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Viernes, 09 de enero de 2009

Hola!! Bueno, aquí traigo otro capítulo de la historia. Me parece que pasó una eternidad desde el primero, pero la realidad es que sólo fue una semana. Extraño. Les comento que estoy desarrollando un extraño gusto por escribir situaciones en mundos bajos y oscuros... así que con esta historia pretendo solucionar un poco esto, por eso la mayoría de los ambientes serán así, al igual que les personajes. ¡Los dejo leyendo! Espero que les guste.


“La inocencia no encuentra protección en la culpabilidad”
François La Rochefoucauld

    La noche oscura y sin luna se cernía sobre la ciudad, y la calle sólo se iluminaba por los moribundos faroles, los cuales parecían fallar más seguido a medida que él se acercaba a su destino. Las esquinas y los callejones estaban poblados de mujeres de escasa ropa que mostraban sus encajes sin ningún pudor, y que de tanto en tanto intentaban acercársele diciéndole que no le cobrarían nada por sus servicios, anonadadas por su belleza.
    Y Jess sonreía: él sabía que era hermoso. En esos momentos, su orgullo crecía más y más mientras caminaba.
    Se desplazaba por esa calle de barrio bajo cubierta de prostitutas, mafiosos, ladrones -y cuanta alimaña humana existiere- como si él fuera el mismísimo dios, a un paso extremadamente seguro. Vestía un pantalón de cuero ajustado de tiro bajo, que tenía por bragueta un par de cuerdas blancas que se cruzaban, y los borceguíes sobre el mismo; la camisa de seda azul oscura caía impecable sobre su torso, abotonada sólo hasta la mitad de su pecho, mientras en su cuello llevaba un collar enrollado con varias vueltas, con una cruz negra colgando de él. Su blondo y lacio cabello rubio caía con gracia sobre su espalda, mientras su largo sobretodo se movía al compás de sus pasos, ondeando con gracia y maestría, ocultando la pistola que llevaba en el cinto de su pantalón en la espalda, y los cuchillos ocultos en sus botas.
    Sus celestes ojos comenzaron a seguir una larga fila de hombres y mujeres, y luego subieron hacia el cartel con luces de neón, que brillaba en tonos violáceos y rosados, con varios focos quemados o rotos, anunciando la entrada al club. Ignorando la cola continuó caminando y se detuvo frente al inicio de la misma, donde un guardia de imponente altura y fiera apariencia, seleccionaba elitistamente por su belleza a quienes iban a entrar. Se quitó con calma las gafas de vidrios grises oscuros, y sus dos pedazos de cielo enfocaron al hombre, que no tardó casi dos segundos en percatarse de su presencia, y escrutarlo con la mirada.
    - ¡Tú! ¿Rubio, quieres entrar?
    Jess sonrió al oír la voz del guardia, casi sofocada por la música que venía desde dentro, y asintiendo con la cabeza, cruzó la cadena que el gigante alzaba con una mano, mientras veía con altanería cómo las personas de la cola se quejaban por esa selección. Él no tenía la culpa de ser tan atractivo. Caminó unos metros por el pasillo, y luego se encontró con otro grupo de guardias, que le indicaron que bajara unas escaleras, las cuales se ubicaban doblando a su izquierda. Algunas luces rojas y amarillentas iluminaban los escalones, los cuales bajaba con absoluta confianza y soberbia postura, mientras a cada paso que daba el olor a vicio y la música provocativa, aumentaba progresivamente.
    Metros más abajo, divisó otros dos guardias, los cuales le hicieron la indicación que atravesara la última puerta, que se encontraba abierta. Al traspasar ese umbral, sintió el aire corroído por diversos olores golpear en su rostro e internarse en su cuerpo en cada aspiración que daba para respirar; el salón era muy amplio, con bares de bebidas bordeando las paredes atrás y a los lados de él, mientras que al frente y a la derecha, se encontraba el escenario con las barras para bailar. El resto del espacio estaba lleno de mesas con hombres borrachos y mujeres y jóvenes casi desnudos sobre ellas. Hizo un gesto de asco al reconocer el local como uno de los de la mafia de la ciudad, y ubicando la mesa más cercana al escenario, caminó hacia ella, y tomó asiento.
    De pronto, la música sensual comenzó a aumentar su volumen, mientras los hombres en la mesa gritaban entusiasmados, su mirada se hechizó por completo al ver la figura femenina que estaba parada contra la cortina roja del escenario.
Ella tenía las piernas un poco flexionadas, quebrando su cintura para realzar sus curvas, llevando la zurda en su cadera y la diestra por encima de su cabeza, sosteniéndose de la cortina como si estuviera colgada de ella. El largo cabello rojizo caía pasando su pelvis, y algunas mechas largas parecían cubrir parte de su rostro, aumentando el sórdido deseo de descubrir ese pecaminoso rostro. Vestía unas botas de cuero negro altísimas que llegaban hasta la mitad de sus muslos, y ropas interiores de encaje del mismo color, mientras que sobre su busto también llevaba un pequeño saco, de corte de vestir, prendido con un solo gran botón.
    Comenzó a caminar ondeando sus caderas acercándose hacia el bastón vertical que iba del techo al piso en la delantera del escenario, y sólo cuando llegó y lo tomó con su mano derecha, enroscándose en él, fue que todos se dieron cuenta que ella estaba completamente mojada. Las indignas gotas de agua caían de su cabello sangrientamente rojo, resbalando por sus pómulos y llegando hasta sus carnosos y tentadores labios carmesíes, entre los cuales asomaba la rebelde lengua que devoraba esas gotas, atrayendo las miradas de todos. La pelirroja se colgó una vez más del caño, pero con ambas manos, y moviendo su cadera comenzó a ondear su cuerpo mientras la música elevaba el poder de su hechizo.
    Los dedos de su zurda iniciaron un tortuoso camino desde sus piernas, moldeando su ropa interior, y subiendo por la cintura, hasta llega al pequeño saco, el cual desprendió ágilmente, y lo soltó entre las mesas, mirando provocativamente a todos los presentes. Los ojos de Jess parecían perdidos en ese cuerpo, en esa forma ondulante, en esos gestos felinos y lascivos que hacían saltar sus más perversos y bajos pensamientos. Delineó con cuidado la boca de la mujer, pero se mordió los propios al ver como ella se alejaba del caño bailando delante de éste, mientras sus propios dedos exploraban su boca, y su furioso cabello se movía detrás de ella.
Hasta que finalmente sus ojos terrosos se posaron sobre el joven que, sin quitarle la vista de encima, permanecía sentado en la primera mesa. La especial.
    Aprovechó la situación al ver que, si bien él tenía los ojos prendados en su cuerpo, no parecía desesperado por tocarla… sus ojos celestes parecían simplemente considerarla no suficiente para él. Ella se relamió al ver ese orgullo, y arrastrándose como gato sobre el escenario, se cruzó a la mesa donde él estaba, serpenteó hasta quedar lo suficientemente cerca. Su lengua recorrió la boca masculina mientras Jess sonreía autosuficiente, y todos los libidinosos espectadores se maravillaron ante la hermosura de esos dos seres, tan hermosos que parecían ángeles bajados del cielo… ángeles de alas negras.
    Él se apartó unos milímetros, y sin tocarla la miró a los ojos.
    - Me gusta tu olor a Iris… -le susurró.
    La mujer sonrió entendiendo la clave secreta que el joven de apolínea belleza le había dicho, y desplazó su rostro hacia la izquierda, lamiéndole el lóbulo, y después mordiéndolo suavemente.
    - Espérame en el callejón, hermoso… -murmuró.
    Volvió sobre sus pasos caminando con lujuriosos movimientos de cadera, ignorando los aullantes pedidos que le suplicaban que se acercara a ellos también. L mujer volvió hacia el caño, y continuó meneándose, mientras sus manos se posicionaban sobre los broches del sostén, desprendiéndolos y dejando que los breteles cayeran sobre sus hombros, al tiempo que ella lo sostenía con una mano, provocando aún más en ese ambiente tan bajo. El rubio hizo una mueca con su boca, arqueando una ceja y pensando lo bien que el nombre le quedaba a esa mujer: ella realmente parecía la lujuria personificada.
    Sabiendo que la atención ya no estaba sobre él, se puso de pie y se alejó de la mesa, caminando hacia la izquierda del escenario, donde parecía abrirse un pasillo. Hacia la derecha había un guardia que, en lugar de guardar, miraba el escenario, y a la izquierda una puerta con el dibujo de un hombre, y hacia la derecha de esta, otro pasillo con la puerta trasera a lo lejos; supuso que la marcada era el baño, y entró con sus sentidos alertas, observando todo con cuidado. Esperó un rato ahí, fumándose un cigarrillo mientras nadie entraba, hasta que la aparición de un hombre enroscándose a una fémina de escasa ropa, le hizo saber que debería irse. Aprovechó que al momento de salir del baño bajaron la intensidad de las luces, y sin que el guardia lo viera, se escabulló hacia la salida de emergencia.    Inmediatamente, se fijó en el estrecho callejón donde estaba, de apenas dos metros de ancho -estimó-, y reposó su espalda contra la pared al lado de la puerta, para quitar el atado de cigarrillos del bolsillo de su sobretodo, y llevarse uno a la boca, mientras lo encendía y comenzaba a fumar.
    Dos cigarrillos después, cuando estaba terminando el tercero, la puerta se abrió nuevamente, y una chica bastante más baja que él entró en el callejón, y se detuvo frente a él, observándolo. Llevaba las mismas botas de cuero negro y brillante altas hasta medio muslo, una diminuta minifalda de cintura ancha y tablas abajo, y una chaqueta corta abajo del busto, de mangas tres cuarto, con una capucha que en los bordes tenía una imitación de piel. Sin embargo, lo que le llamó la atención a Jess, fue el rostro de la joven. Tenía los labios carnosos, la nariz altanera y delgada, y sus ojos color terracota parecían planos y carentes de brillo; la piel nívea resaltaba por el cabello negro lacio, que caía sobre sus hombros en un corte irregular, más largo del lado izquierdo que del derecho, y que le daba una atrayente apariencia asimétrica.
    Ella, por otro lado, parecía medir con su felina mirada cada forma del joven que tenía frente a ella, que era casi quince centímetros más alto que ella, llegando seguramente al metro ochenta y cinco. Observó con detalle el blondo cabello rubio, mas cuando alcanzó sus ojos celestes, fríos y muertos, y notó algo raro en ellos si bien prefirió guardar silencio para otro momento. Continuaron inspeccionándose hasta que Jess le dio la última seca al cigarrillo, y lo soltó en el suelo pisándolo con desgano, y llevándose las manos a los bolsillos de su sobretodo, el cual tenía desprendido.
    - ¿Cómo conocías eso que me dijiste? -preguntó ella, y él sonrió mentalmente, dándose cuenta que el largo cabello de antes, no era más que una peluca.
    - Tengo un mensaje de Anger… -fue la respuesta, y sus insensibles ojos percibieron el cambio en la postura de la fémina.
    Ella no dijo nada y simplemente se pegó a él coquetamente, cuando un grupo de hombres de mal aspecto pasaba por la calle cerca del callejón. Jess pasó su mano por el cuello de la chica, y arrastrándola por su brazo, la tomó de la mano y le dio un tirón cuando comenzó a caminar tranquilamente, saliendo del lugar. Se desplazaban de forma tranquila, ambos revisando el ambiente con todos sus sentidos alerta, intentado que nadie los siguiera. Así pasaron casi diez minutos, hasta que salieron de ese bajo barrio de luces tintineantes y calles pobladas con todos los pecados posibles, hasta que alcanzaron una avenida, que aún en la noche tranquila, algunos autos cruzaban a máxima velocidad.
    - Anger me encargó un trabajo… -explicó él, soltándole la mano, y llevándola a su bolsillo- La condición es que debo trabajar contigo, y tú debes ayudarme.
    Ella volvió sus ojos hacia él, y apuró sus pasos para poder mantenerle el paso.
    - Entiendo ¿Cómo te llamas? -inquirió la fémina, y él esbozó una cínica sonrisa.
    - Guilty.
    Ella detuvo su paso y él acompañó la acción para voltearse y ver el níveo rostro sorprendido, con la boca entreabierta y los ojos fijos en los de él. Ella lo había reconocido… sabía de su existencia, y le temía. Y eso, fue un golpe de vanidad que aumentó su soberbia, mientras la observaba con esa odiable y perfecta sonrisa en sus labios, y la lánguida mirada.
    - ¿Eres el hacker que ha robado bancos, acciones y que es el más buscado? –él asintió, y ella se relamió la boca.
    - Y tú eres Lujuria, autora de grandes robos… -agregó él, acercándose; luego de una pausa, continuó- Hace tres años que nadie sabía de ti.
    - A diferencia de ti, yo necesito coartadas… -pausa- Por eso empecé a trabajar con Anger…
    - Él me pidió que habláramos los tres cuando te hubiera encontrado…
    Ella asintió, y se quedaron observando. Luego, él volteó para quedar de espaldas a la pared, y comenzó a sopesar la idea de llevarla a su departamento, aún cuando ella conocía su verdadera identidad. Se mordió al uña del pulgar diestro mientras pensaba, y llegó a la conclusión que no tenía otra posibilidad más que llevarla: en el edificio siempre podía decir que él había contratado sus servicios, y si ella le molestaba, también podía matarla y decirle a Anger que alguien la había atrapado… después de todo, ya había tenido que esconder algunos cuerpos antes.
    - Sígueme -ordenó.
    Y sin más, comenzaron a caminar.
   
    Media hora después, Jess se encontró encerrado en el ascensor de su edificio con esa mujer, que expedía un pecaminoso y provocador perfume, que parecía embriagarlo. Sin embargo, ella se preguntaba cómo era que él aún no había intentado nada con ella… seguramente, se creía demasiado perfecto como para dignarse a tocar a una pobre mujerzuela ladrona. ¡Qué inocente orgullo tenía él! El timbre del ascensor los sacó de la realidad, y él volvió a caminar en dirección a su departamento. Abrió la puerta, la dejó pasar, y soltó su sobretodo sobre el sillón del living, dejando que ella viera las curvas de la pistola ocultas tras la camisa de él, sostenida por el cinto de su pantalón.    Los ojos de Lujuria bajaron siguiendo los contornos del joven, pero él le hizo un gesto para que lo siguiera.
    Ese departamento no parecía a lo que ella se había imaginado: en un barrio de clase media, espacioso, cómodo, perfectamente normal… quizás por eso era el escondite ideal.
    Lo vio entrar a una habitación dejando la puerta abierta, y supuso que ahí debería ir. Entró, y se vio envuelta en una habitación llena de computadoras, cables y herramientas que no había visto, junto con aparatos que no conocía. Vio al rubio tecleando en dos computadoras portátiles, con una mano en cada una. ¿Acaso podía pensar cosas diferentes al mismo tiempo? Sencillamente impresionante. De pronto, él le hizo una seña, y ella se acercó observando la pantalla de vidrio líquido, donde se reflejaba una ventana de conversación privada, de lo que parecía ser un chat, ahí había algo escrito. “¿Está Lujuria contigo?”.
    Guilty le indicó el teclado, y ella escribió “la lujuria es la base de la ira”. De un manotazo, él volvió la pantalla hacia sí, y observó que Anger volvía a escribir un mensaje, pero lo interrumpió enviando uno antes. “Sabes que está conmigo. Pásame los datos, abrí un canal seguro”. Una transferencia comenzó a cargarse, y a la velocidad de un rayo el rubio tecleó en la otra laptop, abriendo el archivo a medida que lo iba recibiendo e inspeccionando el código para que no contuviera ni virus ni rastreadores de ningún tipo. Mientras tanto, Anger volvió a escribir en la pantalla. “Tienes un mes como máximo para lograr esto, no hablaremos hasta entonces. Nos encontraremos en este chat”.
    La conversación se cerró, y Jess abrió el archivo que acababa de recibir. Inmediatamente, un gran plano se mostró por pantalla, y los dos jóvenes se quedaron anonadados viendo el mapa del edificio donde se encontraba su objetivo. Definitivamente, eso iba a ser interesante.

Esto es todo, espero que les haya gustado. ¡Gracias a Niisan y BlueBrain que leyeron el oneshot que publiqué el jueves! ¡Nos estamos leyendo en el próimo artículo! ¡Éxitos!

Tags: literatura, novela, drama, misterio, hackers, ladrones

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Autor: Foxys
Viernes, 09 de enero de 2009 | 23:38
prime priiii xok

que capitulo tan SEXY! xkya que me haces ruborisar mi ni?a Xd
jajaj
muy bueno la trama cada vez se pone m?s interesante
(a ver cuanto aguanta nuestro prota en ser culpable de la lujuria jojojo)
Autor: BlueBrain
S?bado, 10 de enero de 2009 | 4:27
Wow!!! ya lo creo que d? para enloquecer de lujuria jejeje
Que buen cap?tulo, deja abierto para mil conclusiones, sobre el edificio al que deben entrar.
Autor: Aldair_88
S?bado, 10 de enero de 2009 | 4:51
Ay!! porke los m?s lindos son tan engre?dos!!
Me gustar?a ke lujuria le diera vuelta la espalda. Ke bueno se est? poniendo y coincido contigo, Trueno, las descripciones s?rdidas te salen muy bien, por eso te entusiasmas.
Te felicito por el cap. y espero el pr?ximo con muchos nervios
S?bado, 10 de enero de 2009 | 15:02
muy bueno realmente esta historia me esta atrapando rapidamente, me gusta mucho, las descripciones fueron de lo mejor, fue sencillisimo imaginarme los lugares y situaciones, realmente de lo mejor.

salu2
S?bado, 10 de enero de 2009 | 16:50
?qu? engre?do y agrandado es el tipo!! A pesar de ser lindo tiene una personalidad repugnantemente pagada de s? misma. Lujuria le hace honor al nombre, yo tambi?n quiero que ella no le d? ni la hora, para que aprenda el agrandadito!!
Muy buen cap?tulo, por lo pronto ha despertado en m? muchas suposiciones sobre lo que continuar?
Domingo, 11 de enero de 2009 | 21:15
Hola!! Me alegro que les haya gustado el cap?tulo!! La verdad, es que Jess me aprece un personaje muy interesante, y me encanta describirlo, no s?lo su apariencia sino tambi?n sus pensamientos... espero profundizar un poco m?s en Lujuria tambi?n. ?Gracias por leerme!

 

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