cabecera

twitterfeedfeedburner

youtube fav da

   

Viernes, 30 de enero de 2009

Hola a todos!! Estoy muy contenta porque mi blog fue elegido como "Blog del Día" el jueves pasado (como pueden ver en la publicación anterior) y la verdad es que tengo que agradecerles a todos de nuevo!. Hoy, por lo pronto, vengo con un nuevo capítulo de "Prideless Confessions" donde me reí mucho al escribirlo, más que nada al final (pasa algo que varios me dijeron que querían leer). Siento que el final sea un poco gráfico, pero es que Jess se lo merecía!! Me cae bien el tipo, me gusta escirbir su caracter, pero es demasiado orgulloso... En fin, los dejo con la historia:



“No son las insurrecciones de la ignorancia las peligrosas,
 sino las rebeliones de la inteligencia”
Russel James Lowell


    Un leve golpeteo metálico se sintió cuando la llave atravesó la cerradura, girando y destrabando los cerrojos para finalmente abrir la puerta de madera, que se cerró una vez que Jess Carpenter ingresó a su departamento. Había logrado rehusar la invitación para almorzar de los dos hermanos, y condujo a toda velocidad de regreso bajo el sol de pleno mediodía. Seguramente por eso, tenía unas horribles migrañas que le daban la sensación de taladros que perforaban su cráneo chirriando y golpeando los huesos. Por inercia y costumbre llevó su mochila con la computadora hasta la oficina, y volvió cruzando el living mientras se sacaba la chaqueta y los lentes oscuros, hasta que finalmente llegó a su dormitorio, donde se acostó boca abajo en la cama, con la pistola en la diestra.
    Inmediatamente se sintió incómodo, y volteó sobre el colchón hasta quedar mirando el techo, llevándose la mano derecha hacia la frente donde apoyó el arma, mientras que con la izquierda se aflojaba el cinto del pantalón, desprendiéndoselo. Cerró los ojos mientras sentía el frío del metal sobre la piel de su rostro, calmando sus horribles jaquecas, y dejó su mente divagar. No comprendía, por más que analizara las palabras de Seth, cuál era la relación de la rueda de la vida del budismo, con el dichoso disco que tenía que encontrar.
    Permaneció un rato echado de esa forma, y despertó una hora después, cuando su diestra se acalambró. Se sentó en la cama, para soltar la pistola que rebotó sobre el colchón, y comenzar a masajearse el hombro derecho con la mano contraria hasta que sintió que podía moverla nuevamente. Sabiendo que sólo pensando y sin información no llegaría a ningún lado, volvió a atrapar la pistola con la zurda, y se dirigió hacia su oficina. Una vez dentro, se sentó en una banqueta, y estableciendo la conexión segura, abrió un buscador online para buscar -como buen colegial o universitario en apuros- información sobre el budismo.
    Tras casi media hora recolectando páginas con información acerca del tema, llegó a la conclusión que todas decían cosas similares. Para el budismo, la vida en el planeta era simplemente para mejorar la condición personal y dejar de reencarnar, por lo que la Rueda de la Vida mostraba las causas reales del sufrimiento terrenal; viendo que era como le habían dicho, Jess se mordió los labios recordando que Seth y Freya tenían demasiados conocimientos además de los necesarios para su profesión, a diferencia de él. Continuó leyendo y encontró que esas creencias postulaban que la vida se halla dominada por el impulso interior que empuja a adquirir nuevos conocimientos, y el peso mortal de la ignorancia, que se contrapone a esta.
    Debido a esas contradicciones y seguir el camino del espíritu, debía permitirle a las fuerzas interiores moverse hacia el estado de Buda, el cual se encontraba oculto por la ignorancia. Pero al seguir ese camino, se llegaba a la otra Rueda. Ese ciclo, estaba dividido en seis posiciones que representaban un nivel de existencia condicionada, donde se manifestaba el sufrimiento constante de los seres, que se llamaban reinos de existencia: dioses, semidioses, humanos, animal, espíritus hambrientos, e infiernos. Cada uno de esos, surgía de las seis emociones básicas: orgullo, celos, apego, ignorancia, avaricia, e ira. En esos reinos era donde se renacía constantemente ascendiendo o descendiendo en la Rueda, hasta que ese espíritu aprendiera lo suficiente como para poder mantenerse siempre en la parte superior de la misma, llegando al estado final.
    El eco del suspiro resonó cerca de Jess cuando, acodado frente a su laptop y con la mejilla derecha en el dorso de su mano, no comprendió qué relación tenían las creencias budistas con un cuadro que posiblemente tenía algo que ocultar. Se despeinó mientras masajeaba su cabello, apagó la computadora y volviendo a tomar su arma se dirigió a ducharse, ya que ese era el lugar donde generalmente se le ocurrían las mejores ideas; sin embargo, esa vez nada ocurrió.
    Aumentando su mal humor, cruzó el living cubierto sólo por una toalla en la cintura, llegó hasta la cocina y acodándose sobre la heladera abrió la puerta, sólo para encontrar que no sentía deseos de comer nada de lo que había ahí dentro. Soltó unos cuantos gruñidos mezclados con insultos, para volverse sobre sus pasos hasta el dormitorio, colocarse exactamente la misma ropa, y buscar sus lentes de sol junto con las llaves y las armas, y salir del departamento. Caminó por el pasillo hasta el ascensor, y se subió cuando una chica del piso superior le mantuvo la puerta abierta; le sonrió con su habitual confianza, y luego se acodó contra la pared, escondiendo el arma tras su chaqueta. Al llegar a la planta baja, salió antes que la fémina pasara, y cruzando la entrada, dobló hacia la izquierda mientras se calzaba los lentes de sol. Diez minutos después, entró en un almacén del barrio, decidido a comprarse dulces, o barras de chocolate.
    Muy a disgusto se quedó de pie en la cola esperando que lo atendieran, en un local demasiado chico para su gusto que estaba completamente lleno de estanterías con dulces, galletas y demás víveres; de pronto, un extraño sonido llegó a sus oídos… era como un martilleo. Jess alzó el rostro observando las paredes, hasta que su albina mirada se detuvo en un objeto que pendía entre las estanterías. Era un reloj cucú con forma de casa de madera de techos rojos y paredes marrones, que tenía dos pequeñas puertas, una por donde salía el pájaro de madera, y otra por donde entraba; pero lo más interesante, era que las agujas giraban no sobre un fondo liso, sino sobre los engranajes que se encontraban completamente a la vista.
    Observó con detalle que las delicadas piezas metálicas y brillantes giraban con cuidado, engarzándose en cada movimiento, activando mecanismos y destrabando piezas secretas que mostraban más partes de la máquina. Se detuvo en seco justo cuando la mujer que atendía le preguntaba qué iba a comprar, para observarla con la mente completamente ida, y pagarle el primer paquete de galletitas que encontró. Salió rápido del almacén y comenzó a correr de nuevo hacia su departamento, con una sola idea en la mente: los engranajes eran ruedas que giraban conectando mecanismos y activando nuevos.
    Minutos después entró al apartamento, arrojando las llaves, los lentes y su chaqueta sobre el sofá, para salir corriendo hacia su laptop. Se sentó armando nuevamente la línea segura de conexión, y después se calmó respirando profundo, antes de entrar en los servidores del sistema de seguridad de Gateway. Usó los caminos y la información que se había preparado la vez anterior, y en la mitad del tiempo, logró conectarse con las cámaras de seguridad. Saltó entre los sistemas simulando su conexión con las llamadas al sistema de las otras cámaras, hasta que llegó al penúltimo piso, a la galería; modificó los comandos e hizo un acercamiento de la imagen, hasta ver de cerca el cuadro principal de ese museo.
    Inconscientemente se acercó él también hacia uno de los monitores de la computadora, y volvió a echarse hacia atrás cuando descubrió que en el cuadro la rueda interna tenía un mínimo de relieve, y el lienzo parecía ser más rígido que en otras partes de la pintura. Sorprendido por su descubrimiento, descartó todo lo que había buscado sobre el budismo y lo que los dos hermanos le habían dicho, y se limitó a hurgar por la galería con las cámaras, inspeccionando todo lo que veía.
    Cuando anocheció y los guardias desaparecieron, se conectó al sistema de seguridad activando las cámaras infrarrojas, y observó con detalle. El cuadro en cuestión se encontraba en el medio de un pasillo que se extendía hacia ambos lados, y frente al cual había una amplia puerta, donde Lujuria se había parado para verlo. Pero el problema, no era la ubicación, sino la seguridad: a lo largo del pasillo, había láseres ubicados en grupos de a tres que se movían con formas de asteriscos oscilando de izquierda a derecha, haciendo que ese segmento fuera impenetrable, ya que cambiaban a cada segundo imposibilitando cualquier intrusión. Observó el reloj un poco nervioso, y viendo que recién era temprano, decidió no intentar franquear el sistema para revisar los controles de los láseres, pues la guardia había vuelto.
   
    Eran cerca de las dos de la mañana y Jess continuaba examinando los planos del edificio, cuando el timbre del departamento sonó. Se dirigió presuroso revisando las cámaras, y encontrando a cierta figura femenina muy conocida, le abrió la puerta para dejarla pasar y estudiar su atuendo. Esta vez, Lujuria vestía botas altas de cuero brillante hasta por encima de la mitad de los muslos, una pequeñísima minifalda de jean que apenas cubría, y una blusa de imitación cebra, escotada y fruncida sobre el busto, que permanecía recortada por la chaqueta de cuero de mangas tres cuarto que tenía prendida hasta la mitad. El cabello negro de corte irregular le daba un aspecto aún más pecaminoso, resaltando sus labios pintados de un tono casi ultravioleta, que combinaba con la sombra de sus ojos.
    Evidentemente, volvía de trabajar.
    - Se más disimulada para venir aquí… -le recriminó, observando descaradamente sus piernas.
    - ¡Oh, vamos! ¡Si te gusta! Además, estaba trabajando… -se jactó Lujuria, sonriendo al ver la forma en que él la observaba, pero sin perder la oportunidad de mirarle los abdominales, ya que Jess no traía camiseta.
    - Descubrí algo. Ven…
    Ordenándole eso, el rubio volteó sobre sus pies encaminándose hacia la sala donde estaban las computadoras, y moviendo la banqueta para que la chica se sentara, atrajo un sillón de mullido asiento y respaldar, para establecerse ahí, de frente a los monitores. Pasaron unos minutos en los que él buscó las cámaras nuevamente, y posicionando una frente al cuadro enfocó el falso relieve, para después hacerle un gesto a la mujer, que se inclinó sobre la mesa para ver en detalle.
    - Parece una traba, o un sello… -acotó ella.
    - Probablemente, pero mira esto…
    Volviendo a teclear durante un rato, Jess activó las mismas cámaras infrarrojas, enfocando el pasillo lleno de láseres y sistemas de seguridad. Ambos permanecieron unos minutos absortos en los movimientos oscilantes, intentando vanamente encontrar una posibilidad de escabullirse entre ellos, sin hallarla. El joven abrió en otra computadora el mapa del sistema de seguridad de ese piso, y los dos giraron sus rostros hacia ese, intentando comprender algo que les indicara cómo podían actuar.
    - Si el disco es físico y no está conectado a la red -empezó Lujuria- la única forma de obtenerlo es cruzando por ahí -y señaló el pasillo.
    - Con la mera observación te tienes que dar cuenta que es imposible -masculló él, molesto por la ausencia de lógica en los razonamientos de esa mujerzuela, y mirándola de reojo- Sin embargo, esos son pasillos por donde nunca cruzan los guardias. En estos días de observación, encontré que sólo transitan por lugares donde no hay detectores o láseres… y en esta galería hay más lugares sin láseres visibles, por donde ellos no transitan.
    La morocha comprendió la mirada de reojo que él le había enviado, pero permaneció inmutable sabiendo que alguna vez tendría la oportunidad de vengarse por esa actitud. Centrándose en el tema del que hablaban, se llevó la diestra al mentón mientras el rubio se recargaba en el respaldar de su asiento, sumido en sus propios pensamientos.
    - ¿No hay forma de desactivarlos? -volvió a preguntar ella.
    - Seguramente los controles están en el décimo piso, pero hay cosas que no puedo acceder desde la red ya que es más eficaz hackear el sistema desde los propios servidores… -suspiró- Ahí dentro hay cosas totalmente aisladas.
    - ¿Cortar la luz en un segmento de la ciudad no sería útil? Quizás así tendríamos la oportunidad durante el apagón.
    Jess negó con la cabeza, hablando con fastidio.
    - Es posible, pero el edificio completo tiene un generador de luz y el décimo piso, el que controla toda la seguridad, tiene otro propio.
    Nuevamente volvieron a quedarse en silencio, y Lujuria aprovechó para recargar sus caderas en una parte libre de la mesa, cruzando las piernas que mantenía estiradas, y haciendo que los casi glaucos ojos del hacker se movieran hacia el cuerpo femenino.
    - ¿Qué podríamos hacer entonces, Guilty?
    - Desactivarlo desde dentro -fue la insulsa respuesta- Yo debería entrar al décimo piso y conectarme a los servidores, mientras tú deberías ir a la galería e infiltrarte entre los láseres, robar el disco y encontrarnos nuevamente -hizo una pausa, y continuó, mirándola con un dejo retador- Deberás ser muy ágil para eso… ¿podrás hacerlo?
    Esta vez fue Lujuria quien soltó una pequeña carcajada llena de sorna mientras echaba la cabeza hacia atrás, para después descruzar las piernas separándolas un poco, y tironeando de la minifalda con su diestra, para impedir que los ojos de Jess fueran libres por su cuerpo. Evidentemente, su oportunidad de vengarse había llegado.
    - ¿Quieres comprobar cuan ágil soy, nene?
    El sonrió inclinándose hacia delante en el sillón, y estiró su diestra para tomar la mano de ella, empujándola sobre sí. La fémina cruzó las rodillas a cada lado de las caderas del rubio, sentándose encima de él y acercando su boca lentamente, esquivando cuando se acercaban peligrosamente, mientras las manos de Jess subían por sus piernas hasta sobrepasar las botas y adentrarse bajo la minifalda. De pronto él hizo un ademán atrapando la boca sonrosada de la chica, adentrando su lengua demandantemente, y presionándola contra sí mientras se besaban ardientemente. Ella bajó su rostro hacia el cuello masculino, probando la piel tersa y blanquecina y dejando sus besos marcados por el labial violeta, mientras acariciaba los pectorales con sus manos delicadas.
    Sintió la guardia de Jess desprevenida al acariciar la parte baja de su espalda mientras intentaban colarse por otras partes, y empujándose con sus manos se separó un poco para mover su pierna derecha hasta la entrepierna del rubio, presionando levemente mientras quebraba la espalda para acompañar los movimientos. Ella sonrió cuando el chico llevó la cabeza hacia atrás, dejando que el cabello recayera sobre el respaldo dejando su cuello largo y poderoso a la vista. Volvió a besarlo en el sentido contrario, subiendo desde el pecho y acercándose hacia la oreja, mientras sentía las manos masculinas intentando quitarle las prendas. Mordió el lóbulo y se acercó hacia el oído, susurrándole:
    - Lo siento, hermoso… pero una mujerzuela como yo no es suficiente para ti.
    Con una agilidad inesperada, quitó las manos de Jess de sus piernas, y alejándose de él observó las marcas en su cuello, sonriendo, para tomar su cartera y caminar hacia la puerta, la cual cerró sin hacer ruido.
    Aún estático en su sillón, Jess permaneció con los ojos abiertos y la mente en blanco, sintiendo su cuerpo tenso y necesitado. Meditó durante unos segundos la forma en la que mataría a esa bailarina de cabaret la próxima vez que la viera, y se puso de pie rápidamente y se dirigió hacia el lavabo a lavarse las marcas del labial, con una sola idea fija en la mente: ir a algún burdel a buscar algo con lo que calmar su ansiedad.


¡Esto fue todo por hoy! ¿A alguien le da pena el imbécil de Jess? ¡Yo apoyo a Lujuria! jajaja. En fin, mejor me dejo de palabrerías. Muchas gracias nuevamente por leerme, y nos estamos encontrando en el próximo artículo. ¡Exitos!

Tags: literatura, novela, hacker, misterio, drama

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: BlueBrain
S?bado, 31 de enero de 2009 | 5:03
lo m?s importante, encontrar el disco, ya lo consiguieron. Siempre dicen que el lugar m?s evidente es el m?s seguro.
?Qu? bien que lo manej? la zorrita! Se lo tiene merecido por arrogante, el tio tiene una personalidad repugnante
Autor: Aldair_88
S?bado, 31 de enero de 2009 | 5:18
?WOW!!
Excelente lecci?n la ke le propin? la chikita!! Despu?s de tantos desprecios ke le soport? al zokete, esper? su oportunidad y se deskit?, esa es de las m?as.
Al fin descubrieron donde estaba oculto el disco, ahora estoy impaciente por ver c?mo se las arreglan para tomarlo de un sitio tan seguro
S?bado, 31 de enero de 2009 | 15:16
muy buen capitulo me gusto, ya nos estamos hacercando a lo bueno, segui asi, esta excelente.
S?bado, 31 de enero de 2009 | 15:59
qu? buen cap?tulo!!
Ahora ya estamos llegando a la acci?n. Que bien que se desquit? Lujuria, es para sacarse el sombrero
S?bado, 31 de enero de 2009 | 17:30
Hola chicos!! Me alegro que les haya gustado el cap?tulo!! La verdad que despu?s de esto, Lujuria me cae much?simo mejor, jajajaj. ?A ustedes no? Bueno, gracias por leerme!!

 

HTML permitido: <strong>, <s>, <em>, <u>, <a>, <img>
Nombre:





 

   

 

design & stories copyright by truenoazul_vw
+2011+