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Viernes, 13 de marzo de 2009

Hola a todos!! Bueno, finalmente llegó la segunda parte de este episodio. Les comento que no es el último, ya que es el penúltimo... la historia tiene once capítulos. Por lo pronto, esta parte es la más 'psicológica' de la historia (intenté, y espero que haya quedado como yo quería). En fin, lo que sucede en este capítulo fue lo que me dio la idea para el resto de la historia, y le agradezco a mi vatti que me sugirió algunas cuantas ideas. Mejor los dejo con el capítulo, pero por favor lean las notas finales, que hay algo que quería comentarles.


“La  vanidad hace siempre traición a nuestra prudencia
 y aún a nuestro interés”

Jacinto Benavente


    El lugar estaba oscuro, pero sus ojos le ardían. Creía estar en su cama, soñando, pero la sangre en su cuerpo era espesa y cada milímetro que recorría le daba la sensación de ardientes cuchillas que desgarraban su cuerpo desde el interior, como si fueran piedras las que circulaban por sus venas. Sus piernas le pesaban, y sentía que sus pantorrillas eran cruelmente perforadas por punzantes agujas, como si un poderoso calambre se hubiera apoderado de sus extremidades. Su cabeza lo dolía, como si un taladro hubiera perforado su cráneo, como si algo hubiera entrado en su cuerpo, alojándose en su cerebro y presionando los hemisferios, ocasionándole la sensación de picos y palas que lo azotaban cruelmente.
    Si aún estaba vivo, él prefería que lo mataran antes que siguieran torturándolo.
    Pero si estaba muerto y ese era el infierno, ahora comprendía el significado de la palabra.
    Sentía como si estuviera en una gran nada, flotando en un ardiente río de lava que quemaba y aturdía sus sentidos, destrozando su olfato con el profundo olor a azufre del lugar. Agujas punzantes se enterraban una y otra vez en su cuerpo, agudizando su dolor, aún cuando no podía gritar.
    Una vez, él no supo cuando, sintió que todo giraba como si estuviera en los lados de un trompo gigante, o peor aún, como si alguien lo hubiera forzado a subirse a uno de los juegos extremistas de un parque de diversiones, pero sin la emoción… sin la adrenalina. Quería respirar tranquilo, agitado, pero el aire entraba por su endurecida y fría nariz, como si se lo suministraran en cantidades exactas. Deseaba gritar y dejar que su tensión escapara por la boca, pero de pronto hallo sus mandíbulas atadas y separadas, como si algo estuviera trabado en su garganta, áspero y plástico, que lo lastimaba intensamente.
    Poco a poco sus ojos comenzaron a percibir rayos de luz, y el dolor en su cabeza seguía taladrándolo, aunque ya se había vuelto común al punto de no importarle. Sintió la sequedad en su boca, pero no pudo relamerse ya que algo presionaba su lengua contra su paladar. Aspiró un par de veces y sintió sus movimientos restringidos, atados por algo que cruzaba su pecho, sus brazos, sus piernas e incluso su frente. No podía moverse, no podía respirar a voluntad, no podía hablar… los párpados le pesaban como si fueran de plomo, y poco a poco intentó abrirlos, pero inmediatamente una profunda claridad inundó sus grisáceos ojos. Ahora tampoco podía ver.
    El resplandor blanco tan brillante lo cegaba, lo cubría y lo inundaba, dañando esos ojos tan claros que siempre se resistían incluso a la natural luz del sol. El desconcierto y un profundo mareo se situaron en su ser, cuando aún su mente permanecía adormilada, flemática, imperturbable. Decidió aunar sus escasas fuerzas para poder abrir los ojos, mientras un leve murmullo parecía comenzar a llegar a sus oídos; eran voces de hombres y mujeres que hablaban en ese lugar, y otros sonidos que no alcanzaba a identificar. Reunió sus fuerzas y obligó a sus párpados a abrirse, sintiendo como una vez más un terrible brillo blanco cubría su vista.
    Pero lentamente, ese extraño mundo comenzó a delinearse.
    La luz provenía exactamente sobre su rostro pero a una considerable altura, y tras de sí sentía un profundo calor y elementos que no alcanzaba a ver. Dedujo que se encontraba atado en una cama, vio blancas paredes alrededor, junto con un brillante cuadro de forma rectangular frente a él; seguramente, un espejo. ¿Lo habían atrapado? No alcanzaba a comprender su situación, no entendía esos acontecimientos, y menos aún, a sí mismo.
    Y de pronto, una voz retumbó en ese lugar. Una voz áspera, profundamente masculina y autoritaria, como si fuera la voz de un ser eterno que habla desde el infinito. Escuchó sus palabras sin poder identificar desde dónde provenían y no pudo evitar sentir un escalofrío erizar su piel.
    - Guilty -dijo la voz- Este es tu castigo por robarle a quienes te contrataron…
    Inmediatamente perdió la conciencia.
    ¿O inmediatamente se despertó a la realidad?
   

*


    La almohada era suave y mullida, y era capaz de absorber su cráneo como si éste se hundiera en ese mar de comodidad. Abrió los ojos y no vio ningún resplandor: su propia habitación se encontraba a oscuras y sólo iluminada por la luz de la calle, que se abría paso, entrecortada por a través de las persianas entreabiertas. Estaba acostado bocarriba por encima de las frazadas en su cama, descalzo y con el pantalón desprendido; una pequeña brisa entró a través de la ventana, y sintió el aire correr por su pecho. Se sentó en la cama tranquilo y con pausa, como si en realidad fuera alguien quien lo empujaba hacia delante, como si fueran manos las que lo sostenían en ese lugar. Ladeó sus ardidos ojos y descubrió que era de madrugada, y no recordaba cuán se había acostado; quizás había dormido un día entero, y por eso le ardía tanto su garganta.
    Tosió levemente y quiso ponerse de pie, pero no lo logró: era como si las manos que sentía sobre sus hombros, en realidad lo retuvieran. Volvió a toser, y sintió un hilo de saliva deslizándose por la comisura de su boca, pero al intentar alcanzarlo, sus manos no se movieron. Giró la cabeza sólo para verse sólo en su habitación, y en el momento en que volvió la vista al frente, comenzó a toser; alguien le golpeaba la espalda provocándole esa reacción, y de pronto sintió que perdía la conciencia una vez más… aunque quizás, la estaba recuperando.
    Carraspeó una vez más y justo cuando una potente arcada se apoderó de su boca, abrió los ojos y vio una mano femenina que tiraba de un tubo transparente, largo y áspero, que salía de su boca, embebido en su saliva. Escuchaba las voces hablando tras de él, y sentía las manos presionando sus hombros, pero sólo podía fijar su vista en el tubo que terminaba de salir del interior de su garganta, dejándola en llamas, como si un ácido la hubiera carcomido. Quiso moverse, pero todas esas personas lo empujaron hacia atrás sobre una cama, atándolo rápidamente, y abandonando ese lugar en un horrible y despiadado silencio.
    No supo cuánto tiempo pasó, hasta que las formas en ese lugar, comenzaron a hacerse cada vez más nítidas. Ya no tenía la brillante luz sobre sus ojos, sino que se encontraba mucho más arriba, permitiéndole distinguir el vidrio espejado que había frente a él, las blancas paredes, y el nulo mobiliario. Extrañamente, no estaba en el centro de la habitación, sino hacia la izquierda, amarrado en esa cama de mullidas almohadas y suaves sábanas; mas en ese lugar, el tiempo parecía no existir. Ver constantemente esa blanca prisión, austera y monótona, le hacía preguntarse una y otra vez, si lo que vivía era real. No sabía y le era imposible deducir cuantas horas, días, semanas o meses había permanecido así.
    De pronto, aquella voz que una vez oyó, volvió a hablarle. Esa voz grave y masculina, rasposa y autoritaria, que hablaba desde un lugar irreconociblemente lejano y secreto.
    - Jess Carpenter -dijo- ¿A qué has sido reducido?
    Pero una respuesta coherente, era imposible. El rubio ladeó su rostro, y se encontró inmovilizado, sin poder observar a su interlocutor; vio el espejo de reojo, y supuso que había alguien al otro lado.
    - ¿Quién eres? ¿Cómo sabes mi nombre?
    - Preguntas irrelevantes para alguien de tu calibre, Jess, Guilty... ¿cómo prefieres que te llame?
    - ¡Cállate! ¡Tú no existes! -se quejó él- Me han drogado, y eres una ilusión creada por mi mente…
    Una risa profunda inundó la habitación. Esa voz, se estaba riendo. Pasaron unos segundos en que el eco invadió cada milímetro del lugar, aprehensivo, invasor, incesante. A cada segundo en que los nervios de Jess parecían aumentar, y su corazón latía tan fuerte que a él mismo le parecía que se saldría de su pecho.
    Pero sin embargo, esa voz parecía no ceder.
    - Has rozado un tópico interesante, Jess, la “existencia” es algo más allá de lo que tú lo declaras -esa forma de hablar cadenciosa y respingona, pero a su vez autoritaria, le daba la sensación de que podría destajarlo con sólo una vocal- Tú existencia dice que no eres otra cosa más que lo que te haces. Ergo, Jess, tú mismo declaras que estás perdiendo la razón… ¿estás loco, Jess?
    - ¡Tú eres quien está loco, maldito! ¿Qué me haces? ¡Sádico!
    Y él hablaba, como si aún no hubiera comprendido su situación. Como si no supiera qué estaba jugándose con esas palabras, ignorante de su propia debilidad momentánea.
    - Es extraña e ilógica tu forma de comprender tus circunstancias, Carpenter -hizo una pausa, y continuó- Tú eres tal como te quieres y cómo te concibes después de la existencia y hacia ella, Jess, pero aún así… eres demasiado subjetivo. Estás desesperado por no poder controlarte ¿dónde quedó tu orgullo? ¡Tú eras el más suficiente y jactado de todos, el más perfecto, inteligente y bello! ¿Quién eres, Jess Carpenter?
    - Deja de hablar, molestas…
    - Tú comenzaste por existir, y no debes negarlo Jess.
    Era inútil, esa voz jamás se iba a callar, permanecería hablando y taladrando su conciencia una y otra vez, como si él fuera una rata en un laboratorio. Él, que era el mejor de todos, el hacker más inteligente, el más bello, el más perfecto ¿pero a dónde había terminado, maniatado y sin poder pensar por su cuenta?
    - Ah, comienzas a comprenderlo -dijo una vez la voz, sin que él pudiera determinar cuán había vuelto a hablar-  Comienzas a verte como un proyecto, vivirás subjetivamente sin reconocer nada de lo que previamente fuiste.
    ¿Un proyecto? Era posible, él siempre había vivido por y para sus metas, luchando conseguirlas al costo al que fuera, creando una imagen de sí misma y obligando a todos a verlo tan perfecto como él quería. Él había tomado decisiones conscientes que lo habían llevado hacia un objetivo, por y para una causa; entonces ¿él mismo había buscado este final? No, porque lo habían traicionado, engañado y usado. Si tan sólo él no hubiera estado tan cegado por el dinero, por la fama que ese trabajo le iba a conceder, si hubiera escuchado las palabras de sus amigos.
    Si tan sólo hubiera…
    - ¿Qué tan consciente eras entonces, Carpenter? Después de todo, sólo te guiaba tu ambición, y ese… es mi pecado favorito.
    Poco a poco fue reuniendo las fuerzas para responderle. Aún sentía que su cabeza ardía, como si algo empujara su cerebro desde adentro, perforando sus huesos y ahuyentando su propia racionalidad. Le fue imposible decidir cuánto tiempo pasó en ese estado, sólo y oyendo esa ignominiosa voz continuamente, hasta que al fin, unas puertas se abrieron en esa habitación, como si hubieran sido empujadas con algo. Se abrieron atrás de él, y no pudo observar qué sucedía, pero una vez más la monocromática blancura de esa habitación, fue sustituida por una absorbente negrura, amarga y espesa.
    Despertó en otro lugar, supuso, pero estaba rodeado de blancas siluetas amorfas, que hablaban en un idioma que no alcanzaba a comprender. Sentía agujas clavadas en sus brazos, tubos en su nariz y en su boca reseca, maniatado y drogado. Quizás le habían dado morfina, pero cuando intentó moverse, una de las personas alertó al resto, y volvieron a inyectarle algo, arrojándolo una vez más al tornado de la nada, donde sólo podía escuchar a esa molesta voz, hablándole de su existencia en el mundo.
    Sin embargo, cuando recuperó la conciencia, volvió a encontrarse en la misma habitación blanca de siempre. ¿Habría sido un sueño? Seguramente no, porque su garganta parecía en llamas, y cada aspiración le ardía como si fuera arsénico recorriendo su cuerpo. Mas esa vez, intentó ladear el rostro, y por fin divisó algo a su derecha; había una cama, con una silueta sobre ella, visiblemente femenina. Tenía el cabello negro y la piel blanca, y permanecía dormida maniatada como él, mientras Jess veía como las mismas siluetas blancas que había deducido antes se acercaban a ella, experimentando con su cuerpo, marcando sus brazos y probando sustancias. Escuchaba sus gritos de a momentos, pero rápidamente la voz que oía siempre lo distraía, obligándolo a encerrarse en su propio mundo mental.
    - ¿Por qué le hacen eso a Lujuria, si ella es quien los dirige?
    Lo preguntaba una y otra vez, cuando se creía sólo en esa habitación, como intentando aferrarse a algo de su pasado, que le indicaba que los más lejanos e imposibles recuerdos de su memoria, eran realmente verdaderos. Siempre que lo preguntaba, escuchaba las risas de esa voz rasposa y autoritaria, y jamás lo comprendía; lo ignoraba, e inmediatamente le decía las mismas palabras.
    - Reconoces que tu existencia es un proyecto, y esa mujer pertenece a tus anteriores metas ¿por qué intentas recordarla? Si nunca antes sentiste piedad o interés en ella.
    Y él siempre reaccionaba de la misma forma: se quedaba callado, en un silencio total y absoluto, intentando ignorar las palabras de ese ser que odiaba más que al mundo mismo. Pero en ese momento, su existencia parecía verse reducida a lo mismo: la interminable habitación blanca, la chica recostada a su lado, la voz incansable y las locuras temporales donde se veía en otro lugar, rodeado de médicos que lo usaban de conejillo de indias, sin que él llegara a comprenderlo.
    Hasta que un día, la vio.
    Ella estaba de pie a un lado de su cama, vestida igual que la vez que estuvo en la Plaza Central, dispuesto a entregar el disco que había robado. Tenía un traje oscuro de falda hasta la rodilla y saco entallado a la cintura, abrochado con dos brillantes botones dorados; su camisa blanca desabrochada hasta el busto parecía perderse en la albina habitación, y su renegrido cabello desigual a cada lado, enmarcaba perfectamente su rostro, delicadamente maquillado en tonos oscuros. Sin embargo, ella sonría sádicamente como si disfrutara lo que estaba viendo. Jess la observó, estudiándola poco a poco ¿la habrían dejado libre? No podía creerlo, porque hasta hacía un rato la había visto recostada a su lado, rodeada de siluetas blancas que experimentaban con ella.
    Así que decidió verlo, comprobarlo. La miró una vez más encontrándola de pie al lado de su cama y vestida de traje, para después girar su rostro hacia la derecha, encontrando algo que no alcanzaba a comprender. En la cama a su lado, Lujuria se encontraba tendida y cubierta con una blanca sábana hasta el pecho; pero a su lado, Lujuria soltaba una carcajada, mientras lo miraba con lástima. Recién en ese entonces, su inutilizada mente elaboró una conclusión.
    - Me equivoqué -dijo Jess- Tú no eres Lujuria.
    Y ella se rió una vez más, mientras se acercaba y acariciaba su mejilla, lenta y pausadamente. Nunca antes el tacto de una mujer le había parecido algo tan repugnante como en ese entonces.
    - Marie Suhr, o Lujuria como tú le dices, no es nada más que una existencia molesta para mí -dijo ella- Pero hasta hace un tiempo, jamás había pensado que mi tonta hermana gemela, le serviría de algo a esta compañía.
    - ¿Compañía? -alcanzó a tartamudear Jess, ladeando el rostro para que ella dejara de tocarlo.
    - Sí, para Anger… para esta mi compañía para la que tú mismo trabajaste -respondió- Cuando hicimos el trato por ese chat de hackers, te dije que habría otras condiciones, y tú supusiste que sólo sería trabajar con Lujuria; si me hubieras preguntado más cosas, si no hubieras dejado que tu orgullo y tu ambición te cegaran, no estarías así, Jess Carpenter ¿o debo decir Guilty?
    Ella se rió antes de hablar una vez más, y él apretó los dientes.
    - De todos modos no me importa cómo te llames, has caído demasiado bajo, Guilty… y ahora sólo eres un cascarón vacío.


Esto ha sido todo por hoy. Aún falta un capítulo más, y les aseguro que se van a aclarar todas las dudas de la historia. Por lo pronto, quiero comentarles que me encontré una editorial online que permite publicar libros gratis, y quisiera saber su opinión... ¿les gustaría ver a "Prideless Confessions" en un libro (bastante barato)? Me gustaría ver sus opiniones, y por eso puse una votación en el menú de la derecha ¿me dejan su opinión? De todos modos, muchísimas gracias por leerme y nos vemos en el próximo artículo. ¡Éxitos!


Tags: literatura, novela, misterio, drama, hackers, psicológico

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Autor: BlueBrain
S?bado, 14 de marzo de 2009 | 4:29
este cap?tulo s? que me ha desconcertado! No comprendo bien en que lugar se encuentran pero claramente se nota que han sido utilizado los dos.

Espero el ?ltimo para aclarar definitivamente mis dudas, que son muchas
Autor: Aldair_88
S?bado, 14 de marzo de 2009 | 5:05
estou en la duda de si Jess se ha vuelto loco, como todos los ke intentaron ese robo o si la hermana de Lujuria es la ke provoca las desapariciones y kiere sacarse a la hermana de encima y Jess cay? por soberbio.
Espero la conclusi?n, porke este cap. me desmadej?
S?bado, 14 de marzo de 2009 | 15:26
Muy buenas descripciones, la forma en que se despierta y lo que siente Jess est? tan bien explicado que no deja lugar a dudas sobre su estado. El persinaje de la hermana malvada no me lo esperaba, me quedo en ascuas esperando el final de esta historia que se me hizo muy atrapante e impredecible
S?bado, 14 de marzo de 2009 | 21:57
wuaw realmente me encanto este capitulo, fue de lo mejor, es increible, espero con ansias el final, lo quiero ya!!!.
felicitaciones muy buen capitulo.
S?bado, 14 de marzo de 2009 | 21:59
?Me alegro que les haya gustado! La verdad que esta parte fue bastante complicada, y me llev? mucho tiempo escribirla. En el pr?ximo cap?tulo el descenlace!!

 

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