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S?bado, 28 de febrero de 2009

¡Buenas! Aquí les traigo otro capítulo de "Prideless Confessions"... realmente no puedo creer que ya pasó otra semana, y que a esta historia cada vez le queda menos (principalmente, proque aún no llego ni a la mitad con el resúmen de la próxima historia, y esa parece que será larguita... espero, es mi intención). Volviendo al tema, al fin llega la parte en que Lujuria y Guilty intentarán robar el tan mentado disco. ¿Lo lograrán? ¿Qué pasará? Espero que les guste el episodio de hoy...


“La mayor perfección del hombre es cumplir el deber por el deber”
Immanuel Kant

    Con cuidado de mantener el silencio, Guilty prendió la computadora portátil y la colocó sobre sus piernas, las cuales dobló sentándose en poco espacio. Respiró profundo tomándose su tiempo, e inmediatamente acercó sus manos al teclado y comenzó a escribir haciendo completo silencio, mientras seguía las rutas seguras que se había marcado y por donde no lo detectarían, entrando a través de la propia conexión inalámbrica a internet de la empresa, para acceder a las cámaras de seguridad. A su lado, Lujuria montaba guardia dispuesta a matar y deshacerse del cuerpo de cualquiera que pasara y los descubriera; de reojo observó al rubio, que se había quitado los contactos, y se sorprendió al ver el gesto de profunda concentración que tenía, mientras ocasionalmente se mordía los labios, casi sin pestañar.
    Por su parte, Jess había entrado al sistema de las cámaras, y rápidamente -guiándose por el plano que él antes había hecho- encontró dos cámaras en el décimo piso, que enfocaban directamente a la puerta de la escalera de servicio, donde se encontraban ellos al otro lado, y además otras tres que cubrían el camino que él debía hacer para poder llegar a los servidores, y trabajar allí. Con cuidado, sacó un pequeño aparatito de su mochila, y lo conectó a la computadora, permitiendo crear un firewall dentro de su computadora que sólo él podía traspasar, y no a la inversa. Luego de tomar esa precaución, se tomó un minuto para hallar el código básico que controlaba las videocámaras, y lo modificó para activarles el modo de grabación, creando un video donde nadie entraba y todo seguía perfecto.
    - ¿Cómo vas? -interrumpió en un susurro, la voz de lujuria.
    - Con las cámaras… -murmuró él- Espérate en silencio…
    Sin decirle más nada, Jess tecleó en la computadora deteniendo la grabación de las cámaras, y guardando los videos en la base de datos bajo nombres falsos, tardó unos minutos en modificar el código del programa de control de seguridad, haciendo que las cámaras reprodujeran esos videos en lugar de firmar, pero que enviaran las señales de control, como si nada hubiera pasado. Sonrió tranquilo, y se pasándose la lengua sobre la boca, se relamió confiado al ver que destrozar ese sistema le iba a gustar más de lo esperado.
    - Tú, vigila… ya estoy casi adentro… -volvió a hablar en voz baja, y percibió que Lujuria asentía, volviendo a montar guardia en la escalera.
    Jess bajó la vista nuevamente, centrándose una vez más en las palabras que veía en la computadora, en el texto y en el sistema por el que iba entrando, mientras tecleaba sólo con la zurda, haciendo que en la pantalla se fueran abriendo y cerrando ventanas, a medida que progresaba en la tarea. Estiró la zurda hacia el lado, tanteando en el suelo, hasta que encontró un aparato negro de forma rectangular, con un pequeño conector universal, el cual trabó en el espacio correspondiente de su laptop, justo cuando llegaba a un sector del sistema, en que éste le pedía una contraseña. Miró el aparato, y apretó un pequeño botón que encendió una luz verde, e inmediatamente, en la pequeña pantalla de vidrio líquido que éste tenía, comenzaron a sucederse números, letras y caracteres de todo tipo, hasta que finalmente quedó formada la contraseña.
    Aparentemente, la primera parte era de baja seguridad.
    El hacker comenzó a copiar los caracteres en el sistema, y en eso, vio que Lujuria se movía haciéndole señas con su zurda, mientras le quitaba el seguro a su pistola. ¿Un espía? ¿Los habrían descubierto? Tragó saliva con fuerza y continuó escribiendo en silencio, ya que si se detenía, el sistema detectaría el intruso… tenía el tiempo contado… Lujuria retrocedió arrastrando sus pies hacia atrás, hasta quedar frente a Jess pero de espaldas a él, sosteniendo la pistola, mientras alguien se acercaba por el pasillo. Los pasos parecían ir desde sus espaldas, y cada vez eran más fuertes; ella se mordió la boca, y justo en ese instante, una mujer pasó en el sentido contrario, dándoles las espaldas, y doblando en el pasillo, para subirse al ascensor. La ladrona suspiró, y volvió sobre sus pasos alejándose del rubio, para luego mirarlo, y continuar vigilando.
    Por su parte, Jess agradeció no tener que dejar -por el momento- ningún cadáver en la escena del robo, y aprovechó para terminar de escribir la contraseña. Se tomó un segundo, rozando el dedo anular sobre la tecla Enter, rezando, pensando… y la apretó. La pantalla se transformó en una ventana de un escritorio, e inmediatamente él activó el programa básico que usaba, cambiando de interfaz, y volviendo a entrar en el código del sistema. Esa vez, tardó sólo un par de minutos en acceder la parte que necesitaba, y modificando el sistema una vez más, desactivó los láseres pero dejando las señales de control, de forma que parecieran activados.
    - Vamos, Lujuria…
    Ella volteó para observarlo, justo cuando Guilty guardaba los dos aparatos en un pequeño bolso que colgó de su hombro derecho, sin desconectarlos, para después colgarse la mochila, y acomodarse los guantes con los dientes, tirando de ellos para ajustarlos. Giró hacia la puerta, y percatándose de la mirada atónita de ella, le indicó con un ademán que abriera la puerta; Lujuria lo cuestionó con la mirada, y él revoleó los ojos con desdén para luego asentir, indicándole que lo hiciera de una vez. Ella pasó la pistola a su diestra, y alzando la zurda la colocó sobre el picaporte para halarlo un poco hacia su lado, bajándolo hasta el fondo sin hacer ningún ruido, y después empujar la puerta sólo unos centímetros para que ambos cruzaran. Pasaron del otro lado, y una vez que Jess estuvo dentro, volvió a cerrar con la misma cautela, observando hacia ambos lados, y halagando mentalmente al rubio que había quitado los láseres de seguridad.
    Se quedaron quietos por un momento, observando el lugar. La puerta de servicio por donde entraron estaba en una pared con grisáceas estanterías a los lados, cada una con pequeños cajones blancos que tenían ranuras para abrirlos con tarjetas de código. El piso gris y brillante se perdía en la habitación rectangular, la cual continuaba sólo hacia la derecha, en un pasillo que volvía a doblar hacia la izquierda. En el centro, había un grupo de mesas con monitores y detectores de huellas digitales y marcas oculares, mientras que en la pared de la izquierda, en el centro, aparecía una caja fuerte con el símbolo de una rueda que parecía un timón, marcado en ella. Sin mediar palabra, Jess acomodó su portátil sobre ambas manos, y miró a la fémina una vez más, indicándole el pasillo con la mirada, y después el comunicador que tenían ambos colocado en los oídos. Inmediatamente, ella comprendió el mensaje: subir hasta el piso dieciocho, y antes de entrar, esperar instrucciones.
    Asintió una vez más con la cabeza, y tomando la pistola con ambas manos la bajó y comenzó a caminar lentamente, de a un paso a la vez, y siempre lista para disparar, hasta que desapareció al otro lado del corredor. Jess, por su parte, observó las mesas del centro, y luego analizó toda la habitación sin encontrar visualmente una pista que le dijera dónde estaban los servidores; se quedó quieto unos instantes, y un leve sonido llegó a sus oídos. Era muy quedo y constante, como el de pequeños ventiladores que giraban incansablemente: sin duda alguna, los refrescos de los servidores. Se movió despacio alrededor de la gran mesa central, hasta que en un hueco encontró los tres gabinetes de considerable tamaño, perfectamente acomodados a una distancia equitativa.
    Los estudió con cuidado, y finalmente halló uno que tenía el mismo dibujo en el lateral, y debajo de este un número. Decidió que ese podía ser el que se encargaba de la última planta, y con delicadeza se agachó en cuclillas dejando la laptop en el suelo, para después volver a sentarse como antes, quedando totalmente oculto por la mesa, y sabiendo que ni las cámaras ni los micrófonos funcionaban. Revisó su mochila una vez más, y sacando de ella un pequeño cable, lo conectó al servidor, activando los otros dos aparatos, y estableciendo una red privada, totalmente segura y protegida: nadie podría descubrirlo.
    Mientras Guilty continuaba adentrándose en el sistema, Lujuria había subido los pisos restantes a través de una escalera privada que conectaba los diez últimos pisos del edificio, y esperaba contra la pared, pistola en mano, esperando que Jess le dijera por el intercomunicador, que podía pasar. Ella se encontraba rodeada de oscuridad y silencio, no había ventanas, no había movimiento, no había sonidos… sólo su respiración acompasada y los sumisos jadeos que el rubio soltaba de vez en cuando, y que se oían a través del micrófono, al igual que los números que susurraba ocasionalmente.
    En el décimo piso, Jess sentía las gotas de sudor resbalar por la piel dejando un frío camino, hasta llegar a la barbilla donde las secaba con el dorso de su mano, y luego sobre su propia ropa. Murmuraba los números y parte de las contraseñas para asegurarse que se las acordaría, y mordía sus labios cuando el sistema quedaba procesando los datos. Había conectado los aparatos que le había comprado a Baco, descifrando los accesos y desencriptando el programa, para poder modificarlo y volver a guardarlo; con uno de ellos creó un firewall, un muro impenetrable externo a la red, para que cualquiera ajeno a su laptop no pudiera acceder la red que estaba creando, o siquiera intentar restablecer el sistema. De esa forma, el sistema estaba completamente a su merced.
    Pasaron quince largos minutos en que Jess continuó perdido en su tarea, hasta que finalmente logró llegar a la base del programa, modificando directamente el código de la máquina, deteniendo los láseres de la galería para que no se movieran, permaneciendo fijos en su lugar. Lujuria continuaba de pie cercana a la pared, con la pistola en la mano y esperando órdenes, hasta que finalmente oyó la voz grave y susurrante en su oído, a través del intercomunicador.
    - Puedes entrar -le dijo Guilty- Las cámaras se mueven pero no filman ni graban el sonido, y los láseres están quietos. Haz como planeamos.
    - Entendido -afirmó ella.
    Lujuria le colocó el seguro a la pistola y la trabó delante de ella, en el cinto del pantalón, de forma que pudiera controlar la distancia que tenía. Llevaba unas gafas especiales infrarrojas colgando del cuello, y al recibir la orden del rubio, las tomó entre ambas manos, y las acomodó en sus ojos, encendiéndolas para poder observar las posiciones de los láseres. Se acercó hacia la puerta con cuidado, y la empujó apenas, oyendo la voz de Jess que le decía que tenía sólo treinta centímetros para abrirla; en ese momento, ella agradeció tener un cuerpo de poco busto, y escurriéndose entre el pequeño espacio, se detuvo exactamente entre dos líneas de sensores, cerrando la puerta detrás de ella.
    Sin moverse detectó su posición inmediatamente: estaba en un pasillo secundario, de donde podía llegar al salón principal, y de ahí cruzar al pasillo en T donde estaba el cuadro.  En donde estaba, los láseres eran simples rejas que dejaban un espacio de medio metro, tanto a lo ancho como a lo alto;  sin moverse del lugar se arrodilló, viendo con cuidado cómo su nariz pasaba a milímetros del rayo de luz, y llegó al suelo, donde se agachó hasta acostarse, pegando sus enguantadas manos al porcelanatto, y empujándose cuidadosamente hacia delante mientras juntando sus piernas se empujaba como si fuera una curvilínea y sinuosa serpiente. Se desplazó hasta el final del pasillo, y en el salón principal, los láseres del suelo no la dejarían seguir moviéndose de esa forma, así que volvió a ponerse de pie de la misma forma. En ese lugar, las luces iban de forma diagonal y horizontal, así que levantando sus piernas e inclinando su torso hacia atrás y adelante, fue cruzando como si bailara, moviéndose como una gacela hasta llegar a la parte donde comenzaba el pasillo con forma de T.
    En esa parte, los láseres parecían asteriscos, y sólo dejaban paso en el centro del corredor, y en los laterales contra la pared y el suelo. Decidió cruzar de la misma forma por el suelo, pero estiró sus piernas hacia delante, quedando boca arriba, para poder controlar con exactitud sus movimientos; nuevamente inició el tortuoso viaje, desplazándose como una víbora, sabiendo que un par de veces estuvo a punto de tocar los rayos, haciendo saltar las alarmas. Llegó hasta el final, y volvió a colocarse de pie, sin siquiera tambalear al no tener ningún soporte más que sus propias piernas. Se detuvo antes de tocar el cuadro, recordando lo que habían planeado en el departamento del rubio, escuchando los insultos y quejidos de Guilty al otro lado del intercomunicador.
    En el décimo piso, el rubio seguía enfrascado en su tarea, modificando el código máquina y cada instrucción del programa de seguridad, volviendo a encriptarlo para que el sistema en funcionamiento lo reconociera. Activó uno de los discos externos que le conectó a su laptop, e hizo una copia del sistema de la empresa, congelándolo un segundo antes de modificarlo… lo suficiente para después, poder restaurarlo nuevamente.
    - Tienes trece segundos desde que te avise, para abrir el cuadro y sacar el disco… -susurró él, con sus dedos cerca de la tecla Enter, una vez más- ¿Lista? Ahora.
    Apretó la tecla, e inmediatamente la copia modificada del sistema tomó su lugar. Lujuria estiró la diestra presionando el aspa roja en el cuadro, el cual se despegó levemente de la pared dejando a la vista un acrílico que cubría un pequeño disco encerrado en una caja plástica. Ella apoyó la zurda sobre el primero, moviéndolo de lugar, y rápidamente sacó el disco para trabarlo dentro de su propia ropa, mientras que con la mano libre volvía a cerrar el acrílico, para después empujar el cuadro hacia atrás, trabándolo justo antes de que se terminara el tiempo.
    - Listo… -dijo al fin- Vuelvo.
    Escuchó la confirmación de Guilty al otro lado, y girando sobre sus pasos, ella volvió a cruzar los láseres pero en sentido opuesto, volviendo hacia la puerta por donde había entrado, y bajando hacia el sexto piso con la pistola en mano una vez más, lista para defenderse.
    Mientras tanto, cuando Jess oyó que ella había capturado el disco -luego de los trece segundos más largos de su vida- volvió a restaurar el sistema a través de la copia que había guardado congelada en el disco externo, para después modificar una vez más las contraseñas primeras. Desconectó el cable con cuidado, y guardó los aparatos en la mochila, y los dos que permanecían conectados en el bolso que colgó en su hombro derecho, para después ponerse de pie y comenzar a caminar con cuidado hacia la salida. Cruzó la puerta al otro lado, y volvió a sentarse en el suelo una vez más, para modificar las cámaras de seguridad de ambos pisos, y borrando los archivos de video, para después alterar las fechas de modificación de los diferentes segmentos del programa. Activó el firewall y las dos contraseñas del sistema, y cerró la red, apagando su computadora y guardando todo en su mochila.
    En la oscuridad de la escalera, volvió a bajar cuatro pisos a través de esos escalones, para después doblar por el pasillo adentrándose a la sala de servicios. Una vez ahí, destrabó la rejilla en el techo y se trepó usando la cuerda que había dejado preparada, y al subir atornilló la rejilla sacando la cuerda y guardándola. Volvió a arrastrarse en camino inverso, bajando y volviendo hacia el piso donde estaba su habitación, hasta que finalmente cruzó a través de la rejilla abierta, y observó la mano enguantada que Lujuria le tendía; atornillaron la reja una vez más, y volvieron el mueble a su posición original.
    - ¿Lo tienes? -susurró él, una vez más, casi impaciente.
    - Mira…
    Desabrochando su traje, ella le mostró el disco y lo sacó de donde lo tenía guardado, tendiéndoselo. Después de todo, ella no era quien iba a hacer la entrega, seguramente.
    Se cambiaron la ropa colocándose sus falsas vestimentas, las pelucas y lentes de contacto, y cuando se hicieron las siete de la mañana salieron del lugar para emprender el viaje de sus nombres encubiertos, subiéndose al coche alquilado y marchándose del lugar. En el camino, la mente de Jess sólo pensaba que lo único que restaba, era avisarle a Anger de su misión cumplida, y luego el nombre de Guilty sería conocido como el mejor hacker en la historia.
    Ambicioso…¿verdad?


¡Y aquí termina el cap! ¿Es el fin de la historia? ¿Jess se salió con lo suyo? La próxima historia se llama "La Línea Del Horizonte" pero... esta vez, no les voy a decir cuándo va a empezar. ¿Será que terminó todo aquí? ¡Estoy en mala, hoy! ¿Qué opinan ustedes, este es el fin? Espero sus comentarios, me encantaría leerlos. ¡Éxitos!

Tags: literatura, novela, drama, misterio, hackers, robo

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: BlueBrain
S?bado, 28 de febrero de 2009 | 4:48
increiblemente bueno este cap.!!!
Que suspenso sabes darle a la historia! Me encanta como escribes. Creo que lograr?n escapar, al menos ya ha padado un buen tiempo desde el robo y aparentemente no han descubierto la falta del disco.
Muy bueno el relato del robo, lo le? conteniendo el aliento
Autor: Aldair_88
S?bado, 28 de febrero de 2009 | 5:04
yo creo ke no lograr?n llevarse el disco.
Trueno, ke bien escribes! Este cap?tulo estuvo de 10, me mantuvo en un suspenso incre?ble
S?bado, 28 de febrero de 2009 | 18:25
me qued? colgada con la frace de Kant, ...el deber por el deber mismo... es robar el disco...... jajaja
Los personajes me encantaron en este cap?tulo, dejaron las diferencias de lado para formar una unidad delictiva precisa. Muy bien descriptas las situaciones, me encanta tu estilo, es muy depurado. No me animo a arriesgar una posibilidad, tal vez se salgan con la suya...
S?bado, 28 de febrero de 2009 | 23:12
excelente capitulo, me gusto muchiiisimo, y claro q este no es el final faltan algunas cosas importantes, como por q todos los q intentaron robar antes desaparecieron o estan locos, falta lo mas importante de la historia.
S?bado, 28 de febrero de 2009 | 23:18
?Hola! Antes que nada, muchas gracias por leerme!! Les agradezco sus comentarios, y les dejo en suspenso sobre si la historia termin? aqu? o contin?a, pero algunas de las cosas que dijeron son ciertas, jejeje. Perdonadme, pero esta vez quer?a hacer diferentes, y no anunciarles que termina la historia. ?Gracias por leerme!

 

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