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S?bado, 17 de enero de 2009

¡Hola! Debo comentarles que este capítulo me costó muchísimo escribirlo... quizás porque estaba demasiado dormida, y porque lo terminé muy tarde. Prometo estar más lúcida para el próximo. En fin, muchísimas gracias a todos los que están siguiendo la historia, espero que les guste la trama, y les dejo el texto para que lean:


“La falsedad tiene alas y vuela, y la verdad sigue arrastrándose;
de modo que cuando la gente se da cuenta del engaño, es demasiado tarde”
Johnathan Switf

    Era la noche del tercer día desde que habían visto los planos, y Jess se encontraba durmiendo en el ancho y amplio sillón del living. Recostado boca arriba tenía la nuca reposando sobre el apoyabrazos, cubriendo sus ojos con el brazo derecho, para ocultar el reflejo de las luces de la calle, que entraba a través de la ventana; la mano izquierda estaba estirada en el sofá, doblando el codo al finalizar el asiento, sosteniendo su pistola Colt color negra en ella. Con las piernas levemente separadas y estiradas, tenía la derecha doblada y apoyada contra el respaldar, y respiraba decadentemente, cuando unos golpes en su puerta lo despertaron. Se sentó rápido en el sofá, tomando el cargador del arma y echándolo hacia atrás para dejarla lista para disparar, mientras pestañeaba repetidas veces para acomodarse los lentes de contacto que se había dejado puestos.
    Se puso de pie en un solo movimiento sin preocuparse siquiera por su ropa, y bordeando el sofá, caminó hacia la puerta, fijándose primero en la computadora que tenía al lado. Activó las cámaras de seguridad del pasillo y de la puerta, y observó a una mujer rubia de cuidado cabello ondeado, el cual llevaba peinado con la moda de los años cuarenta, vestida con un sencillo vestido ajustado a la cintura con un cinturete, zapatos de diseñador, y una cartera que combinaba con ellos. Había algo sospechoso. Tecleó rápidamente en la laptop sólo con la diestra, aumentando la imagen justo cuando volvían a tocar la puerta. Observó con detalle el rostro femenino, y percatándose de que era nada más y nada menos que Lujuria, le colocó el seguro a su pistola, y se la colocó en el cinto del pantalón en la espalda, mientras le avisaba que lo esperara. Con calma y tranquilidad abrió todos los seguros, y manteniendo la puerta con la diestra, la dejó pasar y luego volvió a cerrar.
    Ella permaneció quieta en su posición, de pie con las piernas juntas y la mano derecha sosteniendo los breteles de su cartera, y la zurda al lado de su cuerpo, como si en realidad realmente fuera una dama de clase. Jess, para su interior, pensaba que esa habilidad de disfrazarse y cambiar de apariencia que tenía Lujuria, le iba a ser algo muy útil. Sin embargo, ella también lo estaba observando. Él era bastante más alto que ella, de contextura delgada si bien tenía músculos marcados, y el cabello rubio, caía rebelde y lacio sobre sus hombros; iba vestido con un pantalón de jean desgastado y roto en partes, con calzado negro. También llevaba una camisa oscura que ella supuso un profundo azul marino, totalmente desprendida y abierta, dejando ver parte del hombro derecho, y cayendo lánguida sobre el brazo. Ella fijó sus ojos en el collar que llevaba en el cuello, que parecía ser un cinto de cuero; realmente le quedaba bien. El rubio se dio cuenta del estudiado silencio, y siendo aún las seis de la mañana, no le gustaba demasiado que hubieran interrumpido su sueño de esa forma, y la mirada con el seño fruncido que le dirigió, le preguntó implícitamente qué era lo que estaba haciendo en su departamento a esas horas.
    - ¿Tienes todo preparado? -preguntó ella finalmente, bajando la vista hacia el suelo, y observando de reojo los abdominales del muchacho.
    Él hizo una mueca con su boca al percatarse de la mirada que ella le había dado, y haciéndole una seña para que lo siguiera, se dirigió hacia el pasillo de la izquierda, cruzó la puerta, y ladeó nuevamente hacia la zurda entrando a su oficina. Se detuvo en la puerta estirando la diestra hacia la pared para encender las luces, haciendo que la camisa se subiera en su hombro, y ahora se resbalara por el hombro siniestro, dejándolo visible. Una vez encendidas las luces entró en la habitación, le indicó sutilmente una silla entre todas las laptops y cables, y él se sentó en su sillón de siempre, donde se notaba que hasta hacía unas horas debía haber estado ocupando el mismo lugar, seguramente haciendo alguno de sus trabajos. Luego de mirar la pantalla de la computadora que tenía en frente, se acodó en la mesa, y apoyó su mejilla en el dorso de su mano.
    - Está listo para comenzar… -dijo él, finalmente- Porque hay muchos planes para hacer primero…
    Lujuria sonrió, cruzando las piernas y apoyando la cartera en su falda, como toda una damisela. Lo miró a los ojos, y los estudió. Eran celestes y hermosos, pero muertos: completamente fríos; su color era como si estuviera pintado, y las pupilas no se movían, permaneciendo siempre en un tamaño relativamente normal. ¿Miosis? Poco probable. Volvió a observar y se dio cuenta que él hacía rato se había percatado de su escrutinio, sonriendo provocadoramente. Ella lo imitó, pero observándolo de forma que él notara sus intenciones.
    - Quítate los lentes de contacto -le ordenó- porque no son de aumento.
    El chico echó su cuerpo levemente hacia atrás, bajándola diestra y separando de ella su mejilla, mientras soltaba una pequeña carcajada. Sin siquiera volver a mirarla, se giró hacia las computadoras, y sacó una caja negra la cual abrió, y quitó de su interior el típico estuche blanco de formas circulares, donde se guardaban los lentes de contacto. Abrió las dos tapas girándolos lenta y tortuosamente, y luego se llevó el dedo índice y mayor de la mano derecha a la boca, lamiéndolos con excesiva lascivia. Acercó su mano a su ojo derecho, y con los dedos húmedos se quitó la lente de color celeste dejándola dentro del estuche, para después repetir la operación en el otro ojo. Volvió a colocar el recipiente cerrado dentro de la caja, y la acomodó en su lugar, manteniendo la mirada baja.
    Sin embargo, en el instante en que volteó para enfrentar a la joven con la misma sonrisa confiada, ella se sorprendió de lo que veía. Los ojos de Jess eran del color más extraño e indescriptible que ella jamás había visto. Como si fueran grises nubes a través de las cuales se veía el celeste cielo límpido, tenían un color gris demasiado claro, o un color celeste excesivamente pálido… pero brillantes, crueles incluso: casi glaucos, pero de leve color. Los movimientos de la pupila eran claramente visibles, y su absoluta negrura contrastaba llamativamente con la claridad del iris, que la miraban casi riéndose. Definitivamente jamás había esperado ese color de ojos, esa vivacidad; en ese momento, comprendió que él usaba los contactos para prevenir que el sol lastimara esos ojos casi del color de los ópalos.
    Salió de su ensimismamiento cuando Jess se acomodó en la mesa, enfrentándose a la computadora y comenzando a teclear, deteniéndose unos segundos para hacerle un gesto señalándose que se acerara, y seguir escribiendo rápidamente, con los ojos saltando entre dos monitores, observando todo. Ella se puso de pie moviéndose hacia una banqueta que estaba cerca de él, la acerco hacia su siniestra, y se sentó con la misma delicadeza de antes. En ese instante, entre los dos monitores de esa computadora, se dibujó un plano de un edificio -bastante conocido en la ciudad- de veinte pisos: el mismo plano que Anger les había enviado.
    - Esto es el plano que Anger envió…
    El rubio asintió.
    - Estuve investigando este edificio -respondió, dividiendo el plano en la computadora, en tres partes- Del primer piso al sexto piso, se utiliza de hotel; mientras que del séptimo al onceavo está la misma empresa inglesa, llamada Gateway. Ellos usan el décimo piso para almacenamiento, ya que Gateway es la parte administrativa de una empresa de seguridad privada. El resto de los pisos se utiliza de oficinas.
    - Entonces el disco que debemos robar, debería estar en el décimo piso, ¿Verdad? -concluyó ella, arqueando una ceja cuando él negó con la cabeza.
    - Sería demasiado obvio que estuviera ahí -ahora ella hizo una mueca con la boca, comprendiendo la situación- Antes de que yo pueda hackear el sistema de seguridad, tú debes ir primero y corroborar los horarios de seguridad, y lo que hay en ese edificio, para saber exactamente qué parte del sistema debo quebrar.
    - Podría quedarme en el hotel, bajo un nombre falso.
    - Exactamente, además… -tecleó en la portátil, y el plano de los últimos pisos aumentó su tamaño- El último piso es un comedor, y el penúltimo una galería de arte que cierra sólo por las madrugadas, y siempre expone cuadros y obras modernas. Debe haber algo en ese edificio, que nos diga dónde puede estar el disco.
    - Seguramente en el lugar de mayor seguridad que, como tú dijiste, sería demasiado obvio que fuera el décimo piso.
    - Haremos una reserva para ti en ese hotel bajo un nombre falso, de modo que mientras tú preparas todo para ir, yo voy a acceder a las cámaras de seguridad, que son lo más fácil y menos peligroso.


    El edificio en cuestión era el segundo más alto en la cuadra en la que estaba, resaltando por la forma estilizada y el diseño arquitectónico moderno. La planta baja tenía una gran entrada y un estacionamiento previo donde se detenían los coches, mientras un joven ataviado en traje, recibía a los huéspedes del Hotel. Un coche negro de cuatro puertas se detuvo en ese estacionamiento, y el joven se movió primero hacia la ventana del conductor, donde el chofer le alargó los papeles del huésped, y luego caminó hacia la derecha del coche, abriendo la puerta y tendiéndole la mano a la dama para ayudarla a descender. Lujuria bajó del coche con gracia, vistiendo una falda tubo ajustada hasta la rodilla color negra, camisa blanca y un saco de mujer que acentuaba sus curvas; se había maquillado en forma exquisita, y llevaba una peluca de cabellos castaños largos, peinados en un formal rodete, que le daban el aspecto de una empresarial mujer.
    - Por aquí, señorita Lester -dijo el botones, haciendo una inclinación, mientras la llevaba a ella dentro del Hotel, y otros dos botones sacaban las maletas del coche.
    A media mañana ella ya se encontraba completamente instalada en su habitación en el sexto piso, y se había encargado de colocarse unos aros dorados que Jess le había dado, que contenían micrófonos para que pudieran hablar, un auricular que disimulaba con su cabello, y un colgante que hacía juego con los zarcillos, que tenía una cámara que le permitía al rubio seguir todos sus movimientos. En los dos días de preparativos, Jess incluso se había encargado de mezclar la señal satelital, para que no pudieran rastrear hacia dónde transmitían los elementos que ella tenía.
    Para el mediodía, salió de la habitación caminando tranquilamente por el pasillo, y observando a unos cuantos guardias de seguridad que bajaban por las escaleras de servicio. Ella llegó hacia el ascensor y presionando el botón, esperó con paciencia a que éste se detuviera en su piso, para luego marcar el vigésimo, con dirección al restaurante del complejo. Al llegar allí, observó un amplio local de pisos de madera, mesas de cedro con manteles bordó, servido por elegantes mayordomos y decorado con cuadros caros y de excelente calidad. Uno de los hombres se acercó a ella, y le pidió la reserva; cuando la encontró, un mayordomo la guió hacia una mesa de perfecta ubicación contra una pared, de forma que le permitía observar todo cuanto pasaba en ese local.
    Almorzó con modales exquisitos, y bebió una taza de café, hasta que Jess le ordenó por el micrófono que se fuera de ahí, ya que no había nada interesante. Habían visto que cerca de las doce y media, se hacía el cambio de los guardias de seguridad, pero más de eso, no pasaba nada.
    El día pasó sin demasiados altibajos, y cuando la noche llegó, Lujuria -bajo el nombre falso de Laila Lester- salió ataviada en un sencillo traje de cóctel, en dirección a la galería de arte. Se detuvo al ver las grandes paredes blancas que sostenían cuadros de todo tipo, y le llamaron la atención las cortinas semitransparentes que colgaban en el interior, brillando inmaculadamente, donde también había colgados cuadros más pequeños, dándole un aire provocativo y revelador, al mezclarse con algunas luces de colores. El ambiente estaba claramente perfumado, y la música lenta provenía de un negro piano de media coloca, tocado por un joven de pulcra apariencia. En una zona encontró un bar y se sirvió una copa de champagne, mientras entabló una pequeña charla con un hombre, quien le habló sutilmente de la obra más importante de esa galería, que parecía ser de un autor desconocido.
    Continuó caminando por el lugar, observando con detalle y moviéndose según las indicaciones que Jess le daba, hasta que llegó a un lugar donde la pared se separaba como una arcada recta, dejando a la vista un corredor del otro lado, donde reposaba el cuadro del que le habían dado. Giró hacia su izquierda, y se detuvo en la arcada, fijando su vista en el cuadro, a pesar del silencio nefasto del rubio a través de los micrófonos.
    El lienzo era cuadrado y amplio, enmarcado sobria y escasamente, resaltando la pintura. De colores terracota y bronces, era una sucesión de diferentes ruedas una dentro de la otra, giradas y en diferentes sentidos, que se tocaban inevitablemente en dos puntos de su perímetro, como si pasara lo que pasara estarían unidas. La rueda interna parecía ser la más decorada, teniendo tres astas que la cruzaban de lado a lado, dejando seis puntas fueras: cinco de color negro y una de color rojo. Los otros discos estaban decorados en oro, contrastando con algunos demasiado sencillos que parecían de madera, hasta llegar al último disco, pintado como si fuera el universo mismo.
    Ella permaneció unos minutos más, hasta que Jess le gritó en el oído que se movilizara; conteniendo con maestría el sobresalto, y desclavando su mirada del cuadro, caminó hacia la salida tras dejar su vacía copa de champagne sobre la mesa del bar. Caminó a los ascensores, y terminó sola en uno luego de que la mayoría que esperaba para descender se subiera en el primero que arribó. Sacó de su cartera el maquillaje y pasó a espolvorearse con cuidado mientras se cubría la boca para poder susurrarle al micrófono.
    - Estoy sola -dijo- puedo parar en el décimo piso.
    - No lo hagas, hay sensores y te van a descubrir -aseguró, deteniéndola antes de que marcara el diez en el tablero del ascensor- Accedí a las cámaras pero no a la seguridad, vuelve a la habitación.
    Sin decir más, ella volvió a su cuarto, que dejaría al mediodía siguiente.
   

    En su oficina, Jess permanecía sentado frente a las dos computadoras, una de las cuales tenía dos monitores. Ambas estaban conectadas a otro aparato que aseguraba la red interna e impedía los espías montando un firewall, y que a su vez cambiaba la dirección de la misma, para que no fuera rastreada la conexión. Conectarse con las cámaras de seguridad le había resultado demasiado fácil, al punto que creía que habían sido hechas para romperse tan fácilmente. Sin embargo, al ver que no podía observar nada en concreto con esas cámaras, comprendió porqué eran de tan fácil acceso. Las ubicaciones eran perfectas para vigilar sin demostrar el sistema de seguridad, y las localizaciones exactas.
    Por unos segundos, consideró lo que podía hacer, y bebió un trago de agua refrescante, antes de llevar a cabo su plan.
    Comenzó a indagar en el sistema de las cámaras de seguridad, conectándose entre redes internas, y siguiendo las señales que algunas enviaban. Se encontró con un firewall interno, y lo desmontó hábilmente tras sudar unos minutos, de forma que dejó pasar por éste su conexión, modificándolo para que lo detectara como a una cámara más. Virtualmente llegó al centro de control media hora después de eso, y aprovechó para hacer una copia del sistema, para luego poder restaurarlo; eso le tomaba cuarenta segundos, según midió. Estiró su zurda para activar el cronómetro en su celular, que le avisaría a los exactos tres minutos de modificar la situación, y modificó la posición de las cámaras en algunos lugares ya estudiados.
    Se detuvo observando los sensores que había en el piso del décimo piso, y los láseres que cubrían completamente cada pasillo, acceso, puerta o ventana. Incluso las ventilaciones del aire acondicionado y de la calefacción estaban selladas completamente: algo muy importante debía esconderse en ese piso, para poner tan excesiva seguridad, y medidas de control. El cronómetro sonó justo cuando borró el sistema modificado, reactivando la imagen del mismo que había hecho minutos antes, dejándolo como si nada hubiera pasado. Cruzó el firewall nuevamente a través de la conexión, y restauró todo como si él nunca hubiera estado ahí, dejándose un oculto y excelentemente disimulado camino, para acceder a las cámaras cuando él quisiera.
    Se echó nuevamente hacia atrás en su sillón mientras bebía agua desprolijamente, dejando que algunas gotas cayeran por su garganta, refrescando su tenso cuerpo. Su mente divaga permanentemente en ese edificio, demasiado contradictorio para su gusto. ¿Qué era lo que escondía el décimo piso? En realidad, todo el edificio parecía estar construido para guardar un secreto que él debía romper, para demostrar su habilidad, como si fuera una falsa fachada de algo demasiado profundo.
    Suspiró. La situación no le gustaba en lo absoluto.   


Esto es todo por hoy!! Espero hacer más largos los capítulos que siguen, porque no quiero que se ierda ningún detalle por más mínimo que sea, jejeje. Espero sus opiniones al respecto. Nos estamos leyendo. ¡Éxitos y gracias por pasarse!

Tags: literatura, novela, drama, misterio, hackers, ladrones

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: BlueBrain
S?bado, 17 de enero de 2009 | 4:28
esto se pone cada vez m?s interesante. Qu? habil es Lujuria para pasar desapercibida. Ahoriata creo que el 10 piso es el que contiene lo que ellos buscan
Autor: Aldair_88
S?bado, 17 de enero de 2009 | 5:13
ahiiiiiiiiiii!!! ke bueno este cap!! Lujuria es tan hermosa como arojada y el tio me cae cada vez peor, odio a los pagados de s? mismo.
La trama se llena de suspenso en cada l?nea ke has escrito, me encanta como dejas al lector en suspenso esperando la pr?xima entrega. Te admiro mucho
Autor: Foxys
S?bado, 17 de enero de 2009 | 11:08
para mi que el protagonista va a terminar con una conjuntivitis terrible por dormirse con las lentes de contacto (fea la actitud XD)

y conincido con aldair el vago es un pedante, cada vez me cae peor ?? pero por otro lado lujuria me encanta :3

y la historia esta cada vez mas interesante! >.<
S?bado, 17 de enero de 2009 | 12:39
me gusto el cap, aunque quedan demaciadas cosas sin saber, espero el siguente, haber si aclara un poco mis suposiciones jejeje.
S?bado, 17 de enero de 2009 | 17:38
?Pero que bueno se est? poniendo esto!!!
Est?n muy bien preparados estos cacos, me encanta como introduces al lector en la trama, mediante descripciones tan certeras.
Quedo con toda la ansiedad de saber como contin?a esto
S?bado, 17 de enero de 2009 | 22:08
Hola!! ?Much?simas gracias por leer! Me alegro mucho que les haya gustado! Bueno, esto en la verdad la trama es bastante complicada (al menos cuando la pens?, y dentro de mi mente, jejeje). Les comento que ser?n once episodios de mucho drama y misterio! Nuevamente gracias por sus comentarios!!
Domingo, 18 de enero de 2009 | 18:33
th!.T escrbo dsde mendoza argntna. mi nmbre es marcelo alvarez soy mdco onc?logo y paliativista me ddco a atndr a los ptes con enfermdads terminales. por obra del azar o de alguna deidad; llegue a tu blog. me gusto lo q vi. quisiera si puedes colaborar con "frases para reflexionar" acerca de todo lo emcional y esprtual de los seres humanos en cercania de la muerte. que ayude a alivianar un poco alguna de las cargas que llevan.ya agradeci tu aporte.contactate [email protected]

 

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