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Viernes, 20 de febrero de 2009

Hola a todos!! Aquí otro capítulo de "Prideless Confessions". Creo que ahora las cosas si se comienzan a enredar cada vez más, y se irán complicando poco a poco... de todas formas, no le queda mucho a esta historia, ya que cuando hice el resúmen -allá por diciembre- me quedaron menos capítulos de los que pretendía. De todas formas, creo que así estará bien, porque más, sería añadir cosas inútilmente. Mejor me dejo de explicaciones aburridas, como siempre, y aquí les dejo el texto para que lo lean. ¿Me dan sus opiniones? ¡Gracias por leerme!


“Lo mucho se vuelve poco, con desear otro poco más”
Francisco de Quevedo


    El frío recorrió su cuerpo, trepando por su columna y llegando hacia su nuca, con desdeñoso andar. Sus manos temblaron levemente y sus dedos se contrajeron hacia las palmas mientras agachaba el rostro, dejando que el fino y sedoso cabello dorado cubriera sus facciones, ocultando el miedo en los grisáceos ojos, y los dientes hincándose en su labio inferior. Aflojó la presión sobre su boca, y volteando levemente hacia la derecha, estiró el brazo y atrapó el respaldar de la silla que Freya le había ofrecido antes, para sentarse en ella con las piernas abiertas y el rostro inclinado hacia delante.
    Jess permaneció inmóvil por unos segundos, en un ambiente lleno de calor humano condensado, mientras una molesta gota de sudor resbalaba por su mejilla, llegando a su cuello y adentrándose bajo su sudadera. Le llevó unos segundos más acompasar su respiración, hasta que finalmente se irguió en la silla, llevándose la zurda hacia la frente y echando el lacio cabello hacia atrás, con uno de sus movimientos naturalmente lascivos, para después clavar su mirada glauca en la fémina de rojos cabellos, apremiándola silenciosamente.
    Seth se dio vuelta inmediatamente, ignorando la situación, y caminó unos pasos hasta encontrar su cómoda silla de respaldar y apoyabrazos acolchados, y se tiró en ella, llevando el tobillo derecho hacia la rodilla contraria, y acodándose sobre sus muslos, para observar la escena. Más adelante, Freya continuaba observando la fija mirada del rubio, hasta que finalmente suspiró, recargando su peso en la pierna izquierda, y llevando la diestra hacia la cadera, en una pose un tanto cadenciosa. A pesar de la tranquilidad que Jess demostraba, Freya sabía que él estaba extremadamente preocupado, gracias a años de conocerlo.
    - Préstame atención, rubio -le dijo, permaneciendo quieta en su lugar- La otra vez que viniste, me hiciste recordar que alguien ya había intentado robar ese cuadro, y te lo dije, pero no te importo. Por eso…
    - Ve al grano -espetó él, interrumpiéndola.
    Llevando su peso hacia ambas piernas, la pelirroja lo señaló con la diestra mirándolo con un gesto ofendido.
    - ¡Entonces déjame terminar de hablar, engreído! -suspiró para tratar de calmarse, e ignorando los resoplidos de su hermano a su espalda, continuó hablando, luego de bajar la mano- Con mi hermano estuvimos usando nuestros contactos, y averiguamos que hace cinco años un ladrón intentó robar la galería, pero fue atrapado por los guardias de seguridad, al hacer sonar una de las alarmas, y por ende encarcelado; sin embargo, murió al año, encerrado en un psiquiátrico, con un diagnosis de locura y delirios peligrosos.
    - Hubo otros casos también -acotó Seth, desde su lugar- Dos años después de eso una pareja de asesinos, a los cuales se les habían adjudicado los crímenes más difíciles y extraños de la última década, intentaron entrar para robar un cuadro y venderlo en las subastas clandestinas. -hizo una pausa, y continuó- Nuestras fuentes nos dijeron que enloquecieron en ese mismo lugar, y fueron atrapados por los guardias, y finalmente encarcelados.
    Jess tragó saliva fuertemente al escuchar esas palabras, y los ojos de Freya siguieron el movimiento ascendente de su manzana de Adán, la cual resaltaba sensualmente en su garganta, dándole una pequeña sombra a su nívea piel.
    - Ahí no termina todo. ¿Recuerdas a los dos mejores hacker del mundo? ¿Net e Ira? -al escuchar sus nombres en la boca de la chica, el rubio asintió temiendo lo peor- Ellos habían sido, y siguen siendo, los mejores hackers de la historia. Destrozaron el sistema de un avión presidencial, quebraron multinacionales, y alteraron el sistema de seguridad de una cárcel de máxima prisión, entre otras cosas ¿recuerdas? -Jess asintió de nuevo- Entonces bien sabes que desaparecieron en la nada, en cuestión de días.
    - ¿Qué les pasó, Freya?
    - Por lo que encontré, en secreto intentaron burlar el sistema de seguridad de una empresa llamada Gateway, y fallaron en el intento. Nadie sabe más nada de ellos, nunca volvieron a hacer ningún trabajo, y desaparecieron del mundo -hizo una pausa- ¿Qué te parece ahora, Jess? ¿Seguirás con tu vana ambición?
    El rubio permaneció en silencio por unos minutos, sin saber qué decir, hasta que Seth golpeó su puño derecho contra la mesa haciendo saltar el teclado de la computadora y se puso de pie empujando la silla hacia atrás, para después caminar hacia donde estaba Jess, tomándolo por el cuello de la sudadera, y alzándolo hasta su altura. El menor permaneció con la cabeza ladeada y el cabello cubriéndole las facciones, mientras el morocho lo estudiaba como una presa.
    - Eres un insensato -dijo, casi escupiendo las palabras- ¿No deberías dejar de ser tan asquerosamente orgulloso, y dejar de lado este trabajo?
    Inmediatamente Jess alzó la zurda asestándole un golpe en la mandíbula a Seth, haciendo que éste lo soltara y caminara unos pasos hacia atrás, siendo atrapado por los brazos de su hermana, que rodearon su pecho. Los dos hermanos miraron al hacker durante unos segundos, hasta que este finalmente tomó la mochila que había dejado en el suelo, y se la colocó sobre los hombros, para después hablar con un tono por demás de sobrador.
    - No necesito que se metan en donde no deben: yo sé cuidarme sólo, y les voy a demostrar que puedo conseguir el disco. Ya tengo todo perfectamente planeado -habló al fin, caminando hacia la puerta que permanecía abierta- Además, no me voy a dejar vencer, porque esa recompensa es muy grande.
    Sin decir nada más, caminó hacia la escalera, deteniéndose unos segundos cuando las palabras de Freya retumbaron en el vacío del silencio.
    - Jess… no dejes que esa avaricia te lleve a la tumba…
    No escuchó más nada cuando salió de la casa, y tomando su motocicleta, uso rumbo nuevamente hacia su departamento. Jamás dejaría que se interpusieran entre él, y esa cuantiosa suma de dinero.
   
    La Intruder negra ingresó al estacionamiento del edificio de Jess, justo cuando el sol amenazaba con despuntar el alba. Bajó hacia el subsuelo con el típico ronroneo del motor que hacía eco en el gran espacio, y finalmente, quedó aparcada en el lugar de siempre. El rubio la ató con las cadenas para impedir que la robaran, y quitándose el casco de malos modos, lo atrapó con la zurda, mientras caminaba hacia el ascensor. Subió enojado consigo mismo por haberse mostrado tan emocional en la casa de los dos hermanos, y permaneció así durante todo el trayecto hasta el piso de su departamento; en su mente sólo había cabida para posibles elucubraciones acerca del destino de esas cinco personas… más que nada, de los dos hackers que siempre habían sido su inspiración.
    Abrió la puerta del departamento, y una vez dentro arrojó el casco sobre el sofá del living, para después trabar la puerta y correr hacia su oficina, quitando todas las cosas de la mochila, instalándose para revisar los planos una vez más. Se echó en su silla con desgano, abriendo las cámaras de seguridad del edificio, y comenzando a repasarlas una a una, perdiendo su mirada en el ir y venir de las personas, mientras continuaba pensando en lo que les hermanos le habían contado. Activó las cámaras del penúltimo piso, la galería, y comenzó a estudiar a las pocas personas que estaban limpiando el lugar, preparándolo para las visitas. El anciano cuidador barría el piso con desgano, y se detuvo delante del gran cuadro anónimo, para sacar un pañuelo y secarse la transpiración de la frente. Los ojos de Jess se movieron casi autónomos hacia la pintura, fijándose en ella.
    Entre las ruedas pintadas, había una que tenía tres bastones cruzándola lado a lado, dejando seis aspas por fuera de la misma. De esas puntas, cinco eran negras y sólo una roja: la que funcionaba como perilla.
    Volvió a mirar. ¿Cinco aspas negras?
    Un ladrón, dos asesinos, dos hackers. ¿Cinco desaparecidos?
    ¿Acaso sería el sexto?
Jess negó con la cabeza: seguramente, era una coincidencia.
    Inconscientemente se llevó la diestra hacia la boca, mordiéndose las uñas, e inmediatamente desactivó todas las cámaras y se adentró en los archivos del sistema de Gateway, buscando archivos de video de cinco años atrás, donde se observara el cuadro al momento del primer robo: tenía que comprobar que el color de la aspas era mera casualidad. Sin embargo, luego de una hora de búsquedas, encontró un video de dos días después del robo, y una vez más, la saliva pasó con fuerza por su garguero, mientras una leve presión tañía su garganta.
    Cinco años atrás, el cuadro tenía sólo un aspa negra, y cinco rojas.
    Quiso pensar que era una coincidencia, y decidió probar con otra fecha. Buscó en otra de sus computadoras acerca de las actividades de Net e Ira, los cuales seguía desde chico, hasta que encontró un archivo de fotos de un periódico, donde salía n artículo sobre la quiebra inexplicable de una multinacional comercial. Sabiendo que ese accionar había sido causado por los dos hackers, volvió al archivo de videos de la empresa Gateway, pero tristemente descubrió que un mes antes y después, los archivos no existían.    Frustrado, decidió buscar con imágenes, y volviendo a adentrarse en el sistema, se trasladó a un sector del archivo que contenía fotografías de encuentros importantes que se habían hecho en esa galería, hasta que encontró una foto de una semana antes de la desaparición de los dos hackers.
    Para ese tiempo, el cuadro tenía tres aspas negras, y tres rojas.    Luego de la desaparición de Net e Ira, otra foto mostraba cinco aspas negras, y una sola roja.
    Con paciencia y lentitud, Jess Carpenter se acodó en la mesa frente al teclado de la portátil, y estirando sus palmas, cubrió con ellas su rostro, mientras presionaba su sien, intentando calmarse. Evidentemente -y aunque él se negaba a creerlo, a pesar de todas las evidencias- cada una de las puntas de la rueda interna, simbolizaban a alguien que iba desapareciendo. ¿Qué era lo que tenía ese cuadro? ¿Él también enloquecería? Se negaba a creerlo. Echándose hacia atrás en la silla, desconectó su red del sistema de la empresa, y apagando las computadoras, decidió que era mejor irse a duchar. Quizás así se relajaría un poco.


*


    La puerta del edificio se abrió lentamente, y una fémina de sinuosa silueta se adentró a pasos cortos, bajo la mirada del conserje. Ella tenía la piel blanca y cuidada, los ojos castaños casi del mismo color que el cabello, el cual era corto y con delicadas ondas, que enmarcaban un rostro sencillo. Iba vestida con una falda corta a medio muslo de color verde oscuro, y una camisa beige clara prendida hasta el pequeño busto, el cual parecía perfectamente enmarcado por el collar que colgaba con soltura dentro de la blusa. Al pasar cerca del hombre, ella sonrió con soltura, y caminó cargando su equipaje hacia el ascensor, ignorando las miradas curiosas de las dos mujeres que subieron con ella. Se bajó en el piso de siempre, y caminando unos pasos, llegó hasta la puerta y golpeó, sin tocar el timbre.
    Jess se removió en su asiento al escuchar los golpes, y tomando su pistola casi por inercia, caminó hacia la puerta con desgano, y observó con detalle a la fémina a través de las cámaras, hasta que se cercioró de que se trataba de quien él esperaba. Habían pasado ya los exactos tres días que le había dicho, y Lujuria había venido a tiempo, sólo que a la hora de la siesta. La dejó entrar, no sin antes estudiar su cuidado vestuario, y esperó unos segundos antes de hablar.
    - Ven, te voy a explicar todo el plan.

    Eran las once de la noche cuando un sedán de buena apariencia se detuvo frente al Hotel, y el botones de la entrada se acercó presuroso. Abrió la puerta derecha dejando bajar a una fémina de no más de veinticuatro años, de cabellos rubios y lacios, peinados con el flequillo hacia atrás, ataviada con traje de pantalones y chaqueta ajustada, que realzaba su busto. De la otra puerta, un joven de cabellos negros y ojos marrones bajó del coche, apremiando al botones para que llevara el equipaje con la ropa, mientras llevaba la diestra hacia el bolsillo del pantalón.     Guilty y Lujuria se observaron rápidamente, caminando cada uno con un empresarial maletín en las manos, mientras el botones sacaba la valija con ropa del baúl del coche. Con antelación, Jess había reservado una habitación por una noche, bajo la escusa de un largo viaje, y que necesitaban hacer una parada intermedia, con nombres falsos y utilizando identidades falsas.
    Subieron al ascensor luego de registrarse, y despacharon al botones con una considerable propina, para después cerrar la puerta con llaves desde adentro, atrancándola. Una vez dentro, ambos sabían que esa habitación no tenía ni micrófonos ni cámaras, así que inmediatamente se cambiaron de ropa, colocándose algo más cómodo; ella se puso un traje ajustado y se quitó la peluca para poder moverse con tranquilidad, y también se colocó guantes para no dejar ninguna huella, al igual que Jess.
    Él comenzó a quitar de las valijas una mochila, y varios elementos que utilizaría después, mientras ella caminaba hacia uno de los muebles de cajones, cerca de la cama. Lo movió con cuidado de no hacer ruido alguno, y atrás de ésta se pudo ver una rejilla de ventilación decorosamente pintada para ser disimulada, la cual tenía un tamaño considerable, y que dejaba paso tranquilo a ambos, por ser de contextura delgada y fina. Se puso en cuclillas delante de ésta, y con un destornillador que tenía preparado, la desenganchó de la pared, dejando un espacio considerable para poder cruzar. Volteó para observar que Guilty ya estaba listo, y asintiendo ambos, ella se introdujo primero, caminando a gatas, sin rozar la cabeza con el techo del conducto; Jess se adentró tras ella, luego de volver a acomodar la rejilla, sin trabarla.
    Se arrastraron por unos metros en dirección ascendente, y luego horizontal, hasta que por fin llegaron a otra rejilla, que se encontraba en el techo de la sala de servicios del sexto piso. Con cuidado, Lujuria volvió a destrabar la rejilla, y comprobando que no había nadie, se sentó en el borde y luego se dejó caer, hacia el suelo, apoyándose con las manos para no irse de boca. Se corrió unos pasos, y Guilty se tiró también, completamente en silencio, para después tirar de una cuerda y atrapar la mochila que cargaba, colocándosela nuevamente en el hombro. Ella abrió la puerta con cuidado, y pasó un pequeño espejo que le permitió corroborar que no había nadie, para después salir junto con el rubio, cerrando la puerta y caminando hacia la escalera interior, que estaba bloqueada y era de uso exclusivo del personal.
    Subieron cuatro pisos por las escaleras hacia el décimo, y Lujuria se quedó de pie mientras sacaba una Colt y le colocaba un largo y plateado silenciador, al tiempo que Jess se sentaba en el suelo, sacando de la mochila una computadora portátil. Se miraron justo cuando ella cargó el arma, y él volvió sus ojos hacia la pantalla, mientras comenzaba a introducirse en el sistema de cámaras de seguridad del lugar, que era el primer paso de su misión.
    Estaba seguro que lo lograría.


¡Esto es todo por hoy! El siguiente capítulo es el tan mentado robo. ¿Qué pasará? ¿Habrá algo escondido? Yo ya se todo, pero voy a dejar que me digan sus opiniones, me encanta leerlas. Muchas gracias por leerme, y nos vemos en el próximo artículo. ¡Éxitos!

Tags: literatura, novela, drama, misterio, robos, hackers

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: BlueBrain
S?bado, 21 de febrero de 2009 | 4:15
este cpa?tulo es muy interesante, ?qu? les sucedi? a los anteriores ladrones? Tal vez las ruedas budistas tengan algo m?s que simplemente pintura. Excelentes descripciones y una trama que se va desarrollando suavemente introduciendo al lector en sospechas increibles. Muy bueno, quedo ansioso de leer el descenlace.
Autor: Aldair_88
S?bado, 21 de febrero de 2009 | 4:45
al fin pondr?n a rodar las ruedas de sus propios destinos. Empieza el atraco, no me arriesgo a conjeturar porke Trueno siempre me sorprende con los descenlaces.
Lo malo, es esperar una semana para kitarme la intriga
Excelente cap. Trueno, cada emtrega es m?s atrapante ke la anterior
S?bado, 21 de febrero de 2009 | 20:50
me gusto mucho este cap, realmente interesante lo del cuadro y las desapariciones, quiero saber q es lo q sucede tras los intentos de robo, espero ansioso el siguiente capitulo
Domingo, 22 de febrero de 2009 | 8:26
?Que intrigante es este cap?tulo!
As? que el cuadro va marcando las desapaciones, wow, no puedo esperar lara leer la continuaci?n
Domingo, 22 de febrero de 2009 | 11:20
Hola!! Me alegro mucho que les haya gustado, creo que esta fue (hasta el momento) una de las historias que m?s me cost? hacer el res?men inicial, culpa de todas estas cositas.
Espero que quede algo decente, pero me alegro que les est? gustando la trama. ?Muchas gracias por los comentarios! ??xitos!

 

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