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Viernes, 23 de enero de 2009

Hola gente!!! ¿Qué tal? Hoy estaba extrañamente inspirada y el capítulo me quedó medianamente bien, jejeje. Además, de que aparecen dos nuevos personajes que si bien son casi terciarios, jejeje, a mi me encantan por sus personalidades; espero que les gusten también, si bien son un poco extraños y liberales. Aquí la trama creo que se empieza a profundizar un poco más psicológicamente, así que espero que les guste, porque fue un dolor de cabeza encontrar la información necesaria para hacerlo. Los dejo con el capítulo:


    “El que vence a un enemigo por medio del engaño merece tantas alabanzas como el que lo logra por la fuerza”
Nicolo Maquiavelo


    La habitación se encontraba a oscuras solamente iluminada por la suave luz de los monitores, que se reflejaban de pálidos colores en su níveo rostro. Una gota de sudor inició un tortuoso camino, resbalándose desde su sien, atravesando su mejilla y decidiendo bajar hacia el fino y perfecto mentón, hasta el momento que murió en el dorso de la mano derecha que se paseó insistente, secando todo rastro de nerviosismo. La boca entreabierta se relamió con la inquieta lengua que humedeció los labios carnosos, bebiéndose las gotas de agua que habían quedado en sus comisuras. Un jadeo retumbó en el vacío de ese cuarto, y él cerró los ojos mientras dejaba su mentón descansando sobre el dorso de su diestra, cerrando los ojos, y rozando las teclas de la laptop con su mano libre.
    Era demasiado complicado.
    Hacía cuatro horas que estaba sentado en ese cuarto, rodeado de sus computadoras, analizando la situación. En ese momento, tenía las piernas levemente separadas y estiradas, mientras seguía manteniendo su torso hacia delante, inclinado de la misma forma que hacía diez minutos atrás. Los dos monitores de una computadora mostraban con esmeraldinos brillos un plano, y su simple observación parecía darle más dolores de cabeza, que la luz sobre sus opalinos ojos. Suspiró de nuevo echándose hacia atrás, y pasándose una mano por el lacio cabello rubio, decidió hojear por última vez la situación.
    La tarde anterior, había conseguido el plano del décimo piso del edificio que debía robar. Pero, ese no era un bosquejo común, sino que era un mapa virtual que mostraba la ubicación de todos los sistemas de seguridad… y eso era precisamente lo que le torturaba consistentemente. Suspiró acodándose en la mesa nuevamente, mientras recargaba la frente en su siniestra, masajeando su piel e intentando descargar la tensión.
    El piso en sí, era como una gran caja fuerte impenetrable. Los suelos tenían sensores de movimiento al igual que las puertas, ventanas y equipamiento, al igual que los ductos de la calefacción y del aire acondicionado, que eran lo suficientemente grandes como para permitir que pasara una persona de tamaño normal. Había láseres colocados estratégicamente en cada abertura, que se movían progresivamente, de forma que ni siquiera un insecto pudiera cruzarlo. Las cámaras de seguridad estaban amuradas a las paredes con sostenes especiales, y se movían lentamente de izquierda a derecha y viceversa, cubriendo los ángulos más importantes, sin dejar ver las ubicaciones de las centrales de los láseres, y sin dejar que se observaran en detalle los movimientos. Por otro lado, las alarmas se conectaban directamente con la oficina de la guardia privada del edificio y con la estación de policía más cercana, avisando de cualquier emergencia. Todos los armarios que guardaban armas o videos de seguridad, se abrían únicamente con códigos y algunos con sistemas de huellas digitales que -según él había observado durante varios días- estaban reservados para los jefes, que siempre vestían el uniforme con guantes blancos. A pesar de todo eso, en ninguna parte del décimo piso había algo que hiciera sospechar sobre la localización del dichoso disco.
    Apretó los ojos con fuerza intentado eludir la creciente migraña que azotaba su cuerpo, y apoyándose con la diestra sobre la mesa, se puso de pie luego de apagar sus computadoras y bloquear su red interna. Salió de su oficina cerrando la puerta tras de sí, encaminándose por el pequeño pasillo, para después atravesar el living hacia el otro corredor, doblando en la primera puerta de la izquierda, la cual dejó abierta. Depositó la pistola que cargaba como siempre en el cinto, sobre el lavamanos, y luego se quitó el jean, arrojándolo al piso sin preocuparse por donde caía. Entró en la ducha y maquinalmente abrió el agua fría, conteniendo un leve quejido cuando su piel se erizó al sentir el gélido contacto, pero luego dejó que el líquido resbalara por su cuerpo, mientras él se dedicaba a pensar sobre ese edificio. No tenía forma alguna de quebrar el sistema del décimo piso, y mucho menos de adentrarse físicamente. El disco, evidentemente, no estaba conectado a ninguna red, y eso hacía imposible obtenerlo de forma virtual.
    Suspiró. Cerró la canilla del agua y tomó la blanca toalla que enredó en su cintura, mientras salía para vestirse en su dormitorio, sin olvidar de volver a tomar la pistola que había dejado. Esa mañana se iba a ir de visita a la casa de unos viejos amigos. Se vistió con un jean desgastado con cortes en las rodillas y botas a media pantorrilla que ocultaban perfectamente la daga que cargaba. Seleccionó una sudadera de cuello amplio color azul claro con detalles más oscuros, y una chaqueta de corte deportivo en tonos similares, la cual aprovechó para cubrir el arma que llevaba en el cinto del pantalón. Volvió hacia su oficina buscando la mochila colegial que siempre usaba, la cargó con otra arma, una laptop y algunos otros aparatos, y salió de su departamento activando el sistema de seguridad, luego de colocarse los lentes oscuros y buscar las llaves.
    Tomó el ascensor y bajó hasta el estacionamiento en el subsuelo, donde caminó entre los pasillos repletos de vehículos, hasta que finalmente se detuvo frente a su motocicleta. Era una Suzuki Intruder de color negro con los cromados brillantes y plateados, de ruedas poderosas y doble caño de escape a cada lado. Destrabó el seguro que la ataba, y se colocó el casco acomodándose el cabello, para después encenderla y dirigirse hacia la salida. Llegó a la calle y no evitó hacer una mueca de fastidio, que quedó oculta tras la visera, al ver la vereda repleta de peatones en pleno horario laboral,  al igual que la calle. Apretó su mano derecha y la movió levemente hacia delante sobre el manubrio para hacer ronronear el motor, y los que cruzaban se detuvieron para dejarle paso. Sin esperar demasiado, volvió a acelerar en vacío, colocó el cambio, y salió a gran velocidad por la calle, esquivando los coches.
    En media hora los edificios y el populoso tráfico quedó en el olvido, dejando relucir casas amplias de pleno suburbio de clase media, con grandes parques y amplias veredas. Se detuvo frente a una casa de dos pisos pintada en color celeste, para adentrarse con la moto hacia uno de los laterales, apagándola y dejándola oculta entre los arbustos, tras colocarle el seguro. Después de eso, se cercioró que nadie lo observaba, y caminó hacia el frente, subiendo la escalinata de tres escalones, y golpeando con el dorso de su diestra, la puerta de madera que tenía un pequeño vidrio esmerilado. Inmediatamente, escucho que corrían el seguro de un revólver y la pequeña ventana se abrió unos centímetros hacia dentro, dejando observar parte de las facciones de un rostro femenino de cabellos carmesí y ojos marrones, que al verlo cerró el vidrio con fuerza. Jess sonrió reconociendo a la chica, y escuchó que ella iba corriendo todas las trabas progresivamente, hasta que finalmente abrió la puerta lo tomó por la muñeca, y lo tiró hacia dentro haciéndole tropezar con la pequeña alfombra, para después tirarle de nuevo y meterlo en la casa.
    - ¿Qué haces viniendo sin avisar? -le espetó ella, mientras cerraba la puerta, y le corría el seguro a su arma- ¡Espero que no te hayan seguido!
    Él la observó con detalle mientras ella oteaba a través de las oscuras cortinas de las ventanas, rezongando que esperaba que nadie lo hubiera seguido. Freya era una chica alta, compañera de la primaria de Jess, que había sido la causa y consecuencia de muchos primeros a lo largo de la vida del rubio. Se sacó los lentes de sol mientras recorría con sus grisáceos ojos las largas piernas de la fémina, que vestía una minifalda de jean demasiado corta, dejando visible su plano abdomen que lucía un platinado zarcillo en el ombligo, y que cubría su firme pero pequeño busto con una ajustada musculosa color negro. Jess sonrió cuando ella se puso en puntas de pie dándole la espalda, e intentó abrir la boca para murmurar unas palabras, pero Freya volteó rápidamente caminando hacia él, para morderle el labio inferior antes de que pudiera hablar.
    Se separó tan rápido como llegó, haciéndole una seña para que la siguiera. Caminó hacia la sala, empujó el sofá y levantó la alfombra persa que cubría el parquet del suelo, para agacharse y ensartar tres dedos de su diestra en una traba circular la cual hizo girar hacia la izquierda, dejando visible una pequeña puerta escondida. Se sentó en el suelo pasando sus torneadas piernas por el hueco hasta que sus pies encontraron el escalón de la escalera, y comenzó a bajar haciéndole un gesto a Jess que imitó el movimiento, deteniéndose para tirar de un hilo oculto en el sofá, que volvía todo a su posición original, empujando la alfombra y acomodándola.
    Bajaron un piso y medio por esas escaleras hasta que llegaron a un depósito donde había muchas estanterías endebles de aluminio, cargadas de comida y repuestos electrónicos y mecánicos. Freya se giró para observarlo y se relamió descaradamente observando la silueta del chico, que sonrió al saberse hermoso; ella se llevó los dedos a la boca para mojarlos con su saliva y después pasárselos por los carnosos y rojizos labios, que se le apetecieron más que nunca a Jess. Antes de que él se acercara, ella sonrió irónica, volteando para seguir caminando con su gracia habitual, meneando las caderas de un lado al otro. Llegó hasta una puerta y golpeó repetidas veces formando “yo” en código morse, y pronto escucharon las trabas correrse y el gran portón de metal se corrió, permaneciendo abierto.
    La habitación del otro lado era exageradamente amplia, con una cama de una plaza simple en una esquina, estanterías repletas de armas de todos los calibres y formas, aparatos eléctricos y más víveres. Colgado en una parte del techo había un generador eléctrico y en las paredes restantes había mesas repletas de computadoras con varios monitores cada una, algunas desarmadas y otras funcionando, cables sueltos por todos lados, y algunas sillas con ruedas, del típico modelo oficinista. Un joven de cuerpo musculoso y piel trigueña, iba vestido sólo con un pantalón de cuero y borceguíes, se encontraba sentado en uno de esos sillones. Volteó para observar al recién llegado, dejando observar su cabello castaño cenizo y sus ojos marrones, que se fijaron en Jess, analizando cada aspecto del rubio, hasta que por fin hizo una mueca con la boca, intentando sonreír. Freya caminó hacia él y se inclinó sobre su cuerpo para saludarlo con un cálido beso en la boca, murmurándole luego que nadie lo había seguido.
    Ajeno a esa escena, Jess se llevó las manos a los bolsillos del jean ya acostumbrado a lo que acababa de ver, mientras pensaba que los apodos que esos dos usaban en la red, les sentaban demasiado bien. Seth era dos años más grande que su hermana Freya, y él había sido el causante de que tanto ella como el rubio se interesaran por los robos virtuales, emprendiendo sus vidas de hackers. Pero además de eso, los dos hermanos compartían la misma fascinación por la cultura asiática y la mitología egipcia, que los habían llevado a elegir sus nombres falsos en esta última. Isis y Osiris. Observándolos de esa forma cariñosa que parecía más de amantes que de hermanos, Jess siempre pensaba que sus apodos les sentaban a la perfección.
     - ¡Hey! -dijo al fin Seth- Meses que no te veía, hermano…
    Se acercó hacia donde estaba el rubio golpeándole el hombro, luego el cuello para después despeinarlo, y alejarse hacia una de las estanterías para buscar un cable y volver a sentarse, mientras Freya permanecía recargada sobre una de las mesas.
    - ¿Qué te trae por aquí? -le preguntó ella, indicándole una silla para que se sentara- Tú no sueles venir si no tienes nada que pedir…
    El rubio frunció el seño observándola con sus casi glaucos ojos, y atrajo la silla para después soltar su mochila en el suelo, y sentarse con las piernas abiertas.
    - En efecto, necesito preguntarles algo, porque sé que sus trabajos son mucho más amplios que los míos -pausa- ¿Conocen a una organización llamada Gateway?
    Freya y Seth encontraron sus miradas de color café, mientras sentían cómo aumentaba la tensión en la sala, a través del silencio que se había formado. Ella agachó el rostro fijando la mirada en el calzado que llevaba, mientras el rubio aplicaba una de sus peores miradas sobre el mayor de los hermanos, casi instigándolo a darle una respuesta. Al ver ese gesto, Seth se recargó sobre el respaldar llevando su tobillo derecho hacia la rodilla contraria, mientras cruzaba sus manos enlazando la diestra, y entablando un duelo de miradas con el menor, que duró por unos segundos.
    - ¿Cómo los conoces, Jess? -preguntó finalmente.
    El aludido tomó aire, dispuesto a explicar todo. A esos dos hermanos jamás les ocultaba las cosas, porque ellos sabían más de lo que aparentaban.
    - Me encargaron un trabajo -respondió, y decidió alargar su respuesta al ver las expresiones de los otros dos- Debo robar un disco que se halla en el décimo piso de las instalaciones, pero…
    - ¿Pero…? -sonsacó Seth.
    - Pero no puedo encontrar su ubicación específica, y no puedo ir a ciegas.
    Los dos hermanos volvieron a observarse, y Freya se puso de pie caminando directamente hacia Jess. Le colocó la diestra sobre el hombro, y cruzó su pierna izquierda sobre las del chico, para después sentársele en la falda, enlazándole el cuello con sus brazos y observándolo de frente, a una distancia muy escasa. El rubio colocó sus manos en la cintura de la chica, y no pudo reprimir un gesto de fastidio cuando ella se inclinó hacia delante y le sonrió muy cerca de su rostro.
    - Eres un tonto -sentenció ella- Las cosas mejor guardadas están en los lugares más visibles.
    El chico se sorprendió al escuchar ese comentario y soltó sus manos de la fémina que se inclinó hacia delante mordiéndole el lóbulo de la oreja, para después ponerse de pie y moverse para alejarse de él. Seth la miró con un gesto rudo, acostumbrado ya a la cercanía de su hermana con su antiguo compañero de colegio, y tomándola de la mano, le dio un pequeño tirón para acomodarla de costado sobre su falda y colocar la diestra en sus piernas, mientras la sostenía por el talle con la otra.
    Mientras los dos hermanos se daban difusas caricias, Jess permanecía completamente sumido en sus propios pensamientos. Mentalmente, recorría cada centímetro del edificio que había observado a través de las cámaras y a través de la visita de Lujuria; recordó el hotel, las habitaciones, el comedor, la galería de arte, las terrazas… De pronto, una imagen vino a su mente, y se llevó la diestra al mentón, atrayendo las miradas interrogantes de los dos hermanos, que continuaban abrazados. El chico alzó sus ojos clavándolos en las dos ambarinas miradas, y rompió el silencio con sus palabras.
    - En el edificio donde está Gateway, en el penúltimo piso hay una galería de arte moderno. Una de las piezas de ese lugar, es un cuadro que tiene seis ruedas de distintos tamaños entrelazadas, cruzadas por astas de diferentes colores -se mordió el labio y continuó- Las ruedas pueden pensarse como discos…
    - No es tan sencillo -acotó Freya.
    - ¿Sabes lo que simbolizan esas ruedas? -inquirió el castaño, y Jess negó con la cabeza- Son las ruedas del budismo. Las cuatro ruedas que simbolizan el ciclo de la vida, y las causas reales del sufrimiento al tiempo que ofrecen una redención. El primer círculo representa las emociones; el segundo muestra a las personas ascendidas y a las que han caído; el tercero marca los seis mundos que derivan de las seis emociones básicas; y el cuarto representa distintas escenas del condicionamiento humano -tragó saliva, y continuó- Además, todo eso está rodeado por el señor de la muerte, aclarando que nada puede escapar de él, ya que la muerte es algo inevitable. En ese cuadro, seguramente se representa con el fondo rojo, negro o de colores oscuros.
    - Lo que quiere decir mi hermano, es que si debes robar algo relacionado con ese cuadro, te convendría mantenerte alejado porque puede ser muy peligrosa. Además… -Freya se llevó la mano izquierda a la boca, meditó por unos segundos, y volvió a hablar- Además, yo recuerdo haber escuchado sobre alguien que ya había intentado robar ese cuadro, y eventualmente, desapareció.
    Un sudor frío recorrió la espalda del joven, que se inclinó hacia delante en la silla, apoyando sus codos sobre las rodillas, para poder meditar sobre lo que le habían contado. Pensándolo en ese momento, tenía sentido que el disco fuera el cuadro con las ruedas, y que por eso no estuviera conectado a una red, y no se pudiera robar virtualmente. Sin embargo, algo seguía aún sin cerrar dentro de su ecuación mental. ¿Para qué contratarían a un hacker para robar un cuadro? Quizás por eso había debido involucrar a Lujuria en ese trabajo, para que ella lo robara y el desactivara la seguridad del edificio.
    Pero razonando más, Jess recordaba que Anger le había pedido un disco con datos, por lo que el cuadro no podía ser… a no ser, que hubiera algún tipo de información oculta en ese cuadro. Imposible, dedujo, aunque tampoco se había detenido a observarlo con detalle. Sonrió fingiendo al confianza de siempre ante la mirada preocupada de Freya y Seth, y enfrentó sus miradas una vez más.
    - No se preocupes, yo lo voy a robar… -dijo.
    Sin embargo, dentro de él, era consciente que algo no encajaba. Debía de haber alguna clase de engaño.


¡¡Esto fue todo por hoy!! Creo que voy a soñar con las benditas ruedas del budismo, jejejej. Espero que les haya gustado ¿vieron que hay nuevas votaciones acerca de esta historia? ¿qué opinan al respecto? ¡Muchísimas gracias por leerme! ¡Nos vemos en el próximo artículo!

Tags: literatura, novela, drama, misterio, hackers, ladrones

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: Aldair_88
S?bado, 24 de enero de 2009 | 13:45
?por supus ke ya vot? el jueves!!
Buenisimo este cap?tulo!! cada entrega enreda m?s la situaci?n y estos personajes nuevos son tan s?rdidos como era de esperarse en un submundo de hackers y ladrones. Me tiene transtornada esta trama, es muy buena y completamente impredecible
Autor: BlueBrain
S?bado, 24 de enero de 2009 | 14:03
muy bueno como se incorporaron los nuevos personajes y que cierto es lo que dijo Isis, lo que est? a la vista, siempre pasa desapercibido.
?Qu? hermanitos m?s raros! Pero, la trama se pone cada vez m?s interesante
S?bado, 24 de enero de 2009 | 14:20
muy buen cap, me gusto, deja me muchas intrigas. felicitaciones muy buen cap.
S?bado, 24 de enero de 2009 | 17:54
excelente!!!
Pero me pregunto ?Son de fiar los hermanitos?
Adem?s como me imaginaba, el 10 piso es un "caza bobos", espero que el engrupido logre localizar el disco
S?bado, 24 de enero de 2009 | 23:59
??Muchas gracias por leer!! Me alegro que les haya gustado el cap?tulo, yo se que los dos hermanitos son persojes raros, pero me gusta mucho su personalidad... aunque aparecen muy poco en la historia T_T

 

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