la misma puerta por donde él había entrado, le pidió que se quedara a cargo, y se dirigió hacia la otra puerta que estaba justo frente a la entrada; la sostuvo abierta para que pasaran los chicos, y luego la cerró internándose en un corredor ancho pero largo, con las paredes pintadas en un tono azul tornasolado. Los chicos esperaron que Miel pasara delante, y luego éste tomó la delantera caminando siempre con su andar descuidado, moviendo las espaldas lado a lado con cada paso; avanzaron un trecho y luego subieron un piso mientras las paredes iban adquiriendo progresivamente un tono más claro, hasta que entraron en una habitación de paredes grises. Dentro, el treintañero se acercó hacia unos armarios y quitando las llaves los esperó a que dejaran sus cosas en esos lugares; poco a poco, los cuatro jóvenes dejaron sus teléfonos móviles, alhajas, carteras, incluso los lentes oscuros de Clara junto con su bastón, los zapatos de todos, los cintos de los pantalones y otras pertenencias similares. Luego de eso, siguieron a Miel hacia las dos puertas que abrió de par en par.
    El lugar a donde habían llegado, era finalmente la sala del juego.
    Era una habitación rectangular de paredes blancas, con cuatro camas en cada pared lateral, cuyas cabeceras eran las máquinas con las que podían controlar el juego. En cada una, había una pantalla de control en la pared, y un módulo en la cabecera que se bajaba sobre el rostro de la persona que estaba acostada, como si fuera un casco. La particularidad de eso, era que de esa simple forma se podía controlar el cuerpo de Deiarell, sin siquiera moverse en la realidad; sin embargo, requería una preparación previa y posterior, y no se podía usar más de cierta cantidad de horas.
    Los cuatro chicos entraron y mientras Julia y Sebastian se recostaban, Alan ayudó a Clara a sentarse sobre la cama y luego fue hacia su lugar mientras la chica terminaba de estirarse; todos se estiraron con las piernas levemente separadas, la cabeza recta hacia atrás y sin almohada, y los brazos a los lados del cuerpo. Miel caminó hacia la puerta y se detuvo frente a la perilla de la luz, bajando la intensidad de estas poco a poco, mientras les decía a todos que se relajaran y respiraran profundos. Para que los cascos pudieran realmente abrir la conexión de control con el mundo virtual de Deiarell, las personas debían estar mentalmente tranquilas, y sus cuerpos completamente relajados, ya que cualquier perturbación de ese entorno podía acarrear graves consecuencias. Todos le hicieron caso aspirando hondo y relajándose como todos los domingos, hasta que finalmente pasaron diez minutos de esa forma.
    Finalmente, Miel volvió a alejarse caminando sobre el suelo alfombrado sin hacer ruido alguno, y se detuvo al lado de Sebastian. Tocó el monitor que había en la pared, activando el casco, y luego lo bajó sobre el rostro del joven, para volver a activar el rastreador; una pequeña luz verde se encendió, e inmediatamente la pantalla mostró un análisis de la actividad mental, el pulso y la presión arterial del joven. El dueño del CaféRV suspiró tranquilo, y después de repetir el procedimiento con cada uno de los chicos, se cercioró que todo estaba bien para abandonar la sala.
    Salió en completo silencio y deshizo el camino antes andado, para volver al hall donde su novia lo esperaba observando la computadora, y analizando a las demás personas en el local. Media hora después, la fémina le avisó a Miel que ya se había completado un turno de otro grupo de clientes, y éste la volvió a dejar a cargo para ir a desconectar a los demás; volvió y luego de cobrarles el dinero los despidió cortésmente, para ir y buscar una banqueta, arrastrándola hacia la izquierda de su chica. Se sentó con las piernas abiertas y la espalda recargada en el respaldar, suspirando y observando el monitor que ella también observaba, percatándose de que sólo estaban los cuatro amigos en el juego: aún faltaban casi treinta minutos para que llegara el próximo grupo de clientes.
    El día monótono no parecía prometer nada, y Miel decidió que iría a la parte de atrás a buscarse un refresco, poniéndose en pie luego de mover levemente la silla hacia atrás; giró hacia la puerta tras el mostrador, y cuando tomó el picaporte con la diestra, todo quedó oscuro. Lluvia, su pareja, soltó un pequeño grito mientras llevaba ambas manos a la boca, y él volteó inmediatamente sintiendo que aún no podía observar por la negrura en que todo estaba sumido; evidentemente, se había cortado la luz y el generador auxiliar que el estado les obligó a tener, tampoco había funcionado. El castaño se acercó rápidamente hacia donde estaba la fémina, y apoyando ambas manos sobre sus hombros, le susurró al oído que se quedara tranquila… pero en ese momento, cayó en cuenta de algo muy importante.
    - No… -murmuró- Sebastian y sus amigos están conectados…
    Lluvia se dio vuelta y poniéndose de pie caminó hacia la puerta de servicio abriéndola e intentado escuchar el generador auxiliar, sin lograrlo.
    - No hay energía, Miel -le dijo, con su voz casi temblorosa por la preocupación- ¿Qué hacemos?
    - Quédate aquí, no dejes entrar a nadie -le ordenó él, mientras tomaba su teléfono móvil, abriéndolo para alumbrarse- Voy a ir a buscarlos y llamaré a emergencias, quédate aquí, y vigila.
    Ella asintió justo cuando Miel se agachaba bajo el mostrador alumbrándose con el celular, tanteando la mesa con la diestra hasta encontrar una linterna que siempre usaba para revisar el generador. La tomó encendiéndola y marcando el haz de luz amarillenta, y sin mirar atrás fue hasta la puerta que llevaba al pasillo, y comenzó a correr por este cada vez más desesperado intentando al mismo tiempo pensar qué habría pasado con los chicos, y en qué estado los encontraría. Subió las escaleras a tropezones, y en la curva patinó cayendo de bruces contra uno de los escalones, alcanzando casi milagrosamente a tomarse de la baranda con la zurda, para evitar caer hacia abajo; se enderezó entre iracundo y nervioso, y terminó de subir hasta el próximo pasillo, adentrándose en la habitación donde estaban los armarios, la cual también estaba a oscuras completamente.
    Se llevó ambas manos juntas hacia el rostro cubriéndose la boca casi con miedo, y descalzándose para no hacer ruidos, caminó por el piso de alfombras hasta la puerta doble, para otear por los pequeños vidrios lo que se veía del otro lado; pero sólo había más oscuridad. Empujó una de las hojas silenciosamente, mientras su corazón latía tan rápido que él sentía que se saldría de su pecho, mientras que las venas de su cuello parecían bombear sangre tan aceleradamente, que creía que se partirían. Entró caminando a pasos cortos y llegó finalmente hasta donde estaban las cuatro camas, deteniéndose entre las dos del medio, ocupadas por Julia y Clara. Alumbraba con la linterna hacia atrás de él, para mantener la armonía, pero todas las computadoras estaban apagadas, no había movimiento, ni señales de vida. Miró a la pelirroja y estiró la zurda para intentar tocar su brazo, pero se detuvo centímetros antes, dudando, sin animarse a tocarla por miedo a descubrirla muerta.
    Volvió unos pasos hacia atrás saliendo de la habitación, y quedó de pie en la sala previa frente a los armarios, meditando lo que debía hacer. Sin embargo, rápidamente sacó su teléfono móvil del bolsillo y marcó el número de emergencias, y aguardó impaciente que atendieran, cuando cada pulso de la llamada parecía interminable; no podía creer que en el año 2043, siguieran usando ese viejo sistema para efectuar llamadas. Pero en eso, la voz mecánica y paciente de una mujer lo atendió.
    - 911, ¿cuál es su emergencia? -preguntó.
    - Soy Mike Russel, del CaféRV de la Sunset Avenue… -dijo, con la voz temblorosa y queda- Hay un problema con la luz, y había chicos jugando. Vengan urgente, por favor…
    - En cinco minutos envío ambulancias y médicos.
    La llamada se cortó y Miel cayó de rodillas en el suelo, siendo invadido interiormente por una mezcla del más profundo temor, miedo, angustia y otros sentimientos negativos. Él sabía lo que podía pasarles a esos chicos debido a ese corte de luz, y no quería siquiera pensar en eso.
    Tal como la operadora lo había predicho, cinco minutos luego de la llamada un grupo de ambulancias y coches de policía se detuvieron en el frente del CaféRV, y los jóvenes paramédicos entraron al local siendo recibidos por Lluvia. Ella se puso de pie, afirmando cuando le preguntaron sobre la emergencia, y en ese momento, la habitación se iluminó levemente, volviendo a quedar a oscuras; la tensión subió una vez más, y pronto se oyó el sonido del generador de electricidad que volvía a funcionar, y no sólo el CaféRV, sino toda la cuadra volvió a tener luz una vez más. Los paramédicos se adentraron por el pasillo siguiendo las instrucciones de la mujer, y luego se encontraron con Miel, que los llevó con todos los cuidados hacia la sala donde estaban los chicos, completa y absolutamente quietos.
    Uno de los paramédicos le pidió que removiera los cascos, y activando el sistema, éstos solos se replegaron levantándose hacia atrás, hasta quedar perpendiculares a la cama. Otro de los médicos se acercó sin tocar a nadie, y se inclinó sobre el pecho de Alan, luego sobre Clara e indicó que aún respiraban; tocaron las muñecas de los cuatro sintiendo los débiles pulsos, y se hicieron una seña. Vanamente intentaron despertarlos, pero al ver que no mostraban reacciones, llamaron a los otros paramédicos utilizando los micrófonos con auriculares que llevaban colgados en el oído derecho. Minutos después, subieron otros jóvenes uniformados y acomodaron a cada uno de los chicos en una camilla distinta, para alzarlas entre dos y bajar las escaleras con dirección a las ambulancias. Miel bajó por último luego de que sacaron a Sebastian, y al llegar al hall se encontró con un oficial de policía que lo esperaba junto con su novia.
    - ¿Mike Russel? -preguntó, casi ordenando- Quiero hacerle unas preguntas.
    El oficial pasó un tiempo interrogando al dueño del CaféRV junto a su novia, haciendo que describiera completamente la situación, para después pedirle los datos de los afectados, y las pertenencias que éstos habían guardado en los armarios. Casi cerca de las seis de la tarde, ya todo el personal de emergencias se había ido, dejando al joven Miel completamente destruido y abandonado sobre una de las sillas del local, el cual había cerrado por el resto del día.
   

    Ya en el hospital, los cuatro chicos fueron internados de emergencia y con los datos proporcionados por Miel, se llamó a sus familiares, informándoles de la situación.
    Fuera de la sala donde estaban siendo atendidos, el hermano de Alan observaba a través del vidrio, esperando que los médicos le dijeran que podía pasar; el diagnóstico había sido demasiado grave, y suspiró apoyando su frente en el cristal, abandonándose. En eso, una mano se apoyó sobre su hombro, y recuperando su postura volteó hacia la diestra, observando a un hombre alto de cercanos cuarenta años, cabello negro corto, gafas de marco prominente, y la gran bata blanca que anunciaba que era un médico.
    - Disculpe, señor -preguntó, el recién llegado- ¿Es usted pariente de alguno de los jóvenes?
    El aludido asintió apretando los párpados, y giró completamente para enfrentarlo.
    - Sí, sí -respondió nervioso- Soy Dalton Lescano, el hermano de Alan ¿Cómo está él? -pausa- ¿Cómo están todos?
    - Lo siento -anunció, manteniendo la estudiada compostura- Aparentemente el golpe traumático que sufrieron cuando se cortó la energía mientras estaban jugando al Deiarell, ha hecho que pierdan sus facultades cognoscitivas y motrices, junto con los controles básicos de sus cuerpos.
    - Espere, por favor… ¿A qué se refiere con eso?
    - Están en estado vegetativo, y se los mantiene respirando con máquinas, y se los alimenta con suero -tradujo- Lo siento, Sr. Lescano, no hay esperanzas para ellos. Con su permiso.
    Sin decir más nada, el médico se alejó caminando a paso seguro hasta las enfermeras, mientras el joven volvía la vista al vidrio, observando las máquinas a las que estaban conectados tanto su hermano como los amigos de éste, y no pudo evitar golpear el cristal, dejando que las lágrimas y la histeria se apoderaran de él. ¿Acaso lo había perdido? ¿A su único hermano?
    Pero aún así, esos jóvenes no volverían a despertar.
    Sin embargo, no eran los únicos casos de coma, relacionados con Deiarell.



        Bien, creo que se me fue la mano con el largo de esto, pero eran muchas cosas las que quería contar en el prólogo. A partir del próximo capítulo, comienza la historia verdadera junto con el protagonista de la misma, que espero que les guste. Les agradezco a todos por leer siempre, y les comento que estoy terminando la publicación de "Prideless Confessions", así que en esta semana o la próxima, estaré subiendo todos los datos y explicaciones en un artículo del blog; les agradezco sinceramente a los que me apoyaron para llevar adelante ese pequeño proyecto.
        ¿Qué les ha parecido el prólogo? ¿Me dejan un comentario y su opinión? ¡Ah! En estos días estaré cambiando las votaciones del blog, así que si hay alguien interesado, les pido que se pasen durante la semana, para verla y dejar su valiosa opinión. Gracias a todos por pasarse, leer, dejar comentario y apoyarme, y nos estamos leyendo en el próximo capítulo. ¡Éxitos!

Tags: literatura, novela, drama, misterio, suspenso

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Autor: Aldair_88
S?bado, 28 de marzo de 2009 | 5:26
ahy!! que buena que se presenta esta historia, ya me han surgido miles de ideas, pero tratar? de esperar pacientemente el principio. Me encanta la idea de los chicos atrapados en la realidad virtual. Me gust? mucho este pr?logo, pomete una historia atrapante
Autor: BlueBrain
S?bado, 28 de marzo de 2009 | 6:14
?Excelente introducci?n! Ya qued? esperando para saber quien es el protagonista y como logran sacar del estado vegetativo a los jugadores.
Que nivel tienes para presentar las situaciones y dejar al lector con el m?ximo de suspenso. Te felicito
S?bado, 28 de marzo de 2009 | 15:52
antes q nada agradecer la dedicatoria, es algo muy lindo e importante para mi, dicho esto:

wuaw!!!!!!!!!!!!!!! excelente realmente me gusto muchiiiisimo la historia muy bien descripta, me meti facilmente en la trama me encanto!!!!

muy bueno de verdad.
Domingo, 29 de marzo de 2009 | 11:28
?B?rbaro! El pr?glogo es atrapante, ya qued? inmersa en la historia, me agrada la idea de los jugadores de realidad virtual, esta, promete mucho suspenso, te felicito por las ideas que ten?s para escribir, muy buena esta promera entrega
Domingo, 29 de marzo de 2009 | 18:14
?Chicos! Me alegro much?simo de que les haya gustado el pr?logo!! Esto son s?lo los "antecedentes" -por as? decirlo- que desencadenan todos los hechos consecuentes en la historia. De todas formas, me alegro que les guste... estaba preocupada por si quiz?s me hab?a quedado muy largo el cap?tulo.
?Gracias por sus comentarios!

 

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