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Viernes, 20 de marzo de 2009

Hola a todos!! Finalmente hemos llegado al último capítulo de "Prideless Confessions"... quizás es algo que no esperaban, quizás es un final predecible, pero quiero agradecerles a todos los que siguieron esta historai con tantos giros y tantas ideas mezcladas. Cada uno de sus comentarios siempre fue lo más importante para mí, y es lo que siempre me empuja a seguir escribiendo y manteniendo esta página. Los dejo con el final de "Prideless..." y al final les dejo mis otros comentarios, que agradecería que se tomaran unos segundos para leer. ¡Con el capítulo!


“No hay pasión que ciegue tanto como el orgullo”
Bretón de los Herreros
   

    Estaba cansado, agotado, exhausto. Incluso sentía que girando entre sus limpias y cómodas sábanas, estaba más tranquilo que nunca; sentía que hundía su cabeza en la mullida almohada, aspirando el cómodo y relajante perfume que se adentraba en su cuerpo invadiendo sus sentidos, y calmando aún más el potente dolor de cabeza que empezaba a hacerse sentir como golpes y punzadas continuas en su frente. Se encontraba de costado, con el brazo derecho bajo la almohada y la cabeza enterrada en esta, las piernas contraídas mientras que con la zurda mantenía las frazadas tapando su cabeza. Sin embargo, muy pronto comenzó a sentir la boca seca; se relamió varias veces e intentó tragar saliva pero seguía exactamente igual que antes, hasta que poco a poco fue recobrando la consciencia. 
    Abrió los ojos un par de veces, de forma dificultosa y con lentitud gatuna, hasta que por fin pudo sentarse en la cama, con las piernas estiradas y semi flexionadas. Arqueó su espalda estirando sus brazos con los puños cerrados, desperezándose ampliamente y sintiendo como cada parte de su cuerpo parecía distenderse. Y de pronto, se dio cuenta de algo, dejando que el temor invadiera su ser. Corrió las sábanas con vehemencia y comenzó a tantear el colchón, buscando lo que había perdido; al no encontrarlo, giró rápidamente y quitando la almohada de su lugar, encontró su pistola Colt, con el seguro puesto. Aparentemente, la había soltado cuando se desperezó, y eso lo tranquilizó.
    Estiró la diestra para tomarla, pero en el momento en que sus dedos rozaron el tibio metal humedecido por la transpiración de su mano, sintió nuevamente el dolor en su cabeza. Pero no era sólo eso: eran unos recuerdos, unas visiones que tenía lo que en realidad le molestaban; veía una habitación blanca, odiosamente blanca, y una voz que no alcanzaba a distinguir, pero que le hablaba aún cuando no quería escucharlo. Se quedó quieto en su lugar, pensando qué podría ser eso. Una pesadilla, concluyó Jess, llevando la siniestra a su cabello, y despeinándose.
    Y luego, por primera vez desde que había despertado, decidió observar a su alrededor. En la mesa de luz, al lado de la cama, había tres botellas de bebidas alcohólicas -entre las cuales se encontraba un vodka- totalmente vacías, junto con algunas latas de cerveza, también sin contenido. En el suelo se encontraba desperdigada su ropa, y fue ahí cuando cayó en la cuenta de que él estaba completamente desnudo; sin embargo, entre su sudadera, podía distinguirse claramente una pequeña prenda de encaje de ropa interior femenina. La miró intentando recordar lo que había pasado, y pensando que había bebido tanto alcohol que no sabía ni siquiera la fecha del día, se agachó en cuclillas para tomar su pantalón de jean, y se lo colocó con desgano, lenta y pausadamente.
    Volvió unos pasos hacia la cama, tomando la pistola, y después caminó hacia la cómoda al otro lado de la habitación, observando el reloj digital que tenía en ella. Alzó la mano libre y apretó un botón para ver la fecha, y descubrió con gran sorpresa que habían pasado dos semanas desde el robo… aunque a decir verdad, recordaba que asistió a la cita en la plaza, pero no el rostro de Anger, o siquiera si era hombre o mujer. Suspiró: definitivamente esa era la peor resaca que había tenido en toda su vida. Mas en ese estado, tardó unos segundos en descubrir que no recordaba siquiera si le habían pagado, y cuánto dinero tenía.
    Asustado, salió de su habitación empujando la puerta entreabierta y cruzó el living casi corriendo. Entró al pasillo y girando hacia la izquierda abrió la puerta de su oficina con la llave que había quedado en los bolsillos de su jean, y se adentró. Encendió la luz un tanto nervioso, pero sintió una falsa paz al  ver que todo estaba tal cual él lo había dejado; caminó hacia la silla que siempre usaba, encendió la computadora portátil, y se adentró en el sistema de sus cuentas bancarias, comprobando que tenía nuevas cantidades de dinero.
    Un poco más tranquilo, apagó la computadora una vez más, y comenzó a revisar todo su departamento luego de revisar que no había ni cámaras ni micrófonos, encontrando en sus diversos escondites el dinero que le faltaba. Evidentemente, le habían pagado, y el trato estaba concluido. Sin embargo, volviendo a su dormitorio y hallando varias prendas femeninas, junto con botellas de bebidas alcohólicas en casi todo el apartamento, podía deducir que había estado borracho por un buen tiempo. Lógico, incluso, si había dejado que Baco lo llevara de fiesta para festejar el robo. Pero aún así, le molestaba no recordar nada.
    No se preocupó por buscar el resto de la ropa que le faltaba colocarse, y volvió sobre sus pasos hacia la cocina. Abrió su heladera encontrando aún más botellas, pero también algo de alimento que le alcanzaría para saciarse en ese momento; buscó unas rodajas de pan, y untándolas con aderezos, cortó unas rodajas de tomate,  fiambre y queso, y se apoyó sobre la mesada mientras devoraba, meditabundo, su desayuno. Demoró un tiempo, así, hasta que finalmente lavó los utensilios y decidió ir al chat donde siempre entraba, para ver si encontraba algún trabajo. Después de todo, había pasado dos semanas festejando y sin hacer nada.
    Volvió hacia la computadora, encendiéndola de nuevo, y activando la red de seguridad, entró en el chat de hackers, esperando que alguien lo contactara. Mientras tanto, se dedicó casi sin entusiasmo a leer sólo algunas líneas de lo que comentaban, nada interesante para él; de pronto, un pequeño sonido le anunció la petición de una charla privada. Inmediatamente -y ante la perspectiva de encontrar un trabajo que lo mantuviera entretenido por un tiempo- Jess se acomodó en la silla y creando un firewall para la conexión, activó la ventana del chat. Sin embargo, esperó que escribieran algo, y no aparecía nada. Decidió cerrar la comunicación un tanto enojado, cuando una letra apareció en la pantalla: “P”; lentamente, las otras letras comenzaron a aparecer en la pantalla. Torció la cabeza hacia la derecha, como mostrando su duda, y recién entonces leyó en voz alta lo que ahí decía. “Prideless” estaba escrito.
    Inmediatamente, la conversación se cerró.
    Casi al mismo momento, él comenzó a sentir un frío sudor que bajaba por su nuca, enfriando su desnuda espalda. Parecía que el suelo y el banco donde estaba sentado perdían consistencia, para poco a poco iba marearse y perder la consciencia lentamente. Sus manos temblaban, sus oídos zumbaban taladrándole el cerebro, y su mente comenzó a enervarse; no podía controlarse, sentía que se perdía, no era consciente de nada… apoyó ambas palmas en la mesa dispuesto a ponerse en pie, pero en el instante que lo logró, su piernas flaquearon y creyó irse de bruces contra el suelo.
    Abrió los ojos, y observó su computadora. El escritorio de siempre, la laptop de dos monitores, y un vaso con agua que antes no estaba ahí. ¿Qué habría pasado? Se llevó la diestra a la cabeza, masajeándose la sien, pero al abrir los ojos encontró que llevaba puesta una sudadera negra con impresiones en letra cursiva blanca en el pecho. A lo que él recordaba, cuando se había levantado de la cama, sólo se había puesto el jean, ni siquiera la ropa interior de marca de la cual ahora veía el elástico sobresaliendo del cinto del jean.
    En ese momento, se desconcertó.
    Ignoró lo que pasaba en la pantalla de su computadora, y se concentró en el reloj que aparecía en la misma. Según la fecha, era una semana luego de haberse despertado; pensando que quizás algo habría pasado, caminó hasta su dormitorio para revisar el reloj digital y encontrar exactamente la misma fecha. Volvió sobre sus pasos y entró en el baño, sorprendiéndose al verse en el espejo, y encontrar su labio partido: el no recordaba que eso hubiera pasado… y eso, lo estaba desesperando.
    Continuó inspeccionándose a sí mismo intentando encontrar moretones o marcas, pero un fuerte timbrazo sacudió sus oídos, y salió del baño evitando dar un portazo y soltar todas las imprecaciones que conociera. Se acercó hacia la portátil que tenía en el mueble al lado de la puerta, y revisó con las cámaras encontrando sólo a un hombre parado frente a la misma. En ese entonces, el hombre calvo y corpulento alzó el rostro, y movió sus labios finos delineando una palabra, sin pronunciar ningún sonido, como sabiendo que Jess estaría del otro lado. Y él reconoció esa palabra: “Prideless”, sin orgullo. Una vez más, sus manos comenzaron a temblar mientras sentía un frío mortal bajar por su columna; llevó la zurda a la frente para intentar contenerse, y al momento en que quiso girarse para caminar hacia el sofá, sintió que caía hacia atrás.
    Meneó la cabeza, y estaba oscuro, completa y absolutamente. Estaba apoyado contra una pared, vestido de negro y con el rostro cubierto, cargando un rifle a repetición entre sus manos, y una mochila con su laptop. No sabía dónde estaba, ni a qué hora, ni en qué fecha; un hombre a su lado lo codeó delicadamente, señalándole una dirección, y un fuerte dolor de cabeza sacudió su cerebro una vez más: las mismas punzadas de siempre, como si fueran agujas, la tensión en sus músculos, el dolor en sus piernas, y todo…
    Se despertó. Estaba recostado en su sofá, esta vez, con el pecho cruzado con vendajes que se extendían hacia el brazo izquierdo. Volvió a perderse, y tomando el control remoto de la televisión plana que tenía colgada en la pared, la encendió y saltó entre canales hasta llegar a un noticiero, y ver que había pasado casi un mes desde la vez que vio al hombre en la puerta de su departamento.
    Entonces, comenzó su martirio.
    No sabía cómo, ni cuando, ni porqué. Ocasionalmente escuchaba, leía o encontraba esa palabra, “Prideless”, y su mundo parecía cambiar drásticamente; perdía la consciencia y se despertaba momentáneamente, algunas veces en persecuciones, robos cibernéticos, hoteles de mala muerte y en propiedades de traficantes. Siempre se despertaba sin recordar nada, sin saber lo que había pasado, y a veces lastimado, herido, en distintos lugares, y con dinero en sus cuentas que no sabía su origen. Lentamente fue dándose cuenta que ya no estaba en control de su propia vida, y sin que le importara, se dejó estar.
    Y de esa manera, transcurrió un año.
    Un largo y horrible año.
    Sin embargo, en sus cada vez más escasos momentos de lucidez, él sentía una gran urgencia por llegar a una computadora; quería dirigirse a un escondite en su departamento, pero jamás lo encontraba. Pero finalmente, una vez se despertó en su departamento, escondido entre su cama y la pared, temblando y abrazando sus propias rodillas; estaba horriblemente lastimado, tenía cortes y tajos, pero sin embargo, al verse en el espejo que tenía en la habitación, descubrió que su piel seguía tan suave como siempre, su cabello tan brillante y cuidado, si bien sus ojos no parecían ser los mismos.
    Recordó su urgencia de encontrar la portátil, y sin preocuparse siquiera por averiguar la fecha, corrió hacia el ropero abriéndolo casi desesperadamente, para después correr una parte del piso interior falso, y encontrar ahí su vieja portátil de tapas blancas, la cual tenía una mancha de sangre en la parte superior, donde había un pequeño papel cuadriculado mal cortado, que tenía unas palabras escritas a mano: en su letra. Ahí decía “Jess, tú sabes la contraseña”. Terminó de quitar la computadora, y se sentó con las piernas cruzadas en el suelo, mientras la encendía; una vez que la máquina arrancó, se quedó tildada en una pantalla negra que en un pequeño recuadro gris pedía la contraseña. Dudó, por unos segundos… porque si era él mismo quien había hecho eso, seguramente tendría una sola posibilidad, y luego se borraría el contenido de esa computadora. Hesitó haciendo mover sus dedos sobre el teclado marcando una palabra, y luego observó los asteriscos, sabiendo que ahí había escrito “Lujuria”. Y sin más, presionó la tecla Enter.
    La pantalla cambió de color, e inmediatamente comenzaron a reproducirse videos de los momentos en que había estado lúcido entre las abstracciones, o durante ellas, donde se contaba a sí mismo lo que había estado haciendo. No podía creer lo que veía, y tampoco comprendió porqué la filmación de una habitación blanca de intensas luces, le traía a la memoria cosas que había sido producto de su borrachera luego de robarle el disco para Anger.
    ¿O quizás no había sido efecto del alcohol?
    Continuó observando los videos atentamente, hasta que estos terminaron, con una filmación de él mismo, donde decía que jamás olvidara lo que era ni cómo era, porque su esencia jamás la podrían borrar. El sistema se apagó sólo, y no comprendió sus propias palabras, así que dudando de su significado volvió a esconder la laptop en el mismo lugar donde la había encontrado.
    Terminó de cerrar todo y cuando iba a sentar en su cama, escuchó el sonido de un papel deslizándose bajo la puerta de entrada. Caminó hasta ese lugar, y observó un pequeño sobre blanco con su nombre escrito el letra manuscrita; sin embargo, temía que dijera lo mismo de siempre, y que él volviera a perder la consciencia. Lo tomó entre sus manos y lo analizó, intentando ver a trasluz el contenido del mismo; hesitó otros momentos, hasta que finalmente cortó el sobre y encontró una tarjeta que marcaba una cita para las cuatro de la tarde, en el parque donde le había entregado el disco a Anger. Alzó su rostro y observó en el reloj que faltaba sólo media hora, así que se deslizó hacia el baño duchándose brevemente, y después salió del edificio caminando a paso rápido, hasta que finalmente llegó a la Plaza Central.
    Llegó al lugar cubierto por la nieve del invierno que anunciaba que hacía más de un año desde que había robado a Gateway, y comenzó a observar todo el lugar, las tres fuentes diferentes, hasta que visualizó una silueta femenina sentada en el borde de una de ellas. Se acercó a paso rápido hasta el lugar, y se detuvo observando a la mujer que lo miraba riéndose, vestida de traje, con gafas de sol a la moda, y el cabello negro corto a largos desiguales. Era muy parecida a Lujuria, pero Jess sabía muy bien que no era ella. ¿Su hermana? No podía explicar cómo sabía eso, pero estaba tan seguro como si esa misma mujer se lo hubiera dicho. Pero si estaba en ese lugar, era porque había pensado que en esa cita podía aclarar algo de todo lo que pasaba, y la mirada entre lasciva y sobradora que la mujer le soltaba, lo estaba exasperando.
    - Dime de una vez -ordenó autoritario con su voz- ¿Qué es lo que está pasando?
    Ella soltó una pequeña risa, y se llevando al diestra al rostro, tomó los lentes oscuros por la patilla, bajándolos sólo un poco, para poder observar al rubio con sus ojos marrones y retadores. Permaneció así unos momentos, y finalmente se quitó las gafas, analizando al chico que tenía delante que, a pesar de algunas cortadas leves, seguía tan hermoso y orgulloso como siempre.
    - Jess, tú recuerdas el cuadro que estaba en la galería del edificio que robaste ¿verdad? Aquel que tenía un sistema antirrobos -preguntó ella, y luego de que él asintiera, continuó- Ese cuadro tenía ruedas que simbolizaban las distintas partes del ciclo de la vida: el individuo, su sociedad y el mundo. La rueda del centro, la más pequeña era la persona como ente de un grupo social, y las tres varas que la cruzaban terminando en seis aspas simbolizaban las seis emociones básicas del budismo.
    - ¿A qué te refieres con eso?
    - Cállate, y escúchame primero -refutó la morocha, y siguió hablando- Las seis emociones son la ira, la avaricia, la ignorancia, el apego, los celos y el orgullo; de ellas surgen los reinos de la existencia, a los cuales les corresponden respectivamente los infiernos, los espíritus hambrientos, el mundo animal, el mundo humano, el mundo de semidioses y el mundo de los dioses. En cada uno de ellos, se manifiesta el sufrimiento de las personas que renacen consciente o inconscientemente, para poder ascender en las ruedas de la vida.
    Ella hizo una pausa, sonriendo, y cruzándose de piernas, continuó hablando.
    - Anger es la empresa a la que tú mismo le robaste… pero no es sólo eso: Anger somos un grupo que juzga personas, y tú eres uno de ellos. Hallamos seis juzgados, uno por cada emoción básica, y los contratamos para que robaran a una empresa llamada Gateway que actúa sólo como la portada bajo la que escondemos nuestras actividades principales. Por cada uno de ellos, marcábamos de otro color el aspa que correspondía a su pecado, y experimentábamos con ellos, llevando al límite a sus propias existencias trayendo el mundo que le correspondía a cada uno, a esta tierra donde coexisten.
    Volvió a soltar una carcajada sonora, pero delicada mientras se cubría con la mano, al tiempo que Jess la miraba anonado y sin poder comprender lo que le estaba explicando.
    - Jess, tú eres el mejor de todos nuestros experimentos -concluyó, señalándolo descaradamente con el índice, para después acomodarse nuevamente- Esa habitación blanca que seguramente recuerdas, fue el lugar donde te convertimos en lo que eres ahora y lo que serás siempre: los médicos de Anger operaron tu cerebro y te insertaron un chip entre ambos hemisferios cerebrales, en un punto crítico, que recibe señales de red y que envía pequeños golpes eléctricos a tu cerebro… después de todo, las neuronas funcionan a base de electricidad, y es muy fácil alterar esto.
    Ella descruzó las piernas y se puso en pie, observándolo directamente a los ojos. Jess hizo unos pasos hacia atrás, alzando las manos hasta su pecho como manteniéndose en guardia, pero ella sólo se sonrió volviéndose a colocar las gafas de sol. La morocha sólo movió sus labios sin emitir sonido alguno, y unas palabras volvieron a la mente de Jess, como el más vivo de los recuerdos.
    “Y nunca más serás, no eres ni volverás a ser. Eres un cuerpo, una entidad absurda plagada de nimiedades que no afectan la existencia de tu ser, como cápsula para la vida de un dios creado por los humanos. Sólo reaccionas a tu orgullo, Prideless, eso eres y en eso te has convertido por el resto de tus días, hasta el momento en que mueras y aún después”. Esa voz que lo decía, era la misma que había oído, la misma que había manipulado su mente y que siempre lo perseguía… aquella de la que jamás podría escapar por más que lo intentara. La fémina acomodó la cartera en su hombro derecho y cruzando al lado de Jess se dispuso a marcharse, cuando él la detuvo con una nueva pregunta.
    - ¡Espera! -le dijo, volteándose a verla- ¿Por qué pecado me juzgaron?
    Y ella giró lentamente, hasta quedar de perfil con las piernas juntas y las manos en su cartera, observando al rubio que acababa de hablarle.
    - El orgullo -respondió seca- al cual le corresponde el mundo de los dioses. Y déjame decirte algo -agregó seguido-: cuando robas y cuando asesinas eres como un dios que juzga sobre la vida y la muerte… y la verdad es que eres una deidad en eso, porque nadie puede, ni podrá, atraparte.
    La gemela de Lujuria giró sobre sus pies, y dándole la espalda comenzó a caminar alejándose hacia una limusina que la esperaba al final de la Plaza, mientras Jess quedó de pie, sólo en ese lugar. Alzó su rostro cuando la nieve comenzaba a caer solitaria sobre el suelo grisáceo, y se dejó caer sobre el borde de la fuente, sentándose con las piernas abiertas y sosteniendo su cabeza, al tiempo que sus rubios cabellos cubrían sus facciones.
    Consciente o inconscientemente dejó que la desesperación inundara su ser, enloqueciéndolo, torturándolo, porque en ese momento supo que volvería a su departamento a buscar su vieja portátil y a grabar otro video, que seguramente miraría cuando recuperara la consciencia y necesitara conocer las confesiones de su orgullo. Sin embargo, el miedo y el terror recorrieron su cuerpo como si una inyección de adrenalina hubiera sido descargada en su corazón: sabía que tarde o temprano volvería a encontrarse con esa palabra, “Prideless” y perdería la razón, sellaría su consciencia. Jamás podría volver a controlarse a sí mismo. ¿Qué terribles cosas podría hacer en ese momento? Sintió su orgullo aplastarse cuando reconoció en el fondo de su ser, en lo más profundo de su mente, que estaba macado para toda la vida, la muerte y el más allá. Ahora Guilty tenía un significado, porque sería el culpable para toda la historia.
    Una mano se apoyó en su hombro, apretándolo delicadamente, y el rubio alzó su rostro al sentir que era el tacto de una mujer. Giró sus ojos y se encontró con Lujuria, con Marie, esa mujer que jamás había comprendido ni estimado, pero en ese momento se puso de pie y enroscó sus brazos en la cintura de femenina, atrayéndola aún más cuando sintió que lo abrazaba por la espalda. Ella acercó su rostro al cuello masculino, aspirando su perfume, y llegando hasta su oído, para susurrarle unas palabras.
    - Prideless… -dijo en el eco del vacío de la mente de Jess.
    Sus brazos cayeron inertes a los lados, y lentamente se alejó de ella. Sus ojos opacos, sus movimientos automáticos, su cuerpo pesado y su razón perdida. La miró casi sin pestañar, con el gesto anónimo y neutro, de aquel que no es nada más que un cuerpo vacío sin mente y sin control.
    Jess estaba perdido en un mar infinitamente negro, aplastante y vacuo.
    Él jamás sería dueño de su vida.
    Su existencia había terminado.



    Ese fue el final de esta historia... creo que es algo bastante interesante lo que le pasa a Jess al final, y por eso él siempre fue uno de los personajes favoritos míos, dentro de todos los que he escrito (a pesar del horrible carácter que tenía). Con respecto a mis notas de final de historia, quiero aprovechar para agradecerles a todos los que han votado sobre si publicar la historia en una editorial online, y ante todos sus votos...¡me he decidido a hacerlo! La edición va a tener algunas cosas extras, y unos arreglitos. Sin embargo, publicaré aquí en el blog todos los datos cuando salga (que espero no tardarme demasiado).
    En fin, les agraecería a todos que me dieran sus opiniones en los comentarios (si quieren, claro) ya que esta historia fue un intento de algo "psicológico" en al trama, aunque no se notó mucho. La próxima historia -les doy un breve adelanto- se llama "La Línea del Horizonte" (aunque en la categoría era demasiado largo, y le puse sólo "Horizonte") y es la historia de un psicólogo que termina trabajando con la Interpol, en un caso de "desapariciones" (por así decirlo) relacionadas con un adelanto tecnológico que ha salido en esos años (ambientada en 2040, aproximadamente).
    ¡Espero que les guste! ¿Qué les pareció "Prideless Confessions"? ¿Me dejan su comentario? ¡Éxitos a todos!

Tags: literatura, novela, hackers, robo, psicológico, drama

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: Aldair_88
S?bado, 21 de marzo de 2009 | 5:34
el final es sorprendente. No me lo esperaba, pero al final cada uno recibe lo suyo y Jess recibi? su merecido castigo.
Esta historia me sorprendi? en muchos aspectos, el cuadro, al final s?lo era la puerta ke se abr?a para castigar al culpable de un delito capital. ?estupendo relato!
Espero ke anuncies la publicaci?n, esta historia merece ser conocida.
Autor: BlueBrain
S?bado, 21 de marzo de 2009 | 6:06
WOW!!! Q?e historia. Buenisimo el final, yo cre? que se robar?an entre ellos el disco, cuando en realidad lo que hicieron fue robarle la personalidad al protagonista. Que manera tan dr?stica de dominarlo. Excelente la trama, me mantuvo en constante suspenso y el final, fue para mi completamente inesperado.
Te felicito, una novela atrapante desde el principio
S?bado, 21 de marzo de 2009 | 17:21
excelente final realmente, aunque me quedo una duda jejeje. pero me gusto muchisimo, un final distinto de esos q me gustan. felicitaciones muy buena historia. espero la proxima historia ;)
S?bado, 21 de marzo de 2009 | 19:09
Muy buen final para una historia atrapante. Nunca me hubiera esperado esta culminaci?n, me tom? por sorpresa, pero Jess se lo merec?a.
Te felicito por desarrollar una historia tan buena y por este final que sorprende por lo in?dito.
Espero que logres publicarla, porque me encanta esta novela
S?bado, 21 de marzo de 2009 | 21:26
??Chicos!! Much?simas gracias por su apoyo, me alegro mucho que les haya gustado tanto el final... a pesar de lo extra?o e inesperado que era. Con el tema de la publicaci?n, ya estoy trabajando en ello, arreglando algunos errores y agregando las partes extra. Espero poder publicarlo pronto.

 

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