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S?bado, 13 de diciembre de 2008

Hola a todos!! Les pido disculpas por no haber podido postear esto antes: resulta que mí se olvidó que el chocolate le cae mal, y en el trabajo estuve comiendo masitas de chocolate (óreos, para ser más específica), así que terminé el viernes en cama, media mosca y con inyección y todo). Así que hoy esto me llevó más de lo normal, porque ya ni cementerio de neuronas tengo adentro de la cabeza. En fin, dejo de contar mi situación, y aquí posteo el capítulo, de una buena vez:



“se dieron cuenta que no eran sólo noches de pasión, y besos de lujuria”

    El morocho frente a ti, tragó saliva mientras sus ojos marrones se ladeaban hacia tus turquesas, luego hacia el parque a su derecha, y finalmente hacia el suelo, como si su mente estuviera buscando las palabras adecuadas para hablarte. Luego de unos segundos, suspiró, y volvió a mirarte a los ojos.
    - Lorelita… -pronunció, con esa voz grave que había adquirido en el último año- Antes que nada, tú eres mi mejor amiga de la infancia: siempre lo fuiste, y siempre lo serás… y no hay ningún sentimiento que pueda cambiar eso.
    Ahora fuiste tú quien agachó su rostro, clavando los ojos en el piso, y sonriendo levemente; te quedaste de pie frente a Mark, con tu peso recargado en tu pierna izquierda, y tu mano derecha sosteniendo el bretel de tu bolso, en tu hombro diestro. Meditaste por unos segundos tus palabras, pero no pudiste evitar sentir un gran alivio corriendo dentro de tu cuerpo, como si una carga que llevabas hubiera sido deshecha de la forma más fácil.
    - Te entiendo… -dijiste al fin, alzando la vista y sonriéndole- Te entiendo, porque me di cuenta de lo que estaba pasando.
    Inmediatamente los brazos fuertes y musculosos de Mark, rodearon tu fino talle atrayéndote hacia él, y al sentirte presa dentro de ese abrazo, alzaste tus manos por su espalda, apoyando tu frente en su hombro derecho. En ese momento, sentiste que los desbocados corazones de ustedes, se sincronizaban para latir casi juntos, mientras la respiración arrítmica del morocho, rebotaba en tu cuello. El castaño ajustó más el abrazo, atrayéndote por la cintura, antes de comenzar a hablar.
    - Perdóname… -susurró contra tu oído.
    - No importa… -contestaste, manteniendo tu frente contra su hombro- porque yo también siento lo mismo que tú.
    Ladeando su rostro hacia la izquierda, sus labios buscaron los tuyos, comenzando un beso que lejos de ser una muestra de amor y pasión de una pareja, era casi como la travesura de dos mejores amigos que, borrachos, habían cedido a sus instintos naturales, o que tras haber perdido una apuesta, se besaban dándose algunos derechos. Ibas a extrañar sus besos, de eso no había duda, pero ésta última vez, te había hecho darte cuenta que ustedes dos sólo eran amigos.
    Se separaron sonriendo, casi felices por volver a ser los mejores amigos que siempre fueron, y luego de que él te despeinara un poco, y que tú le tiraras un pequeño golpe al hombro, continuaron caminando hacia tu casa, riéndo, jugando… como hacía años que no hacían.

    Esa noche, te detuviste frente al espejo y te miraste a ti misma embobada: el vestuario que les habían preparado los del club de modas del Instituto era demasiado perfecto. Contrarrestando tus típicos atuendos para cantar, esa vez llevabas botas negras acordonadas y charoladas hasta media pantorilla, medias de red de trama amplia en todo el largo de tus piernas, y un corto pantalón de jean de tiro bajo que apenas tapaba dos centímetros de tus muslos, sostenido por un cinto no muy ancho, de símil piel de cebra. La parte de arriba era un corsé negro que tenía algunos cintos de cuero que cruzaban tu cintura, y llegaban hasta tu hombro derecho hacia la espalda, a modo de un único bretel, y te habías cortado el pelo con un flequillo que usabas hacia un costado, y con capas atrás, de la forma en que lo usarías aún cuatro años después de ese recital. Alzaste tu diestra y te acomodaste el peinado, mientras mirabas los guantes negros que tenías, esos de conducción sin dedos y con un recorte sobre el dorso, que te encantaban.
    Saliste de tu ensimismamiento cuando Amy apoyó su diestra en tu hombro libre del bretel del corsé, y la miraste a través del reflejo: ella también se veía hermosa. Llevaba botitas con plataformas un poco más altas que sus tobillos, una minifalda de jean de corte irregular que no era muy larga, y una blusa verde oscura ajustada sin mangas y cuello polera que resaltaba su busto, mientras que los bucles renegridos de sus cabellos, ondeaban sobre sus hombros. La morocha le sonrió inspeccionando tu atuendo con sus insistentes ojos verdes, para luego tomarte de la mano, y hacerte ar una pequeña vuelta, que luego repetiste cambiando posiciones.
    - ¡Me encanta el vestuario! -te dijo Amy, al fin, pero tú sólo sonreíste, ya que aún no habías visto a los chicos y te morías de curiosidad- Loreley ¿puedo preguntarte algo? -tú asentiste, mirándola- Tú y Mark andan muy bien ¿pasó algo?
    Sonreíste bajando la vista. Hacía ya un mes que habían dejado de ser pareja, y eso les había sentado mejor de lo que esperaban. Caminaste hacia la puerta del año de mujeres de tu escuela, ya que esa noche cantarían en la fiesta de despedida de tú curso, y antes de abrirla, volteaste hacia tu amiga.
    - Somos amigos, y nada más… -dijiste- porque nos dimos cuenta que nuestra amistad era lo que más importaba -hiciste una pausa, sonriendo, para luego observarla a los ojos- Sin embargo, siempre voy a guardar en mis recuerdos todo lo que pasó.
    Saliendo del improvisado camerino tras guardar sus uniformes en los bolsos, y terminar de maquillarse, tú y Amy comenzaron a caminar hacia el gimnasio del Instituto, donde sería el último recital que darían. Las dos esperaban justo cuando tres voces masculinas que reían de su escape del director, resonaron a sus espaldas, mientras la morocha intentaba afinar su bajo. Volteaste al tiempo que ella alzaba su vista, y ambas se quedaron heladas con lo que vieron.
    Parados uno al lado del otro, riéndose sobre lo que el director les había amenazado cuando los vio, sus ropas no dejaban nada a la imaginación. Dennis llevaba un jean de tiro bajo color gris, y borceguíes negros, mientras que intentaba cubrir su torso con una camiseta de la misma tela de red de tus medias, sin mangas, que remataba con una manga falsa alrededor de su codo derecho, y un solo guante sin dedos en su diestra… además que llevaba los ojos delineados en negro. Mark, de pie en el medio, sólo tenía zapatillas negras y un jean negro desgastado, que en lugar de bragueta se sostenía con unos sugerentes hilos blancos cruzados, y no llevaba nada en su pecho, dejando relucir los tatuajes en sus hombros, y las abdominales marcados.
A la izquierda del baterista, se encontraba Matt; relamiste inconscientemente tus labios al delinear con tus ojos sus piernas cubiertas por un pantalón de cuero que se prendía igual que el de Mark, pero con hilos negros, y que remataba en sus pies con unas botas de punta, también negras y brillantes. Llevaba el cabello rubio lacio, que le llegaba casi hasta el hombro con un corte desmechado, completamente mojado, y las rebeldes gotas de agua, caían por su pecho, cubierto por una ajustada musculosa blanca, que no dejaba a la imaginación sus magros músculos, mientras que reía amenamente por las imitaciones que Dennis y Mark estaban haciendo. En ese momento, bajaste tu vista al piso, ya que te descubriste a ti misma pensando que ese rubio era irresistiblemente sexy.
Pasó casi media hora hasta que por fin, llegaría el momento que comenzaran a cantar. El amplio gimnasio tenía un escenario que usaban para los actos escolares, pero esta vez, ustedes le habían agregado una especie de pasarela, para que en ese lugar, se hicieran las presentaciones. Las luces se apagaron dejando iluminada sólo la esquina derecha del escenario, y todo lo demás a oscuras, mientras la gente volteaba hacia el lugar, donde el presentador comenzaba a hablar.
- Una vez más, por tercer año consecutivo -dijo- ¡Démosle la bienvenida a Middle Night!
    Inmediatamente las luces de colores comenzaron a recorrer al público, mientras la guitarra distorsionada hacía recorridos por sus notas graves. La batería osciló entre diversos tambores, haciendo rechinar los platillos, hasta que finalmente el bajo y los sintetizadores se unieron a esa misma melodía que marcaba un ir y venir de notas, mientras las luces iluminaban a los cuatro músicos. Con suma gracia y tranquilidad, Amy y Matt permanecían a la izquierda del escenario, ligeramente enfrentados, mientras que Dennis se movía un poco sintiendo el ritmo correr por su cuerpo, y Mark clavaba su vista en el frente, cuando hacía el redoble que te daría pie a entrar a ti, cantando con esa voz que tanto adoraban todos.

“En el suelo estoy tirada, dolorosamente quieta,
y puedo ver mi vida resplandeciendo frente a mis ojos”

    Las luces y las miradas de todos se fijaron en ti. Estabas en la parte delantera del escenario, en esa pasarela, arrodillada con el pecho curvado hacia delante, los ojos cerrados, y sosteniendo el micrófono con ambas manos, muy cerca de tu boca. Aquella vez, mientras cantabas esa canción a la cual tú misma le habías dado la letra, recordabas con alegría y esperanzas todas las cosas que habían hecho juntos con el grupo, que se habían vuelto tus amigos.
Sin embargo, cuando fue la Muerte quien trajo a tu memoria ese momento, realmente sentiste que todo lo que estaba viviendo eran como luces frente a sus ojos, como si estuvieras muriendo y toda tu vida pasara delante de tí. Seguiste cantando esa estrofa, enderezando tu espalda y levantando una rodilla, mientras te ibas colocando de pie lentamente, aún con tus ojos cerrados.

“¿acaso me he dormido? ¿es todo esto, un sueño?
que alguien me despierte porque estoy viviendo una pesadilla”

    Y sí. Realmente era una pesadilla ver desaparecer a aquellos con los que habías compartido sueños e ilusiones, tu vida completa… aquellos con los que habían jurado vivir y morir juntos, porque no sólo su música los unía. El ritmo de rock pareció cesar, cuando sólo la batería marcaba los acentos de los compases junto con el bajo, el sintetizador mantenía notas largas, y la guitarra arpegiaba los mismos acordes.
    Todo era perfectamente armonioso cuando con tu voz más dulce le juraste a la nada, y después a la Muerte, que tú no ibas a morir. Y como un eco, una cadencia tranquila pero precisa, la voz de Matt decía exactamente lo mismo que tú… y la respuesta fue sencilla: le dijiste a todos, le dijiste a la Muerte, que tú sobrevivirías.
    Mantuviste la última nota sintiendo completamente lo que cantabas, pero la batería se unió al ritmo rebelde que volvía a comenzar, mientras los rasgueos de la guitarra te indicaban tu entrada. Abriste los ojos en ese momento, miraste al público saltar y aplaudir, y sonreíste antes de cantar.
   
“No moriré, te esperaré aquí.
Me siento viva, cuando estás a mi lado.
No moriré y te esperaré aquí,
aún en mi hora de muerte”

    Señalaste hacia el frente, y hacia la nada, para luego llevarte la mano al pecho, terminando de mantener la última nota larga, al tiempo que la melodía de la guitarra parecía caracolear en el infinito de la armonía. En aquel momento, cuando sólo tenías dieciocho y cantabas dejando tu alma en el escenario, comprendiste que toda esa letra, la habías escrito para él… para ese rubio que de alguna extraña manera, te había empezado a gustar, al punto en que en tus más locos sueños querías jurarle que seguirías a su lado, pasara lo que pasara.
    Te adelantaste unos pasos luego de mirar de reojo hacia ese guitarrista que siempre tocaba como si su vida dependiera de ello, y luego te mantuviste derecha, con las piernas un poco separadas, las manos juntas sosteniendo el micrófono y tus ojos cerrados.

“En esta cama estoy tirada, perdiéndolo todo,
y puedo ver mi vida pasando frente a mí.
¿es que fue demasiado? ¿o quizás no fue suficiente?
despiértame, porque estoy viviendo una pesadilla”
   
    En el momento en que lo recordabas, estabas abrazada a Matt, y sintiendo sus brazos en tu cintura, escondiste tu rostro entre sus hombros. ¿Es que acaso habías sido demasiado egocéntrica? ¿O quizás no fueron suficientes tus demostraciones de cariño? La risa de la Muerte se expandió por todo el lugar, tiñendo tus memorias con su indeseable presencia. Sin embargo, dentro de tu mente ese recital continuaba reproduciéndose como si hubiera sido una película.
    Volvieron a ese juego de palabras, esa eterna confesión en que jurabas no morir y él te respondía en un coro, para luego prometer que sobrevivirías. Si la Muerte estaba jugando contigo, tú la desafiarías hasta que tu alma se hiciera añicos, hasta que tu ser se despedazara… hasta que ya no quedara nada de ti.
    El interludio donde la guitarra peleaba con el sintetizador llegando cada vez más agudo se abrió paso, mientras las luces de colores del escenario se volvían locas girando de un lado a otro, hasta que un fuerte resplandor blanco sincronizado con otro redoble de batería, dio comienzo al mismo ritmo vertiginoso del estribillo, que muy pronto comenzaste a cantar.

“No moriré, te esperaré aquí.
Me siento viva, cuando estás a mi lado.
No moriré y te esperaré aquí,
aún en mi hora de muerte”

    Volvieron a comenzar ese estribillo una vez más, pero la voz de Matt le hacía eco a tus palabras. Mientras tú decías que no morirías, el repetía constantemente que te esperaría, incluso en su hora de muerte. ¿Sería posible? ¿Sentir algo por una persona, sin casi conocerlo? Aunque eso no era verdad, después de dos años juntos con el grupo, conocían muchas cosas de la otra persona. Sin embargo, ese ritmo cadente que parecía girar en el ambiente, arrastrando a esa oleada de música a quien estuviera allí, continuaba absorbiendo tu ser, a la vez que cantabas.

“No moriré, te esperaré aquí.
Me siento viva, cuando estás a mi lado.
No moriré y te esperaré aquí,
aún en mi hora de muerte”

    Cantaron dos veces el estribillo, y el mismo ritmo grave y rápido fue terminando mientras unos agudos del sintetizador marcaban una melodía final, justo cuando tu voz se convertía en el eco de la última frase. Los aplausos y el griterío llenaron el lugar aún cuando tras encender las luces, todos se acercaron hacia el frente, abrazados y saludando al público, para luego irse tras cantar una canción más.
    Esa vez, había sido y siempre sería, uno de sus mejores recitales.
    Luego de cantar, algunos de los chicos del curso anterior que se encargaban de las luces bajaron a felicitarlos, llevándoles agua que no desaprovecharon. Sin embargo, estabas bebiendo muy tranquila, cuando Mark te tomó de los hombros y haciéndote girar, te señaló a la persona que venía caminando directamente hacia ustedes. De pasados cincuenta años, creciente calva de cabellos negros y blancos, ojos marrones, y prominente barriga aristocrática típica de una persona que adoraba la comida gourmet, el director de su escuela se detuve frente a ustedes. Frunciendo el seño con desdén, inspeccionó detalladamente el vestuario extravagante de los cinco, mientras dejaba los brazos sobre sus caderas, en la pose que marcaba que pronto comenzaría un reto.
    - Durante todo este tiempo, dos largos y larguísimos años en que estuvieron en la escuela, me harté de escuchar el alto volúmen de su música, las letras subversivas de sus canciones, los singulares vestuarios poco pudorosos, las cortas polleras de ellas dos, y las escenitas románticas sobre el escenario…
    El hombre hablaba con voz dura mientras que con sus dedos iba enumerando todas las cosas y ustedes permanecían en un incómodo silencio de niños que recibían una reprimenda, hasta que por fin él se quedó callado, y una sonrisa satisfecha se marcó en su rostro: una sonrisa que ninguno alcanzó a comprender.
    - Sin embargo -continuó el Director- estoy más que orgullosos de haberlos tenido en esta escuela, y de haberles dado paso a un grupo tan bueno como ustedes. Para serles sinceros, a pesar de mis habituales enojos y persecutas, siempre supe que llegarían tan lejos… -Linda apreció detrás del Principal, junto con un hombre de aspecto serio y formal- Tengo a alguien a quien presentarles.
    Corriéndose hacia la derecha, Linda les sonrió diciéndoles que escucharan las palabras del hombre a su lado, y ustedes cinco fijaron sus miradas de arcoíris en él, mientras Mark apretaba sus manos en tus hombros, y te susurraba al oído que esa persona le daba miedo. El recién llegado, hizo una pequeña reverencia asiática, que ustedes luego comprendieron que se debía a su genealogía mitad europea mitad asiática, para después comenzar a hablar.
    - Un gusto, soy Jack Keiichi -se presentó, y su grave voz desentonó por completo con su escasa estatura, que no pasaba del metro sesenta y cinco, según tus cálculos mentales. Acomodándose los lentes con su diestra, continuó hablando- Soy productor en la disquera que Linda trabaja, y ya los he escuchado muchas veces en sus actuaciones de banda soporte, y en otros recitales que han dado en la escuela y por su cuenta, y estoy interesado en producirles un demo…
    Aún lo recordabas.
    Esa vez, todos se quedaron helados sin saber que decir. Miraron primero al hombre de prominente voz a su delantera, a Linda a su izquierda que asentía sonriendo, y al director al otro lado que los felicitaba, y luego de intercambiar miradas entre ustedes, comenzaron a reir y llorar, mientras Mark fue el único medianamente despierto como para agradecerle a Jack, y decirle que gustosa y honrosamente aceptaban su propuesta.
   
    Exactamente un año después de ese recital, te encontrabas en una habitación de un lujoso hotel, luego del décimo recital de la primera gira de Middle Night, la cual se realizaría por varios países… algo que aún entonces no alcanzabas a creer. La puerta sonó anunciando a alguien, y tras escuchar tu permiso, Matt entró quedándose de pie en el living, a tu lado, mirando la noche estrellada a través de la amplia ventana que tenías enfrente.
    - Esta noche cantaste muy bien, good looking girl … -sonreíste y permaneciste en silencio; hacía mucho que sabías que él te gustaba, pero jamás te hubieras animado a decirle algo- ¿Quieres saber algo? -y contra tu voluntad, giraste tus ojos turquesa para ver sus ámbares- Me gusta como cantas, como te vistes, como actuas, todo… -se acercó hacia tu cuello, susurrando- I like everything of you
    Terminó sus últimas palabras mordiendo el lóbulo de tu oreja y cerrando sus brazos por tu cintura, mientras tú alzabas tus manos por su espalda, hasta que poco a poco, fuiste caminado hacia la cama, dirigida por sus besos y caricias. Luego de esa noche, era común que entre ustedes siempre pasara algo luego de los recitales, incluso Jack había hablado con ambos, diciéndoles que no le interesaba con quien se acostaran, pero que no iba a permitir que pasara algo al grupo por culpa de sus juegos.
    Sin embargo en ese momento, tú y Matt se dieron cuenta que no eran sólo noches de pasión, y besos de lujuria lo que se tenían. Dentro de ustedes, habían descubierto de la forma más tonta y común, que realmente se querían.

*

    Abriste los ojos y te encontraste una vez más en el pequeño living interno de la mansión, abrazada a tu novio. Él te separó con dulzura y lentamente sus bocas se buscaron mutuamente, para después comenzar a besarse lentamente, como aquella primera vez. Te alejaste un poco cuando el aire te faltó, y temblaste un poco de frío; viendo esto, Matt desprendió su chaqueta de tela de buzo que tenía sobre una sudadera color beige, y tu cruzaste tus brazos entre ambas prendas, para que luego él volviera a abrazarte, cubriéndote.
    Sentiste el frío aún así recorrer tu cuerpo borrando los restos de calidez de tu piel, y temerosa de lo que podrías encontrar, alzaste la vista sobre los hombros del rubio, encontrándose con esa figura que tanto odiabas, que se encontraba ataviada de negro, sosteniendo la guadaña con su mano derecha. Su risa cínica y odiosa te caló hasta los huesos.
    - Despídete… -dijo- Porque Matt va a desaparecer…
    Frunciste el seño cerrándolos ojos. ¿Realmente serías capaz de soportar que él desapareciera para siempre de tu vida?


¡Esto fue todo! Ya quedan sólo dos Singles y la historia se termina. Muchas gracias a todos por leerla. Espero que este capítulo les guste. ¡Nos estamos leyendo!

Disclaimer: la historia me pertenece en su totalidad, pero losfragmentos de la canción son la letra traducida de "Time Of Dying" de Three Days Grace. Dejo la versión para que la puedan escuchar:


Tags: literatura, novela, drama, banda, rock, desapariciones

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Autor: Foxys
Domingo, 14 de diciembre de 2008 | 12:54
oh este capitulo me gusto mucho mucho, porque me mostro la fortaleza de nuestra prota sin rodeos
no puedo esperar para saber el final!
xok
Domingo, 14 de diciembre de 2008 | 14:10
wuaawww espectacular, me ha gustado mucho este cap, y q final, muy bueno realmente, espero con ansias el q viene quiero ver q pasara con loreley cuando el desaparesca.
Autor: Aldair_88
Lunes, 15 de diciembre de 2008 | 4:24
ke cap?tulo!!!
Me encant? la forma en ke se fueron dantod cuenta ke se ker?an y no puedo creer ke la muerte lo haga desaparecer, Loreley realmente lo ama ?entonces, porke o ke lecci?n kiere darle con su desaparici?n?
No veo la hora de leer el proximo. Te felicito
Lunes, 15 de diciembre de 2008 | 16:07
impactante cap?tulo! Me gust? conocer como dejaron la relaci?n Mark y Loreley y como ella inici? el romance con Matt
Creo que ya me siento triste por saber que tambi?n lo perder? a ?l. Aunque no entiendo porqu?, ya que realmente ama a Matt, por lo tanto ?qu? pretende la muerte de ella?
Lunes, 15 de diciembre de 2008 | 20:40
Hola chicos!! Much?simas gracias por pasarse, y perdonen que haya subido este cap?tulo reci?n el s?bado, pero es que estaba muy enfermita el viernes. Me alegro que les haya gustado, y nos estamos leyendo pronto. ?Saludos! xangel
Autor: BlueBrain
Martes, 16 de diciembre de 2008 | 4:08
que bien qued? este cap?tulo, al fin supimos como dej? a Mark y empez? a salir con Matt, lo malo es que nos dejas con el suspenso de si Matt tambi?n termina desapareciendo y porque.

 

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