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Domingo, 03 de agosto de 2008

Hola gente!! Al fin termino el capítulo, se me hizo un poco difícil, porque un manga reciente amenzaba con distraer a esta escritora de su amado procesador de textos. Bueno, para todo aquel que tenía dudas sobe qué fue lo que traumó a los hermosos y lindos hermanitos... aquí podrán conocer la versión de Castor de los hechos... ¡Espero sus comentarios!


“Y es que recordar esa noche era como reabrir una vieja herida que, por más que sabía que nunca se curaría, pretendía olvidarla para romper las cadenas que lo ataban a su pasado”.

    Habían pasado casi cuatro días desde aquella tarde en que volvió a su casa y vio a su hermano mirando fotos de Dallas. Ese nombre… no quería recordarlo, porque sería volver al pasado del que deseaba escapar.
    Se volteó lentamente, sólo para percatarse de que estaba acostado en su cama, a media mañana, y habiéndose quedado dormido, no había despertado a Paris. Asustado, se sentó en la cama, con la sábana cubriendo solamente sus piernas. Sin embargo, una figura parecía estar también en esa habitación.
    Giró el rostro hacia su izquierda, y sus pupilas tardaron unos segundos en permitirle distinguir con claridad a la fémina que estaba sentada en una desvencijada silla, con las piernas cruzadas y una marcada elegancia gatuna, mientras leía un libro, de portadas color marrón, con letras en dorado.
    - ¿Iris? –preguntó sorprendido- ¿Qué haces acá? ¿Dónde está Paris?
    Mas la morocha no le contestó, y sólo se limitó a hacer comentarios sarcásticos por la no tan amena bienvenida que había tenido por parte del rubio quien, de espaldas a Iris, se vestía colocándose apuradamente sus jeans. En eso, la puerta del dormitorio se abrió, y Preston entró con el delantal que Castor usaba para cocinar, y un plato con el desayuno.
    - Paris nos dijo que salía… -comentó el castaño- Cuando estábamos por golpear la puerta, él estaba saliendo, y nos pidió que te cuidáramos…
    - ¿¡Qué!? ¿Y a dónde fue?
    - No te desesperes, Castor… -dijo Iris encendiendo un cigarrillo- él es grande y sabe cómo cuidarse…
    - Además, aquí te preparé el desayuno…
    Haciendo fuerza de toda su buena voluntad, Castor tomó el plato que su amigo le ofrecía, y lo comió en silencio, mientras éste lavaba los bártulos que había utilizado, e Iris leía tranquila, casi ignorándolo. Había pasado casi media hora desde que se levantó, y no tenía forma de comunicarse con su hermano, así como tampoco sabía a dónde podía haberse dirigido, ya que desde que habían llegado a esa ciudad, muy pocas veces lo había visto salir.
    - ¡Me cansé! –dijo levantándose de la mesa, mientras se dirigía al perchero por su campera- ¡Voy a buscar a Paris!
    - ¡Castor!
    Iris salió caminando detrás de él, mientras Preston parecía ignorar la situación con su usual calma, y continuaba limpiando las cosas. La morocha miraba cómo el rubio se colocaba la campera, y era consciente de que nada de lo que dijera iba a poder calmarlo. Había intentado hasta tomarlo por la muñeca, pero con gran fuerza él la había empujado, y estaba tratando de abrir las cerraduras de la puerta.
    Sin embargo, cuando al fin logró destrabar la puerta, ni bien la movió un poco, Preston azotó la puerta pasando su mano derecha al lado del brazo de Castor para luego, bajo la atónita mirada de Iris, comenzar a hablarle.
    - Ya has huido demasiado de tu pasado, no huyas tampoco de tu presente…
    El rubio inclinó el rostro hacia delante, y segundos después, volteó para quedar de frente a su amigo, y enfrentarlo con sus ojos verdes cargados de esa mirada tan extraña que él siempre tenía: tristeza e ira en el mismo gesto, vacuidad y odio en los mismos jades muertos.
    - ¿Qué es lo que quieren saber? –preguntó, casi con fastidio en su gesto.
    - Tú y tu hermano son los hijos de la familia Lancaster ¿verdad? –su cuerpo se tensó al escuchar esas palabras- Quiero que me cuentes tu pasado, Castor…   

“[…] ¿Podré volver algún día?
Porque estoy soñando con lo que solía ser […]”

    Y ahí estaban, Castor y Preston sentados en el viejo sofá del departamento, con Iris sentada frente a ellos en una silla. La tensión en el ambiente era notoria, y la morocha no paraba de observar al rubio: sentado con las piernas separadas, tenía los codos apoyados cerca de sus rodillas, las manos entrelazadas, y su rostro reposando en ellas. El blondo cabello ocultaba su gesto, pero la dureza de su postura hacía ver que no estaba muy tranquilo.
    - Hace ya casi cinco años, el día que Paris y yo cumplíamos 17 años, yo salí a la noche con algunos amigos… no muy recomendables… -levantó su rostro, y apoyó su mentón sobre sus manos- y fuimos a parar a una discoteca no muy buena, donde conocí a unos tipos de la mafia de mi ciudad.
    Iris y Preston escuchaban en silencio, pero Castor parecía tener más que relatar.
    - A partir de esa noche, hice algunas cosas para esos hombres, y terminé entrando en la mafia de mi ciudad…
    - ¿En la mafia? –preguntó Iris, a lo que el rubio asintió- ¿Por qué lo hiciste?
    - Por celos… -respondió cerrando sus ojos- Estaba celoso de Paris. Él era el más grande, más inteligente, más capaz, e incluso más popular entre las chicas que yo… Nuestros padres le daban todo lo que quería, y siempre estaban comparándome con él, diciéndome que hasta mis amigos eran deplorables… Llegó un punto en que no lo soporté más… Y fue esa noche, en esa discoteca, donde uno de los hombres de la mafia me ofreció muchas cosas si trabajaba con ellos…
    - Y aceptaste… -murmuró Preston.
    - Por supuesto… ¿Quién no lo habría hecho? La oferta era tentadora: dinero, mujeres, diversión… -hizo una pausa, y luego siguió relatando- Pasé cuatro años con ellos, y me convertí en algo que no le deseo a nadie… hacía los trabajos sucios, y pensé que había nacido para eso… Pero no fue así…
    Castor bajó las manos dejando sus antebrazos apoyados sobre sus rodillas, y levantó el rostro para fijar su mirada en la ventana que se veía al otro lado de la habitación, con la cortina vieja intentando frenar un poco la luz que venía desde el exterior.
    - A la noche de la víspera de mi cumpleaños número 21, hace más de un año atrás, yo estaba en una fiesta en la mafia, porque habíamos realizado una misión bastante peligrosa -tragó saliva y continuó hablando- Eran casi la medianoche, cuando la policía llegó, y logramos escaparnos de casualidad… Sin embargo, me culparon a mí de haberlos delatado con la policía…
    El rubio se apoyó en el respaldar del sillón, apoyando uno de sus tobillos en la otra pierna, y recargando el brazo derecho en el respaldar, mientras su mirada se perdía en la nada. Y es que recordar esa noche era como reabrir una vieja herida que, por más que sabía que nunca se curaría, pretendía olvidarla para romper las cadenas que lo ataban a su pasado.
    - No les voy a contar lo que me hicieron los de la mafia, y hay muchos detalles que omití y que no los van a saber… -dijo al fin, el rubio- Pero cuando me acorralaron, me dijeron que iba a pagar el haberlos delatado con la policía… Y esa misma noche, Paris chocó su auto, y la gente que vio lo que pasó, y se animó a declararle los sucesos a la policía… dijeron que una camioneta negra y sin patente, había embestido el auto desde atrás…


    Estaba harto de caminar. Había salido hacía casi una hora de su departamento, cruzándose a los amigos de su hermano, aprovechándose de su llegada para escaparse de las preguntas de Castor. Y no es porque le molestara, sino porque sentía que le estaba causando demasiados inconvenientes.
    Continuó caminando casi por diez minutos más, a gusto por una vez, ya que la profunda niebla que se cernía sobre la ciudad, había dejado las calles casi desiertas, con pocos peatones, y el bullicio -por una vez- casi inexistente de sus voces. Sus pies lo llevaron autónomos hacia la puerta del café donde trabajaba esa niña que tan molesta le parecía con sus preguntas y actitudes desconcertantes.
    Se quedó parado fuera, dudando de si entrar o no, pero el sonido en su estómago que le anunciaba que no había desayunado, lo forzó a tomar el picaporte y empujar la puerta hacia delante. Mas cuando fue a entrar, y para su desgracia, una chica de cabellos platinados lo chocó, y comenzó a murmurar cientos de disculpas que Paris ignoró, sólo para ir y sentarse en la barra, justo detrás de donde Dafne estaba preparando un café.
    Miró con desgano por todo el local, sólo para alegrarse de que no había nadie más que él y la mesera. Al menos de esa forma, no se sentiría agobiado por las murmuraciones de las personas, y el eco lejano de los coches, ya que esa mañana casi no había autos transitando por esa concurrida calle.
    - Hola, rubio…
    La voz de la mesera y ese saludo tan particular que recibía, lo hizo girarse en el banquito, y perderse en la extraña mirada de la chica, con un ojos azul y el otro marrón, el cabello cortado en capas con ondas en las puntas, y el delantal colocado sobre sus habituales minifaldas de jean.
    - Hacía mucho que no te veía… ¿Quieres un café?
    Paris no contestó, y se limitó a desviar la mirada hacia los objetos tras ella, asintiendo levemente con la cabeza. Y es que no tenía deseos de hablar, tan solo estar ahí, en ese lugar, y con esa niña tonta llena de preguntas, lo hacía sentir extrañamente bien. Pasó unos largos minutos observando a la chica preparar el café, mientras se perdía observando las finas manos de la fémina, con la piel blanca y seguramente tersa.
    - ¡Aquí tienes! –le dijo tendiéndole el café- Bébelo mientras esté caliente…
    Para el rubio, el tiempo parecía volar en ese lugar. Sentado en una de las banquitas en la barra de ese Café, escuchaba con una mezcla de desgano y atención, todas las cosas que la mesera decía, tratando de sacarle conversación, a lo que él sólo respondía con lo necesario.
    En eso, comenzó a sentir como si la cicatriz de su rostro quemara. Ardía, creía que era fuego marcándole la piel… Se llevó la palma de su mano a la mejilla, y apretó sus ojos en un gesto de dolor, olvidándose por unos instantes de la presencia de la chica en el lugar. Empujó su rostro contra su propia mano, agachando el semblante para que el blondo cabello le cubriera las facciones.
    Sin embargo, muy pronto sintió uno pequeños dedos sobre su mano que, con dulzura y lentitud, la fueron alejando de su mejilla. Abrió los ojos y giró lentamente tratando de encontrar una respuesta, pero sólo halló la mirada de Dafne, que se mostraba tranquila y serena, dándole una desconocida sensación de tranquilidad, que él sólo había conocido al estar con aquella persona.
    - Dafne, ¿qué es…?
    Intentó murmurar una queja, pero el índice de la mano derecha de la niña, silenció sus palabras con ternura, para luego acariciar su cuello, y permitirle a ella acercarse a su boca, rozando sus labios con los del gemelo, iniciando un beso en el que poco a poco ambos fueron sintiéndose más y más a gusto.
    El beso fue largo pero lento, dulce pero sincero.
    Cuando se separaron, Paris intentó volver a decir algo, pero ella lo calló con un leve roce en sus labios, para luego comenzar a hablarle en forma pausada.
    - La verdad es que no se por qué estás así… pero no soporto verte con ese gesto de tristeza, lastimando tu propio rostro… Déjame ayudarte…
    Esas palabras fueron demasiado. Paris se quedó callado, con los ojos abiertos y llenos de desconcierto. ¿Es que acaso esa mesera se había fijado en alguien tan deplorable como él? ¿En alguien que había causado la ruina de su propio hermano? Estiró sus manos y tomó las muñecas de la fémina, alejándola de su cuerpo, para luego mirarla a sus ojos, y reprenderla por sus palabras.
    - Realmente eres molesta… -le dijo, pero ella no cambió la mirada en sus ojos- Dices que quieres ayudarme y ni siquiera me conoces… Sólo me has cruzado un par de veces, y eso no te da derecho a decir absurdeces como esas.
    - Me gustas, rubio… -contestó Dafne, dejando al joven callado una vez más- Y por eso quiero ayudarte, y saber todo de ti… -hizo una pausa, y luego sonrió- Por favor… si no me cuentas no podré ayudarte, y…
    - ¿Qué quieres saber? –la interrumpió.
    - ¿Cómo te hiciste esa cicatriz en la mejilla?
    Paris cerró los ojos y ladeó el rostro. Realmente no se esperaba que esa niña que aún iba a la escuela y que tenía un trabajo de medio día le dijera esas cosas, pero al mismo tiempo, no quería que ella saliera lastimada… y sabía muy bien que estar junto a él iba a terminar lastimándola tarde o temprano. La única forma de alejarla, de hacerle ver que era un monstruo, era contándole algo de lo que él había hecho.
    Volvió a girarse hacia donde estaba ella, y se levantó la manga derecha de su camiseta, mostrándole el brazo, donde una larga cicatriz que parecía como si su piel se hubiera desgarrado y cortado, le recorría casi todo el brazo.
    - ¿Ves esto? -le preguntó con el tono más hiriente que pudo usar- Estas dos cicatrices, y algunas otras… son las consecuencias de un accidente de autos… que yo mismo causé…


¡Esto ha sido todo! ¿Qué les parece? Les recuerdo que hay votaciones sobre la historia, y muy pronto las voy a cambiar. Gracias a los que me lean, y nos vemos en el próximo artículo.

Tags: literatura, novela, drama, hermanos, accidentes

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: Aldair_88
Domingo, 03 de agosto de 2008 | 12:05
ke bien ke los hermanos afronten al fin su pasado, eso los ayudar? y me gusta mucho el personaje de Dafne y su dulsura. Muy tierno este cap. La amistad puede obrar milagros
Domingo, 03 de agosto de 2008 | 13:44
Hermoso cap?tulo, al fin se develan algunas incognitas sobre la vida de los hermanos
Autor: BlueBrain
Lunes, 04 de agosto de 2008 | 6:43
Muy buena esta entrega, ya van afrontando su pasado, eso es lo principal para poder sobrellevarlo. Ambos hermanos tienen buenos amigos que los ayudan a salir adelante, espero que lo logren.
Lunes, 04 de agosto de 2008 | 13:43
Mchas gracias por leer el cap?tulo, y me alegro que les haya gustado. No se si se fijaron en una contradicci?n que hay escrita, y que es muy importante en la historia, y por eso se los menciono. Prometo tratar de hacer un OneShot para este jueves xwinter
Nuevamente, muchas gracias por leerme, y dejar comentarios!!!
Martes, 05 de agosto de 2008 | 1:08
q buen capitulo me gusto mucho, es bueno saber lo q les ha pasado, pero falta todabia y no puedo esperar mas jejeje. me gusta muchisimo esta historia

 

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