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S?bado, 19 de julio de 2008

¡Gente! Aquí vuelvo con otro capítulo de "Strenght", esta nueva historia que estoy escribiendo y que me encanta. Al fin la trama se pone más reveladora, y poco a poco irán surgiendo los secretos que estos dos hermanos ocultan. ¿Hasta qué punto cargarán con las culpas de su pasado? Quisiera saber sus opiniones...


“Sabía que tenía muy pocas posibilidades de salir con vida de esa situación… Lo único que quería, lo único que rogaba... era que no se acercaran a su hermano”

    Su espalda chocó contra la pared, y su cuello se vio apresado por una mano que lo apretaba sin dudar… la misma mano que minutos atrás lo saludaba alegremente.
    - Eres una rata rastrera… -afirmó apretándole más el cuello- ¡Sabía que nunca debimos albergar a una rata de la clase alta como tú!
    El que hablaba era un hombre de pasados veinticinco años, cabello casi rapado, piel excesivamente bronceada, ojos diminutos y maliciosos, y grandes músculos trabajados en horas de actividad física.
    Sin embargo, la presión que estaba haciendo sobre el cuello del rubio a quien tenía acorralado contra la pared, no disminuía a pesar de que éste sostenía la mano de su agresor con las dos propias, en un intento de jalarlas hacia fuera, para poder respirar libremente.
    - ¡Rubio asqueroso! –gritó asestándole un fuerte golpe con la mano libre, partiéndole el labio inferior, que comenzó a sangrar copiosamente- ¡Nosotros te cuidamos, bastardo! ¡Nosotros te ayudamos!
    - Es… pe… ra…
    Acorralado contra la pared, tratando de hacer entrar el aire a bocanadas, y con su lengua llena del propio sabor de su sangre, el rubio de casi metro ochenta y cinco de altura, contextura labrada magramente, y ojos verdes como las esmeraldas, sabía que tenía muy pocas posibilidades de salir con vida de esa situación… Lo único que quería, lo único que rogaba... era que no se acercaran a su hermano.
    - ¡Escuchen! –el moreno que lo tenía apresado contra la pared, llamó a sus amigos, y otros hombres de su mismo tamaño y aspecto se acercaron con sonrisas burlonas- ¡La rata quiere decir algo!
    Sin dudarlo demasiado, apretó más aún el cuello del rubio, que parecía que iba a romperse en ese mismo momento, obligándolo a entrecerrar sus ojos por el dolor.
    - ¿Qué ibas a decir, mocoso? -preguntó.
    - Yo… -hablaba entrecortado… el aire era poco- Yo no… ah…yo no los… delaté con… la policía…
    La mano que apresaba su cuello se aflojó, dejándolo caer de forma casi inhumana al piso, mientras el comenzaba a sujetarse las marcas rojas que le habían quedado en su piel blanca. Alzando la vista lo que podía, se dio cuenta que el hombre que tenía delante, le hacía unos gestos a sus compañeros, que se acercaban apretando sus puños, y con miradas de suficiencia.
    - ¿Así que tú no fuiste quien nos denunció con la maldita policía, Castor? –el aludido negó con la cabeza- ¡¡Tú fuiste quien lo hizo!! –gritó el moreno mientras lo señalaba acusadoramente- ¡¡Desperdiciaste un año de trabajo y lo peor es que fingiste estar de nuestro lado!! Me das asco…
    Sin decir más, lo escupió en el rostro, mientras lo miraba desde arriba, ya que el rubio no había podido siquiera levantarse del piso.
    - Te vamos a demostrar que con la mafia no se juega… Y te aseguro que después de esto, vas a llorar como una niña…


***

    - ¡Maldición!
    Su puño derecho embistió contra la desvencijada pared, manchada con humedad en algunas partes. En esa posición, con el cabello mojado y el rostro inclinado hacia delante, las piernas del rubio flaquearon al recordar aquella fatídica noche, en que el destino le cortó las alas.
    No… no había sido el destino… habían sido sus propias acciones.
    Cayó de rodillas en el suelo, y sus manos se ofrecieron de sostén, dejándolo casi a gatas en el piso, donde las lágrimas que rodaban por sus mejillas comenzaron a marcar la arruinada cerámica del piso.
    Sin embargo, muy pronto sintió que alguien lo alzaba por los hombros, con sutileza, con delicadeza, como si se él fuera una preciosa pieza del más fino cristal, que se rompería con sólo tocarla, para luego abrazarlo en silencio.
    Era Preston. El único que lo entendía, que no hacía preguntas… Pero el castaño no pensaba lo mismo. En su mente transcurrían cientos de cuestiones que no podía preguntar, cientos de dudas que no podría subsanar, porque sabía que Castor no le contestaría… porque obligarlo sería hacerle más daño, y porque en ese momento, sentía como si en realidad el rubio fuera un niño de seis años, asustado por el mundo, y sin un techo donde refugiarse.
    - Quiero ir a buscarlo…
    - No…
    - ¡Déjame, por favor! ¿No ves que es mi culpa…? Es mi culpa…
    Arrodillados en el piso, Castor trató vanamente de luchar contra su amigo, pero Preston era más fuerte, y sabía muy bien que dejar al rubio bajo la lluvia iba a ser lo peor. Poco a poco lo tranquilizó, lo calmó… le decía que todo iba a estar bien… Mas ni él mismo sabía cómo hacer para encontrar a Paris.
    En eso, un ruido sordo se sintió afuera del departamento, y la casi podrida puerta de madera tembló al recibir un peso que se recargaba ausente sobre ella. Al sentir ese golpe, Castor se paró rápidamente y seguido por Preston fue a abrir la puerta, sólo para ver a su hermano totalmente empapado, y con las mejillas sonrosadas.
    De forma casi desesperada, se abalanzó sobre él, para tocar la frente del mayor y darse cuenta que éste tenía fiebre. Como pudo, y con ayuda de su amigo, lo llevó hasta el dormitorio, para acostarlo y comenzar a pasarle un paño húmedo sobre la frente. Después de todo… debía de ser fuerte por ambos, debía poder limpiar las culpas de su pasado.
   
    Las luces del mediodía entraban por la ventana, despertándolo lentamente, obligándolo a percatarse de que se encontraba acostado en una cama: en su cama. Abrió sus ojos lentamente, pero no pudo moverse, ya que sintió un peso sobre su abdomen.
    Se incorporó lentamente, y vio a su hermano, su viva imagen, dormido con un gesto de preocupación. Paris estiró la mano, y la pasó por el cabello de su gemelo, tratando de despertarlo. Sin embargo, en sus ojos no había ninguna emoción… solo una inmensa amargura.
    - Ve al Hospital… -le dijo mientras el menor lo abrazaba, tras verlo sentado en la cama y sin rastros de la fiebre- Allí te necesitan más…
    Con lentitud cansina tomó los brazos de su hermano, y los desenredó de su cuello, para alejarlo y dedicarle una mirada neutra, sin moverse de la cama, pero observando de reojo el recipiente con agua fría que había en su mesa de luz.
    - Ve al Hospital… -repitió, con la voz seca, y la mirada amarga.
    - No quiero…
    - Sigues siendo el mismo niño caprichoso de siempre… En el Hospital te necesitan más…
    - ¿Cómo puedes decir eso?
    La extraña mirada de Castor marcaba tristeza y frustración, su boca entreabierta no encontraba las palabras justas para pronunciar: no tenía en claro sus sentimientos. ¿Es que siempre había sido una molestia para su hermano? ¿Es que Paris nunca lo había valorado? Y eso mismo fue lo que preguntó, recibiendo sólo una mirada fría.
    - Está bien… iré al Hospital…
    Minutos después se escuchó el chirrido de la desvencijada puerta, y recién entonces fue cuando Paris volvió a pronunciar unas palabras, para luego voltearse en la cama e intentar conciliar el sueño.
    - Está bien así… -murmuró- Es por mi insensatez que vivimos en este departamento en ruinas, y que tú renunciaste a tu futuro… hermano…
    Ni siquiera tenía fuerzas para llorar, ni siquiera sentía deseos de respirar. Simplemente volteó en la cama, y permaneció ahí, hasta que se durmió lentamente. Quizás eso era lo único que le daba tranquilidad… porque en sus sueños, todo era como antes de aquella noche.

    Otra vez estaba acorralado. Sin embargo, esta vez no lo forzaban, ni lo sujetaban por la garganta: había terminado apoyado contra la ambulancia, con Iris y Preston frente a él, por culpa de unas palabras demás que salieron de su boca.
    - En cuanto sigas con evasivas, más nos vas a preocupar… -le decía la fémina- ¿Es que no ves cuánto nos importas?
    - No es eso…
El rubio ladeó el rostro, intentando no ver a sus amigos, intentando no dejar que sus ojos traslucieran sus verdaderos sentimientos. Pero el no se percataba de que ellos sí entendían lo que sus palabras no decían: quizás no conocían su pasado, a lo mejor ignoraban sus pequeños secretos… pero algo que Castor sintió en ese momento, era que de verdad podía confiar en ellos.
- Hace un año, aproximadamente, Paris tuvo un accidente de autos, de donde obtuvo varias cicatrices, y donde perdió a alguien muy importante para él… -comenzó a explicar, sin mirarlos a los ojos- Cada uno de los aros que tengo en las orejas, son mi forma de llevar la carga que las cicatrices de Paris denotan… la culpabilidad, la pérdida, la tristeza, el odio y el resentimiento…
- Castor…

“[…]Estoy cayendo hacia las profundidades…
¿Es que alguna vez podré volver? […]”

    De algún modo, una larga semana pasó.
    No hubo reclamos, no hubo gestos, no hubo cambios.
    Hubo silencio, hubo lágrimas, hubo desesperación.
    La vida podía llegar a ser muy monótona y al mismo tiempo muy sofocante, tan libre pero tan enclaustrante al mismo tiempo.
    En esa semana, Paris sintió que las paredes se achicaban, que el aire se hacía denso, que sus piernas se entumecían, que sus ojos se cerraban, y que poco a poco perdía la voluntad de vivir. El punto culminante fue un martes soleado, en que el gemelo sintió la necesidad de irse: la necesidad de caminar.
    Aprovechando que Castor acababa de irse al Hospital, el rubio miró el reloj que cansino marcaba los segundos. Eran las 8:15, seguramente tenía unas horas antes de que el menor volviera.
    Se vistió con unos jeans gastados, y una sudadera color verde con las mangas en un tono más claro, y sin mirarse al espejo para no recordar la cicatriz de su rostro, comenzó a caminar sin rumbo.
    Así fue como llegó a la misma plaza en que hacía una semana se había encontrado con aquella chica que tanto le molestaba. Había algo en ella que no soportaba, algo que se le hacía demasiado familiar.
    - No pensé que volverías a este lugar…
    Una voz femenina se dirigió a él a sus espaldas, y Paris volteó para encontrar en su interlocutora, a aquella camarera del café. Vestía una minifalda de jean con vuelos, zapatillas al tobillo que dejaban ver unas medias rayadas un poco arrugadas abajo, una blusa sin mangas marrón, y cargaba una mochila de breteles anchos, mientras en su mano derecha sostenía arrugado su guardapolvo escolar,
    - Tú de nuevo…
    - Hola, rubio…
    La chica sonrió entrecerrando sus ojos, y cuando los volvió a abrir, Paris se perdió en aquella mirada azul y ambarina, en aquellos ojos de diferentes colores. La chica comenzó a hablarle, pero él no la escuchaba… Sus ademanes, su postura, su forma descarada de ser le recordaban a una sola persona: a aquella persona.
    Dallas.


¡Que mala! Esto fue todo por el capítulo de hoy. Sinceramente espero que les haya gustado, que dejen comentarios, que la lean, y nada... ¡Gracias por seguirme! ¡Nos vemos en el próximo artículo!

Tags: literatura, drama, angustia, peleas, pérdidas, hermanos

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S?bado, 19 de julio de 2008 | 2:27
wuaw como me gusta esta historia, siempre me quedo con las ganas de mucho mas. espero con muchas ansias el proximo capitulo.
S?bado, 19 de julio de 2008 | 21:40
xwinter ???AAAAHHHH!!! ?Qu? buen cap?tulo y que mala fuiste al cortarlo en lo mejor!!!!
xcrisis quedo en crisi esperando la continuaci?n la semanan entrante xfun
Autor: Aldair_88
Domingo, 20 de julio de 2008 | 9:34
Excelente cap! Me dej? en ascual la amenaza al pobre Castor(ya me lo imaginaba en una pandilla) y al triste Paris que parece que se est? despertando gracias a la jovencita. Que buena trama y que humana. Me parece muy real. Te felicito
Autor: BlueBrain
Lunes, 21 de julio de 2008 | 6:30
Muy buen cap?tulo, Espero que Castor no se ligue una paliza de sus amiguetes pandilleros.
Preston me parece muy allegado a Castor ?verdad?
Este cap?tulo me ha hecho imaginar posibles continuaciones que no creo que se d?n, pero es muy sugerente, te felicito por la trama, se pone cada entrega m?s interesante
Lunes, 21 de julio de 2008 | 15:05
Antes que nada ?Muchas gracias por leer! Blue, tu comentario me dej? tildada, jejeje... Creo entender a que te refer?s, y sin lugar a dudas te digo que no fue mi (conciente) intenci?n... quiz?s mi musa si tuvo esas ideas... En fin... ?Gracias por comentar! Hay nuevas votaciones sobre esta historia...
Autor: Foxys
Mi?rcoles, 23 de julio de 2008 | 16:00
xfun aqu? Foxys reportandose! :D mas vale tarde que nunca no? jejeje, bueno vos ya conoses mi constante inconstancia (y lo dificil que es vivir con migo misma :P) pero sabes que termino haciendo lo que debo tarde o temprano (a veses mas tarde que temprano xcool)
bueno ninniiiiaaaa, me he leido los 4 caps de un tir?n, y me ha encantado en especial los de "cabelloo platinado" ejjeje vos me entendes xsi. has mejorado muchicimo tu forma de escribir y la historia me encanta hasta el momento

 

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