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S?bado, 06 de septiembre de 2008

¡Hola a todos! Este es el penúltimo capítulo de "Strenght" y son muchos recuerdos de Castor, donde al fin se conoce su versión de los hechos. Dallas y Paris también aparecen, pero no esperen que se solucione nada hasta el epílogo. Les agradezco a todos los que siguen mis historias, que me dejan comentarios, y que sepan que esta historia está dedicada a ustedes. ¡Muchas gracias!


“azules tan profundos como el mismísimo mar, como la tempestad sórdida, como el cielo huracanado”

    Esa noche iba a ser demasiado especial. Castor salió de la ducha con una toalla anudada en su cintura, mientras sacudía su cabello para escurrir las rabiosas gotas de agua que aún se empeñaban en caer sobre su cuerpo. Miró su celular, y encontró varios mensajes de sus amigos, diciéndole que lo pasaban a buscar para ir a Luxor, la discote más privativa de la ciudad, la cual se decía que era un recinto de la mafia.
    Cansino, comenzó a vestirse apropiadamente para el lugar al que iba a ir, hasta que escuchó un motor rechinar en su patio, y al asomarse discretamente por la ventana, vio que Dallas –el mejor amigo de su hermano- había entrado su reluciente deportivo por la cochera pasante, y ahora Paris lo miraba entusiasmado. Jamás entendería la relación que tenían esos dos… y siempre envidiaría a Dallas por poder tener ese nivel de confianza con el gemelo.
    Ignorando sus propios pensamientos, se vistió con un jean de tiro bajo y borceguíes bajo el mismo, los cuales completó con una camiseta de cuello un poco abierto, color verde de mangas en tono esmeralda, que resaltaban sus ojos del mismo color jade. Justo cuando iba a llamar a sus amigos, éstos lo hicieron antes, y sin despedirse de Dallas y Paris, se fue con su grupo.
    Cerca de la medianoche entró en la discoteca llamada Luxor. No pasó demasiado hasta que Castor y su grupo gastaron buena cantidad de dinero en tragos y, bastante borrachos, se dirigieron hacia la pista, para comenzar a bailar sugerentemente, obteniendo así hermosas compañeras de baile. Sin embargo, cuando el rubio iba a intentar algo con la castaña con quien estaba, un hombre de torso fornido y facciones masculinas tomó a la fémina del brazo, obligándola a alejarse. Recuperando un poco la lucidez, Castor se fijó en el hombre que se le había acercado, y se quedó helado cuando este comenzó a susurrarle algo al oído.
    - Nuestro jefe te ha encontrado interesante, rubio… -le dijo- Si vienes conmigo al balcón donde él está, te hará un propuesta tentadora, de lo contrario…
    Al terminar la frase, el matón se paso un dedo por el cuello en un gesto nada prometedor, que el gemelo pudo observar detenidamente. Avisándole a sus amigos que se iría con una chica, se escabulló entre la gente, llegando al lugar donde se encontraba ‘el jefe’. Este hombre, no tardó demasiado en ir al grano; al ver al rubio, se uso de pie rápidamente, y comenzó a hablarle de forma tranquila, hasta que pasada casi media hora, lo acorraló contra la baranda del balcón… peligrosamente cerca de caerse.
    - Escucha niño… -dijo el hombre, con un tono de voz que hubiera hecho temblar a muchos, pero no al rubio- Quiero que trabajes para mí, eres muy interesante… Si lo haces, se te abrirán muchas puertas, y tendrás todo lo que desees, además de que estarás muy cerca de mí…
    - ¿Qué clase de puertas y deseos? –nadie se hubiera atrevido a preguntar, pero Castor sí. Eso al jefe le encantó.
    - Lo que desees… -contestó, aún acorralándolo- Mujeres, hombres, dinero, trabajo, éxito en la universidad… Nuestros contactos son muchos…
    Esa era una propuesta que no podía negarse.
    Y así comenzó su escalada dentro de la mafia, de la mano a su destrucción. Al principio, sólo era ir de acompañante en algún tiroteo, y hacer de carnada… luego le enseñaron de mecánica y armas, y pronto pasó a encargarse de los ‘cabos sueltos’ que el jefe necesitaba cerrar. Por muchos meses se encargó de tocar autos, jets privados, equipos y demás cosas, ocasionando graves accidentes: algunos advertencias, otros, sentencias.
    Pasó dos años encargándose de los trabajos sucios, y de otros deseos que tenía su jefe para con él. En ese tiempo, su cuerpo se fortaleció, sus piernas comenzaron a correr más rápido, sus ojos empezaron a analizar todos los ambientes sus oídos permanecían alerta, y su piel siempre estaba tensa. Sin embargo, en esos meses, escaló los puestos suficientes hasta ser uno de los tres subjefes, sin encargarse de ningún trabajo sucio, y obteniendo al fin, todo lo que el jefe le había prometido hacía ya dos años.

    En todo ese tiempo, Castor no había dejado de observar a su hermano, y a su inseparable mejor amigo. El menor de los gemelos no podía quejarse, la mafia le gustaba a pesar de algunas ‘cosas’ que había tenido que hacer, pero aún teniendo a todas las mujeres que quisiera y a sus viejos amigos de siempre, reconocía que nunca tendría una amistad como la de Paris y Dallas. La relación de esos dos… iba más allá de un mero concepto de amigos.
    Para ese tiempo, Paris se destacaba en su segundo año en la universidad de Ingeniería Civil, y Dallas en la de Derecho en el tercer año, ambos con notas relucientes y siendo el orgullo de su familia.
    Sin embargo, y a pesar de que Castor era el mejor en su carrera de Medicina en la universidad más prestigiosa, sus padre sólo encontraban oportunidades para reprocharle los golpes y cortes con los que solía aparecer, las noches que desaparecía, la mala junta que tenía, sus excesivas salidas a Luxor, y demás… Jamás una felicitación, jamás un apoyo… Nunca…
    No fue hasta una semana en que la actividad dentro de la mafia fue muy agitada. El jefe le pidió que fuera a hacer de francotirador en una operación que iba a llevar a cabo, pero al final se vio involucrado en una pelea por incompetencia del matón al cual dejaron a cargo de la situación, y terminó bastante cortado en los brazos, escapando de casualidad a heridas más graves. Esa madrugada, aprovechando que sus padres se habían ido de viaje junto con su hermana menor María, volvió a su casa para curarse adecuadamente, ya que él era el médico de la mafia, y estaba muy maltrecho.
    Dejó su moto en el garaje donde encontró el auto de Dallas, y escabulléndose por las escaleras con su sigilo adquirido en años en la mafia, se adentró en el baño para comenzar a curarse los cortes: por suerte, en su cuarto él guardaba un botiquín muy dotado para casos como ése, que no era el primero. Sin embargo, no había contado con que el morocho lo escucharía.
    Dallas estaba en el dormitorio de Paris, ambos recostados boca abajo en la cama doble, con los mandos a distancia de la consola de videojuegos en las manos, jugando uno contra otro al juego de peleas que veían en un gran televisor plano de cuarenta pulgadas, que estaba colgado justo frente a la cama. A pesar del estrepitoso sonido que hacía el juego, el mayor creyó sentir movimiento fuera del dormitorio de Paris, creyendo necesario ir a observar. Puso pausa, y dejando el mando de la consola sobre la cama, se dirigió hacia la puerta.
    - ¿A dónde vas, Dallas?
    Paris estaba sentado con las piernas cruzadas sobre la cama, el cabello revuelto y la camisa desprendida que dejaba ver sus pectorales torneados y masculinos: definitivamente ya no era el niño que Dallas había conocido, en una tarde de lluvia cuando un gato inocente lo llevó hasta quien ahora -y siempre sería- su mejor amigo. El morocho se acercó hacia el gemelo, y despeinándolo con vehemencia, se limitó a sonreírle como a un niño.
    - Creo haber escuchado ruido afuera… -explicó, mientras volvía a la puerta- Espérame que voy a otear si no fue algún animal…
    Sin decir más, cerró la puerta, y se encaminó hacia la habitación de Castor, donde estaba el baño en suite donde el menor solía curarse. Esa no sería la primera vez que lo encontraba herido, pero Dallas sabía muy bien que el hecho de que el rubio estuviera metido en la mafia, no era demasiado bueno, y que algún día, de un modo u otro, terminaría lastimando a Paris… y eso no lo iba a permitir.
    Entro descuidadamente en el dormitorio del menor, y girando hacia la izquierda, vio la puerta del baño entreabierta, y se recostó en el marco, sabiendo de antemano que Castor lo notaría. Y eso hizo. Sus ojos verdes se clavaron en el recién llegado, quien lo observaba con un gesto mezclado entre el reproche y la comprensión absoluta.
    Dallas estaba recargado sobre el marco, apoyando su hombro derecho en este, y con los brazos cruzados sobre su pecho. Llevaba una camisa azul marino abrochada sólo en la parte baja, y afuera del pantalón de jean, el cual dejaba ver sus pies enfundados en perfectas medias negras, ya que no tenía calzado. El cabello negro lacio caía rebelde sobre su rostro, enmarcando esos ojos azules tan profundos como el mismísimo mar, como la tempestad sórdida, como el cielo huracanado.
    - Deberías meditar más lo que haces, Castor… -la voz de Dallas era profunda al igual que el intenso azul de sus ojos- La mafia no te deparará nada bueno…
    - Vete con mi hermano, Dallas, no me interesa lo que tú digas… -contestó el aludido, volviendo a su tarea de curarse las heridas- Tú que siempre has tenido el apoyo de tu familia, jamás sabrás lo que es que te reprochen todo… así que no intentes convencerme de que abandone el único lugar donde he estado a gusto.
    - Haz lo que quieras… Pero si Paris llega a salir lastimado por esta locura tuya, jamás te lo perdonaré… -sus ojos se enfrentaron, y Castor supo que Dallas iba en serio- No metas a Paris en tus locuras…
    - Mi hermano es lo único que te importa, ni que fuera tu…
    - Es mi mejor amigo, algo que tú, Castor, jamás comprenderás…

“[…] estoy cayendo en la oscuridad,
durmiendo entre las piedras y
bajando hacia las profundidades […]”

    Faltaba un mes para que hicieran cuatro años que él estaba en la mafia, un mes para su vigésimo primer cumpleaños, cuando el jefe lo llamó a su despacho; inmediatamente subió resignado, sólo para encontrarse con la junta de los capataces principales del grupo. Al llegar, se enteró de un plan que iban a llevar a cabo, para quitarse de encima unos ‘cabos sueltos’ que el jefe no podía perdonar.
    El plan que llevaron a cabo con total perfección, comenzó cuando al día siguiente secuestraron a la hija de un empresario bastante conocido, fingiendo que ésta se había fugado con su novio, el cual también secuestraron. Amenazando con matarlos, se encargaron de usar sus contactos en la policía para que la familia de la chica no usara medios legales, y obtuvieron una exorbitante suma de dinero, la cual se transfirió como pago de deudas de la empresa, a varias consultoras.
    Silenciosamente, encubrieron las transferencias, y retornaron a la chica a la familia, la cual sufrió un accidente de coche cuando viajaba de regreso a su casa junto a su novio, esa misma noche. En el funeral de la joven, infiltraron a Castor como un miembro del servicio de velatorio, quien se encargó de usar sus conocimientos médicos para acabar con los dos testigos del plan: el empresario y su esposa.
    Se vistió de mozo, y se encargó de llevarles dos bebidas muy particulares a cada uno: al empresario le dio una bebida llega de digitalis, una hierba que en la dosis justa podía provocar un paro cardiorrespiratorio, mientras que a la mujer le tocó una con mandrágora, otra planta alucinógena muy potente. Al cabo de unos minutos, y tal como había sido planeado, al hombre le dio un paro cardíaco por la presión de haber perdido a su hija, y al ver esto, la pobre mujer enloqueció, debiendo ser llevada a un hospital psiquiátrico, donde el médico que la atendió y le dio medicinas ‘adecuadas’, fue otro hombre encubierto de la mafia.
    Meses de preparación para un plan que concluyó con un éxito rotundo.
    Esa noche, la víspera de su cumpleaños 21, la mafia decidió festejar la realización de la operación en su discoteca más popular: Luxor. La medianoche se aproximaba fiera, y con ella el alcohol y la lujuria iban aumentando en el lugar; Castor bajó a la pista la baile acompañado por otro de los subjefes y dos hermosas chicas, para luego apoderarse del lugar, dejando a sus cuerpos moverse con la intensidad de la música, y el brillo de las luces que atacaban su piel con reflejos multicolores.
    Sin embargo, en uno de esos momentos, Castor vio que la gente corría de la entrada, donde unos policías parecían haberse introducido. Tomó al otro mafioso que tenía a su lado, y fueron a buscar al jefe, al cual lograron subir a un coche, y despachar discretamente… pero ellos debían quedarse a pelear, Castor debía quedarse como buen perro de la mafia.
    No tardo mucho en que los tiroteos comenzaran. Al ver por dónde venía la policía, el gemelo se encaminó por el pasillo de paredes rojas que conducía desde la habitación del jefe hasta el balcón interno de la disco, y usando la daga que levaba escondida en su pantalón se quitó de encima a un oficial que se le acercaba con un rifle, el cual comenzó a usar para eliminar los blancos que invadían la pista, ahora poblada de gritos y desesperación.
    Logró sacar a Daniel, el otro subjefe que se había quedado con él, pero a la salida, tres policías los encerraron en el callejón que estaba al lado del lugar. Castor y Daniel comenzaron un forcejeo con los oficiales, hasta que el rubio logró quitarle la pistola a uno, y asestarle un tiro en el chaleco, dándole la oportunidad al otro de escapar. Sin embargo, cuando pensó que todo estaba perdido, cuando el arma apuntaba a su cabeza y el gatillo amenazaba con ser jalado, una voz lo asesinó en vida.
    - Espera… -dijo esa voz, cuando Castor miraba a su futuro asesino a los ojos- Este rubio coincide con la descripción de quien fue a la policía… Déjalo…
    A regañadientes, el hombre bajó la pistola, y se fueron nuevamente a la discoteca, dándole a Castor la oportunidad de escaparse.  Sin embargo, cuando llegó al escondite secreto de la mafia, donde el jefe no estaba ya que se había ido por la emergencia, todos lo miraron desconfiadamente. Definitivamente alguien les había contado lo que ese policía había dicho, pero Castor sabía muy bien que él no los había delatado: desde que habían vuelto de la misión, el jefe lo había prácticamente obligado a ir con toda esa tarde… pero eso no estaba dispuesto a decírselo a esos matones, porque le iban a perder el poco respeto que le tenían.
    Mas nunca tuvo oportunidad de defenderse. Daniel lo llevó a rastras hacia el callejón que estaba arriba de la guarida, para luego despojarlo de las armas que le quedaban encima, mientras las risas socarronas inundaban el ambiente. Muy pronto, su espalda chocó contra la pared, y su cuello se vio apresado violentamente por unas manos que lo apretaba sin dudar… lo estaban ahorcando y Castor no atinaba a defenders.
    - Eres una rata rastrera… -afirmó Daniel, apretándole más el cuello- ¡Sabía que nunca debimos albergar a una rata de la clase alta como tú!
    Daniel era un hombre de pasados veinticinco años, cabello casi rapado, piel excesivamente bronceada, ojos diminutos y maliciosos, y grandes músculos trabajados en horas de actividad física. Era uno de los subjefes de la mafia, y había sido acogido desde muy pequeño, por lo que se había criado en ese ambiente, y sus manías estaban mucho más pulidas que las de Castor.
    Sin embargo, la presión que estaba haciendo sobre el cuello del rubio a quien tenía acorralado contra la pared, no disminuía a pesar de que éste sostenía la mano de su agresor con las dos propias, en un intento de jalarlas hacia fuera, para poder respirar libremente. Movía sus piernas, sacudía su torso, y abría su boca, pero no había forma de que el aire entrara a sus pulmones, o que Daniel lo soltara.
    - ¡Rubio asqueroso! –gritó asestándole un fuerte golpe con la mano libre, partiéndole el labio inferior, que comenzó a sangrar copiosamente- ¡Nosotros te cuidamos, bastardo! ¡Nosotros te ayudamos!
    - Es… pe… ra…
    Acorralado contra la pared, tratando de hacer entrar el aire a bocanadas, y con su lengua llena del propio sabor de su sangre, el rubio de casi metro ochenta y cinco de altura, contextura labrada magramente, y ojos verdes como las esmeraldas, sabía que tenía muy pocas posibilidades de salir con vida de esa situación… Lo único que permanecía intacto dentro de él, era el deseo de que no le hicieran nada a su hermano o a su amigo… porque Castor era bien conciente que si algo le pasaba a Dallas, Pris moriría de tristeza.
    - ¡Escuchen! –el moreno que lo tenía apresado contra la pared, llamó a sus amigos, y otros hombres de su mismo tamaño y aspecto se acercaron con sonrisas burlonas- ¡La rata quiere decir algo!
    Sin dudarlo demasiado, apretó más aún el cuello del rubio, que parecía que iba a romperse en ese mismo momento, obligándolo a entrecerrar sus ojos por el dolor, emitiendo un mudo quejido de dolor, mientras clavaba sus uñas en el brazo del mafioso que lo estaba ahorcando.
    - ¿Qué ibas a decir, mocoso? -preguntó.
    - Yo… -hablaba entrecortado: el aire era poco- Yo no… ah…yo no los… delaté con… la policía…
    La mano que apresaba su cuello se aflojó, dejándolo caer de forma casi inhumana al piso, haciendo que su espalda sonara del golpe, al tiempo que  comenzaba a sujetarse las marcas rojas que le habían quedado en el cuello, en su piel blanca. Alzando la vista lo que podía, se dio cuenta que el hombre que tenía delante, le hacía unos gestos a sus compañeros, que se acercaban apretando sus puños, y con miradas de suficiencia.
    - ¿Así que tú no fuiste quien nos denunció con la maldita policía, Castor? –el aludido negó con la cabeza- ¡¡Tú fuiste quien lo hizo!! –gritó el moreno mientras lo señalaba acusadoramente- ¡¡Desperdiciaste un año de trabajo y lo peor es que fingiste estar de nuestro lado!! Me das asco…
    Sin decir más, lo escupió en el rostro, mientras lo miraba desde arriba, ya que el rubio no había podido siquiera levantarse del piso.
    - Te vamos a demostrar que con la mafia no se juega… Y te aseguro que después de esto, vas a llorar como una niña…
No dijeron más nada. Simplemente se acercaron y comenzaron a golpearlo y patearlo para divertirse, gritándole insultos e improperios, para luego sacar sus armas blancas y comenzar a cortarlo, dejándole marcas que seguro no se irían. En todo ese tiempo, en la mente del rubio sólo cruzaba una frase: las palabras que Dallas le había dicho hacía más de un año atrás. Si tan solo en ese momento le hubiera prestado atención, ahora él no estaría acorralado en el piso de un mugriento callejón, sintiendo como sus huesos se rompían por los golpes que le propinaban.
“Si Paris llega a salir lastimado por esta locura tuya, jamás te lo perdonaré”. De seguro Dallas nunca lo perdonaría.
Castor no sintió cuando los golpes se detuvieron, y los hombres se fueron. Simplemente sintió la sangre correr por su frente, resbalar en su sien, llegar a sus mejillas, y escurrirse con sus lagrimas sobre sus labios. Se sentó como pudo sintiendo sus huesos crujir, y mirando al cielo rogó con toda su alma y todas sus fuerzas que, si existía un dios, protegiera a Paris y a Dallas.
Pero ese dios no existía para Castor.
Un sonido polifónico distorsionado y moribundo comenzó a sonar en su bolsillo, y como pudo atendió el teléfono celular, que apenas había sobrevivido a la golpiza. Ni siquiera miró de quien era la llamada, y se limitó a atender.
- ¡Castor, imbécil! -era la voz de su hermana- ¿Dónde demonios estás? ¡Paris tuvo un accidente y está en el Hospital General! ¡¡Vente para aquí ya!!
No reaccionaba, no entendía.
- ¿Paris… está… bien? –su voz sonaba entrecortada- ¿Y Dallas…?
- Paris está muy lastimado… pero Dallas… -la chica hizo una pausa- Dallas está muerto… Fue un accidente de autos, una camioneta negra sin patente los chocó...
Eso había sido obra de la mafia, en venganza por la supuesta traición.
Dios no existía. Al menos no para Castor.


¡Esto es todo por hoy! No me maten, todavía me queda un capítulo y un epílogo para aclarar las cosas, de la forma más simple. Les comento que hay votaciones sobre la historia, y que me encantaría leer su opinión al respecto. Nos estamos leyendo en otro artículo. ¡Éxitos!

Tags: literatura, novela, drama, acción, hermanos, gemelos

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Autor: BlueBrain
S?bado, 06 de septiembre de 2008 | 6:36
Puffff!!!! ?Qu? cap?tulo!!! Increiblemente bueno. Que capacidad narrativa tienes. Este cap?tulo qued? excelente!!
Autor: Aldair_88
S?bado, 06 de septiembre de 2008 | 6:53
KE BUENO, KE BUENO, KE BUENO EST? ESTE CAP!!!!!!!!!!!!!!!!!
Excelente, muy bien relatados los hechos, me ha dejado alelada, es de gran acci?n. No imaginaba ke Castor estaba tan involucrado en la mafia.
S?bado, 06 de septiembre de 2008 | 20:16
Castor result? ser todo un beb? de pecho!!
?Qu? bueno este cap?tulo! Qued? extraordinario. Te felicito por la capacidad de escribir que tenes, realmente eres muy buena xemotion
S?bado, 06 de septiembre de 2008 | 23:11
wuowww me gusto muchisimooooo este capitulo, me encanto. y ano puedo esperar mas para saber lo que pasa.
Domingo, 07 de septiembre de 2008 | 12:40
Hola!! Much?simas gracias por leer! La verdad es que desde que comenc? con esta historia, quer?a que Cstor estuviera bien metido en la mafia, por eso es que tiene tanto cargo de conciencia. Y por otro lado, pronto se dar?n cuenta de que Dallas es m?s importante en esta historia de lo que parece... muahahahaha ?Gracias por leer y comentar! xlove

 

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