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Viernes, 02 de enero de 2009

¡Hola! Aquí vengo nuevamente con otra historia, esta vez una de hackers y ladrones, porque hasta ahora no había escrito nada de esto; sin embargo, la historia tiene una trama un poco complicada, y debo agradecer a mi vatti y a mi mutti que me dieron algunas ideas para poder concluirla. El título de la historia es "Prideless Confessions" algo traducible como "Confesiones Sin Orgullo"... es un poco complicado, pero lo entenderán a medida que avance la historia. Los capítulos creo que van a ser largos, pero espero sean de su agrado. Y ahora, agradeciéndoles a todos aquellos que siguen cuanto escribo y que me dejan comentarios y su gran apoyo, aquí el primer capítulo.

“Los hombres se inclinan, por su naturaleza, a ir en pos del dinero y el poder”
Ralph Waldo Emerson


    La habitación era amplia y espaciosa, cubriendo a la perfección sus funciones de dormitorio: las paredes habían sido pintadas en un tono celeste pastel, mientras que el piso de parquet le daba un aspecto muy cálido. Era de forma casi rectangular, con una puerta en la pared izquierda que daba al pasillo, otra en el lado derecho que llevaba a una salida de emergencia, y una ventana en el muro norte, que siempre estaba cubierta por una opaca cortina de tela color azul. El reducido mobiliario era de madera: un armario, una cómoda, dos mesas de noche, y una cama de dos plazas, que siempre estaba desatendida.
    Sin embargo en ese amanecer, permanecía desarmada porque alguien estaba ahí, durmiendo.
    De contextura delgada pero músculos magramente trabajados, Jess Carpenter tenía la piel blanca como la nieve y tersamente suave. Su cabello rubio era lacio y le llegaba hasta los hombros, pero él siempre lo llevaba suelto, colocando algunos mechones rebeldes detrás de sus orejas. Permanecía dormido de costado, sobre el lado izquierdo, con el brazo del mismo lado bajo la almohada y con el derecho tirando de la sábana, manteniendo sus piernas semi flexionadas, en una pose de total relajación. Su rostro tranquilo y descansado era aún más hermoso, dejando la boca entreabierta, enmarcada por una nariz fina y respingona, pómulos no demasiado llenos pero exactos para su gesto y sus ojos aún cerrados, largos y lánguidos, pero que siempre le daban esa mirada que generaba reacciones tan opuestas como el temor y la admiración.
    Su sueño se vio turbado cuando un pequeño timbre resonó en todo el departamento, ubicado en un edificio de clase media. El joven de veinticinco años volteó hacia la derecha en la cama, quitando la zurda de debajo de la almohada, dejando ver la pistola Colt, negra y completamente cargada, que estaba sosteniendo.  Intentó levantarse, pero se encontró con que sus lentes de contacto se habían movido, y presionaban sus ojos; se quedó sentado sobre el colchón, vestido sólo con un pantalón de jean desprendido que dejaba ver sus bóxers negros, sin soltar el arma, y llevando los dedos de su mano derecha la boca, los humedeció con su saliva, y se acomodó con ellos los contactos.
    El timbre resonó una vez más, y el rubio se puso de pie. Salió del dormitorio por la puerta de la izquierda, cruzó el pasillo y llegó al living que se encontraba completamente a oscuras. Colocó la diestra sobre la pistola y echó la parte superior del cañón hacia atrás, cargándola. Luego, se acercó hasta la puerta y tecleó discretamente en la computadora portátil que tenía en un mueble al lado de ésta, activando las cámaras de seguridad. La giró para ver la pantalla, y se desplazó unos pasos a la derecha, quedando al lado de la puerta, pero apoyado en la pared.
    - ¿Quién es? -preguntó a voz baja, pero audible.
    - Yo -respondió el hombre- Vine a buscar eso.
    Jess giró los ojos hacia la pantalla de la computadora portátil, y vio que las cámaras que había instalado en el pasillo y sobre la puerta, enfocaban a un hombre tosco, de altura considerable, cabeza rapada, y mirada rapaz como la de un águila. Iba vestido con un traje gris oscuro con finas rayas grises, combinado con una camisa negra, todo el vestuario rematado por varias joyas de oro en sus dedos, y una curvilínea fémina enrollada en su brazo derecho. Maldiciendo entre dientes su tan disimulada apariencia, agradeció que aún fueran las siete de la mañana, y que nunca nadie cruzara por los pasillos del edificio a esas horas.
    Se separó de la puerta sin soltar el arma que aferraba con agilidad en su mano izquierda, y desapareció por otra puerta del living, opuesta al pasillo de donde había venido, y retornó con un disco de escasas dimensiones, el cual con anterioridad guardó en una pequeña caja, para acercarse a la puerta. Rápidamente revisó con las cámaras de su computadora el pasillo, y tras cerciorarse que no había nadie, con su diestra quitó el pasador de la puerta, dejándola abrirse lo máximo que la cadena le permitía.
    Sin que se dijeran nada, se escudriñaron con la mirada nuevamente, hasta que de forma sincronizada, ambos se tendieron uno al otro dos pequeñas cajas. El opulento hombre abrió levemente la caja observando el disco que había en su interior, y Jess abrió la que le habían dado, contando apresuradamente el dinero: cinco mil en efectivo. Se dirigieron una nueva mirada, el hombre hizo un ademán con la cabeza fijando sus diminutos ojos marrones en los dos glaciales celestes e inexpresivos del rubio al otro lado de la puerta, y se alejó hacia el ascensor, con la mujerzuela enroscada en su brazo.
    El joven Carpenter cerró la puerta y todos sus seguros con desgano, y oteó las cámaras de seguridad una vez más, hasta que se cercioró que el hombre se había ido. Volvió la computadora hacia su posición original, y doblando hacia la izquierda, pistola en mano, se adentró unos pasos por el pasillo, y volteó unos metros antes de llegar al dormitorio, cruzando una puerta que dejó abierta, y aventurándose en el baño. Suspiró cansino dejando el arma sobre el canasto de la ropa sucia que tenía, y se quitó el jean y los bóxers, que liberó por el suelo, sin importarle el lugar.
    Corrió la cortina de la tina y abrió el agua caliente. Esperó unos segundos y luego pisó con cuidado con su pie derecho, asegurándose que no se quemaría, y tras ajustar la temperatura del agua abriendo también la canilla de agua fría, cerró la cortina dejándose dentro de la ducha. Se bañó con calma, dejando que el agua resbalara por sus dorados cabellos, humedeciendo las exquisitas curvas de su rostro, para después rebotar por sus hombros, y caer por su moldeado cuerpo, mientras pensaba en el último trabajo que acababa de llevar a cabo.     Ese hombre era uno de sus más frecuentes clientes, siempre encargándole recados fáciles pero muy peligrosos que Jess siempre cumplía con éxito, debido a la excesiva paga que el hombre, un mafioso en cargos muy altos, le ofrecía.
Estiró la diestra y tomó la toalla que permanecía colgada sobre un perchero en la pared, al otro lado de la ducha, y secó su cuerpo con ella, para después enrollarla a la cintura, y dirigirse hacia la habitación para vestirse. Seleccionó el mismo jean que antes tenía, y una sudadera azul oscuro con mangas en un tono más claro, que resaltaban sus ojos celestes. Se colocó unas zapatillas negras, y volviendo sobre sus pasos, tomó la pistola que había dejado olvidada en el baño, y colocándole el seguro, la pasó por el cinto de su pantalón, en la espalda, cubriéndola con la sudadera.
    Cruzó nuevamente el pasillo hasta el mueble donde había dejado la caja con la paga del día, y pasó hacia la otra puerta, donde había una bifurcación: hacia la derecha doblaba a la cocina, y a la izquierda a su oficina. Tomó la izquierda. La habitación era oscura, el olor a tabaco inundaba el lugar que se sentía encerrado, y dos escritorios largos y enfrentados eran todo el mobiliario junto con un armario a la derecha y unas cuantas sillas. Había cuatro computadoras portátiles desperdigadas sobre la mesa, un par de televisores y monitores colgados en la pared al lado de la puerta, y muchos cables, herramientas, y otros aparatos absolutamente dañinos, esparcidos por el suelo. Sin prender las luces siquiera, se dirigió al armario, lo abrió con la llave que pendía de una cadena de plata que colgaba de su cuello, y entre los libros que había, sacó uno en particular, el cual era falso.
    Abrió la tapa y vio la caja, perfecta imitación de un compendio, donde guardaba parte de su fortuna en efectivo. Depositó la mayor parte del dinero ahí, y el resto la colocó en el bolsillo trasero de su jean. Volvió hacia una de las sillas donde había una mochila de universitario, perfecta para simular por las calles, y guardó ahí una de las laptops, y algunos aparatos. Salió del lugar sin siquiera detenerse en la cocina, y llegó hasta una mesa ratona en el living, donde descansaban sus lentes oscuros, de forma rectangular y vidrios renegridos, que siempre protegían sus delicados ojos del sol. Se los colocó, y tomando las llaves del departamento y una chaqueta, salió cerrando tras de sí con dirección al ascensor, ya que odiaba bajar seis pisos por escaleras.
    Llegó a la calle colocándose la chaqueta de jean, y comenzó a caminar bajo las indiscretas miradas de las jóvenes, que no dudaban ni un segundo en devorarlo con los ojos, al encontrar semejante belleza masculina, caminando de una forma tan altaneramente atractiva. Y Jess, era consciente. Él sabía muy bien cómo era su apariencia, y siempre que podía la explotaba al máximo, divirtiéndose luego de largas e interminables jornadas de trabajo frente a sus computadoras… tal cual como las que concluyeron la noche anterior. Había pasado cuatro días seguidos sin dormir burlando el sistema de seguridad de una empresa, para conseguir los códigos y hacer una gran transferencia de dinero que su cliente le había pedido, ese que interrumpió su sueño esa misma mañana.
    Caminando tranquilamente por las calles, llegó al supermercado donde iba a volver a aprovisionar su heladera, que tras tantos días sin salir de la casa por estar completamente sumido en su trabajo, había quedado vacía. Recorrió los pasillos comprando algunas latas, pan, algunas verduras, y mucho queso, fiambre y aderezos, necesarios para su siempre útil rutina de emparedados y comida rápida. La cola para las cajas estaba casi vacía, y muy pronto fue su turno. La cajera lo miró sonrojándose levemente, completamente atenta a la inexpugnable belleza del joven a su lado, el cual le sonreía sensualmente, haciéndola imaginarse diversas situaciones.
    Sin embargo, la pequeña radio que ella estaba oyendo, muy pronto comenzó a transmitir una noticia que les llamó la atención a ambos. Las noticias decían que una gran multinacional dedicada al segmento automotriz había hecho una gran trasferencia de dinero, cuyos motivos los gerentes no habían querido explicar, y que por ese motivo declaraba pérdidas, debiendo tomar medidas para no cerrar la empresa. La mujer le hizo un comentario al respecto al rubio, pero Jess respondió con una inclinación de cabeza mientras le pagaba las compras, muy satisfecho en su interior por la labor que él había llevado a cabo. Después de muchos días sin dormir, bañarse o comer decentemente, ese trabajo era uno de sus mayores orgullos hasta ese momento.
    Salió del supermercado cargando tres bolsas repletas de víveres, o lo que él consideraba víveres, y reemprendió el camino hacia su edificio, reprochándose mentalmente porqué no había llevado su motocicleta. Pasó quince minutos insultándose interiormente por tal hecho, hasta que al fin llegó a destino, haciendo el camino inverso por el hall, luego el ascensor, y finalmente por el pasillo hacia el apartamento. Llegó al living y cruzó hacia el otro lado, dejó las bolsas sobre la mesa de la cocina comedor, y volvió hacia su oficina, donde acomodó algunos de los cables, y puso las computadoras en orden.
    Se dispuso a sentarse frente a una de ellas, pero recordó las compras, y encaminándose hacia la cocina, entró en ella y guardó cuanto había comprado. Sacó un plato de la alacena, y aprovechando lo que le faltaba guardar, se preparó un gran emparedado de jamón y queso, con lechuga, tomate, y muchos aderezos, el cual se comió de pie, mientras terminaba de guardar las cosas. Terminó satisfecho al cabo de unos minutos, y quitando la Colt que aún mantenía en el cinto de su pantalón, arrojó la chaqueta sobre el sillón del living para después volver sobre sus pasos, depositar el arma sobre la mesa de la oficina, y sentarse frente a una de las laptops.
    Estiró sus piernas y se desperezó lánguidamente mientras se iniciaba el sistema operativo, el cual carecía de interfaz gráfica, manejándose principalmente por comandos de teclado. Jess sonrió al ver el fondo negro con letras pixeladas en tonos grises, y escribiendo un poco, entró en una red privada, sorteó unas cuantas contraseñas y firewalls, hasta que llegó al chat privado donde conseguía sus trabajos.
    Ese chat era un mundo subalterno donde nadie tenía ni rostro ni voz, y sólo se los conocía por un nombre falso, un nick que ellos mismo había elegido. Hacía años que pertenecía a esa implícita y desquiciante comunidad, donde nada era real y donde podía conseguir los mejores trabajos que como hacker podía desear. Porque sí, ése era su trabajo: robar desde la red y franquear sistemas completos, destrozarlos, modificarlos, saquear electrónicamente, y dejar en bancarrota era algunas de las cosas más leves que él había hecho. Desde hacía ocho años que él había entrado en ese submundo, había creado consigo una fama que lo precedía, gracias a su indómita inteligencia y su desmedido placer por conocer más, que lo habían llevado a ser el hacker más famoso dentro de esa dimensión virtual.
    Ahí, donde nadie sabía de su belleza, ni de su voz o su rostro... ahí, donde lo único que importaba era su veracidad y destreza frente a los más retorcidos sistemas informáticos… sólo un nombre lo precedía: Guilty, el culpable de los mejores robos y trucos electrónicos de la historia.
    Sonrió viendo que todos los presentes en el chat, hablaban de la última aparición de Guilty, robando a una multinacional de extrema seguridad. Su orgullo creció al ver cuántos decían que era como un dios, pero pronto se cansó de esto, y echándose hacia atrás en la silla, se giró cansino para darle la espalda al monitor. Sin embargo, en ese mismo instante, un leve pitido del beeper de la computadora le advirtió la entrada de una conversación privada. Revisó el nombre del solicitante, Anger, y tecleando rápidamente en otra laptop, abrió un canal de comunicación segura, donde nadie pudiera tener acceso a la red interna que él tenía.
    “Tengo un trabajo para ti” fue el primer mensaje que leyó. Una sonrisa de autosuficiencia curvó sus carnosos labios, mientras él los relamía, ansioso por un nuevo desafío. Pero, la seguridad iba por delante. “Datos” escribió él, y muy pronto recibió la contraseña que le daban sus selectos clientes. “Agosto 21” se marcó en la pantalla, y el rubio aprovechó la oportunidad para volver a revisar a su interlocutor con la otra portátil. Evidentemente, se trataba de un honesto cliente que pretendía de él sólo trabajo, mas él siempre iba con cuidado.
    “Explícate” volvió a teclear, y la respuesta no se hizo esperar. “Debes romper el sistema de seguridad de una empresa de la ciudad. Dicen que trajeron un técnico de la NASA para armar el sistema de computadoras, y debes adentrarte en el edificio y robar un disco físico que guardan secretamente”. Jess se acodó con la diestra delante de la laptop, y dejando caer su muñeca, apoyó en ella su mejilla mientras fruncía su seño, como si fuera un predador estudiando su presa. Él jamás hacía robos físicos, salvo dos veces cuando era más joven, y que habían sido de forma bastante similar, sólo que diferentes objetos y ciudades.
    “Copiaré el disco desde la red, y te daré una copia” respondió, respirando pausadamente para relajar nuevamente su cuerpo. Pero Anger, parecía no estar dispuesto a ceder. “El disco no está conectado a ninguna red, y el trabajo requiere el disco físico. En forma de pago puedes guardarte el cincuenta por ciento del capital de la empresa, que asciende a quince millones, pero habrá otras condiciones”. Eso de otras condiciones no le gustó en lo absoluto, mas cuando iba a escribir una respuesta, otro mensaje de Anger apareció. “Espero tu respuesta a la noche, Guilty” y se desconectó.
    Jess se quedó traumado, y aprovechó el día para dormir, comer, y permanecer echado en el sofá de su departamento, siempre con una pistola cerca de modo de prevención. Llegó el mediodía y lo encontró tomando una siesta sobre el largo sofá color bordó, la tarde lo sorprendió comiendo una pizza que había pedido a domicilio, y la noche llegó cuando él se estaba bañando. En todo ese tiempo, no había dejado de pensar en la propuesta que Anger le había hecho.
    Para él, o mejor dicho para Guilty, no existían frenos, sin embargo un robo físico era muchísimo más peligroso. Permaneció acostado a lo largo del sillón, con el jean desprendido como era su habitual costumbre, su torso desnudo y sus manos en la nuca, mientras miraba el blanquecino techo al tiempo que deliberaba con su mente inquieta. Había planteado todos las ventajas y desventajas… pero siempre el dinero y la paga lo seducían; además, él era muy bueno manejando las armas y pelando cuerpo a cuerpo gracias a su entrenamiento en artes marciales que su padre, antiguo miembro de la policía, le había impuesto cuando tenía sólo cinco años. Censuró sus pensamientos al recordar a ese hombre pero, doblegado por la fortuna y la fama que le daría ese trabajo, llegó a la conclusión que debería aceptarlo, ya que las condiciones extra no debían ser demasiado preocupantes.
    Cuando la medianoche llegó impaciente, Guilty había vuelto a hacer su aparición en el chat privado, como el rey que dirige una fiesta, o el dios que supervisa a sus súbditos. Varios nicks lo alababan por el reciente trabajo que ya había pasado al olvido en la mente de Jess, y sólo cuando Anger apareció solicitando una conversación privada Guilty dijo algunas palabras. Volvió a estudiar la conexión del solicitante, y tras varias pruebas armó un canal seguro para que pudieran hablar.
    “Tu respuesta” sugirió Anger, haciendo que el rubio frunciera su seño y curvara su boca en un gesto que denotaba su fastidio. “Acepto. Dame los datos y las condiciones” fue su escueta respuesta, y las palabras de Anger no se hicieron desear ya que llegaron casi inmediatamente, como si hubiera previsto su aceptación. “Primero, debes buscar a una mujer a quien le dicen Lujuria”.
    ¿Una mujer de apodo “Lujuria”?
    Jess se relamió los labios, confiado y cínico, esbozando una sonrisa triunfal. Ese trabajo iba a ser demasiado interesante.


Bueno, esto es el comienzo de la historia. Sinceramente espero que les haya gustado, y la mejor parte creo que vendrá después, cuando se encuentre con Lujuria y cuando se le revele a Guilty el concepto de su trabajo. Muchísimas gracias por leerme, y nos estaremos encontrando!!

Tags: literatura, novela, drama, suspenso, acción, psicológico, hackers

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: BlueBrain
S?bado, 03 de enero de 2009 | 4:23
un primer cap?tulo muy interesante y prometedor. Esta parece ser una historia muy actual y por dem?s atrapante.
Pero como siempre he quedado con ganas de saber m?s sobre el neuvo trabajo.
Autor: Aldair_88
S?bado, 03 de enero de 2009 | 4:57
Me encantan tus personajes, exteriormente hermosos pero son un interior retorcido y con algo oculto ke los hace m?s interesantes, si se puede.
Excelente comienzo, parece una historia ke atrapa al lector
S?bado, 03 de enero de 2009 | 16:25
Excelente comienzo!!
Ya el primer cap?tulo me ha atrapado en esta red de hackers y robos. Excelentes las descripciones y una trama que parece muy incitante desde el pincipio
Autor: Foxys
S?bado, 03 de enero de 2009 | 17:04
Ira y Lujuria? jojojo me gustan los "nicks" que les ha dado, aunque no me gusto para nada el protagonista... pero bueno es recien el primer capitulo estoy segura que me queda mucho por descubrir y entender :)
pinta ponerse muy interesante la historia!
animo! xfun
S?bado, 03 de enero de 2009 | 20:54
?Chicos! ?Me alegro mucho que les haya gustado el comienzo de la historia!
Les comento algo acerca de los apodos de los personajes. Anger viene del ingl?s (cuando no, yo) y quiere decir ira /provocaci?n... me gust? la palabra porque es bastante amplia, y si bien aparece poco en la historia, es muy importante. Guilty, tambi?n del ingl?s, es el nick del protagonista y quiere decir culpable. Finalmente, Lujuria... bueno, le iba a poner "Lust", pero en espa?ol la palabra tiene m?s fuerza...
S?bado, 03 de enero de 2009 | 22:04
huy pues esta historia nueva se lee muy interesante realmente, me ha gustado mucho el primer cap, y me ha dejado intrigado con los detalles del trabajo.

 

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