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Viernes, 29 de agosto de 2008

Hola chicos!! Finalmente el capítulo diez, con una peleíta entre chicos, muahahaha... Les comento que la historia termina en dos capítulos más, y un epílog, y las cosas no parecen solucionarse... ¿Que pasará? Lo sabrán al final. Por cierto, les comento que me inspiré para esta historia, al escuchar la canción "Fallin In The Black" de Skillet, de la cual saqué muchos de los fragmentos de canciones que van al medio de los capítulos.


“no era enojo, no era resentimiento: era paz, era tranquilidad… porque ellos nunca fueron ni de palabras, ni de pensamientos, ni de gestos…”

    - Tú… -dijo con asco.
    - Buenos días, Castor…
    Le molestaba. O peor aún: lo odiaba. Esa sonrisa pura y sincera, los ojos de diferentes colores, los casi treinta centímetros menos de altura que ella tenía, y que la hacían parecer tan vulnerable. La niña estaba vestida con una de sus habituales minifaldas de jeans, botas acordonadas hasta la mitad de la pantorrilla, y una blusa sin mangas color celeste.
    Lo que más le molestaba, era que ese ojo de color azul, era exactamente igual que los ojos de Dallas: la misma seguridad, la misma prepotencia… todo exactamente igual.
    - Vine a buscar a Paris… -las palabras de la fémina lo trajeron a la realidad- Se que él está aquí… ¿Puedes buscarlo?
    - Oye, nenita… -contestó Castor en tono despectivo- Anoche te dije bien que no…
    El menor de los gemelos estaba a punto de soltar su peor vocabulario para que la niña se desapareciera del lugar, cuando una mano firme y fuerte apretó su hombro, moviéndolo bruscamente hacia atrás, de forma que pudiera ver como Paris tomaba a Dafne de la mano, y comenzaba a arrastrarla escaleras abajo, luego de ignorar completamente a su hermano.
    El rubio apuró el paso mientras bajaba las escaleras, sintiendo cómo la morocha se revolvía inquieta… Pero él sólo quería salir afuera, quería tomar aire, ver la luz… Cuando llegaron a la acera, Dafne revoleó su mano zafándose del agarre de Paris, y enfocándolo con su mirada ofuscada, comenzó a quejarse.
    - ¿Pero qué es esto? ¿Qué es esa manía que tienen tú y tu hermano de bajarme a rastras por esa escalera? Y yo que te había venido a buscar porque anoche no me pude despedir, y ahora tú…
    Cálidos… los labios de Paris siempre eran cálidos. La chica no alcanzó a terminar la frase, que el mayor se encontraba devorando sus labios con ansias, mientras la tomaba por el talle, apegándola a su cuerpo, rodeándola con sus brazos. Ella sólo sentía una intrusa vagar por su boca, pedirle permiso para entrar, transmitirle sentimientos desconocidos… Se dejó llevar respondiéndole el beso, al subir sus manos por el pecho masculino, para finalmente tomarlo por la nuca, y profundizar ese contacto que los hacía perderse en otro mundo.
    - Te quiero, Dafne…
    La fémina se separó un poco, para poder bajar sus manos hasta la altura de las mejillas de Paris, acariciando la cicatriz, viendo como esos hermosos ojos verdes la miraba intrigados, pero a su vez demostrándole algo que no pensó ver. Y es que de alguna forma, se había enamorado de esa criatura menuda y de gran carácter, que con su mirada ambarina y azulada lo había sacado de ese infierno en que vivía.
    - Yo también te quiero, Paris… -era la primera vez que el rubio le decía eso, y ella no perdió oportunidad para decirle que también lo quería- ¿Me dejarás ayudarte? –él asintió- Vamos al café entonces…
    Dándole un corto beso que obtuvo como respuesta una sonrisa tonta en la boca de Paris, Dafne lo tomó de la mano y comenzaron a caminar hacia el café, mientras realmente parecían una parejita por demás de feliz.   
    Y le molestaba. Ya lo había aceptado, y reconocía que era un egoísta, pero realmente no quería que su hermano volviera a sufrir por la pérdida de alguien importante para él. Desde que el mayor de los gemelos se llevó a rastras a la fémina, Castor había permanecido en la ventana, oculto tras las desgarradas cortinas, mientras observaba la empalagosa escena.
    Molesto por la situación, y más que nada por ver cómo su hermano se iba con esa niña que aún no terminaba la escuela, se dirigió hacia el sillón, y se arrojó violentamente sobre él, generando un sonoro chirrido que inundó la habitación, mientras Castor se acomodaba a lo largo, de costado, y con la cabeza apoyada sobre el apoyabrazos. Era su día libre, y pensaba pasarlo durmiendo. Estaba deprimido, y su comportamiento infantil lo denotaba.
    No se dio cuenta del momento en que se quedó dormido, pero unos fuertes golpes en la puerta, insistentes y certeros, lo trajeron a la realidad. Se levantó revolviéndose el blondo cabello, y se tomó unos segundos para acomodarse el jean, y estirarse la sudadera beige que tenía puesta. Finalmente, llegó a la puerta, y ni bien la abrió, Preston entró como si se tratara de su propia casa, logrando una mirada entre molesta y desconcertada por parte del rubio.
    Sin embargo, Preston reparó inmediatamente en el gesto de molesto que tenía el menor, y no tardó demasiado en preguntarle qué era lo que estaba ocurriéndole, mientras se quedaba parado frente a él, con las manos en los bolsillos de su jean.
    - ¿Qué es lo que te pasa, Castor? Te veo bastante molesto, y…
    - Lo que pasa –interrumpió de mala manera Castor mientras gesticulaba molesto, ante un atónito castaño- es que una niña anda persiguiendo a mi hermano, y resulta que anoche cuando llegué, los encontré muy acurrucados en el sofá, y yo no quiero que vuelvan a lastimar a Paris… -ladeó la mirada- Se que es egoísta, pero… -iba a decir algo, y decidió callarlo- ¡Encima esa niña tonta aún va a la escuela! ¡No puedo creer que mi hermano quiera estar con esa!
    Preston ladeó la cabeza, y se pasó una mano por el cabello, que ésta vez no lo tenía atado en una coleta. Enfocó con sus ojos a Castor, y en esa mirada dual, llena de tantas emociones al mismo tiempo, se percató que estaba dolido… Sí, dolido. Pero él, a pesar de ser su mejor amigo, desconocía el pasado de éste, y con eso no podía ayudarlo. Sin embargo, y sabiendo lo testarudo que era el gemelo, tenía que ser un poco rudo para obtener esa información.
    - ¿Así que tú sí puedes acostarte con Iris, pero Paris no puede si quiera estar con nadie?
    La voz del mayor sonaba irónica… y eso le cayó como un golpe bajo a Castor.
    - ¡Oye! ¡Yo puedo hacer lo que se me venga en ganas! Además… ¿cómo supiste que…?
    - Si tú puedes hacer lo que se te venga en ganas, entonces Paris también puede… -Preston se acercó hasta Castor, pero a pesar de la escasa diferencia de alturas, no bajó el rostro para mirarlo, sino que lo hizo desde arriba, mientras la mirada esmeralda se sostenía firme pero triste- No sé a qué viene esa sobreprotección que tienes con tu hermano, realmente me pone triste que no me hayas contado todos los detalles… -ahora sí agachó el rostro- Sólo vine a decirte que tu amigote Milton Schwender a estado rondando el hospital, y creo haberlo visto siguiendo a Iris…
    Castor se quedó mudo. Por los años que había estado en la mafia, sabía muy bien de lo que ese hombre era capaz de hacer, y más a una mujer hermosa como Iris. Miró a su amigo dejando de lado el enojo que sentía momentos antes por haberlo retado de esa forma, y sin más, se dio vuelta caminando hacia la puerta, para ir a buscar a la morocha.
    - ¡Espera, Castor!
    Al ver la urgencia del menor, el castaño se acercó a pasos largos, tomando el brazo derecho del rubio con su mano, obligándolo a voltear, hasta que sus ojos se encontraron nuevamente.
    - Si quieres irte, antes tendrás que contarme que demonios fue lo que ocurrió la noche en que cumpliste 21…
    - ¿Por qué tendría que hacerlo? –la voz de Castor era más una queja, que un reclamo- Es algo que no quiero recordar…
    - Precisamente por eso deberías hacerlo… Porque ya es hora de que enfrentes tus demonios, no eres un niño… Debes de ser capaz de recordar todo eso, y aprender algo de los errores que cometiste…
    Esas palabras calaron hondo en el rubio, quien cambió su expresión a la de ira, y pegándole un manotazo a Preston, lo tomó él del brazo, mientras avanzaba unos pasos, haciendo que el otro retrocediera sin dejar de verlo a los ojos. La mano de Castor apretaba fuertemente el brazo de su amigo, pero éste no se inmutó, simplemente se quedó observándolo.
    - Eres un idiota… -le dijo Castor con desprecio- ¡No puedes pedirme que recuerde un evento que, por mi propia estupidez, le causó la muerte a alguien demasiado importante para mi hermano! ¡No tienes derecho de decirme que enfrente mi pasado, cuando tú te refugias en una falsa amistad con Iris, mientras todavía recuerdas lo que una vez fueron!
    De pronto, Preston levantó rápidamente el brazo derecho, y apretando su puño, le acertó un fuerte golpe en la mandíbula a Castor, quien no le soltó el agarre del brazo, pero que le hizo perder el equilibrio, y estrellarse en el piso. Cuando cayeron, el rubio terminó de espaldas contra el suelo, el rostro ladeado, las piernas estiradas, y un fino hilo de sangre rodando por la comisura de sus labios; mientras que Preston estaba apoyado con sus rodillas, las manos al lado del rostro de Castor y el cabello cayendo hacia el menor, quien sintió como su amigo le limpiaba la sangre con el dorso de la mano.
    El gemelo volteó su rostro, y se encontró con los ojos de Preston que lo miraban fijamente. No era enojo, no era resentimiento: era paz, era tranquilidad… porque ellos nunca fueron ni de palabras, ni de pensamientos, ni de gestos: fueron de acciones, de miradas comprensivas.

“[…] no me dejes aquí solo…
¿es que no me puedes escuchar gritar
desde el abismo? […]”

    - Tú eres el tonto, Castor… -dijo Preston al fin, sin moverse- Te empeñas arduamente en alejar de tu lado a todos a los que le importas, hiriéndolos y mintiéndote a ti mismo… -hizo una pausa, pero continuó, con una mueca traducible como sonrisa en su rostro- Somos amigos y nada va a cambiar eso... Y por esto mismo quiero saber qué es lo que te trauma de esta manera…
    - Preston... –Castor se incorporó lentamente, y el castaño le tendió la mano para ayudarlo a pararse- Nunca quise…
Realmente no tenía forma de disculparse por lo que había dicho. El rubio sabía muy bien del pasado en común que Preston e Iris habían tenido, pero tampoco tenía derecho a meter el dedo en las llagas, sólo para desquitarse en una discusión donde sabía que él no tenía la razón.
- Lo siento, no debí… -comenzó a murmurar el rubio.
- No tienes nada que disculparte, yo también me pasé antes… -mientras lo decía, Preston tomó al rubio por el mentón, y examinó con los ojos la mejilla: le había partido el labio del golpe, y seguramente le quedaría marca- Pero entiende que tienes que enfrentar tu pasado, porque también lastimas a Paris con estas actitudes… no dejándolo ser feliz…
    - No es eso… Yo sólo quiero que no vuelva a perder a nadie…
    - Sí es eso… Indirectamente es lo que estás haciendo… -Preston sonrió, despeinando a su amigo- Además, Paris y Dafne hacen muy buena pareja…
    - ¿Qué? ¿Tú lo sabías antes que yo? ¿¡Y no me contaste nada!? –el gemelo volvía a enojarse, pero el mayor le dio unas palmadas en la cabeza.
    Ignorando las réplicas de su amigo, Preston se acercó al refrigerador, para sacar unos cubos de hielo y envolverlos en un repasador, mientras se acercaba nuevamente al menor, colocándole los hielos en la mano, e indicándole que se lo pusiera en la boca. Aún con mirada de desconfiado, Castor le hizo caso.
    - Pasa que como tú no cuentas nada, tus amigos se preocupan… Y así fue que Iris y yo seguimos a Paris un día, y terminamos frente a la cafetería, viendo como hablaba amenamente con esa chiquilla…
    - Deberías haberme dicho… -se quejó el rubio.
    - Y tú deberías contarme qué es lo que pasó esa noche…
    - ¿Tanto interés tienes?
    - Sí, Castor, tanto interés tengo… -respondió sarcástico- Quiero saber cómo y porqué fue que mi mejor amigo terminó metido en la mafia…
    Silencio. Incómodo y rotundo silencio.
    Uno ladeaba el rostro, el otro apretaba los puños.
    - Está bien… te lo contaré…

¡Esto es todo por hoy! Les comento que también en capítulos pasados, hay fragmentos de las canciones "Where Were You Last Night" de NightWish, y creo que también "It Only Hurts" de Default. En fin, gracias a todos los que me sugirieron para la próxima historia, espero no defraudarlos. ¡Nos vemos en el próximo artículo!

Tags: literatura, novela, drama, suspenso, hermanos, gemelos

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S?bado, 30 de agosto de 2008 | 1:26
exelente capitulo, me gusta muchisimo como describis las situaciones y los sentimientos, realmente sos muy buena escritora, segui asi por favor.
Autor: BlueBrain
S?bado, 30 de agosto de 2008 | 6:09
Muy bueno el cap?tulo y muy intrigante, al fin vamos a conocer el punto de vista de Castor sobre todo lo que pas?. Escribes muy bien, me gusta en extremo la trama
Autor: Aldair_88
S?bado, 30 de agosto de 2008 | 6:32
AAAAAHHHHHHH!!!! cuando kedaron en el piso, me imagin? cualquier cosa!!!!
Estupenda entrega, ya kiero leer la versi?n de Castor y saber de ke se culpa a s? mismo
S?bado, 30 de agosto de 2008 | 13:35
Genial!! Paris ya encaminado en una nueva vida amorosa y Castor a punto de confiarle a Preston el porque se siente culpable del accidente. No veo la hora de leer el prox?mo cap. Sos una excelente narradoraxangel
S?bado, 30 de agosto de 2008 | 23:40
?Hola! ?Muchas gracias por leer! Me alegro que les haya gustado, realmente esta historia me encant? escribirla. En el pr?ximo cap?tulo, la versi?n de Castor de todo el pasado de los (hermosos) hermanitos xcool

 

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