cabecera

twitterfeedfeedburner

youtube fav da

   

Viernes, 06 de marzo de 2009

¡Hola a todos! Como verán, "Prideless Confessions" no ha terminado aún, y le queda la mejor parte. Este creo que es el capítulo más importante y relevante de toda la historia, es lo que me motivó a escribir esta historia más que nada. Sin embargo, es demasiado largo y quería aprovechar para que pudieran leerlo tranquilos... a´si que lo he dividido en dos partes, y hoy sólo publico la primera; la segunda, será el fin de semana que viene. En total son once capítulos, así que tampoco le queda mucho. Sin embargo, muchísimas gracias a todos los que leen esta locura que escribo.


“La traición supone una cobardía y una depravación detestables”
Paul Henry Holbach

    El coche negro paseaba tranquilo por la ciudad en la madrugada, hasta que finalmente dobló en un callejón muy estrecho, oscuro y maloliente; avanzó lenta y cadenciosamente unos metros, hasta que finalmente se detuvo delante de un gran cesto de basura, que originalmente era de color verde oscuro. La puerta del conductor se abrió, y un hombre corpulento vestido de traje bajó del auto, moviéndose hacia atrás del coche y quitándole la placa falsa; repitió la operación delante, y luego caminó unos metros observando que nadie lo mirara, y abrió un portón de chapa que se encontraba oculto. Raudamente volvió a subirse al coche, y moviéndolo con la misma lentitud de antes, lo guardó en la cochera, cerrando el portón tras de sí, y escondiéndolo luego en un depósito lleno de autos robados.
    Una vez que se detuvo justo al lado de una Ferrari último modelo, las dos puertas traseras se abrieron, y bajaron Guilty y Lujuria, con la ropa que habían usado anteriormente en las manos. El hombre que conducía se bajó nuevamente, y juntando la ropa colocó el traje que él había usado anteriormente en una bolsa, y la cerró con la cuerda que ésta tenía.
    - Guilty, ahora estamos a mano… -dijo el hombre, finalmente.
    - Lo sé -respondió el aludido- Nos volveremos a ver, Baco…
    Sin decir más nada, pasó al lado de Lujuria caminando hacia donde había dejado su moto, y subiéndose, se colocó el casco mientras giraba la llave encendiéndola, para después acelerarla en vacío e inclinándose hacia delante, salió rápidamente, olvidándose de la chica que lo había ayudado. Pasó cerca de una hora viajando por la ciudad, en distintos barrios y zonas, para alejar sospechas si alguien lo había seguido, hasta que finalmente llegó a su edificio. Entró en el estacionamiento justo al horario que el conserje se tomaba un descanso de media mañana, y aparcó su motocicleta en el lugar de siempre, apagándola y encadenándola. Caminó de forma tranquila y cansina hasta el ascensor, y repitió interiormente todos los insultos y maldiciones que conocía, hasta que éste bajó al subsuelo donde él estaba, y recién pudo subir. Llegó hasta su piso y salió del ascensor, abriendo las cerraduras de la puerta de su apartamento, y finalmente ingresando en él, para después volver a cerrar todo, como siempre.
    Revisó el lugar completamente en busca de algo que estuviera fuera de lugar, y al no encontrarlo, dejó la mochila con las cosas en el escritorio de su oficina, guardando el disco robado en el bolsillo del pantalón mientras se dirigía a su dormitorio, pistola en mano. Se echó en la cama descuidadamente, desprendiendo su jean y quitándose el calzado y las medias, para después tomar la sudadera con ambas manos y sacársela sin soltar el arma de la diestra. La arrojó por el suelo, sin fijarse dónde caía, y volvió a recostarse nuevamente, intentando descansar luego del tan mentado robo.
    A diferencia de lo que Freya y Seth le habían dicho, todo había marchado bien.
    Ese día lo pasó en su cama durmiendo, descansando del intenso dolor de cabeza que sentía marcándose en su cerebro, como si fueran puntadas de acero y golpes de pico que machacaban su frente. Permaneció en guardia todo el tiempo, con la pistola lista para disparar en caso de que alguien lo atacara.
    Pero a pesar de eso, no hizo nada especial ese día.
    La noche llegó, sorprendiéndolo aún en la cama, obligándolo a levantarse cuando su estómago comenzó a gruñir por la falta de alimentos. Jess se acodó en la cama, sacudiendo varias veces la cabeza lado a lado para despabilarse, intentando volver a la realidad; curvó su pecho hacia delante para levantarse, y bajó los pies al suelo, recargando su peso en ellos, para colocarse de pie. Caminó adormilado por el departamento mientras se fregaba los ojos con el dorso de la mano en la que sostenía el arma, hasta que llegó a la cocina, encendiendo la luz. Se aventuró hacia la heladera descubriendo muchos restos de comida, y buscando unas rodajas de pan, vertió sobre ellas algunos aderezos, rodajas de jamón y queso, y colocó el aperitivo en un plato, volviendo a tomar su arma y saliendo de la habitación sin apagar la luz, con dirección a su oficina.
    Era ya la medianoche cuando dejó el plato al lado de la computadora portátil, encendiendo la luz y arrojándose sobre el sillón que tenía, mientras la red se iba conectando. Decidió entrar en el chat de hackers, para ver si alguien hablaba ya del nuevo robo, pero extrañamente, cuando apareció inmediatamente se abrió un pedido de conversación privada. Anger lo estaba llamando. Tranquilo, pero sin pausas, Jess abrió un canal seguro para la comunicación y cuando lo terminó, la conversación inició con una frase de Anger: “No esperaba verte tan pronto” decía el mensaje… y era cierto, porque aún faltaba una semana y media para que venciera el plazo que tenía para cumplir su trabajo. Sin embargo, el orgullo de saber eso, explotó en el interior del rubio, marcándose como una sibilina sonrisa en su rostro.
    “Ya conseguí todo” se limitó a escribir. Pese a lo que él esperaba, casi al instante Anger volvió a escribirle un mensaje, citándolo. “Nos encontraremos hoy a las cuatro, en la Plaza Central. Debes ir vestido de traje azul, llevando un lirio en una caja plástica, que deberás comprar en la florería que está a dos cuadras al sur de la plaza, quince minutos antes de la hora citada”. Al leer el mensaje, Jess se tomó unos minutos para releerlo cuidadosamente, pensando posibles motivos para que Anger le pidiera algo tan absurdo, luego de hacer las cosas con tanto cuidado. Sin embargo, no iba a distraerse, como tampoco iba a dejarle prever sus dudas. Tecleando en su portátil, le envió un nuevo mensaje diciendo “¿Cómo haré para reconocerte?”. Y una vez más, la respuesta no se hizo esperar: “Iré de traje, con una rosa roja en una caja plástica”.
    Y sin decir más nada, ambos dieron por terminada la conversación.
    El amanecer halló a Jess tirado en el sillón, con la pistola en la diestra y el disco en la zurda. Se despertó con un considerable dolor en el cuello, y luego de bañarse dedicó el resto del tiempo a mirar televisión, como hacía años que no hacía: tenía un televisor de pantalla plana, sólo porque tenía el dinero para comprarlo. A las tres de la tarde volvió a ducharse rápidamente, y quince minutos después se detuvo frente al espejo, observándose la ropa. Iba vestido con un traje diario de color azul marino, zapatos lustrados de cuero negro, camisa blanca almidonada, y una corbata roja de seda, que brillaba impecable. Se había recogido el cabello desmechado en una pequeña coleta en la nuca, y el leve tono celeste de sus grisáceos ojos, parecía acentuarse con el color del saco.
    Buscó las llaves de su departamento, soltándolas dentro del bolsillo derecho del pantalón, y el disco lo colocó dentro del saco, mientras que en el cinto escondió su pistola, como siempre lo hacía, junto con un par de cuchillos en sus pantorrilas. En una de esas costumbres repetitivas y maniáticas que tenía. Encontró su billetera abierta sobre la mesa ratona del living, y revisando que tuviera dinero para comprar el lirio blanco, decidió que iría caminando, pues la Plaza Central estaba sólo a cinco cuadras del edificio donde vivía. Minutos después de eso, salió a la calle cubriendo sus ojos con sus gafas de sol, y caminó el trayecto con las manos en los bolsillos y su aire despreocupado que atraía las miradas de todas las féminas que se encontraba por el camino. Llegó a la plaza, y recordó que él vivía al norte de la misma, así que caminó dos cuadras más para llegar a la florería.
    El local en sí, no era demasiado extravagante, sólo que había varios expositores que se lucían a través de la vidriera, y dentro se podía sentir el fuerte aroma producto de la mezcla de perfumes, en un ambiente lleno de vitalidad y colores. Jess miró el reloj cucú que colgaba en el lugar, y sonrió al ver que faltaban quince minutos para las cuatro. La florería la atendía una mujer anciana, de cabellos blancos y espalda doblada hacia delante, que lo miró sonriente y con brillo en los ojos, cuando él sólo se limitó a señalar uno de los lirios en las cajitas plásticas, que se veían tras un mostrador refrigerado. La señora lo tomó con cuidado y se lo entregó pensando que quizás era para alguna novia, y recibió un billete de dinero por un monto excesivo; pero antes de que pudiera darle el vuelto, Jess ya se había ido.
    Deshizo las dos cuadras andadas, al mismo paso lento y seguro de siempre, hasta que finalmente volvió al lugar de la cita. La Plaza Central era un lugar un tanto extraño, producto de una construcción posmodernista y subversiva que jamás había terminado de gustarle a los habitantes de esa ciudad. A pesar de ser una plaza, no había césped, y el suelo era de baldosas grises y blancas, que iban formando dibujos en el suelo. Había tres fuentes circulares, las cuales tenían bordes anchos y bajos, que las personas usaban como asientos, y algunos árboles que cortaban la monotonía con sus tonos verdes, dándole algo de sombra al lugar. En la mitad posterior de esa cuadra, un gran edificio de poderosas columnas marmóreas y cuadradas, se apoderaba de la vista; no era muy alto, pero sí imponente en su figura, mezcla incoherente de arquitectura moderna con detalles que parecían proceder de la Roma antigua.
    Esa tarde, el lugar se encontraba concurrido por muchas personas, empresarios y gente ocupada que circulaba ataviada en trajes y ropas formales, hablando con sus celulares y meciendo sus maletines según sus pasos. Jess cruzó directamente en forma perpendicular a esas personas, caminando hacia la fuente que se encontraba más cerca del edificio, hasta que se sentó en el borde, con las piernas abiertas y sosteniendo la caja con el lirio ente ambas manos. Los minutos pasaron sin que él fuera consciente de ellos, hasta que su glauca mirada se detuvo en una limusina color negro que aparcó en el lado opuesto, mientras un mayordomo –seguramente- bajaba para abrirle la puerta a su jefe.
    Sin quererlo y sin pensarlo, desvió su mirada nuevamente hacia las columnas del edificio, seis columnas de mármol blanco, mientras se quitaba los lentes entrecerrando los ojos, para poder observarlas mejor. El sol brillaba sobre su rostro, hasta que de pronto, una súbita sombra se hizo frente a él. Ladeó el rostro hacia el frente una vez más, y sus ojos se chocaron con una figura femenina, parada muy cerca de él.
    Calzaba zapatos negros cerrados y de taco cuadrado, y sus piernas torneadas tenían las proporciones justas, que derivaban en una cadera sugerente, cubierta por una falda recta de color negro, corta hasta pocos centímetros sobre las rodillas. Parecía tener una cintura estrecha, resaltada por la camisa blanca abierta hasta el pequeño busto, la cual se ocultaba tras el saco de vestir negro, que llevaba prendido con dos grandes botones dorados. Su rostro parecía de facciones delicadas, y sus labios carnosos y rojizos sonreían confiadamente, cuando se los mordió de una forma lasciva e incitante. El cabello lo llevaba cubierto por un chal blanco que se enredaba cuidadosamente en su cuello, cubriendo parte de su rostro junto con los grandes lentes oscuros que ella llevaba.
    Cuando Jess estaba por hablarle, ella llevó la zurda hacia el frente, la cual había mantenido atrás todo el tiempo, y le mostró una cajita plástica igual que la de él, pero con una rosa roja. Él se puso de pie esperando ver el rostro de la fémina -ya que siempre había creído que Anger era un hombre- y ella hizo unos pasos hacia atrás, manteniendo la sonrisa en su boca.
    Con parsimonia desenredó el chal de su cuello y cabeza, dejándolo sobre su brazo, permitiendo observar el cabello negro que tenía hasta la nuca, más corto atrás que adelante, y de largo desigual a cada lado del rostro. Como sostenía la rosa en la zurda, llevó la contraria hasta el rostro atrapando las gafas con sus manos, y quitándolas, para mantener los párpados cerrados unos segundos, y después abrirlos lentamente, observando con sus dos perlas marrones, al chico frente a ella.
    Pero en ese momento, Jess se quedó helado.
    El cabello negro desigual a cada lado, la piel blanca de rasgos finos, la boca carnosa, el pequeño busto y la singular cadera… incluso la mirada rabiosa y retadora que veía en esa mujer, eran de una sola persona. Inmediatamente, la ira comenzó a recorrer sus venas, cuando apretó sus puños destrozando la caja con el lirio entre sus manos, frunciendo el seño y abriendo lentamente la boca, con gestos que denotaban que el siempre pasivo hacker, estaba saliendo de control. No podía creerse engañado por quien había trabajado para él, por quien había soportado sus desplantes, subyugándose a su despiadado control. ¿Acaso ella lo había usado durante todo ese tiempo? ¿Ella había jugado dos papeles frente a él, y el gran hacker jamás se había dado cuenta?
    La vergüenza y la ira, se mezclaban frente a la posibilidad de su orgullo destruido… frente a la traición.
    - ¡Lujuria! -le gritó en susurros- ¿Qué demonios es lo que has…?
    La mujer se limitó a sonreír una vez más, y se acercó con los brazos abiertos abrazando al joven que era más alto que ella, y pegando su mejilla izquierda en el cuello varonil. Jess sólo sintió el sonido que hizo la caja con la rosa al caer al suelo, y un pinchazo en su nuca aturdió sus sentidos, debilitando sus piernas y haciendo que las palabras que ella susurraba en su oído, no llegaran a su cerebro más que como una voz distorsionada, mientras su cuerpo perdía compostura, rindiéndose a un abismo intolerante que lo tragaba al vacío, sumergiéndolo en las profundidades de la nada y del todo, del espacio completamente negro y vacío… del lugar que no tenía nombre.
    ¿Qué había pasado con él?


*

    Si el mundo girara, podía decir que entonces él estaba quieto, pero si él giraba el mundo podía decir que entonces éste estaba quieto. Relativo. Dependiente. Incoherente. Absurdo. Ridículo como la nada, la negrura, el espacio absoluto y eterno que brillaba constantemente, otorgándole la locura, invadiendo sus sentidos, dejando que crueles serpientes recorrieran su cuerpo.
    Sólo murmullos salieron de su garganta escabulléndose al mundo como intentos de palabras. Ladeo su rostro, pero el mareo acudió a sí, y en esa habitación blanca, comenzó su destino.



Y ahí se queda por hoy. Perdón por cortarla cuando empieza lo mejor de la historia. ¿Qué opinan ustedes? ¿Lujuria lo traicionó? En la segunda parte del capítulo se enterarán de todo. Muchísimas gracias por leerme. ¿Me dejan comentarios? ¡Éxitos!

Tags: literatura, novela, drama, misterio, hackers, robo

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: BlueBrain
S?bado, 07 de marzo de 2009 | 4:43
este cap?tulo me sorprendi? completamente, no esperaba que Anger fuera Lujuria. No sabr?a decir si lo traicion? o si lo us?, espero con ansiedad la segunda parte
Autor: Aldair_88
S?bado, 07 de marzo de 2009 | 5:04
estoy un poco confundida, ?Anger es Lujuria! Me ha todmado completamente por sorpresa, espero la conclusi?n de la historia para terminar de cerrar mis ideas. Muy bueno y con mucho suspenso este cap.
S?bado, 07 de marzo de 2009 | 15:16
realmente impresionante este capitulo, q buen final, quede muy intrigado con la historia, espero el siguiente cap con muchas ansias.
S?bado, 07 de marzo de 2009 | 15:28
Me alegro que les haya gustado el cap?tulo!! Sin embargo, queda a?n la segunda parte de este cap?tulo, y el cap?tulo final, el once... lo que significa que altan muchos giros para la historia. Gracias por leerme, me alegro que les haya gustado!!
Domingo, 08 de marzo de 2009 | 8:36
increible cap?tulo, me sorprendi?, espero el descenlace, que promete estar a la altura de tus mejores novelas
Domingo, 08 de marzo de 2009 | 9:48
Me alegro que te haya gustado!! Pero bueno, a?n queda la segunda parte y el ?ltimo cap?tulo para que reci?n puedan leer el desenlace. ?Me alegro que haya gustado!

 

HTML permitido: <strong>, <s>, <em>, <u>, <a>, <img>
Nombre:





 

   

 

design & stories copyright by truenoazul_vw
+2011+