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Domingo, 17 de agosto de 2008

Hola hola!! ¿Cómo están? ¡Al fin el momento en que Paris cuenta qué fue lo que pasó! Este capítulo es un flashback de lo que Paris vivió, y del fatídico accidente que cambió su vida. Espero que les guste, y que reconozcan al otro personaje que aparece aquí. Otra cosa que les quiero comentar, es que la historia está pronta a terminarse... la verdad es que nunca pensé que fuera larga, y va a tener doce capítulos y un epílogo. Mientras nos acercamos al final de la historia, les agradezco a todos los que leen y comentan, y ahora sí, los dejo con el capitulo.


“y quizás por eso, sólo por eso, ellos se entendían a la perfección… porque iban más allá de las meras apariencias”.

    Todavía lo recordaba. Esa lluviosa tarde, en la cual el cielo parecía desmoronarse, él sólo tenía cuatro años cuando vio un pequeño gatito blanco subido a su ventana, y como todo infante, el animal le causó curiosidad, y comenzó a correrlo, hasta llegar a la acera. Sin embargo, al cruzar la calle, vio que un niño sostenía al animalito. Al escuchar el sonido de sus pasos, el niño alzó la vista, y al verlo mojado por la lluvia, se acercó hacia él, compartiendo el paraguas que cargaba.
    - ¿Qué haces sin paraguas? –preguntó el niño- Te puedes enfermar…
    - Quería seguir al gatito… Oye… -observó con cuidado al pequeño que sostenía al felino- ¿Tú eres el hijo de la familia Parker?
    - Si… -sonrió- Soy Dallas… Y tú eres de la familia Lancaster… ¿verdad?
    - Soy Paris…
    Así fue como todo comenzó… ese encuentro infantil que hizo que más tarde se convirtieran en mejores amigos, de esos que se contaban todo y siempre estaban juntos. Ambos crecieron siendo los hijos mayores de las dos familias más acaudaladas del país, y compartían absolutamente todo, incluso la misma fascinación que años más tarde los llevaría a su perdición: el gusto por la velocidad.
    Dallas era un año mayor que Paris, pero era un poco más alto y de músculos más marcados; tenía el cabello negro como el azabache, la piel blanca y nívea, y los ojos azules más hermosos que el rubio jamás había visto: esos ojos que siempre lo entendían, y que le decían todo aún en el silencio, y que armonizaban perfectamente con su personalidad sencilla y reservada, que sólo se alegraba en la presencia de su mejor amigo.    Y Paris era su opuesto. De contextura no tan trabajada, cabellos dorados como el mismo sol, y los ojos verdes más expresivos que Dallas jamás había encontrado, su personalidad alegre y confiada, le hacía sentir que era la única persona que podía quizás entenderlo.
    Cuando Paris cumplió 17 años, las cosas comenzaron a cambiar lentamente: poco a poco, la presión de la familia Lancaster hacia Castor, el hermano gemelo de Paris, había comenzado a aumentar. Paris fue testigo de cómo su hermano llegaba con heridas en sus brazos, golpes, e incluso veía la clase de gente con la que se juntaba. Tardó casi un año en poder ganarse un poco la confianza de Castor, quien al final le confesó su secreto: se había unido a la mafia.
    Desde ese entonces, el rubio ya no pude hacer casi nada. Su familia los comparaba, les echaba en cara a uno y a otro lo que hacían o dejaban de hacer, y fue cuestión de tiempo en que Castor pasara más y más tiempo fuera de la casa, mientras que Paris se refugiaba en su mejor amigo, quien era el único que siempre sabía exactamente lo que le pasaba, el único capaz de entenderlo sin juzgarlo, y de no exigirle ser alguien perfecto.
    Los días pasaron, y para el decimoctavo cumpleaños de los gemelos, la familia les regaló un auto a Paris, y una moto a Castor, ambos deportivos de elevado costo… y ese fue el punto detonante.
    Bajo la excusa de salidas nocturnas, Dallas y Paris comenzaron a correr por las noches con sus autos, intentando sentir la libertad que sólo sentían cuando rivalizaban a la máxima velocidad que sus deportivos les permitían. Por las noches, surcaban las autopistas, y no volvían hasta la mañana, soliendo quedarse a observar el amanecer, sentados sobre la tapa del motor de sus autos, en un acantilado que les daba la visión más perfecta de la ciudad que podía existir.

“[…] Tu presencia solía ser tan cálida…
tu presencia solía darme vida […]”

    De esa forma, tres largos e inigualables años pasaron.
    En ese tiempo, Dallas cursaba con las mejores notas en la facultad de Derecho más prestigiosa de la ciudad, mientras que Paris hacía lo propio en la carrera de Ingeniería Civil. Incluso Castor, quien había ido escalando puestos dentro de la mafia, era el estudiante más brillante de Medicina, para orgullo de su familia.
    Pero sus vidas iban a cambiar… esa noche, la víspera del vigésimo primer cumpleaños de Paris.
   
    Ahí estaba, tranquilo y nervioso al mismo tiempo. Había quedado con Dallas en encontrarse en ese paseo, y él había llegado diez minutos antes, porque odiaba ser impuntual, y tal como su amigo le había dicho, había dejado el auto en la casa. Estaba acodado en el barandal del primer piso, observando a la gente arreglada caminar tranquilamente, cuando una voz grave y casi ronca lo trajo a la realidad.
    - ¿Esperaste demasiado, Paris?
    El rubio volteó en fracción de segundos para quedar de frente a su mejor amigo, para luego saludarse con un corto abrazo, como hacían desde que eran muy pequeños. Y es que no habían cambiado, sólo los años los engañaban, porque en realidad seguían siendo los mismos niños que siempre habían sido… esos infantes obligados a simular frente a la sociedad que sus familias eran perfectas, cuando en realidad la codicia y la avaricia las consumían desde adentro.
    Y quizás por eso, sólo por eso, ellos se entendían a la perfección… porque iban más allá de las meras apariencias.
    - Sabes que te esperaría la vida entera, así que no preguntes eso, Dallas…
    - Siempre dices lo mismo…
    El morocho levantó su mano derecha y despeinó esos cabellos cortos y dorados, en ese gesto tan infantil y cariñoso que solía cambiar su mirada de zafiros crueles, por una mucho más amable.
    - Oye Dallas… ¿Por qué me pediste que viniera sin el auto? Estuviste planeando algo ¿verdad? -mientras Paris interrogaba, ambos se subieron al coche de Dallas.
    - Porque quiero que esta noche corramos juntos… -dijo el otro, encendiendo el motor- Hace mucho que no lo hacemos…
    - Cierto… ¿Qué te parece si vamos a la autopista este?
    - ¿La este? ¿Estás seguro?
    Pero ninguno dijo más nada. Con el simple hecho de mirarse, sabían que iban a retarse a sí mismos, y que darían lo mejor de sí para disfrutar lo que más les gustaba hacer: correr. Cerca de las once de la noche, se adentraron en ese lugar que sabían era el territorio del grupo más peligroso… casi tanto como los de la mafia en que estaba Castor.
    Al pasarse a alta velocidad, no tardaron demasiado en encontrar a ese grupo, quienes los retaron por haberse entrometido en su territorio. Y así fue como lo hicieron… tal cual los dos amigos estaban deseando, a pesar de que sabían que se estaban adentrando en una zona muy peligrosa.
    Aceptaron el reto del grupo e iniciaron una carrera de autos contra esos hombres, mientras Dallas conducía, y Paris lo ayudaba como su copiloto, como solían hacer desde hacía ya muchos años. Mas como ninguno se esperaba, el gemelo y su amigo le ganaron a esos dos retadores, aumentando la velocidad al escaparse de ahí, tratando de huir de lo que, inconscientemente, temían que pudiera suceder.
    Esa noche el camino estaba oscuro, y lo único que alumbraba la carretera que lentamente se internaba en la ciudad, eran las luces del coche. Sin embargo, eso no le importaba a Paris, quien solamente se sentía feliz al ver la sonrisa de su mejor amigo, de ese quien tenía a su lado en el coche.
-    ¡No lo puedo creer! –dijo el rubio- ¡Les ganaste!   
    Sentado en el asiento del acompañante, miró por el espejo lateral del auto, y comprobó que no los seguían. Se giró hacia el otro lado, y vio que Dallas sonreía ampliamente… y se sintió feliz. Sus ojos verdes desbordaban la alegría que sus palabras exhibían, y su blondo cabello brillaba por las escasas luces de la carretera.

“[…] Tú eras la fuente de mi fortaleza…
y por eso cambié todo […]”

    - No… Les ganamos –le contestó el morocho- Nosotros dos juntos, les ganamos…
    Ambos voltearon para encontrar su mirada con la del otro. Unos, eran zafiros oscuros y calmados, tranquilos y apasionados al mismo tiempo, que le sonreían y brillaban sólo para Paris. Los otros, eran verdes esmeraldas, brillantes y decididas, confiadas y altaneras que mostraban una mirada llena de vida... esa misma que reflejaba demasiada alegría.
    Como si aún fueran niños, Dallas estiró su mano derecha hasta tomar la zurda del rubio, llevándola hasta la palanca de cambios, sin soltar el agarre. Supo que su amigo aún no entendía, así que miró de reojo a Paris, quien le ofrecía su mirada esmeralda llena de preguntas.
    - Así me ayudas a conducir… -le replicó el morocho, con una amplia sonrisa en la boca- Como cuando éramos niños…
    Paris no contestó. De esa forma nació su gusto por los autos: cuando eran niños y se sentaban en el auto del padre de Dallas, y éste tomaba su mano para mover la palanca lentamente, mientras ambos practicaban como hacer los cambios. Sintió que el morocho le apretaba la mano, y sonriendo, comenzaron a platicar por unos minutos, hablando y riendo, felices por haber ganado esa carrera, felices por haberlo hecho juntos… felices simplemente por estar ahí.
    Pero nada es eterno… y ese momento pronto acabó.
    Una camioneta golpeó el auto en que viajaban, tomándolos desprevenidos, mientras Dallas hacía un esfuerzo titánico por controlar el derrape a tan alta velocidad, manteniendo la mínima esperanza de salir con vida intacta, quizás sólo por el deseo de que a Paris no le pasara nada malo. Fue por eso mismo que cuando el morocho vio que se dirigían de lado hacia un poste de luz, movió el volante rápidamente para evitar que el coche chocara del lado del rubio, sin darle tiempo a frenar.
    Mientras tanto, Paris trataba de observar a Dallas, mientras el paisaje rotaba frente a ellos. Se sintió marearse por unos instantes, hasta que un fuerte golpe en el auto lo inclinó hacia delante, llevándolo bruscamente hacia el asiento.
    No supo –o no quiso saber- cuanto tiempo pasó, ni qué fue lo que sucedió con exactitud. Se despertó en un auto deformado, la chapa retorcida, y su pecho en la parte derecha bajo el brazo, sangrando y ardiendo, producto de la fricción del cinturón de seguridad que se había movido. Sintió algo húmedo en su rostro, y alzando su mano derecha, se tocó la mejilla de ese mismo lado, para encontrarse con la sangre que emanaba de ésta, al haber sido cortada por el vidrio de la puerta, que había explotado.
    Sin embargo, más importante era Dallas.
    Vio que el morocho estaba con los brazos caídos hacia delante, y su cuerpo caídos sobre el airbag abierto. Se bajó como pudo del auto, rompiendo el cinto con sus manos, y pateando la puerta con una fuerza que no creyó propia… En ese momento, cientos de reproches y deseos pasaban por su mente: que nada le pasara a Dallas, que sobreviviera, sabía que había sido su culpa… si no le hubiera dicho para ir a ese barrio…
    Corrió hacia el lado del conductor, y vio que el auto se había subido al cordón de la vereda, y había impactado de lleno contra un árbol. Tomó la puerta del conductor, y comenzó a jalarla hasta que finalmente pudo abrirla, mientras sentía el rumor de las voces de algunos curiosos que se acercaban a ver.    Pero lo que más le impactó, fue ver a su mejor amigo con el cuerpo sobre el airbag, un gran pedazo de metal incrustado en su hombro izquierdo, y la cabeza sangrando.
    Paris se desesperó aún más al ver eso, y se adentró como pudo en el coche para tratar de soltarle el cinto de seguridad a Dallas, mientras en el intento enganchó su brazo derecho con la chapa deformada, cortándose profundamente, mientras su sangre comenzaba a mezclarse con la del morocho.
    Logró liberarlo al fin, y tomándolo por debajo de los brazos, lo arrastró fuera del coche, hasta caer sentado en el suelo, con Dallas entre sus brazos, acostado sobre sus piernas, mientras la sangre que emanaba de un gran corte en su cabeza, cubría sus zafiros.
    No se animaba… no podía decir nada…
    Y es que esa desesperación… era agobiante…
    - Paris…
    Finalmente Dallas abrió sus ojos, volteando su rostro para ver a su amigo, quien aún herido, lo alzaba lentamente para que pudieran enfrentar sus rostros.
    - No digas nada… -sollozó el rubio, mientras sentía cómo sus lágrimas caían involuntariamente de sus ojos- Vas a estar bien… -mintió… es que realmente quería creer esa mentira.
    Las manos de Paris sostenían a Dallas por su espalda, mientras que con la diestra le tomaba la zurda al morocho, quien se zafó del agarre para poder tocar la mejilla derecha de Paris, esa que tenía el corte que seguramente dejaría una marca en ese bello rostro. Aún en ese momento, Dallas alcanzó a ver cómo los vivos ojos color esmeralda de su amigo, se iban transformando en oscuros y desesperados jades.
    Sonrió con lo que le quedaba de fuerzas, mientras le acariciaba la mejilla a su amigo, sintiendo como éste lloraba cada vez peor. Ambos eran conscientes de que ese era el fin… y no querían despedirse… no después de tantas cosas.     Dallas sintió una opresión en su pecho, y entendió que ese era el último momento para decir las cosas.
    - Paris… vive… -le susurró, antes de comenzar a toser, para luego recuperarse levemente- Se feliz y vive…
    - No… no digas eso… ¡No lo permito! –el rubio ladeó su rostro acariciándole la mano a su amigo, pero…
    - Paris… vive… vive mi parte también…   
    Y esa mano… nunca más volvió a acariciar su rostro. Cayó sobre el pecho inerte de Dallas, mientras este cerraba sus ojos para nunca más volverlos a abrir, y dejando a un Paris destruido, que se abrazaba a su cuerpo mientras lo llamaba y le ordenaba vanamente que no lo abandonara.
    Dallas era su fuente de fortaleza… era quien le daba ánimos para seguir, quien siempre había estado a su lado, y ahora… se había ido…
    - Dallas… -llamó, mientras las lágrimas que caían de sus ojos, chocaban contra la fría piel de su mejor amigo- ¡Dallas no me dejes!

    No supo con certeza lo que pasó, y sólo fue consciente de que se quedó abrazando el cuerpo de su amigo hasta que la ambulancia llegó con los paramédicos, quienes los separaron y lo llevaron al hospital. Pronto se encontró en una camilla ubicada en una fría habitación blanca, con vendas en su cuerpo, y en su mejilla.
    Lo único que recordó, fue ver a su hermano Castor entrar violentamente en la habitación a pesar de los gritos de su padre, y llegar casi arrastrándose hasta la cama de su gemelo. Fue en ese entonces cuando Paris vio que su hermano estaba gravemente herido… de seguro los hombres contra los que había corrido habían tomado represalias con él.
    Lo demás fue demasiado rápido para el rubio, quien solamente podía mantenerse callado, sin actuar, sin vivir, sin sentir… recordando el accidente y las palabras de Dallas en su mente una y otra vez.
    Sólo recordó escuchar a sus padres entrar junto con sus abogados en la habitación, donde él estaba en una camilla con Castor sentado a su lado, los cuáles les dijeron que desde ese momento les habían cambiado el apellido desheredándolos, ya que eran una deshonra para la familia.
    - Tienen un departamento en otra ciudad… -dijeron los abogados arrojándoles los papeles a Castor, quien no soltaba la mano de su hermano- Deben irse a vivir ahí, y tienen prohibido volver a esta ciudad, o intentar contactar con la familia Lancaster.
    Ese mismo día los llevaron en taxi hacia la nueva ciudad, donde llegaron ambos con graves heridas físicas, y morales, a vivir en un departamento de mala muerte, perdido en un barrio sucio y bajo, casi sin dinero, y en malas condiciones. Dada la situación, Castor se vio obligado a abandonar su carrera de medicina, y traspasándose a paramédico, comenzó a trabajar en un Hospital, tratando de mantener a Paris, quien no volvió a hablar hasta casi pasados seis meses desde el accidente.
    Y era consciente… Paris era consciente de que si no hubiera decidido correr esa carrera, Dallas seguiría vivo, y Castor nunca hubiera tenido que renunciar a su vida por él, por ese hermano que jamás se había merecido ser el hermano de alguien como Castor.
    Pero ahora ya nada podía hacer… esas cicatrices permanecerían en su cuerpo, recordándole el peor error que cometió: tentar al destino.



¡Esto es todo! Como nota, les comento que los fragmentos de texto que aparecen en este capítulo, son de la canción "Falling In The Black" de Skillet, la cual me inspiró para la trama de la historia y para la personalidad de Paris, ya que creo que esa letra refleja mucho lo que siente este personaje. En fin, gracias a los que leen, y nos vemos en el próximo artículo!!

Tags: literatura, novela, drama, acción, hermanos

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: Aldair_88
Domingo, 17 de agosto de 2008 | 9:47
ke bien describes el accidente, me gust? mucho este cap, es muy sensible y tierno y uno entiende muchas cosas, pero a porf?a, afirmo ke Paris no tuvo la culpa del accidente
Domingo, 17 de agosto de 2008 | 12:23
Al fin sabemos quien es la persona que muri? en el accidente. Coincido con Aldair, Paris no tiene culpa en el accidente, pero ha perdido a su mejor amigo y creo que m?s se siente responsable de seguir viviendo que del propio accidente
Domingo, 17 de agosto de 2008 | 23:54
muy buen capitulo, me agrada terminar de saber como fue todo con paris, esto cada vez se pone mejor.
Autor: BlueBrain
Lunes, 18 de agosto de 2008 | 8:27
estupendo cap?tulo. Ahora s?lo falta conocer el punto de vista de Castor, para poder sacar conclusiones. Tienes una excelente capacidad descriptiva, escribes muy bien, te felicito
Lunes, 18 de agosto de 2008 | 12:54
Hola chicos!! Me alegro que les haya gustado!! No se preocupen que en realidad falta algo m?s que el punto de vista de Castor en todo este asunto... pero don't worry, que s? que les va a gustar el final!! ;)
Autor: May
Domingo, 04 de enero de 2009 | 16:35
Bueno el capi, pero qu? triste y qu? mal todo lo qu epas?, sin ofender pero los pardes de los gemelos son unas grandes !"?$%&&%()&/&&$$ (t? entienedes... jeje), y va a ser muy triste cuando Paris sepa que su hermano "podr?a" ser el verdadero culpable...xcry

 

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