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Domingo, 06 de julio de 2008

Pipol! ¿Cómo están? Les comento que me estoy divirtiendo mucho al escribir esta historia. Les comento algo que en el primer capítulo no pude: por esta vez, voy a intentar centrarme en lo que cada personaje siente, en las relaciones entre ellos, ya que este es el fundamento de la historia: una lucha interna, y el cargo de conciencia de dos hermanos. ¿Es posible luchar contra el pasado? Mejor no me explayo más, y los dejo con la lectura.


    “Lo siento, pero no estás razonable hoy… -le dijo con un tono de voz pausado- ¿Qué es eso de que tu apellido es Lancaster? ¿Y de dónde conoces a esos tipos?”



    - ¿Qué vas a hacer? –inquirió Iris, mientras revisaba al accidentado.
    - Voy a negociar con ellos…
    - Yo voy contigo, Castor.
    - No… -contestó mirándolo con sus ojos verdes, tristes como siempre- Yo puedo, el accidentado es más importante…
    Sí… Preston le entendió… pero era su amigo, y no lo iba a dejar ir así de fácil.
    - Está bien… -le dijo al fin, sosteniéndolo por el brazo- Iris, tú conduce… yo me quedo atrás por cualquier cosa que pase. Castor… -sin soltarlo, sonrió- Confío en ti…
    Sonrisa. Esa era la única muestra de cariño que había recibido en mucho tiempo. Lentamente el castaño le soltó el brazo mientras Iris subía a la ambulancia, y Castor sacó de la misma una de las barretas que había usado para destrabar la puerta del auto.
    Y ahí estaba: nuevamente la misma situación… pero esta vez, había alguien a sus espaldas y alguien que lo esperaba.
    Castor comenzó a caminar hacia los pandilleros, con la barreta apoyada en su hombro derecho. Su mirada era otra: los párpados caídos, las esmeraldas opacas, la forma de caminar extremadamente segura que hacía que cada paso retumbara. Dirigiéndose hacia esas figuras negras recortadas frente a las luces de los coches, la figura del gemelo sobresalía por su andar. Los pasos eran interminables, y el camino no terminaba más. Iris observaba por el espejo lateral de la ambulancia.
    Segundos… sí, de esos segundos que parecen horas, días… ¡años! Era imposible seguir caminando así, ese porte, esa postura… hasta que llegó frente al que parecía ser el líder manteniéndose en un completo silencio, en el cual todos estudiaban sus posiciones. Con palos y armas en sus manos, los pandilleros no se movían, hasta que…
    - ¿Ca… Castor? ¿Castor Lancaster?
    - ¿Eh? ¿Milton… Schwender?
    Silencio.
    - ¡Castor, amigo!
    Para desconcierto de todos los presentes, inclusive del rubio que no alcanzaba a entender cómo y porqué había llegado ese individuo a una ciudad tan lejana, no tuvo más que estrechar su mano, y sonreír ante los comentarios de alegría que el otro le propinaba. Cuando la situación fue apropiada, finalmente Castor habló:
    - Milton… necesito llevar al accidentado ese al hospital…
    - ¡Cierto! –el aludido chasqueó sus dedos, y los autos se movieron dejándole paso a la ambulancia, que aún esperaba por el rubio- Castor… ya sabes donde estamos, ven a visitarnos cuando quieras…
    - Gracias… -respondió sonriendo un poco incómodo para volver hacia la ambulancia, donde Preston lo ayudó a subir a la parte trasera.
   
    - ¡Castor! ¡Castor!
    No lo escuchaba. Casi corriendo por los corredores del hospital, el rubio sólo quería encerrarse, quería alejarse… ¿Porqué tenía que volver a verlos? Después de haber cambiado tantas cosas, después de vivir la vida de otro ¿Porqué no podían dejarlo tranquilo?
    Tampoco veía. Caminaba con el rostro hacia abajo, las hebras doradas cubriendo su mirada, los ojos casi cerrados conteniendo las emociones, los puños apretados resistiendo a sus propios demonios: el miedo…
    De pronto, algo apretó su mano derecha llevándolo, y sólo reaccionó cuando Preston lo encerró en un pequeño almacén, cerrando la puerta, para luego acorralarlo contra la pared, penetrándolo con la mirada ambarina oscura, y apretaba sus muñecas contra la pared.
    - Lo siento, pero no estás razonable hoy… -le dijo con un tono de voz pausado- ¿Qué es eso de que tu apellido es Lancaster? ¿Y de dónde conoces a esos tipos?
    No contestaba. El rubio ladeó el rostro, y las lágrimas comenzaron a caer sin piedad por su rostro: había prometido no llorar nunca más, y ser fuerte por él y por su hermano… Pero…
    - Es mi culpa… -dijo al fin, entre sollozos, viéndose a si mismo como un niño asustado que corre y corre huyendo de los monstruos que lo persiguen, sin poder decir ni hacer nada- Que Paris esté así… es mi culpa…
    ¿Qué decir? Preston ya había lo escuchado decir esas cosas, pero nunca había visto manifestarse el temor en su mirada, como lo estaba presenciando en ese momento. Lentamente le soltó las muñecas, y el rubio se apoyó de costado en la pared, mirando por la pequeña ventana que escasamente iluminaba el acotado almacén de medicamentos.
    - Hace un año, cuando mi hermano y yo nos mudamos a esta ciudad, nos cambiamos el apellido a Pearson: Lancaster es mi verdadero apellido… -cerró los ojos y secó los restos de las lágrimas que le quedaban en las mejillas- Esos tipos… son… -pausó meditando la palabra que diría a continuación- conocidos míos de cuando tenía cerca de 17 años…
    Recostado contra la endeble repisa desmontable de metal que sostenía los medicamentos, Preston escuchaba atentamente las palabras de su amigo, hasta que este terminó de hablar, y se quedó en esa misma posición: de lado contra la pared, sosteniéndose las muñecas, y con la mirada perdida en esa ínfima ventana que había en el muro de enfrente.
    De pronto, Preston se acercó hacia Castor, asestándole un pequeño coscorrón en la cabeza, que hizo que este volteara para verlo, con la duda sembrada en sus ojos.
    - ¿Por qué fue eso?
    - Porque eres un tonto que no confía en su mejor amigo… -dijo intentando sonreír, pero luego su voz se ensombreció- Yo… -suspiró- La verdad es que nunca me contaste qué fue lo que hizo que tu hermano esté en esa depresión, y que tú te horrorices cada vez que escuchas de un accidente de autos, y tampoco se que porque te cambiaste el apellido… ¡Maldición, Castor! ¡Soy tu mejor amigo y nunca me has contado cosas de tu pasado! Creo que merezco saberlo…
    Su pasado… ¿Por qué querría escuchar eso, si el propio dueño de esos recuerdos trataba de olvidarlos?
    - Gracias…
    No le iba a contar… al menos no en ese momento. Pero saber que podía hacerlo, y que Preston no lo iba a juzgar… saber que aún había alguien a quien él no le avergonzaba, de algún modo, lo hizo sentir tranquilo.
    - Tonto… -miró su reloj, mientras se iba hacia la puerta- Ya es media noche… ¿Le avisaste a tu hermano que ibas a llegar tarde?

“[…] suplico y lloro, y continúo preguntando ‘porqué’,
¿Dónde estabas anoche? […]”

    Subió las escaleras de dos en dos, y llegó a los tropezones hasta la puerta de su departamento. Tenía las llaves en las manos desde que salió corriendo del hospital para llegar con su hermano, pero el pulso le temblaba, y tardó unos agobiantes segundos en poder abrir la puerta.
    Entró desesperado, pero la absorbente oscuridad del lugar, hacía que aumentara su desconcierto. Sin voltear hacia la pared, tanteó las llaves de la luz hasta lograr encender la del living, para comenzar a buscar a su hermano, imaginando lo peor…
    Mas cuando las luces iluminaron el lugar, él lo vio.
    Arrodillado en el piso de frente al sofá, Paris tenía el pecho recostado sobre el asiento, la cabeza apoyada sobre su brazo izquierdo, y la cicatriz en su mejilla derecha lastimada, mientras continuaba rasguñando esa marca, con los ojos cerrados.
    - Duele, Castor… -dijo, mientras escondía su rostro entre sus brazos- Las cicatrices queman mi piel…
    - Hermano… -se acercó hacia a donde estaba el mayor, y lo abrazó- No te preocupes…
    Verlo así, le destrozaba el alma… y más porque era conciente de que se trataba de su culpa. Si tan solo pudiera volver al pasado y cambiar sus propias acciones… Pero no, era imposible… y ahora cargaría con esa culpa por el resto de su vida.
    No tardó mucho en que Paris se durmiera, así que moviéndolo como pudo, lo llevó hacia el dormitorio y lo acostó, para luego encerrarse en el baño. Frente al espejo, observando su rostro, viva imagen del de su hermano, su mirada se clavaba en los aros que tenía en sus orejas: cada uno era una promesa, cada uno era un castigo.
    - Lo siento, Castor, hermano…
    Desde su propio dormitorio, Paris lo sentía… sabía que le estaba causando demasiado dolor a su hermano, pero no podía evitarlo: desde aquel entonces, no podía sonreír, no podía soñar, no quería salir… Pero esa habitación, se sentía agobiante, estrecha… encerrada…

***

    - ¿Vas a salir?
    Castor estaba frente a la cocina, con un sartén lleno de comida en la mano y la mirada fija en su hermano que, parado a casi dos metros bajo el marco de la puerta que llevaba a un pasillo, acababa de anunciarle que esa mañana iba a salir. Por una vez, la mirada dual de Castor sumó una emoción más a la disputa por cual dominaba esas esmeraldas tan apagadas: la duda.
    - ¿Quieres… desayunar? -preguntó desconcertado.
    - No… -respondió Paris, caminando hacia la puerta, y colocándose el abrigo que traía en la mano- No te preocupes…
    El mayor de los dos salió con tranquilidad, sintiéndose cada vez más aturdido por los sonidos del exterior, y debiendo cerrar los ojos al ver tanta claridad proveniente de la luz del día. Dudando unos segundos, comenzó a caminar sin rumbo, sin darse cuenta que su hermano lo observaba marcharse desde la ventana.
    ¿Habría hecho bien en dejarlo ir?
    Mientras tanto, Paris caminaba con una sola cuestión ocupando sus pensamientos: la mirada de su hermano. ¿Cómo podía ser así, alegre y triste al mismo tiempo? Es que acaso esa mañana, al verlo intentar salir por sus propios medios… ¿Castor… estaba feliz?
    - Hermano… -murmuró.
    De pronto, y tras casi media hora de caminar sin rumbo, el rubio sintió que su estómago estaba comenzando a crujir, en señal que tenía hambre. Después de todo, esa mañana no había desayunado, y la noche anterior tampoco había cenado, ni comido nada en todo el día.
    Escuchó una campanita sonar tras el sonido de una puerta abrirse, y volteó para ver de donde provenía: se trataba de un bar-café, donde seguramente hallaría algo para comer. Buscó en sus bolsillos que tuviera algo de dinero y, ya asqueado del sonido y la concurrencia de la calle entró en el negocio.
    Una vez dentro, agradeció que el local estuviera poco concurrido, y rápidamente se sentó en la barra, tras una mesera que estaba de espaldas a él, probablemente preparando café.
    De contextura pequeña, cabellos negros cortados en capas, apenas ladeó el rostro para decirle que pronto lo atendería, que esperara que terminara de preparar el café. Vestida con una corta falda tableada de jean, y una blusa negra, llevaba atado el delantal del negocio, del cual Paris sólo pudo ver el moño blanco que lo sostenía en su cintura.
    - ¡Ahora si! ¿Qué deseas tomar?
    La chica se dio vuelta con alegría, mostrando una hermosa sonrisa mientras mantenía sus ojos cerrados, y se acodaba en la barra. Al no escuchar una respuesta, abrió los ojos y miró al chico que tenía delante: un hermoso rubio de ojos color jade, oscuros y neutros, que tenía una pronunciada cicatriz en su mejilla derecha, y algunas marcas que parecían ser recientes.
    - ¿Estás bien? -volvió a preguntar, pero el joven no contestaba.
    La mirada de la mesera acababa de llevarlo a sus más dolorosos recuerdos. La chica tenía el ojo izquierdo del color del ámbar, casi tan brillantemente dorado como el sol; sin embargo, su ojo derecho era azul, un zafiro oscuro e interminablemente profundo, lleno de misterio y pasión.
    Aquella mirada azul le recordaba tantas cosas… ese zafiro era el recuerdo nítido de aquel ser que hacía un año murió en sus brazos.


¡Soy mala y los voy a dejar con la duda! No se preocupen, según mi diagrama de capítulos, en cinco o seis deberán enterarse quien es el ser que Paris recuerda... jajaja, no, no voy a ser tan mala. Prometo revelarlo antes, junto con el porqué Paris está deprimido. En fin, espero que les haya gustado, y gracias a todos los que leen y comentan.

Tags: literatura, drama, emociones, gemelos, castor, pólux

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: Aldair_88
Domingo, 06 de julio de 2008 | 11:55
Estoy segura ke la ke murio era una chica de la ke estaba perdidamente enaorado. ?ke produce la inkietud de los hermanos??los recuerdos del accidente y la p?rdida?
Me gust? mucho este cap?tulo y me dej? mucho m?s intrigada
Domingo, 06 de julio de 2008 | 12:57
excelente cap?tulo, yo tambi?n tengo la intriga sobre que el lo que deprimi? as? a Paris y cueal es la culpa de Castor en todo eso. Intuyo una historia de amor y desencuentros y ya me atrap?
Lunes, 07 de julio de 2008 | 0:44
la verdad me encanto este capitulo, la historia esta increible, segui asi!!!
Autor: BlueBrain
Lunes, 07 de julio de 2008 | 6:33
Muy bueno!! No puedo estar tranquilo hasta que describas la situaci?n entre los hermanos y la causa de la depresi?n de Paris. Yo tambi?n creo que debe haber muerto su gran amor. ?porque Castor se siente culpable???l tuvo algo que ver en ello?
Muy intrigante este cap?tulo xwinter
Lunes, 07 de julio de 2008 | 12:10
?Chicos! Me alegro mucho de que les haya gustado tanto el cap?tulo! Much?simas gracias por leerme y espero no defraudarlos! xkya Nos vemos en el pr?ximo art?culo! xemotion

 

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